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El escritor Manea dice que Auschwitz es al mismo tiempo "monumento de la culpa y de la vergüenza"

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El escritor Manea dice que Auschwitz es al mismo tiempo "monumento de la culpa y de la vergüenza"

El escritor Manea dice que Auschwitz es al mismo tiempo "monumento de la culpa y de la vergüenza"

El escritor norteamericano de origen rumano Norman Manea, que acaba de publicar en España el ensayo "La quinta imposibilidad", considera que el campo de concentración nazi de Auschwitz es al mismo tiempo "monumento de la culpa y de la vergüenza".

En una entrevista concedida a Efe, Manea, que participa en las actividades del centro humanista Palau Macaya de la Obra Social la Caixa, ha explicado que "cada país debería tener su propio monumento a la vergüenza y no sólo a los héroes, porque la historia de los lugares se construye también a partir de mucha tragedia, sufrimiento y muchos malos actos humanos".

En el libro, una compilación de artículo de Manea, el autor analiza el judaísmo anterior al Holocausto, la realidad de la Europa del Este después del comunismo y la disidencia cultural en los regímenes totalitarios.

En el 70 aniversario de la liberación de los campos de concentración, Manea piensa que "es pedagógico recordar a la gente el lado malo de la historia humana".

Sin embargo, cree que esta sugerencia no siempre tiene buena acogida, porque "a la gente no le gusta recordar lo feo, no le gusta mirarse en el espejo y ver su cara más fea y por tanto nos ponemos mucho maquillaje".

De origen judío, Manea tiene una percepción abierta de la Segunda Guerra Mundial, "un acontecimiento muy trágico y no sólo una tragedia judía, sino que fue una tragedia para la humanidad entera, y también para Alemania, que en pocos años pasó de ser de las naciones más cultas y civilizadas de Europa a un lugar monstruoso, un monstruo de odio y de horror, que también nos recuerda otras tragedias previas y posteriores".

"Aquello era una industria de la muerte. Alemania era un país industrialmente avanzado y usó ese progreso para matar a judíos", dice.

Norman Manea ve comparable la situación de la Alemania nazi con la del Estado Islámico, aunque con matices: "Lo que los islamistas llaman infieles, no son sólo judíos, aunque los judíos siempre están en el primer lugar".

"Este nuevo fascismo de nuevo cuño es un fascismo religioso y por tanto tiene otro componente, ya que el comunismo y el nazismo eran laicos, ateos, cuestionaban de alguna manera la autoridad de Dios, y de hecho, sus líderes humanos, Hitler y Stalin, eran percibidos como una especie de dioses".

Recuerda Manea que tenía 17 años en Rumanía cuando murió Stalin y pudo seguir los funerales y las conmemoraciones funerarias de Moscú y "la sensación era que parecía que Dios había muerto", rememora.

Mucha gente murió aplastada en la multitud y muchas murieron porque habían perdido a su líder, evoca el autor.

Confiesa que cuando era un adolescente de 13 años dedicó un poema de amor a Stalin en su 70 cumpleaños, "un pecado menor, porque otros poetas como Neruda, Elouard, Aragon o Pasternak también habían dedicado poemas a Stalin".

Preguntado por el ataque terrorista contra Charlie Hebdo y el supermercado judío, Manea pone atención en que los atentados de París ocurrieron en una Europa cristiana, aunque "a menudo se olvida que Jesucristo era judío, que en todos los campos de concentración murieron 6 millones de 'jesuses' potenciales, que la religión cristiana proviene de la religión judía y que los primeros mártires de la religión cristiana eran todos judíos".

Intenta Manea ser comprensivo con la posición geopolítica de Israel en la región de Oriente Próximo: "Israel, por supuesto, ha cometido errores y continuará cometiendo errores, por ser un país que trata de defenderse de sus enemigos, que constantemente dicen que no los pueden aceptar allí y que quieren eliminarlos".

Sin embargo, Manea admite que "la victoria (en todas las guerras con los países árabes) no siempre es positiva, porque te da una cierta arrogancia y te proporciona una justificación excesiva de ti mismo y te da una brutalidad envenenada".

En "La quinta imposibilidad" (Galaxia Gutenberg) Manea habla de Kafka, de Paul Celan, de su amistad con Saul Bellow y Philip Roth, reivindica a autores poco conocidos como Danilo Kis, Bruno Schulz o Giorgio Bassani y recoge la historia de Simon Wiesenthal, a quien un moribundo oficial nazi pidió que le perdonara por haber incendiado un edificio lleno de judíos.

"La tradición judía establece en relación a la culpa que no se te permite perdonar en nombre de otra persona y por esa razón Simon Wiesenthal no perdonó al oficial nazi, porque no podía perdonarle en nombre de todos aquellos que habían fallecido, pero cuando un tiempo después visitó a la madre del nazi no quiso romper la imagen que la mujer tenía de su hijo de buena persona para no infligir más sufrimiento a aquella madre que no era culpable del incendio".

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