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Entrevista Dibujante

Lorenzo Montatore: “Yo te voy a contar mi Francisco Umbral”

El escritor Francisco Umbral vuelto a la vida por Lorenzo Montatore

Gerardo Vilches


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La de Lorenzo Montatore es una de las voces más originales del cómic español. Así lo demuestran trabajos como ¡Cuidado, que te asesinas!, California Rocket Fuel o Queridos difuntos. En su obra se entremezclan referentes como Mihura, Tono, Valle-Inclán o Arniches con el pop de los dibujos animados clásicos, los videojuegos de ocho bits o la canción popular. De ese cóctel surge una voz propia, cuyo tratamiento de temas trascendentales a través del humor y la poesía ha ido ganando cada vez más lectores. Recientemente, ha publicado su obra más ambiciosa: una biografía libre de uno de sus autores más admirados, Francisco Umbral. La mentira por delante (Astiberri) es uno de los cómics del año.

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¿Cómo elige el tema de La mentira por delante? Hasta ahora, había hecho fundamentalmente obras de ficción con personajes propios. Es la primera vez que toma como protagonista a una persona real.

Antes de decidir que iba a hacer esta obra, estaba dibujando una falsa biografía. Me había inventado un personaje, un cantaor flamenco. Pero me quedé bloqueado, aunque, con el tiempo, esa historia acabó siendo un fanzine, Me viene persiguiendo (2021). Pero, un día, hablando con un amiga, me piqué con hacer algo sobre Francisco Umbral. Y la verdad es que sí ha habido bastante diferencia con otros tebeos. Lo he disfrutado mucho más, no sé si por el hecho de estar usando textos ajenos, lo que me ha permitido distanciarme.

Usted ya era lector de Umbral, pero ¿se ha documentado mucho sobre su vida?

Gran parte de lo que sale en el cómic ya lo conocía. Me documenté, pero no quise ser muy exhaustivo, porque no quería hacer una biografía al uso, ortodoxa. Quería algo más libre, basado en su propia obra.

Existe toda una línea de novela gráfica de biografía muy convencional en lo formal, que se limita a contar asépticamente los acontecimientos de la vida del protagonista. Pero La mentira por delante es algo totalmente diferente. ¿Tenía la intención de dar a conocer a Umbral, o es otra cosa la que lo anima?

Esa intención está, pero, sobre todo, me anima lo contrario: lo que quiero es convertir a Umbral en cómic, no hacer un cómic sobre Umbral. Eso habría sido una colección de cromos, muy respetable, ahí no entro, pero no es lo que quería hacer yo. Creo que Umbral tiene cosas muy interesantes para llevarlas al cómic: por eso he querido convertirlo en un personaje mío. Entre otras cosas, porque a mí no me saldría de otra manera. Si yo quisiera hacer una biografía convencional no sería capaz.

Es curioso, porque esa "colección de cromos" de alguna manera se encuentra al principio del libro, en las dos primeras páginas. Es como si le dijera al lector que, si quiere saber lo básico de la vida de Umbral, ahí lo tiene. Pero el cómic trata de otras cuestiones.

Claro, es como un mapa. O como la entrada de la Wikipedia. Para gente que no esté familiarizada con Umbral, este es el resumen. Y a partir de ahí, en las doscientas páginas siguientes, yo te voy a contar mi Umbral.

Ese Umbral, ¿lo construye específicamente para este cómic, o se va construyendo a través de los años y de la lectura de sus obras?

Cuando conoces la obra de alguien que te fascina, en tu cabeza te haces tu propio personaje. Sobre todo porque a mí, en verdad, la persona y la vida privada me importan bastante poco. Pero es cierto que hay otra parte que nace en el momento en el que releo su obra, pensando ya en adaptarla al cómic. Cuando releo Mortal y rosa (1975) al día siguiente de decidir que voy a hacer el libro, se crean otras imágenes, veo a otro Umbral diferente al que tenía en la cabeza. Un Umbral más de cómic. Por otro lado, Umbral decía que él llenaba su vida de literatura: esa es la parte que a mí me interesa.

Vivimos en un momento en el que la tendencia es lo contrario: demandamos profundizar en el lado humano, saber lo que hay detrás de la obra de un autor. Es algo que vemos en el documental de Anatomía de un dandy (2020) de Charlie Arnaiz y Alberto Ortega, que deconstruye el personaje para ver qué hay detrás. ¿Le gustó este documental?

Mucho. Fue gracioso, porque yo ya estaba haciendo el cómic cuando me enteré de que se iba a estrenar. Entré en contacto con uno de los directores, Charlie, que me invitó a un estreno. Lo disfruté mucho, pero mi lectura es completamente diferente: ni mejor ni peor.

Actualmente, el mundo intelectual que usted refleja —no solo Umbral, sino también Cela, Sánchez Dragó, Pérez Reverte— resulta denostado por mucha gente, sobre todo joven, que lo considera rancio, machirulo… ¿Cómo ve todo esto?

Bueno, yo soy de mi época, y Umbral era de la suya. Todo esto a mí no me es ajeno. Yo hago esto en el año 2021 y soy consciente de ello. Pero me centro en su literatura, y creo que hay cosas suficientemente interesantes para reivindicarlas hoy. Al menos gran parte de su obra literaria, que me parece olvidada. Es injusto que sea recordado por una anécdota televisiva… que, por otro lado, son cosas que me parecen muy divertidas.

Y que, al fin y al cabo, él provocaba conscientemente.

Claro, y estoy seguro de que se divertía mucho haciéndolo. Pero es una pena que no se conozca más su obra.

La mentira por delante es un libro ambicioso: está construido con pequeñas piezas, cada una tiene su tono… En su trabajo siempre hay mucha intuición, pero, en este caso, al ser un proyecto distinto, ¿planificó de otra forma el libro?

La única diferencia es que tuve que hacer criba y montar el puzle de la estructura. Pero, una vez tuve eso, me lo planteé como cualquier otro libro. Como dice, yo trabajo mucho con la intuición. Pero es verdad que llegó un momento, cuando tenía ya bastante dibujado, en el que me di cuenta de que tenía que tener cierto orden, aunque no esté separado estrictamente en capítulos. Estuve muy bien aconsejado por Antonio Hitos [autor de cómics como Materia (Astiberri, 2017)], que me ayuda siempre mucho, y también por mi editora, Lucía Álvarez.

¿Cómo decide el tono gráfico que le va a dar a cada secuencia? La paleta de colores, los recursos de videojuego de plataformas… ¿Es siempre consciente?

Me cuesta mucho explicar eso. Yo selecciono un texto que, de repente, me sugiere que vaya precedido de una secuencia en la que, por ejemplo, Umbral vaya saltando de plataforma en plataforma. Me surge así, sin más. En cuanto a la paleta de color, a veces sí trato de darle un sentido, que el color cuente cosas, y me detengo un poco más, incluso corrijo a veces lo que he hecho antes. Pero, en general, trabajo un poco a lo loco.

Sin embargo, las coordenadas están claras, porque en sus obras anteriores ha construido un código propio muy sólido. ¿Si hubiera intentado hacer este cómic hace cuatro año le habría costado más que ahora?

Sí, exacto. De hecho, tengo el recuerdo vago de que, hace años, pensé en hacerlo. Poco después de publicar La muerte y Román Tesoro (Dehavilland, 2016), en el que introducía un cameo de Umbral. Pero enseguida lo descarté porque no veía cómo hacerlo. Ahora lo he visto claro, porque la experiencia me ha dado unas herramientas que me permiten enfrentarme a cualquier tema a mi manera.

De alguna manera lo puede traducir a su estilo, a su cartoon.

Hasta ahora, casi todo lo que me he planteado lo he podido hacer, sí.

Respetar su actitud hacia la literatura y la vida es la mejor manera de respetarlo a él. No puedo saber si le habría gustado mi cómic, pero sí estoy seguro de una cosa: si hubiera hecho una biografía convencional no le habría gustado nada

La mentira por delante demuestra que ese cartoon también se puede aplicar a temas serios. ¿Le preocupa que eso lo entiendan los lectores?

Yo manejo cosas que, aunque puedan chocar en un primer momento, al mismo tiempo son muy familiares. Algunas de mis influencias son muy pop, mientras que otras son muy españolas. Puestas juntas tienen un sentido, porque aluden a un imaginario popular, a una amalgama de referencias que tenemos en la cabeza. Un ejemplo: cuando era pequeño, jugaba a Super Mario Bros y acto seguido ponía la televisión y veía a Gila: ¿qué tienen que ver ambas cosas? Nada, pero son parte de una misma memoria.

Sobre las influencias, hemos visto en sus cómics una progresiva depuración de sus referencias. Las ha ido incorporando de una manera más personal a su estilo visual.

Yo creo que voy trazando mi camino sin estar ya tan apegado a esas referencias. Quizás en un primer momento tienes un montón y, de alguna manera, inconsciente o conscientemente, quieres que se noten. Yo tenía esa fijación con Tono o Mihura, y me gustaba que se viera que venía de ahí. Ahora ya no lo pienso, no es consciente. En verdad de lo único de lo que me he tenido que preocupar es de que las caricaturas se parecieran, que se reconociera al personaje dibujado. El resto ha sido un goce. Y quizás sea por eso: porque ya no tengo la losa de los referentes. Voy más a mi rollo.

Este libro lo publica con Astiberri, después de publicar con varias editoriales y autopublicarse muchos trabajos. ¿Cómo lo está viviendo, hay mucha diferencia?

El cómic está en todas partes: no hay día que no me encuentre con la portada en algún sitio al entrar en redes sociales. Estoy muy contento, la verdad.

¿Cree que el libro marca algún tipo de hito? ¿El comienzo de una nueva etapa?

Me lo tomo como otro libro más que he hecho. No me lo planteo como un antes y un después; aunque puede que lo marque en el sentido de darme a conocer, de llegar a más gente.

¿Puede hacer que se anime a hacer otro proyecto parecido, con textos de otros?

Me gustaría hacer algo solo mío, pero, además, ya estoy colaborando con otra persona en otro proyecto, del que no puedo decir nada todavía. En todo caso, me he quitado el miedo a trabajar con textos de otra persona, pero hay que encontrar el texto adecuado.

En La mentira por delante, de alguna forma el lector olvida que los textos son de Umbral: combinados con su dibujo, los hace suyos. También sucede que normalmente tiene una voz muy literaria, una manera de escribir muy cuidada.

¡Qué piropazo! Entiendo lo que quiere decir… Evidentemente, yo no escribo como escribía Umbral, ni mucho menos, pero siempre me he preocupado de que el texto tenga una calidad literaria. Por eso no resulta raro leer ciertas cosas con mi dibujo. Además, es como un juego, porque yo he robado mucho a Umbral en otros cómics, y eso hace que el estilo resulte familiar a mis lectores. En realidad, he montado este cómic como si el texto fuera mío. Me he dado una libertad que quizás no es habitual en una biografía.

Hay un respeto mal entendido en algunas biografías, quizás…

Sí, puede ser. Yo creo que no he podido respetar más a Umbral que haciendo lo que él decía que había que hacer. Pueden encontrarse muchas entrevistas en las que decía que cuando él escribía una biografía hacía lo que le daba la gana. Pues yo voy a hacer lo mismo contigo, amigo [risas].

Él se inventaba constantemente cosas sobre su propia vida, incluso contradictorias, como se ve en su libro. Un día dice que es un asceta que ni fuma ni bebe, y otro día se le ve fumando un puro en televisión.

Bueno, a él le gustaba provocar. Si todo el mundo salía en la tele fumando y bebiendo whisky, él se comía una manzana y tomaba un vaso de leche. Cada día contaba una cosa distinta. He intentado mantener ese espíritu, sin forzarlo ni llevarlo al extremo, esa actitud hacia la literatura y la vida. Respetar eso es la mejor manera de respetarlo a él. No puedo saber si le habría gustado mi cómic, pero sí estoy seguro de una cosa: si hubiera hecho una biografía convencional no le habría gustado nada.

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