Por qué el estreno de ‘Coyote vs. Acme’ es un triunfo para el cine como respuesta a las empresas sin escrúpulos
El Festival de Annecy celebrado en junio de 2024 fue peculiar. Durante este certamen francés especializado en cine de animación los Looney Tunes reclamaron un destacado protagonismo, pero no fue necesaria la mediación de Warner (el gran estudio de Hollywood que ha gestionado desde siempre las aventuras de estos personajes) para ello. Por un lado se proyectó Looney Tunes: El día que la Tierra explotó, un largometraje de animación 2D que venía a ser la primera vez que el pato Lucas y el cerdito Porky protagonizaban una historia original destinada a cines. Y por otro, el actor de doblaje Eric Bauza dio un discurso histórico ante los asistentes al festival.
Bauza ha acostumbrado a doblar a los personajes principales de los Looney Tunes, y su intervención consistió en ir encadenando la voz del Pato Lucas con la de Bugs Bunny para ponerlos a discutir. Hasta que de pronto se puso serio y gritó “Odio ponerme político pero, ¡estrenad Coyote vs. Acme!”. El público respondió con grandes aplausos. En ese momento El día que la Tierra explotó ya tenía asegurada la distribución en EEUU gracias a Ketchup Entertainment, pero no era el caso de la mencionada Coyote vs. Acme. El día que la Tierra explotó se estrenaría en un número limitado de salas, y a España llegaría en marzo de 2025 gracias a otra pequeña distribuidora, Yoda Films.
El llamamiento de Bauza exigía que Coyote vs. Acme tuviera un destino similar, y por suerte es lo que terminó sucediendo: la citada Ketchup —distribuidora independiente que también ha sacado del limbo a Ferrari de Michael Mann o la última película de Hellboy— la adquirió meses después, comprándosela a Warner por unos 50 millones de dólares para estrenarla en el verano de 2026. Hoy Coyote vs. Acme llega a cines españoles gracias a BetaFiction, pero una duda persiste y es qué hay de político en ello. ¿Es que una película donde el Coyote y el Correcaminos alternan con seres humanos para parodiar del cine de juicios podría molestar a alguien?
Warner contra los Looney Tunes
Pues, en una palabra, sí. Desde su estreno Coyote vs. Acme ha ganado más de 80 millones de dólares, y hay quienes han recordado que Warner quería ahorrarse una suma mucho menor con su indignante decisión de no estrenarla hace cuatro años. Tal había sido el motivo para suspender el lanzamiento de Coyote vs. Acme una vez el director Dave Green ya había completado la práctica totalidad del rodaje: en pos de ahorrarse unos 30 millones en impuestos, la compañía liderada por David Zaslav había resuelto que no estrenar Coyote vs. Acme era más rentable que hacerlo.
Ketchup ya está viendo beneficios. Así que toca celebrarlo, así como reparar en lo complejo de la situación. Porque Coyote vs. Acme no fue la única película de la que Warner quiso prescindir cuando ya estaba acabada. En agosto de 2022, una vez se había asentado Zaslav como CEO de Warner Bros. Discovery —así renombrada tras la fusión de Discovery con WarnerMedia—, la nueva directiva se topó con una deuda millonaria, que pensó en cubrir suspendiendo estrenos. Fue el destino de Batgirl y un film de Scooby Doo, Holiday Haunt. También el de Coyote vs. Acme y El día que la Tierra explotó, claro, por no hablar de un musical animado de los Looney Tunes titulado Bye, Bye, Bunny cuyo desarrollo había empezado pocas semanas antes de la cancelación correspondiente.
Este movimiento era significativo porque la mayoría de los títulos enumerados tenían prevista una incorporación directa en HBO Max —salvo Coyote vs. Acme, cuya llegada a cines estaba programada para julio de 2023 hasta que Barbie la reemplazó en el calendario—, de modo que todo obedecía a un drástico cambio en las prioridades de la compañía. Zaslav estaría rectificando (muy a lo bruto) el rumbo de los meses previos de Warner, cuando la emergencia del coronavirus había favorecido un controvertido repliegue hacia la promesa del streaming. La nueva Warner Bros. Discovery no se fiaba de este negocio, y por eso frenó toda esta inversión en HBO Max paralelamente al interés resurgido hacia los Looney Tunes que denotaban varios de estos proyectos.
A finales de los 2010 se había trazado un plan para resucitar a estos personajes, tan representativos de la marca desde los años 30 del siglo pasado. Este pasaba inicialmente por una nueva serie de cortos para HBO Max —que desarrollaría Peter Browngardt junto a El día que la Tierra explotó— y por una secuela de Space Jam, que llegaría finalmente en verano de 2021. Space Jam: Nuevas leyendas era, por lo demás, un absoluto espanto que demostraba cuál era el verdadero objetivo tras esta recuperación de los Looney Tunes: ponerlos a protagonizar un escaparate de propiedades intelectuales, en la línea de éxitos previos de Warner como La LEGO Película y Ready Player One.
Es importante dejar esto claro para no alabar la anterior fase de la major en detrimento de la actual —a punto de concluir, quizá, con su absorción a manos de Paramount—: da igual el CEO del que hablemos. Para Warner los Looney Tunes no son más que una IP desechable, y por eso no hubo contemplaciones para suspender todos esos proyectos. Como tampoco las hubo luego, en 2025, para quitar del catálogo de HBO Max los viejos cortos de los Looney Tunes. Con Coyote vs. Acme ocurrió, sin embargo, que el descontento general fue tan fuerte como para desencadenar iniciativas en redes sociales —#ReleaseCoyotevsAcme— y que Warner aceptara poner en venta el film para quien quisiera estrenarla por su cuenta y riesgo. Así es como llegó a manos de Ketchup.
Pero pasa algo más. Algo que habría privilegiado el estatus de Coyote vs. Acme como símbolo, y que refrenda la película como tal al margen de sus circunstancias, digamos, extracinematográficas.
La victoria del Coyote
Coyote vs. Acme, como proyecto, es muy anterior a todas estas deprimentes intrigas empresariales. Tiene su origen en 1990, poco después del estreno de esa ¿Quién engañó a Roger Rabbit? que, con su combinación de animación y acción real, pasaría por ser el referente central del film que nos ocupa. Entonces Ian Frazier escribió en el New Yorker una pieza humorística que especulaba con la posibilidad de que el Coyote demandara a la empresa Acme tras años de sufrir daños por los productos defectuosos a los que recurría en su empeño incansable de dar caza al Correcaminos.
El texto se amparaba en la memoria de múltiples cortos del Coyote y el Correcaminos, creados por Chuck Jones a finales de los años 40. No tardó en surgir en la industria el interés por adaptarlo de algún modo, y llegado 2003 nos encontrábamos con que los ejecutivos de Acme habían pasado a ser los villanos de Looney Tunes: De nuevo en acción. Steve Martin era su maligno presidente, haciéndose eco de una idea (la de Acme como imperio del mal) que no dejaba de tener recorrido cultural al margen de la ocurrencia de Frazier. El nombre A.C.M.E. (acrónimo de American Company that Makes Everything) había sido utilizado mucho antes de los cortos de Looney Tunes como nombre genérico de ficticias empresas sin escrúpulos en plena resaca de la Gran Depresión.
Para el imaginario estadounidense de los años 30, Acme era una metonimia de la avaricia corporativa, y así se mantuvo tanto en los cortos de Chuck Jones como en la posterior De nuevo en acción. Tiempo después del reivindicable film de Joe Dante, el artículo del New Yorker generó los primeros tratamientos a cargo nada menos que de James Gunn: el futuro presidente de DC Studios divisó el potencial de Coyote vs. Acme si fortalecían el talante anti-empresa. Y se propuso hacer la película, que no despegó del todo hasta acreditar como guionista a una tal Samy Burch.
Esto pasó antes de que Burch fuera nominada al Oscar por escribir una de las grandes películas estadounidenses de los últimos años (Secretos de un escándalo, dirigida por Todd Haynes en 2023), aunque ni su nombre ni el apadrinamiento de Gunn convencieron a Warner de apostar hasta el final por la película. Porque, ya todos nos íbamos dando cuenta, Warner era Acme. Warner era esa empresa despreciable que con sus inventos defectuosos —hablemos del streaming o de cohetes que explotan sin llegar a despegar— estaba maltratando a los Looney Tunes.
Es imposible desligar el argumento de Coyote vs. Acme de este contexto. La demanda que Coyote le pone a Acme tras años de negligencias reverbera en la vida real con el conflicto contra Zaslav y compañía, integrando una misma e indignante imagen de abuso corporativo que, de forma simultánea, reverbera en toda la industria y en el estado general del Hollywood de la IP. La causa del Coyote es eminentemente política porque habla de un hartazgo y una situación intolerable.
¿Lo mejor de todo? Que la película es magnífica. Es decir, no sería determinante que lo fuera para haber merecido su estreno, pero el que Coyote vs. Acme sea tan fabulosa —al igual que en menor medida ya lo era El día que la Tierra explotó— carga de justicia poética todo el caso. El ritmo frenético de los Looney Tunes, con todos sus trompazos y anarquía visual, hace del film una absoluta delicia, compensando la cuestionable decisión de que los dibujos combinen 2D y 3D.
Y la intriga judicial es ingeniosa, y el Coyote encantador, y todo acaba transpirando una insólita emotividad. Por cómo sus gestas reflejan directa e indirectamente los estragos del capitalismo, y por cómo su propósito vital se acicala de sentidos épicos y existenciales para el presente que nos ha tocado vivir. Coyote vs. Acme recurre en cierto momento a la figura de Sísifo, el personaje mitológico castigado por los dioses a empujar todos los días una gran roca cuesta arriba, para que antes de llegar a la cima esta ruede invariablemente hacia abajo y fuerce a empezar de nuevo.
Sísifo, claro, sería el Coyote con su eterno objetivo de cazar al Correcaminos. Y, en su tentativa constante, en su pasión por vivir en esta tentativa hallando significado y trascendencia, constituiría un símbolo de lo más inspirador. En su ensayo sobre el mito Albert Camus escribía: “El esfuerzo mismo para llegar a la cima basta para llenar el corazón del hombre. Hay que imaginar a Sísifo feliz”. Coyote vs. Acme nos mueve a imaginar al Coyote feliz. Dando a entender que, partiendo de ahí y pese a lo duro que será siempre todo (la vida, la causa anticapitalista), esto podría motivar muchas otras sonrisas ante los poderes que nos oprimen y pugnan por despojarnos de humanidad.
0