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10 novelas negras para este verano: los mejores libros de suspense de 2019

¿Quién será el asesino?

Paula Corroto

El régimen franquista, los crímenes contra las mujeres, el fanatismo religioso y las desigualdades sociales son los pilares en los que se apoyan algunas de las novelas negras publicadas en los últimos meses. Este género siempre se ha caracterizado por llevar a la narrativa los asuntos de actualidad, por lo que no extraña que sea este tipo de temas donde más se han forjado los escritores después de leer las páginas de los periódicos.

Quedan un tanto atrás temáticas de hace algunos años, como la corrupción económica y la ética política, si bien no llegan a desaparecer del todo (porque tampoco lo han hecho de los diarios). Este racimo de novelas es a su vez una buena muestra de que los paisajes hace tiempo que dejaron de ser únicamente los de Madrid y Barcelona. Una gran señal de una buena salud del género en toda nuestra geografía.

Piedras Negras, de Eugenio Fuentes (Tusquets)Piedras Negras, de Eugenio Fuentes

El escritor extremeño es el creador de Ricardo Cupido, uno de esos detectives singulares de la novela policíaca española que no se mueve por las grandes ciudades sino por los entornos periféricos y rurales. En esta ocasión la trama parte del espinoso y triste asunto de los bebés robados durante el franquismo. En esa procelosa pesquisa –en la que también habrá un asesinato– se van desgranando otros temas como la corrupción de la iglesia y la burbuja inmobiliaria. Esta novela se podría considerar como una especie de spin off de Si mañana muero, donde novelista recreaba la acción en el frente de Extremadura durante la Guerra Civil.

El último barco, de Domingo Villar (Siruela)

Diez años llevaba Domingo Villar sin publicar una novela, pese al éxito que obtuvieron las dos anteriores, La playa de los ahogados y Ojos de agua. Ha regresado este año con su inspector de policía Leo Caldas que se enfrenta a la desaparición de una chica en el entorno de Vigo. Y con todo lo que el carácter gallego, este decir sin decir nada, de sus habitantes.

La investigación, que avanza mediante interrogatorios que Villar domina con destreza –recuerdan a los de las novelas de los suecos Maj Sjöwall y Per Wahlöö– va revelando el carácter de los personajes, la hipocresía y por qué podemos encubrir a los malos.

No digas nada, de Jon Arretxe (Erein)

Esta novela, publicada originalmente en euskera, es una rural noir protagonizada por el detective africano Touré, un burkinés que llegó a España en patera y acabó residiendo en Bilbao. El vasco Jon Arretxe ya lo había utilizado en otras de sus novelas, pero esta vez se lo lleva al pirineo navarro, donde el detective ha decidido cambiar de vida y dedicarse a cuidar ovejas.

Sin embargo, no va a poder escapar de su destino como investigador ya que se verá envuelto en el caso de un burro decapitado con una motosierra. En la búsqueda de quién ha sido se adentrará en los entresijos de esas zonas donde apenas habita nadie, todos se conocen y todos se guardan lo que saben.

Los miércoles salvajes, de Susana Hernández (Milenio)

El tráfico ilegal de medicamentos y las desigualdades sociales apuntalan esta novela de Susana Hernández ambientada en el extrarradio de Barcelona.

La protagonista es una escolta privada que se ve envuelta en un turbio entramado cuando decide hacerse con unas medicinas ilegales para el tratamiento de un amigo suyo, lesionado medular, que no puede permitírselo por razones económicas. La novela revela cómo funciona la industria farmacéutica –con referencias a los tratamientos para la diabetes tipo 1– y cómo en ocasiones los preceptos de la universalidad sanitaria no están tan claros.

La epidemia de la primavera, de Empar Fernández (Suma).La epidemia de la primavera,

Con Europa en plena I Guerra Mundial y con una epidemia de gripe asolando a la población, la ciudad de Barcelona vive momentos tensos debidos a los conflictos sociales.

En enero se monta una de las primeras huelgas feministas de la historia española que intenta paralizar fábricas y comercios donde habitualmente trabajaban las mujeres en condiciones muy precarias. A ese ambiente llega Gracia, una joven nacida en Cantavieja (Teruel), que conocerá a la líder de esta revuelta. Empar Fernández relata las tensiones sociales –entonces sí había muertos– y cómo aquellas mujeres pusieron los primeros peldaños de la lucha feminista.

Tiempo de siega, de Guillermo Galván (HarperCollins)

Esta es una novela negra que no sólo se queda en los crímenes sino que también aborda el periodo de la posguerra. El protagonista es Carlos Lombardi, un expolicía que ha sido condenado por el régimen franquista a trabajar en la construcción del Valle de los Caídos por haber permanecido fiel a la II República.

A modo de indulto, y para purgarse, un colega le encarga el caso de un sacerdote torturado y asesinado. Por esta trama hilvanada por el periodista Guillermo Galván se cruzan personajes reales de la época como Hans Lazar, el diplomático Bernard Malley, el sacerdote José Lobo y el psiquiatra Bartolomé Llopis. Novela negra, sí, pero también un retrato de la represión y de los primeros y más oscuros años de la dictadura.

Vírgenes y verdugos, de Tomás Bárbulo (Salamandra).Vírgenes y verdugos

Las mujeres que se integran en el DAESH protagonizan esta novela que abunda en el tema del fanatismo religioso y cómo este, sobre todo, las penaliza a ellas. Escrita por el periodista Tomás Bárbulo, que conoce bien los países árabes, principalmente Marruecos y la zona del Sáhara Occidental, la historia se narra mientras se producen las aventuras del Saharaui, un ladrón de joyas que Bárbulo ya utilizó en la novela

La asamblea de los muertos. Una trama entretenida mientras nos adentramos en cómo viven las mujeres del califato, que también son las férreas vigilantes de toda aquella que no cumpla con sus preceptos como no llevar velo.

El error de Clara Ulman, de Cristina Higueras (La Esfera de los Libros).

En este thriller científico-criminal, Cristina Higueras se pregunta hasta dónde pueden llegar los límites de la investigación médico-científica. ¿Son éticos todos los experimentos? Una novela en la que se juega a ser Dios como ya hiciera el doctor Frankenstein con tratamientos médicos que incluyen trastocar el cerebro y nuestras células.

Todo hilvanado mediante diálogos que reflejan el mundo de la dramaturgia del que procede Higueras. Una historia que toca un tema que cada tiene más presencia en los medios como la noticia del chino He Jiankui que a finales del año pasado anunció el nacimiento de dos niñas gemelas cuyo ADN había sido modificado en el laboratorio.

Si esto es una mujer, de Lorenzo Silva y Noemí Trujillo (Destino).

Manuela Maurí es una inspectora de homicidios que debe abordar un asunto de trata de mujeres en la periferia madrileña. Pero no sólo eso: también debe enfrentarse a sus propios compañeros que ven con desconfianza que sea ella la encargada del caso. Lorenzo Silva y Noemí Trujillo recrean una novela muy negra en la que se apuntan otras cuestiones criminales como la fatiga de las mujeres por demostrar lo que valen y hacerse su lugar en los puestos de trabajo (sobre todo cuando ya implican una responsabilidad).

La ceguera del cangrejo, de Alexis Ravelo (Siruela)

Un accidente que huele demasiado mal es el punto de partida de la última novela del canario Alexis Ravelo que coloca al militar Ángel Fuentes como investigador un tanto tosco de la muerte de su novia en Lanzarote. Bajo esta premisa, y como si fuera un homenaje a César Manrique, el escritor va dibujando una isla llena de chapuzas urbanísticas y donde han sido muchos los que han obtenido réditos mediante la corrupción medioambiental. Una novela para relajarse en la toalla y saber qué hay detrás de ese mamotreto de hotel que construyeron en primera línea de playa.

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