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Cultura

23 hitos culturales de 2019 que no entrarán en lo mejor de la década

El cambio de década ha eclipsado algunos de los mejores productos de este año que muy probablemente no entren en los recopilatorios de estas fechas, por eso hemos querido darles un espacio único y merecido a esas películas, libros, discos y series que nos hicieron vibrar en 2019

Ya que es imposible incluirlo todo, el criterio personal ha primado en el resultado, por eso les invitamos a contribuir con su propuesta en los comentarios. ¡A participar!

PELIS

1. Historia de un matrimonio (Noah Baumbach)

Scarlett Johanson y Adam Driver interpretan a Nicole y Charlie, una atractiva pareja de artistas que decide divorciarse de mutuo acuerdo hasta que la custodia de su hijo Henry complica el asunto. La crudeza de la odisea legal y del rencor que inevitablemente crece en ellos durante el proceso no eclipsa un amor histórico, que no romántico, y que termina saliendo a la luz. Sobre todo, por el bien del hijo. Una obra basada en la vida del director que ha calado en todos los hogares del mundo donde alcanza la supremacía de Netflix.

2. Parásitos (Bong Joon-ho)

Si decir que es la película del año podría pecar de asertivo, al menos afirmaremos que será la que se alce el próximo febrero con el Oscar a mejor cinta extranjera. Pocas veces el director de Okja ha conseguido un equilibrio tan fino entre puro entretenimiento y crítica social. En ella, una pobre familia surcoreana se infiltra poco a poco en una casa de la alta sociedad de Seúl. La majestuosidad de los planos arquitectónicos y la fealdad bella y real de los suburbios hacen de Parásitos una obra de arte en sí misma.  

3. Joker (Todd Phillips)

Posiblemente los que se opongan a que Parásitos sea la película del año sean quienes consideran a Joker digna de este título. La película sobre el villano de Batman no deja indiferente a nadie, pero aún menos a los guardianes de las esencias del universo DC original. Muchos consideran que, con el payaso triste, Joaquin Phoenix ha alcanzado el cénit de su carrera por encima de roles similares como el de The Master. Pero, además, la pericia de Phillips para captar la violencia, aunque muchos la crean injustificada, le da holgadamente la categoría de fenómeno cinematográfico del año.

4. Toy Story 4 (Josh Cooley)

La cuarta entrega de la franquicia que revolucionó el cine de animación digital no solo justifica su existencia más allá de la trilogía original, sino que presenta una sobresaliente aventura con elementos de tragicomedia. El regreso de Buzz Lightyear y Woody nueve años más tarde ha sido el broche perfecto para una generación que creció con aquellos juguetes y añora un tipo concreto de niñez: la de salir a la calle e imaginar fuera de las tecnologías. Pero también es una cura de humildad ante los que ahora gozan de sus años bisoños, porque ni existe un modelo canónico de niñez ni lo lejano es tan ideal como se recuerda.

5. Dolor y Gloria (Pedro Almodóvar)

La última película del cineasta manchego es un desnudo integral de su infancia y su vejez, pero que recupera el humor y el delirio que se echó en falta en Julieta. Todo lo que tiene de descarada y estrambótica, lo tiene también de nostálgica, culta y dolorosa. Porque la nueva película de Almodóvar solo bebe de una fuente de inspiración: Pedro. Así está conquistando poco a poco las quinielas y palmarés internacionales. Aunque no vaya a escribir nunca su biografía, hay un pedazo de ella en sus 20 películas y el mundo está deseando devorarla.

5. Los Miserables (Ladj Ly)

Si bien ahora Francia saca pecho por Los Miserables, seleccionada para representar al país en los Oscar y ganadora del premio del Jurado en Cannes, hubo un tiempo en el que el establishment la prefería dentro de una cajonera. La película evidencia que, si no se ponen las vendas donde la herida supura, una chispa hará que todo salte por los aires. En la ficción esta chispa empieza con la travesura de un adolescente que roba el león bebé de un circo de gitanos. A partir de ahí, la ópera prima de Ly estudia el racismo, la pobreza y el abandono de los suburbios de la ciudad del amor donde no solo hay luz.

6. Mujercitas (Greta Gerwig)

La tercera reinvención del clásico de Louisa May Alcott está causando sensación por su reparto y respeto a la obra original, pero con ese toque de frescura que ya demostró la artífice de Lady Bird. Pensándolo bien, es un fenómeno que ocurrió hace 25 años donde Susan Sarandon era Marnee (y ahora lo es Laura Dern) y Winona Ryder era la heroína atemporal Jo, un papel que ahora ha heredado Saoirse Ronan. A pesar de rascar el fin del año, Mujercitas merece estar en esta lista por reconciliarnos con la época victoriana en plena era del Me Too.

7. El irlandés (Martin Scorsese)

No es una película apta para todos los públicos empezando por su duración, lo que no obsta para que esta crónica negra de un país cuya historia ha estado marcada siempre por la sangre sea excepcional. El director de Gangs of New York vuelve para ofrecer una visión madura y desmitificadora de la figura del gánster tal y como la conocemos. Una vuelta a los orígenes de un realizador que cambió el cine criminal y que este año ha reevaluado el significado de sus creaciones.

8. Retrato de una mujer en llamas (Céline Sciamma)

Ha sido calificada como el Call me by your name lésbico, y no solo por la evidente trama homosexual que aborda. El contexto artístico y clásico, acompañado de una fotografía cuidada que recuerda a La favorita, han alzado la obra de la francesa entre lo destacado de un año cinéfilo importante. El verano de 1770 que retrata el romance de las mujeres protagonistas es cálido como una composición de Vivaldi, pero no se olvida del misterio. Un maravilloso ejercicio de reescritura del drama romántico de época que se alzó con el premio a mejor guion en Cannes.

libros

9. Cambiar de idea (Aixa de la Cruz, Caballo de Troya)

Ha sido catalogado de forma extraña y certera como relato generacional. Aborda desde las fiestas salvajes de los veintipocos hasta las resacas infernales de los veintimuchos, desde un matrimonio fallido con un mexicano hasta diversas experiencias lésbicas, y desde el gusto por el dolor físico hasta la indiferencia emocional frente a la violencia explícita. Es extraño porque unas memorias escritas de una manera tan específica han calado entre un grueso de jóvenes obligados a desaprender para encabezar un cambio.

10. El libro de las aguas (Eduard Limónov, Fulgencio Pimentel)

Escritor de éxito, fascista, comunista, opositor de Putin, vagabundo y mayordomo: todas las facetas del verdadero Limónov llegaron narradas por él mismo en El libro del agua, una biografía que escribió en la cárcel. Es su réplica a la novela Limónov, de Emmanuel Carrére, que detesta abiertamente. Pero gracias a aquel libro, la existencia del ruso se convirtió en el centro del debate literario en todo el mundo y, a sus 71 años, ha decidido ser él mismo quien desplante a la prensa y se divierta a costa de los periodistas que asisten como moscas a su encuentro.

11. Gente normal (Sally Rooney, Literatura Random House)

Después de la aplaudida Conversaciones entre amigos, llegó traducida la nueva novela de Rooney, la última escritora en ganar el título de "a voz (irlandesa) de su generación". En este título, con el que quedó finalista del Booker Prize 2018, la veinteañera relata a una pareja de adolescentes en la Irlanda post-crisis, cuando el gobierno de Brian Cowen se desmoronó y las perspectivas sociales cambiaron. El contexto económico les afecta a cada uno de manera diferente (ella proviene de una familia burguesa, él no) y sus interacciones fuera de la pareja también lo son (él es popular, ella no). La traducción es de Inga Pellisa Díaz.

12. Recuerdos del futuro (Siri Husvedt, Seix Barral)

La novelista, ensayista, poeta, estudiosa feminista y última premio Princesa de Asturias de las Letras presentó este año un relato meta-ficcional que es a la vez thriller psicológico y una novela de formación. A través de su enigmática vecina, Husvedt pone en orden las notas que tomó en los años 70 recién llegada a Nueva York en las que aborda desde la memoria y la realidad febrilmente distorsionada hasta un retrato de la feroz de la escena literaria que siempre le empujó a la sombra de su marido, el escritor Paul Auster.

13. Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo (Kristen Ghodsee, Capitán Swing)

Quien crea que Ghodsee llega a la conclusión del título de su libro a través de un cúmulo de frivolidades, se equivoca. Su ensayo se cuida de parecer un tratado académico, pero incluye sucesos históricos, encuestas, conceptos económicos y textos sociológicos del siglo XX que están lejos de formar una lectura ligera. La intelectual señala al capitalismo como yugo principal de la mujer y destaca algunos aspectos del socialismo de Estado en materia de género, lo que le ha procurado halagos como "estalinista" y "defensora de los gulags".

discos

15. Jesus is King (Kanye West)

Después de afirmar poco menos que él mismo es la reencarnación de Jesucristo, West rinde pleitesía en un disco entero que ensalza las virtudes de su dios. Conceptualmente es un álbum gospel, una idea remarcada por el coro femenino que acompaña al rapero en temas que rememoran a la Aretha Franklin de los baptistas. Destaca God Is y Water, pero también recupera su flow en canciones como Selah y Follow God.

16. When We All Fall Asleep, Where Do We Go? (Billie Eilish)

Tiene 17 años, parálisis del sueño, insomnio, depresión y un talento innato para poner a bailar al mundo a través de sus perturbadores versos. El pop lúgubre de la californiana fue destacando poco a poco en las listas mundiales hasta ser calificada como la Katy Perry de los adolescentes atormentados por lo mainstream de su pesimista propuesta. Aún así, su futuro está lejos corresponderse con esta definición, como bien demuestran las canciones de bad guy, wish you were gay o la que da título al disco.

17. Magdalene (FKA Twigs)

Desde que lanzó su esperado primer disco en 2014 tras varios sencillos que la pusieron en el mapa, la cantante, bailarina y fashionista inglesa no ha abandonado la escena. Sin embargo, su nuevo Magdalene es pura pornografía emocional. El paralelismo con María Magdalena, la "prostituta" que sobrellevó como buenamente pudo su relación con "el elegido" es evidente y lo demuestra en hits como Cellophane y Fallen Alien, una de sus mejores creaciones.

18. Ghosteen (Nick Cave and The Bad Seeds)

Skeleton Tree fue el primer álbum que abordaba explícitamente la trágica muerte del hijo de Cave. Pero ahora, el músico australiano ha conseguido convertir sus demonios internos en un disco monumental que une dos conceptos que siempre deberían ser contradictorios: "fantasma" y "adolescente". Nick Cave se aleja del dolor desgarrador de 2016 y nos conduce a otra dimensión durante once temas a medio camino entre lo mitológico y lo espiritual. Para repetir en bucle, Spinning Song y Bright Horses.

19. Préstame un sentimiento (Cupido)

Cupido ha formado el cóctel perfecto entre el trap (de Pimp Flaco) y el pop indie experimental (de Solo Astra). En un país donde ambos géneros suenan a homogéneo, estos cinco consiguieron crear un sonido personal y reconocible sin renunciar al código de la época. Todo empezó con la colaboración espontánea de No sabes mentir y terminó con uno de los discos más aplaudidos de la escena nacional. Y, así, con Autoestima, Milhouse y Telepatía como himnos generacionales, se han colado entre lo mejorcito de este año.

series

20. Creedme (Netflix)

Basada en una investigación periodística ganadora de un Pulitzer, la miniserie de ocho capítulos sobre una violación ha escalado por encima de muchas de las ficciones del año. Además de contar con un reparto de postín como Toni Collette o Merritt Wever, la serie sería un producto del montón si no fuera por los detalles, por la obsesión de contar lo justo del horror y por hacerlo minimizando cualquier posible daño a las víctimas. Si hay un objetivo principal en Creedme es el de poner en evidencia la necesidad del "yo sí te creo, hermana", y lo cumple con creces.

21. Chernobyl (HBO)

Fue la apuesta (en versión corta) de la plataforma para no perder suscripciones tras el final de Juego de Tronos y, al menos durante lo que duraron sus cinco capítulos, lo consiguieron. La ficción basada en el desastre nuclear de Ucrania desbancó a Breaking Bad como la serie mejor valorada de la historia en IMDb porque no hace falta estirar un minuto más para crear un producto redondo. También fue la digna muestra de que no se necesita un giro argumental apocalíptico para enganchar al público. Aquí todo el mundo sabía el final y a nadie pareció desanimarle.

22. Watchmen (HBO)

No es fácil meterse con el universo del cómic y menos con Alan Moore, pero parece que la secuela inspirada en esta obra de culto ha convencido de manera holgada. Aún así, conviene destacar que la adaptación televisiva se diferencia en su premisa principal del cómic aunque respete su esencia a base de guiños y sin grandes escenas de acción ni de superhéroes como cabría esperar. Un acierto absoluto cambiar las tensiones de la guerra de Vietnam de la época con las raciales del actual Oklahoma.

23. Vida perfecta (Movistar +)

Leticia Dolera despertó innumerables reticencias con su nueva serie sobre todo por el despido de su actriz principal, Aina Clotet. Pero para su fortuna (y la nuestra) el reparto final ha retratado a las tres mujeres más reales, supervivientes y divertidas del año. El sexo, la maternidad y la discapacidad son solo algunos de los temas que vertebran la ficción y que han conquistado hasta al público de Cannes. Empoderamiento y amistad femenina al ritmo de Mónica Naranjo y su himno Sobreviviré.

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