Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
La OMS se reivindica con el brote de hantavirus frente a los ataques de Trump y Milei
El Reino Unido, esa picadora de primeros ministros
Opinión - 'Salvador Illa, de los problemas heredados a los errores', por Neus Tomàs

Ayuda familiar, mercadillos solidarios y una caja de resistencia: así mantienen las profesoras de infantil su huelga indefinida

Manifestación del personal de la educación infantil en la Puerta del Sol.

Guillermo Martínez

12 de mayo de 2026 22:19 h

0

Apoyo familiar, mercadillos solidarios, venta de camisetas, ahorros propios, caja de resistencia. Resistir una huelga indefinida en un sector hiperfeminizado y precarizado en el que las nóminas apenas alcanzan el salario mínimo interprofesional (SMI) no es fácil. Aun así, las educadoras infantiles de la Comunidad de Madrid resisten los paros convocados desde el pasado 7 de abril aupadas por la solidaridad de la ciudadanía y otros colectivos. La lucha de esta marea amarilla, el color que elegido sobre el que plasmar sus demandas, pasa por que sus empleadores, la Administración pública, reconozca la responsabilidad que tienen para el día a día de miles de niños y niñas de 0 a 3 años, una bajada de ratios y la adaptación de las escuelas infantiles al clima, sobre todo al calor, pues julio es lectivo en esta etapa educativa.

Rosa Marín, portavoz de la Plataforma de Escuelas Infantiles de la Comunidad de Madrid, asegura que la caja de resistencia que han creado a nivel regional supondrá un alivio a estas trabajadoras en huelga por sus derechos y el bienestar de los más pequeños. “Ahora estoy con las miles de peticiones de las compañeras que apenas cobraron el mes pasado”, asegura afónica de tanto protestar en la calle. Esta profesora de una escuela infantil municipal de la capital de gestión indirecta comenta que, “aunque a mí no es una cosa que me guste, es momento de dejarse ayudar, de que la familia nos apoye económicamente, para poder seguir resistiendo en las calles”.

Esa humilde entrada de dinero en las ya de por sí tiritantes cuentas bancarias de las profesoras de infantil es un empujón para continuar la lucha, pero quizá no suficiente. “Se agolpa el pago del alquiler, las facturas, la comida… Mi padre murió hace tres años y ya estoy utilizando parte de la herencia para resistir”, añade Marín, quien admite que el “abandono y maltrato institucional” que sufre su sector es “tan brutal que ya no podíamos seguir paradas”. Han decidido moverse. Prueba de ello es la concentración del pasado jueves en la Puerta del Sol de Madrid, a la que acudieron más de 2.000 personas y en las que se escucharon cánticos como “con esta ratio, no entramos ni en el patio” y “no guardamos, educamos”.

Un mercadillo para el apoyo de las familias

Este mes de huelga, que por primera vez en la historia se ha extendido a nivel estatal, ha hecho mella en la cuenta bancaria de María, una profesora infantil en Vicálvaro, también de gestión indirecta. “Vamos por la quinta semana de huelga y sobrevivo gracias a la ayuda de mi pareja. Luego tengo a mi madre, que si te compra esto o aquello, o me ayuda con la comida en táperes”, ilustra. Todo apoyo, por nimio que sea, será un granito para esta montaña con la que las trabajadoras intentar aplacar el paso del tiempo, de la protesta, y con ella el dejar de cobrar cada jornada de reivindicación y de generar días de vacaciones y paga extra.

Muchas escuelas infantiles se están organizando para no perder fuerza. En la de María, por ejemplo, la dirección les ha permitido organizar un mercadillo en la zona de entrada, en un patio pequeño. Ahí venden cosas hechas a mano y algunos alimentos, como empanadillas caseras, bizcocho y galletas. Otras compañeras han hecho marionetas, broches y marcapáginas, y también han llevado cuentos y juguetes de sus hijos por si pudieran tener una segunda vida. “Las familias responden dentro de sus posibilidades”, enfatiza la vilcalvareña. También colaboran junto a la asociación de familiares de alumnado (AFE) para llevar a cabo un mercadillo en el barrio.

En el caso de María, su nómina está en los 1.090 euros al mes. En abril ha cobrado 500 euros, por la primera semana de abril que fue previa a la huelga y las jornadas de servicios mínimos que sí ha realizado. En total, ha secundado los paros 12 días. “Yo no sé cuánto se podrá sostener esto en el tiempo”, duda.

En la escuela infantil de Sandra Padilla, ubicada en Alcalá de Henares y de gestión indirecta, venden pulseras y camisetas que hace una compañera con una máquina de coser en su casa. “Nos están descontando entre 50 y 60 euros por día. Vivo sola y pago una hipoteca de 480 euros, y normalmente gano 1.140. Sobrevivir siempre es un encaje de bolillos, mucho más ahora”, relata. Desde su punto de vista, la ayuda de las AFA se torna crucial para poder mantener esta lucha también orientada al bienestar y correcto desarrollo y atención de las criaturas.

Tal y como añade esta educadora, el apoyo de los progenitores ha sido tal que hasta algunos de ellos se han pedido vacaciones en sus trabajos para no llevar a los pequeños a la escuela y así reducir el trabajo de las compañeras en servicios mínimos.

Cuadrar los servicios mínimos

El encaje de bolillos también ha llegado a la hora de realizar los servicios mínimos para que no siempre tengan que acudir de manera obligatoria al trabajo las mismas profesionales. Lucía Martínez, educadora en una escuela municipal de gestión indirecta en Madrid, señala que “hacemos todo lo que podemos para rotar entre nosotras y que no siempre tengan que trabajar las mismas”. Este abril, ella ha hecho 13 días de huelga, lo que se ha traducido en cobrar unos 600 euros. “Mi salario líquido se queda en 1.100 euros, habitualmente. Tengo claro que me voy a buscar la vida para aguantar lo que haga falta”, recalca.

Y en ese buscar la vida, las aportaciones económicas a la caja de resistencia por parte de numerosos colectivos sociales lo intentan hacer todo más fácil. “Pensaba que iba a ir bien, pero es que va fenomenal. No nos esperábamos tanto apoyo de otras organizaciones”, esgrime Martínez. En este sentido, la huelga está dando sus frutos, pues han estrechado lazos con luchas como las de los bomberos forestales, las kellys y las trabajadoras del servicio de atención domiciliaria. Según comenta esta educadora, la solidaridad les ha ayudado a darse cuenta de que “solo juntos podremos salir de esta”.

Marín, la portavoz de la Plataforma madrileña, incide en la importancia de que las condiciones laborales y el estado de las escuelas mejore, unas demandas que tildan de “urgentes”: “Nuestra precariedad en las aulas afecta al vínculo con las criaturas, a su regulación emocional. Es imprescindible que nuestras condiciones nos permitan estar tranquilas y calmadas, porque los más pequeños se sentirán seguros, atendidos, observados y queridos”, se explaya. Para ello, la Administración debe realizar los cambios necesarios para colmar sus demandas. Tras años de exigencias sin respuesta, la educación 0-3 está en pie de huelga.

Etiquetas
stats