ENTREVISTA Ministro de Cultura

Miquel Iceta: “No voy a pasar, por conveniencia política, por encima de los técnicos que desaconsejan mover la Dama de Elche”

Miquel Iceta, ministro de Cultura y Deporte.

Elena Cabrera


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Cuando no llevaba ni medio año al frente del Ministerio de Política Territorial y Función Pública, la crisis de Gobierno llevó a Miquel Iceta a suceder a José Manuel Rodríguez Uribes al frente de la cartera cultural, sin que su predecesor hubiera hecho grandes avances y con el encargo de acelerar en todos los frentes abiertos. En los últimos días, su Ministerio ha firmado el arrendamiento de la colección Carmen Thyssen, el Consejo de Ministros ha aprobado la nueva Ley del Cine y afronta un debate sobre el emplazamiento de la Dama de Elche.

El contrato para retener ‘Mata Mua’ permite a Carmen Cervera vender sus obras alquiladas al Estado

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Se acaban de cumplir siete meses desde que recibió la cartera de Cultura. ¿Por qué cree que Pedro Sánchez le encomendó este ministerio?

Esto hay gente que no lo sabe: cuando me propuso por primera vez incorporarme al Gobierno, en 2018, que finalmente no pudo ser, ya me dijo que me quería en Cultura y Deporte. Pero en aquel momento la situación política catalana estaba muy convulsa y al final acordamos que no era el mejor momento. Él cree que tengo una sensibilidad que puede conectar bien con este mundo y, la verdad, para mí es un reto. Pero por otro lado, me hubiera gustado poder acabar lo que estaba haciendo en Política Territorial y Función Pública. El momento de la decisión fue un poco complicado pero me he zambullido en estos dos mundos y lo estoy disfrutando.

Este martes el Consejo de Ministros ha aprobado la Ley del Cine con el objetivo de reequilibrar el sector y cuidar la producción independiente. ¿Cree que el sector del cine en España está demasiado dominado por la industria de Hollywood?

Tenemos un cine español muy potente, pero podría serlo mucho más. Hemos intentado no contraponer esos dos mundos. Nos interesa que haya mucha producción en España y que las plataformas vean nuestro país como un lugar para trabajar, crear y producir. Estos días, por ejemplo, estamos celebrando el Oso de Oro de Carla Simón. Yo creo que podríamos hacer más por el cine español. Hemos de volver al cine. La pandemia nos ha alejado de muchas cosas pero es momento de recuperarlas con mucha fuerza y la ley pretende eso.

El otro día me criticaban que las ayudas del Ministerio a veces se condicionan a que sean obras dirigidas por mujeres. Nosotros decimos que al menos lo sean en un 40%, creemos en un mundo de mitad y mitad y creemos que nuestro cine ha de expresar esos valores y dar oportunidades a las mujeres, no porque necesiten ayuda, sino porque han sido perjudicadas antes. No es casual que sea precisamente una directora la que arrasa en la Berlinale y, además, con una obra que podríamos decir que es muy local, pero de valor universal.

Las salas le piden la protección de la ventana del cine. ¿Cómo se hace eso cuando hay estudios que apuestan por los estrenos simultáneos en salas y plataformas? ¿O cuando tenemos ciudades como Pontevedra, Oviedo, Ciudad Real o Cáceres donde solo hay una sala y las plataformas se han instalado en nuestros hábitos de consumo? En este estado de cosas, ¿cómo se da la protección que piden los exhibidores?

Vamos primero a salvar las salas que subsisten. Tenemos una línea de subvención para compensarlas por las pérdidas que han tenido por la limitación de aforos y los periodos de confinamiento. En segundo lugar, la ley crea un Consejo Estatal de la Cinematografía y la Cultura Audiovisual para que el conjunto de los sectores del cine se hablen. Creemos en una idea, quizá romántica, y es que el cine en una sala es una cosa muy especial. A veces hago la broma de que el tamaño importa porque una pantalla grande, una buena sonorización y el participar en un acontecimiento colectivo es una experiencia que no es solo de la persona, sino del grupo con el que la comparte. A las plataformas ya les llegará su momento de explotarla. No es casual que haya festivales de cine que no admiten películas que no hayan sido estrenadas en sala porque se quiere conocer cuál es la reacción del público. Nos gustaría que hubiera un amplio acuerdo del sector porque creo que todo el mundo tiene mucho a ganar, y el prestigio se gana en las salas, en los festivales y en las plataformas.

El Consejo Estatal de la Cinematografía y la Cultura Audiovisual que se va a crear a partir de la nueva Ley del Cine tiene la intención de fomentar la colaboración entre el sector público y el privado. ¿No funciona bien ahora mismo esa colaboración?

Tenemos muchas cosas por hacer. Dentro del cine hay subsectores y cada uno ha intentado defender su parcela y su perspectiva. Estamos convencidos de que poner eso en común nos dará más fuerza a todos. La ley plantea la obligación de que haya un plan a cuatro años vista y que cada año haya que dar cuenta de los resultados y de los avances que se hayan producido. Cuando estamos pidiendo más apoyo al cine, también estamos pidiendo más autoexigencia de todos y más colaboración. Estoy intentando cambiar la idea de que la cultura y el cine piden. No piden sino que ofrecen. La cuestión es si somos capaces de aprovechar ese ofrecimiento y de dar el apoyo necesario para salir ganando todavía más. Esto no es una cosa de gente privilegiada. A veces algún sector conservador intenta decir que todo esto es un gasto superfluo, que con esto solo se está manteniendo a unos cuantos. No es verdad. La industria crea mucho empleo, hasta el cátering de las producciones forma parte de esa industria y por lo tanto estamos haciendo una inversión que va a tener unos retornos, algunos cuantificables económicamente y otros que nos hacen crecer como personas y nos proyectan como país y como sociedad.

Hemos comentado que acaba de ganar en la Berlinale una película en catalán, Alcarràs. La otra ley en marcha, que a veces parece que se roza un poco con la Ley del Cine, y que ahora está esperando su paso por el Congreso, es la Ley General de Comunicación Audiovisual. ¿Hubiera sido deseable que las plataformas que no están radicadas en España, pero que prestan sus servicios en España, estuvieran obligadas a hacer una parte de su inversión en producción en lenguas cooficiales, como sí lo están Filmin o FlixOlé?

Sí, pero hemos de buscar el resultado. Yo lo que quiero es que haya más cine en lenguas cooficiales y eso requiere, entre otras cosas, que desde lo público se incentive. En la Ley del Cine también se establece una cosa que había existido, que desapareció y que ahora hemos recuperado, que es ‘el fondillo’, un fondo dedicado a las producciones en lenguas cooficiales que no son el castellano y que este año ha sido de diez millones y medio de euros. La ley lo fija como una obligación, no pone la cifra porque cada Gobierno la ha de poner en los presupuestos y responder ante el Congreso y el Senado. Esta idea no es un capricho sino el artículo tercero de la Constitución que manda a los poderes públicos promover las lenguas cooficiales que no son el castellano. El otro día veía en las redes una cierta discusión sobre si Alcarràs es cine catalán o cine español. Y yo pensaba: claro que es cine catalán, se ha hecho en Catalunya, se ha rodado en catalán. La problemática que nos proyecta es catalana, pero es universal, es también muy española.

A las plataformas les hemos dicho que hay una oportunidad de negocio que han de saber aprovechar y también una cierta obligación de proyectar la diferencia. Cuando nosotros queremos proteger la industria española del cine, no solo lo hacemos por un criterio económico, sino también un criterio cultural. Si no estás en el cine, no te ven. Hagamos del cine un motor de desarrollo económico, cultural y también de presencia internacional. Siempre se mira, y con razón, cuánto dinero hay de ayuda a la producción. En tres años el Instituto de Comercio Exterior va a dedicar 40 millones de euros a la internacionalización de nuestro cine porque si no lo llevas a los festivales y promueves su presencia en el extranjero, te quedas corto. Las plataformas también nos ayudan a eso.

¿Pero usted cree que con voluntarismo las grandes plataformas internacionales realmente van a hacer inversión en producción en lenguas cooficiales?

Yo creo que sí, porque van a ganar dinero. No voy a obligar a ninguna empresa a que haga algo que pierda dinero. Sería injusto, absurdo y a medio y largo plazo iría en contra de nuestro interés. Los poderes públicos se han de mojar y han de promover la producción en otras lenguas que no son el castellano. El castellano tiene una ventaja enorme que es su dimensión global, y una audiencia potencial muy grande que no tienen el catalán, el euskera o el gallego. Pero dejar al mundo sin conocer el catalán, el euskera y el gallego no nos lo podemos permitir como país. El mundo sería más pobre y la idea de promover la diversidad es una de las señas de identidad de la cultura.

Hablemos de patrimonio, que también es otra de las áreas importantes de su ministerio. Usted dijo en la Comisión de Cultura del Congreso que el anteproyecto para una Ley de Patrimonio Histórico había “nacido muerto”. ¿Por qué ha descartado el trabajo previo de su ministerio para la elaboración de una nueva ley?

Porque las comunidades autónomas no la hacen suya y la consideran una agresión. La Ley del Patrimonio que se estaba trabajando era una ley voluntarista y al final otorgaba al Estado unas mayores competencias en la definición de qué es patrimonio protegido. Y las comunidades autónomas consideran que eso vulnera sus competencias y de alguna manera era un paternalismo innecesario. A la vista de la opinión general, les dije ‘Vamos a parar y a revisar lo que hemos hecho’. Una expresión, que igual es una catalanada, es que tenemos patrimonio cultural por un tubo. Y una de las cosas que he hecho es cambiar el nombre de la Dirección General de Bellas Artes y ahora la llamamos Dirección General de Patrimonio Cultural y Bellas Artes, porque el patrimonio es una de las obligaciones y también oportunidades más grandes que tiene la cultura española.

Estos días de campaña en Castilla y León hemos visto castillos en todas partes, algunos en proceso de deterioro muy avanzado, y te viene a veces un cierto ahogo por no llegar a todo. Me sorprendió que la responsabilidad sobre el acueducto de Segovia era estrictamente de la ciudad. Cómo puede ser si es una de las piezas de patrimonio más importantes que tenemos en España. Por lo tanto vamos a intentar que todo el mundo se vea obligado, compelido a colaborar, sabiendo que nos desborda.

Es verdad que nuestro patrimonio es ingente, pero me gustaría hablar de una pieza que tiene un carácter simbólico particular, que es la Dama de Elche. Su ministerio tiene un grupo de trabajo para analizar el estado de conservación de la Dama. A pesar de las reiteradas peticiones por parte de la Generalitat Valenciana y de la adecuación del Museo de Elche, han tomado la decisión de no cederla temporalmente para la celebración del 125 aniversario de su descubrimiento. ¿Esta decisión es definitiva?

Mientras los informes técnicos nos digan que el traslado de una pieza la pone en riesgo, no vamos a autorizar el movimiento de esa pieza. Y eso no quiere decir que desde Elche no tengan razones para pedirla. Entendemos muy bien las reivindicaciones, pero pedimos que se entiendan también nuestras razones.

Pero sí hicieron unos informes en 2005 y 2006 que no se oponían al movimiento. De hecho, la Dama se trasladó temporalmente a Elche en ese año. ¿Que ha cambiado para que ahora no se quiera autorizar?

Pues que los informes ahora desaconsejan ese movimiento, el paso del tiempo para el patrimonio físico, en este caso la piedra, es muy importante. Yo no tengo, perdone la expresión, comisión por que la pieza se quede en Madrid. A mí no me van a subir el sueldo si se queda aquí. Pero desde luego me despedirían si autorizo un movimiento que pone en riesgo una pieza. Yo comprendo la sensibilidad que existe en Elche y en la Comunidad Valenciana y por lo tanto acepto bien sus reclamaciones y su reivindicación. Acepto también sus exigencias de que realmente se verifique que ese riesgo existe y por lo tanto vamos a estar muy atentos. Pero no puedo esconder la realidad. Y la realidad es que como máximo responsable del patrimonio, yo no puedo autorizar un movimiento que comporte un riesgo para una pieza tan importante y que no podemos reemplazar.

Siempre lo hacemos amparados en informes muy técnicos, como cuando compramos cuadros o cuando impedimos la exportación de determinadas obras. Hay una Junta que, por cierto, está cumpliendo 100 años, que es la que nos indica el camino a seguir, precisamente para alejarlo de cualquier arbitrariedad política o administrativa. Hacemos las cosas con los mejores datos técnicos de los que podemos disponer.

Es decir, que si se realizan unos nuevos informes que dicen que sí…

Si algún día los expertos nos dicen que se puede mover con mucho cuidado y de tales maneras, no tenemos ningún inconveniente. Al contrario. Pero mientras nos digan, y nos lo están diciendo de forma bastante recurrente, que desaconsejan ese traslado, yo no voy a pasar por encima de los técnicos por conveniencia política o de imagen, incluso, personal.

Ya que ha nombrado la Junta de Calificación y Valoración, esto me lleva a otro tema donde creo que también la Junta tiene un papel. Hace unos días se firmó el arrendamiento de la colección Carmen Thyssen. ¿Usted ha podido participar o intervenir de alguna manera en la negociación con Carmen Thyssen o ha firmado un contrato que ya había sido negociado por su predecesor, José Manuel Rodríguez Uribes?

Había una negociación ya hecha por mi predecesor. De repente, yo soy nombrado y a los diez días he de llevar al Consejo de Ministros la formalización de ese contrato. Por lo tanto, estoy llevando algo que han preparado otros, como debe ser porque la Administración tiene una continuidad. Aun así, hemos seguido trabajando en muchos flecos del contrato que no solo tienen que ver con el monto económico, sino con las condiciones en las que se hace. Y la verdad es que yo le debo decir que estoy muy satisfecho de lo que hemos conseguido. Es verdad que en el mundo del arte todo es discutible, y es bueno que sea discutido, tanto el valor de las obras como por cuánto hay que asegurarlas. Creo que hubiera sido un fracaso para el Gobierno, pero también para el país, perder esa oportunidad. Nosotros hemos tenido una suerte y es que la baronesa Thyssen estuviera muy comprometida con que esas obras siguieran en España por el máximo tiempo posible. Eso nos ha ayudado. Pero eso tiene también una contraprestación. Hemos firmado un contrato por 15 años en el que queda abierta la opción de compra a la finalización. Hoy no podríamos hacer esa compra en lo que vale en el mercado del arte. Las obras tienen un precio fluctuante y solo lo sabes cuando salen a subasta y el mejor postor se la lleva, eso es lo que fija el precio. Pero no vamos a sacar esas obras a subasta. Ahora, por lo que conocemos del mercado del arte, por el seguimiento que se hace desde muchos ámbitos de las subastas que se están produciendo a nivel internacional, el valor de esa colección es muy difícil de calcular y desde luego desborda cualquier posibilidad de compra en estos momentos.

Yo no sé dentro de 15 años, seguramente corresponderá a otros tomar esas decisiones, pero la verdad es que creemos que es un contrato bueno. Desde luego es bueno para los que lo firman por la parte de la propiedad de las obras, pero es bueno para el Estado. Tenemos en Madrid una triada de museos que son el Prado, el Reina Sofía y la colección Thyssen que hacen de Madrid una capital del arte mundial. Y yo creo que merece la pena que sea así. Y hay que agradecer, aunque no sea una cesión gratuita, ese compromiso de la baronesa Thyssen en que la colección se quedara en España, porque, nos consta, ha habido muchos intereses. Y seguro que económicamente sería más favorable para la propiedad fragmentar la colección y venderla. Es que eso es así y sabemos que ha habido y había toda una discusión acerca del Mata Mua como pieza más emblemática o más conocida. Bueno, yo sé que Mata Mua lo comprarían por muchísimo más de lo que nosotros jamás podamos poner para el conjunto de la colección. Hemos encontrado un buen equilibrio que ha culminado en una negociación que ha durado muchísimo, pero que hoy podemos tener la tranquilidad de que por 15 años vamos a disponer de esas obras en un lugar en el que se unen a la colección permanente que fue cultivada por el barón, y antes por su padre y, por lo tanto, podemos estar muy contentos. Y desde luego, yo me he ceñido al acuerdo que tomó el Consejo de Ministros y que fue ratificado por el Congreso de los Diputados.

Llama la atención que en un momento anterior la garantía del Estado había fijado unas valoraciones bastante inferiores a las que se han comunicado ahora con la firma del acuerdo. ¿Quién ha hecho la valoración de las obras?

Cada año se hace una valoración de seguros de los precios de las obras que tiene el Estado y cada vez que se ha de hacer un movimiento, como con el Mata Mua, que se ha movido y ha habido que pagar seguros por esos transportes. Tenemos un mejor conocimiento de un valor que tampoco es el valor de compraventa, eso solo lo sabremos en un momento determinado. Se pone a subasta y yo no sé si un emir del golfo Pérsico de repente pujaría diez veces más de lo que nosotros hemos puesto como el valor del seguro. También eso explica el por qué hay reticencias al movimiento de piezas, no solo de la Dama de Elche, sino de otras, porque cada vez más las compañías de seguros están exigiendo fianzas más grandes para movimientos de piezas o para la seguridad de esas piezas depositadas en un museo. Siempre habrá momentos de disputa y de controversia sobre las cifras. Nosotros queríamos tener la garantía, y por eso lo llevamos al Congreso de los Diputados, de que los representantes de la ciudadanía del pueblo español decían: hágase por este precio. Nuestra obligación era, en ese precio, conseguir un acuerdo, como así se ha hecho.

Carmen Thyssen puede vender hasta tres de las obras que se exponen y que estamos arrendando. ¿No es extraño que pueda vender obras cuyo alquiler se está pagando?

Son condiciones de esa negociación que hemos hecho. Un contrato es un acuerdo entre dos partes. Nadie puede obligar a la otra parte a hacer algo que no quiere. Hemos encontrado ese equilibrio. No me quiero meter en asuntos de familia, pero es el patrimonio que ha acumulado una familia y por lo tanto tiene derecho a disponer de él. Nosotros lo que hemos hecho es acotarlo. Por ejemplo, se estuvo especulando hasta el último minuto si el Mata Mua formaría parte del paquete de obras que se iban a depositar en Madrid o no. Eso al final ha sido una decisión de la baronesa Thyssen. Y es una decisión que hemos acordado en el marco de una negociación que efectivamente recoge esa cláusula. Esto no es una imposición. Nosotros no le podemos decir a la baronesa Thyssen, por ley, esas obras que son tuyas ahora pasan a ser nuestras. Esto no existe. Podemos hacer muchas cosas, por ejemplo, hay quejas de algunos sectores porque a veces bloqueamos la exportación de cuadros y nos piden que si no lo pueden exportar, que se los compremos pero no lo hacemos porque no tenemos dinero suficiente o porque la Junta de Valoración considera que esa obra está suficientemente bien representada por otras de las que ya disponemos. En esta realidad tan cambiante, tan compleja y tan desorbitada en algunos aspectos, hemos conseguido un magnífico acuerdo.

El Estatuto del Artista está siendo una carrera de relevos. Usted recibe un testigo que viene de muy atrás e imagino que le llega con la intención de pasar por meta antes de que acabe la legislatura. ¿Cómo va a ayudar a paliar la inestabilidad y la desigualdad respecto a otros trabajadores que tienen los artistas debido a la intermitencia de su trabajo?

Hay momentos en los que un artista puede tener un nivel de ingresos apreciable y momentos de sequía total y absoluta. Esa intermitencia es la que nosotros intentamos que las leyes contemplen, porque hay que reconocer que nuestra legislación laboral, en materia de Seguridad Social y la propia fiscalidad, está pensada en procesos económicos productivos, con permanencia, con continuidad. Cuando llegué al Gobierno creamos una comisión interministerial, porque las decisiones curiosamente afectan directamente a la actividad cultural pero no son del Ministerio de Cultura. En esa comisión estamos siete ministerios y hemos cubierto cuatro grandes áreas de trabajo. La primera tiene que ver con la legislación laboral y antes de acabar febrero tendremos ya una propuesta del Ministerio de Trabajo para reformar el decreto por el que se regulan las actividades culturales y dar a los creadores una seguridad en sus relaciones laborales. La segunda es la Seguridad Social: hasta hace poco era incompatible percibir una pensión y al mismo tiempo percibir derechos de autor. Eso era una injusticia, porque los derechos de autor se han generado por una actividad creativa que tiene una vigencia hasta que la obra o el autor o sus descendientes desaparezcan. Se ha hecho compatible, pero todavía nos queda algún fleco en lo que refiere a las pensiones no contributivas y tenemos creadores que en estos momentos dependen de ellas. La tercera tiene que ver con la enseñanza: tenemos una asignatura pendiente desde hace tiempo, que es el reforzamiento de las enseñanzas artísticas y desde el Ministerio de Educación y Formación Profesional y desde el Ministerio de Universidades estamos trabajando en ello. Y la cuarta es la fiscalidad: hay algunas cuestiones pendientes como la Ley de Mecenazgo y el favorecer que haya aportaciones del sector privado a la actividad cultural, que tengan un tratamiento fiscal favorable y, en general, abordar la fiscalidad sobre el conjunto de las actividades artísticas, de creación y culturales. Durante 2022 se irán culminando esos cuatro grupos de trabajo con propuestas que lleguen al Congreso para que puedan ser aprobadas a lo largo de 2023.

Aunque no sea una responsabilidad de su ministerio, pero en la parte que atañe a la Seguridad Social y la intermitencia: ¿cuál sería su propuesta para ayudar a los trabajadores?

En la medida en que cada vez más las pensiones se calculan por períodos más largos, nos ha pasado una cierta contradicción. La reforma laboral lo que busca es la máxima estabilidad y continuidad cuando la actividad cultural se define, entre otras cosas, por esa intermitencia y eso tiene una incidencia tanto en el derecho laboral como en la Seguridad Social. Por lo tanto, lo que vamos a intentar es unas reformas que permitan encajar una actividad que es intermitente en unos procesos tanto de derecho laboral como de derecho de Seguridad Social, que no estaban preparados para esa intermitencia sino para el trabajador de una fábrica de tornillos que entraba en una empresa y acababa jubilado en ella. Ahora ya no es así en muchísimos sectores, pero es que la actividad cultural es especialmente intermitente: las giras suelen ser en verano y no el resto del año. Pues una cosa tan sencilla como esta nuestra legislación ha de ser capaz de entenderla y de atenderla.

Me gustaría terminar esta entrevista trayendo aquí un par de preguntas que no son mías. Ayer les decía a mis hijas que iba a entrevistar al ministro de Cultura y les pedí qué preguntas harían ellas. Una tiene diez años y dijo “quiero saber qué pasa con el PP”.

¿Qué le pasa al PP? Yo quiero decirlo de la forma más respetuosa y más sintética posible. El PP se ha equivocado. El PP ha aceptado el marco conceptual de la extrema derecha y eso le está perjudicando a España en su conjunto y al PP en particular. Yo creo que el PP debería hacer una reflexión sobre esto. Cómo se ha embarcado en una travesía que lo único que está haciendo es engordando electoralmente a un competidor suyo cuya principal ambición es absorber al PP y encabezar el bloque de la derecha. Por lo tanto, yo creo que el PP tiene que hacer esa reflexión y luego otra: y es que hacer oposición no es fácil. Yo he hecho oposición muchos años en el Parlamento catalán. No es fácil, pero desde luego el 'no' a todo y la bronca permanente no son buenas ni para quien las hace ni para el conjunto de la sociedad. Y por lo tanto, yo creo que en el PP esas dos reflexiones deberían abrirse camino.

La otra cumple 18 este año y por tanto le corresponde solicitar el Bono Cultural Joven que ha creado su ministerio. Su pregunta, quizás un poco a la defensiva, es si usted piensa que los mangas son literatura, porque ella ya está pensando en qué va a invertir parte de los 400 euros. Esto me hizo pensar en cierta desconexión o desafección con el mundo de la cultura que vemos en la juventud. El día que tomó posesión de la cartera del Ministerio, usted dijo que su principal objetivo era que leyéramos más. Recientemente se ha presentado un nuevo Plan de Fomento de la Lectura y su propia directora general del libro decía que sí, que estaban bien estos planes, pero que iban muy poco a poco. ¿Qué más se puede hacer?

Desde luego el manga es cultura y en el Ministerio nos hemos encontrado algunos ataques por el hecho de que nosotros consideramos que el manga y los cómics son cultura. Y los videojuegos. Primero porque los jóvenes nos están indicando sus preferencias, pero luego porque es verdad y a todos los que hablan de manga y de cómic con ese menosprecio yo les pediría que los lean, que se acerquen a ese mundo. Debemos decir a los jóvenes que tienen un mundo por descubrir y que queremos ayudarles y acompañarles en ese descubrimiento. También vamos a decirles una cosa y no sé si nos harán caso: nos parece estupendo que parte del Bono Cultural se lo gasten en mangas o en cómics, pero nos encantaría también que decidiesen que con esa oportunidad vayan un día a ver una ópera. Igual les gusta o igual no, pero es una oportunidad para hacer cosas que quizá sin esa ayuda ni se lo plantearían. El bono lo hemos dividido en tres bloques: 200 euros para actividades en vivo, 100 para productos físicos o de tipo digital y 100 para suscripciones en el mundo digital. Es una cierta orientación pero muy general, luego cada joven ha de decidir en qué se gastará cada parte. Nosotros estamos viendo que quien lee, lee más. Hacer el salto a leer entre los que no leen es lo más complicado. Los niños leen pero cuando pasan a la adolescencia, leen un poco menos.

Vamos a hacer varias cosas: ayudar a las librerías, ayudar a los editores y promover la lectura entre el conjunto de la sociedad. Estamos haciendo también una política de apoyo a las bibliotecas muy importante. Los libros también son un negocio, generan derechos de autor y permiten a los escritores y escritoras vivir de su trabajo. Por eso favorecemos las traducciones a otras lenguas y aseguramos nuestra presencia en las grandes ferias internacionales del libro. Estamos intentando actuar en todos los ámbitos posibles y creando esa conciencia de la necesidad de la lectura para una vida plena. En esto soy un apasionado. Soy un lector desordenado, leo varios libros a la vez y salto de uno al otro, porque realmente me da la sensación de que es la única forma de aprovechar bien mi tiempo, de visitar lugares que quizá no visitaré nunca, pero que al menos habré leído sobre ellos.

La entrevista completa

Vídeo: Alejandro Navarro Bustamante y Claudia Martínez. Fotografías: Patricia J. Garcinuño.

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