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La historia, con tinta entra: los cómics rellenan las “grandes carencias de la Educación”

Una viñeta de 'España partida en dos'

Guillermo Martínez

4 de abril de 2026 22:23 h

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Sortear los vericuetos del ensayo para adaptar al cómic las investigaciones más avanzadas en torno a la memoria histórica es una empresa en la que cada vez se embarcan más historiadores y dibujantes. Tras el bum de la novela gráfica surgido hace ya años y mantenido en el tiempo, algunos sellos editoriales apuestan por esta amalgama de plumas y pinceles, de texto y de dibujo, para acercar al público general la historia más reciente de España con un acierto que ya se ha materializado en numerosas traducciones. Este binomio entre historiadores y artistas nos deja un nuevo trabajo: España partida en dos (Crítica y Planeta Cómic), escrita por Julián Casanova, guionizada por Miguel Casanova e ilustrada por Carlos Esquembre.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza (Unizar), además de uno de los investigadores más reconocidos a nivel internacional sobre la Guerra Civil española. El título que ahora presenta fue un encargo original orientado a la audiencia anglosajona que vio la luz en 2013. Más de una década después, los trazos de Esquembre han dibujado esta pequeña aproximación para entender la contienda que marcó el devenir español durante el siglo XX: “He visto muchos cómics en los que el guionista resumía el libro con viñetas, pero difíciles, con mucho texto. Por eso me gusta tanto la versión de Miguel, más parecida a un guion cinematográfico”, describe.

Se refiere al trabajo desempeñado por su hijo, clave para que el título tenga cabida en las aulas de bachillerato. “Los profesores me dicen que con recursos así los estudiantes se interesan más por el tema”, añade. El historiador se muestra “contento” de haber entrado en este fregado, tal y como lo denomina, sobre todo tras ver el resultado final. “Esquembre lo ha hecho genial y ha conseguido que el cómic sea una nueva dimensión de mi obra”, sostiene Casanova, quien se congratula de que por primera vez en su vida ha podido ver dibujada una de las historias que ha escrito.

El cómic se hace fuerte en la cultura audiovisual

El propio Esquembre señala haberse enfrentado a un nuevo reto a la hora de adaptar la investigación del catedrático de la Unizar. Lejos de otros títulos suyos en Planeta Cómic como Las tres heridas de Miguel Hernández (2022), Lorca, un poeta en Nueva York (2023) y Los hermanos Machado (2025), en los que prevalecía una ficción proyectada en contextos históricos altamente documentados, aquí el viñetista ha agudizado mucho más el ingenio para respetar el rigor de la obra de Casanova.

Por ejemplo, el capítulo dedicado a la importancia de la Iglesia y al anticlericalismo en la España de comienzos de siglo, se ha decantado por contarlo a través de una ceremonia religiosa mientras no rehúye mostrar la violencia que suscitó el poder levítico en aquellos años. Miguel Casanova, por su parte, ha creado una dupla sinigual con Esquembre a través de la utilización de símbolos y metáforas visuales, una constante en los trabajos del ilustrador.

“Vivimos en un momento donde la cultura audiovisual está muy impuesta, sobre todo entre los jóvenes, a través de la inmediatez, la imagen, el poder y la fuerza de lo visual, y el cómic posee una combinación de todo ello”, considera Esquembre. En cuanto al formato, opina que las novelas gráficas no tienen por qué ser la puerta de entrada a otras temáticas: “El cómic ya tiene interés de por sí y hay muchos trabajos con una carga intelectual elevadísima”.

Un susto para Preston

José Pablo García conoce bien esto de dibujar novelas relacionadas con la historia. Por sus manos han pasado los lápices que han dado forma y color a libros como La guerra civil española (2016), La muerte de Guernica (2017) y Franco (2024), todos ellos originales de libros de Paul Preston publicados en Debate, al igual que sucedió en 2019 con Soldados de Salamina, adaptación de la obra de Javier Cercas. “Preston estaba muy asustado porque era un hombre completamente ajeno al cómic y pensaba que su obra se podría ver trivializada o que sus colegas se podrían reír de él”, introduce.

Nada de eso sucedió. “Sacar el primer libro suyo como novela gráfica fue muy oportuno, sobre todo sabiendo las grandes carencias que existen en la educación a la hora de explicar a los jóvenes qué fue y lo que supuso la Guerra Civil”, se explaya el dibujante. En este caso, García también es autor del guion: “Ha sido una labor de síntesis bastante grande. Mi principal intención era aportar claridad y amenidad a toda la densidad informativa que hay en esos libros”, admite.

Páginas de la versión en novela gráfica del 'Franco' de Paul Preston

El encargo de dibujar varias obras escritas como ensayos y narrativa le llegó de forma inesperada. Sin embargo, se vio inmerso en el proyecto desde el primer momento. “Cuando se trata la Guerra Civil en el cómic, muchas veces se hace a partir de historias pequeñas, particulares, pero no desde la complejidad de los grandes temas. Fue una responsabilidad muy grande elegir bien qué dejar fuera para no recargar la obra y que fuera amena su lectura”, desarrolla antes de asegurar que ya trabaja en una nueva adaptación de un escrito de Preston.

Novela gráfica y memoria histórica hace años que no se entienden sin un nombre propio: Paco Roca. Autor de cómics como El invierno del dibujante (2010) y Los surcos del azar (2013), publicadas con la editorial Astiberri, su último gran trabajo ha sido El abismo del olvido (2023), escrito junto al periodista Rodrigo Terrasa y donde cuenta la historia de Leoncio Badía, conocido como el enterrador de Paterna. “Quería algo a medio camino entre el reportaje periodístico, la ficción narrativa y la dramatización de los hechos, por eso fue ideal contar con Rodrigo”, introduce.

Viñetas de 'Los surcos del azar', de Paco Roca

El también Premio Nacional del Cómic de España en 2008 por Arrugas reconoce que “es toda una suerte” para los autores poderse salir de la industria habitual que siempre acompañó al cómic, con sus entregas seriadas, trazo determinado y personajes muy marcados: “Poder hacer novela gráfica es una libertad que apareció casi al mismo tiempo que se recuperó la memoria histórica con la ley de 2007. Por fin, el medio ahora permitía contar esas historias con mayor extensión”.

El cómic crea la memoria visual que falta

Bajo su perspectiva, la novela gráfica aporta un resorte perdido en la historia de España: la memoria visual. Para Roca, este es “uno de los grandes problemas a los que nos enfrentamos con todo el revisionismo y el blanqueamiento continuo de la dictadura”. Y agrega: “Al no tener imágenes, y solo el testimonio y trabajo de los investigadores, no podemos ‘ver’ el horror que supuso la represión durante la posguerra”. No se equivoca. Por algo los aliados se esmeraron en documentar la situación de los campos de exterminio nazi a medida que los liberaban.

Convertir un sentimiento abstracto de dolor y pérdida en imagen es lo que hizo Roca cuando publicó El abismo del olvido, que ya ha llegado a países como Polonia, Brasil, Italia, Turquía, Estados Unidos, Francia y Alemania. “Recrear la memoria de todas las familias con las que hablamos supuso mostrar en dibujo el horror que habían vivido”, concede. Él es consciente de que trabaja con un tema extremadamente político y politizado, por lo que se esfuerza en ser honesto. “Siempre hay un respeto y tensión por lo que haces. Es muy importante este maridaje de los últimos tiempos entre autores e historiadores serios para poder contar los relatos con rigor”, enfatiza.

Páginas de la versión gráfica de 'España partida en dos'

Terrasa, periodista de El Mundo y coguionista de El abismo del olvido, publicó la historia de Leoncio Badía en 2013. Entonces ya se había fraguado una intensa amistad con el dibujante. “Yo sabía que mi trabajo como periodista estaba al servicio de un cómic de Paco Roca, que no era una cosa de iguales, ni pretendía imponer mi relato”, comenta con humildad.

El periodista afirma sin titubear que la obra publicada junto a Roca, tras tres años de investigación, ha sido el mejor trabajo periodístico que ha realizado hasta la fecha. “Exige un nivel de rigor muy elevado. Tuvimos que cerciorarnos de cómo eran los uniformes de los soldados, cómo se cavaba una fosa, cómo era un consejo de guerra, y contrastar los bocetos con arqueólogos, historiadores y forenses”, ilustra.

Acostumbrado al reportaje largo, Terrasa se aleja del discurso apocalíptico que en ocasiones copa la profesión periodística. “He descubierto que hay muchos soportes y plataformas para hacer buen periodismo, y el cómic es uno de ellos”, finaliza.

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