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ENTREVISTA | Ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones

José Luis Escrivá: "El ingreso mínimo vital va a llegar a más de un millón de hogares"

"Europa  ha estado más ágil que en la crisis anterior, pero requiere de un mayor compromiso global: esto es un barco en el que estamos todos juntos", asegura el ministro

Sobre las discrepancias dentro del Gobierno: "Son muchísimo menos de lo que ha podido percibirse desde fuera"

El ministro reconoce que esta crisis probablemente retrase la reforma de las pensiones: "Espero que sea un retraso corto, pero es difícil de evaluar. Lo que no ha cambiado es la filosofía de la reforma"

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El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, en una imagen de archivo en el Congreso de los Diputados.

El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, en una imagen de archivo en el Congreso de los Diputados. Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones

De videoconferencia en videoconferencia, el ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones atiende a eldiario.es este sábado desde su casa antes de acudir a una reunión en la Moncloa. Sobre la mesa, multitud de papeles acerca del diseño del ingreso mínimo vital para familias de muy pocos recursos que centra estos días la atención del hoy ministro y antes presidente de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal. El objetivo es tener lista la fórmula en un mes y que entre en vigor en la segunda quincena de mayo.

José Luis Escrivá (Albacete, 1960) explica que el diseño de esta ayuda buscará que solo llegue a aquellos hogares realmente vulnerables: "Vamos a incorporar a la prestación un test de riqueza neta del hogar, que tendrá en cuenta no solo las rentas que se perciben sino también otras: por ejemplo si ese hogar tiene activos inmobiliarios".

¿Cuándo entrará en vigor el ingreso mínimo vital? Y finalmente ¿cuánto tardarán las familias en recibir esas ayudas?

Todavía no tenemos una precisión completa. La mejor previsión que podemos tener en este momento es que llegará al Consejo de Ministros en la segunda quincena de mayo.

¿En qué consistirá finalmente esta ayuda? ¿A cuánta gente afectará?

Tenemos ya claro el proceso de elaboración interna en el Gobierno, que implica a distintos ministerios. Aparte del nuestro, principalmente a la vicepresidencia segunda, pero también otros como Hacienda y Trabajo.

La unidad sobre la que se va a actuar son los hogares y en este momento ya podemos decir que va a superar el millón de hogares. En torno al 50% van a ser hogares con niños y un 10%, quizá algo menos, van a ser hogares monoparentales.

¿La podrán percibir personas en situación irregular?

 No está contemplado.

¿Ha habido discrepancias en el Gobierno sobre cómo y cuándo aplicar esta medida?

Mucho menos de lo que ha podido percibirse desde fuera. Muchísimo menos. Puede haber habido alguna, no diría discrepancia, sino percepción distinta: si se podía trabajar con una versión no completa del ingreso mínimo vital que pudiera adelantarse en el tiempo. Todos nos hemos dado cuenta de que esa opción era técnicamente muy complicada.

¿Por qué en el Gobierno creen que es tan importante este ingreso mínimo vital en estas circunstancias? ¿Por qué es tan importante para la crisis del coronavirus que tenemos por delante?

Porque las personas más vulnerables de la sociedad, sin que a lo mejor sean directamente las más afectadas por la discontinuidad de la actividad económica en esta crisis, sí se ven afectadas por distintos canales indirectos. Porque a veces dependen de rentas de familiares, de amigos y tienen una necesidad de asistencia social y sanitaria particular, que en estos momentos tienen unas capacidades muy tensionadas. Esto hace que en un contexto de crisis, efectivamente, los más vulnerables lo pasen peor.

¿Cómo se compatibilizará este ingreso mínimo estatal con las rentas mínimas de las Comunidades Autónomas? Porque hay enormes diferencias entre territorios. En Madrid hay ayudas de 400 euros mientras que en Euskadi de 650. ¿Cómo se va a compatibilizar?

Nuestra intención es constatar qué rentas están recibiendo ya los hogares por distintas vías, que pueden ser ayudas públicas de distinta naturaleza o subempleo, por ejemplo. Vamos a constatar cuáles son esas rentas y complementarlas hasta unos umbrales, que dependerán de la estructura hogar.

Estamos trabajando además en algo que se haría por primera vez, que es poder incorporar en la prestación un test de riqueza neta del hogar, que tendría en cuenta no solo las rentas que se perciben sino también si el hogar tiene activos inmobiliarios, por ejemplo.

La idea inicial del Ejecutivo era desplegar este ingreso mínimo vital progresivamente. ¿Ahora la implantación es total o se reforzará en los próximos años?

La idea es implantar un ingreso medio vital ya con una capacidad grande de redistribución de renta y erradicación de pobreza severa. Es verdad que tenemos que reordenar prestaciones ya preexistentes a nivel estatal, tanto en la Seguridad Social como en el SEPE, y probablemente para eso necesitemos un régimen transitorio y hacerlo gradualmente, pero es una cosa distinta.

¿Cómo respondería a la campaña impulsada, sobre todo desde la extrema derecha, que critica este ingreso mínimo vital como una "paguita" que se da a gente por no hacer nada?

Sinceramente, creo que esta prestación está recibiendo un consenso muy considerable y una gran aceptación. Cuando comparecí en el Congreso la semana pasada respondí a preguntas de casi todos los grupos y, tal como se formularon, las entendí en términos de aceptación del modelo. Me sorprendió favorablemente en general toda la comparecencia.

¿Qué le parecen los pronósticos del FMI para la economía española? Pronostica una caída del PIB del 8% para este año y que no tiene precedentes desde la Guerra Civil Española. ¿Va a ser tan profunda esa caída del PIB?

Creo que nadie lo sabe, porque va a depender mucho del tiempo que se mantengan los niveles de restricción a la movilidad y cómo sean después los procesos de desescalada, lo graduales que sean o no. Todo esto tiene mucho que ver con la evolución de la pandemia. Todo es extraordinariamente incierto y nos va a costar todavía tiempo despejar algunas dudas. Aquí y en cualquier país del mundo.

Yo vengo del gremio de los que hacían previsiones macroeconómicas y este es el caso prototípico en el que un número cerrado es poco informativo. Si hay un momento en que conviene transmitir que esto es incierto, es este. Además, habría que conocer varios factores en estas estimaciones.

¿Cuáles?

Sería interesante saber qué previsión tienen en términos de dinámica de la pandemia: confinamientos, desescaladas sectoriales, etcétera. También tienen que ser muy explícitos sobre qué estimación hacen del efecto de las ayudas públicas, que están siendo mucho más extensas que en ningún precedente anterior. Y la tercera consideración es que los macroeconomistas proyectan generalmente las magnitudes económicas desde el lado de la demanda. En este contexto, la naturaleza de la perturbación es más dominante de un shock de oferta que de demanda, por lo que tendríamos que rehacer nuestra forma de proyectar. Tendríamos que ver exactamente todos estos números: cómo están hechos y con estas cautelas.

España es un país donde uno de los mayores motores del empleo es el turismo, el 15% del empleo depende del turismo. ¿Cómo podemos capear el temporal cuando una de las primeras industrias del país va a ser una de las últimas en recuperarse?

Protegiendo sus rentas. La protección de rentas es extensísima y habrá que mantenerla mientras estemos en esta situación, por supuesto. Después, pensando en la salida, habrá que ser innovador. Ahí tengo buenas sensaciones sobre la economía española y en general sobre los agentes económicos.

¿A qué se refiere?

Una cosa que me sorprendió muchísimo de la crisis anterior, y que no pensábamos casi nadie, fue la capacidad que tuvo la economía española de transformarse y reasignar recursos. Cuando ahora vemos las cifras de exportaciones de la economía española y de especialización de empresas hacia el sector exterior, impresiona favorablemente.

Esto habla bien de la flexibilidad y capacidad de innovación. No de innovación tecnológica, sino de "buscarse la vida", para entendernos. No sé si es muy técnico esto, pero es lo que yo creo que terminó pasando y que ha permitido que tengamos un nivel de actividad económica y de renta fuertes en los últimos años para el ciclo europeo en el que estábamos.

¿Esto cómo se puede aplicar en esta crisis?

Una crisis es también una oportunidad. El turismo, efectivamente, va a ser de los últimos que va a salir, porque es el que más condicionado está por la aversión al riesgo que va a haber en el mundo a mantener determinados niveles de distancia o de movilidad. Esto va a generar una necesidad de reinventarnos para ver cómo vencemos esa aversión.

España tiene un sector muy potente. El turismo probablemente sufra ahora un bache, pero la demanda de servicios turísticos en nuestro tipo de sociedades es un bien creciente. Sobre todo en Europa, con el envejecimiento de la población.

¿Cómo de rápida o de lenta cree que va a ser la recuperación? Dependerá, evidentemente, de las medidas sanitarias, pero ¿tienen algunos cálculos en el Gobierno?

Va a haber distintos ritmos de recuperación, pero creo que va a haber un buen número de sectores y actividades que se van a recuperar relativamente rápido. Otras no. Va a ser heterogéneo. Así como hemos tenido un parón relativamente homogéneo, vamos a tener más heterogeneidad en los ritmos de recuperación sectorial.

¿Y en concreto, en la recuperación de empleo? Se ha perdido muchísimo empleo temporal. ¿Ese empleo que se ha destruido muy rápido, se recuperará después también pronto?

Algunos sí y otros menos rápido. Entre los 900.000 empleos destruidos, hay unos 180.000 en la construcción. Yo creo que la construcción debería recuperarse rápido. En cambio, la parte que tiene que ver con el sector turístico, la restauración y la hostelería, va a ir más despacio.

¿Dudaron en el Gobierno sobre si había que recuperar la actividad económica este lunes? ¿Les preocupa que esta medida pueda provocar un repunte en los contagios?

Creo que esos no son los términos del debate. El nivel de inmovilización alcanzado en el estado de alarma ya era bastante alto y es a lo que hemos revertido. Hemos podido constatar que estas medidas han tenido un comportamiento más favorable del que se esperaba. La Semana Santa adelantada nos dio una oportunidad, con esos ocho días de permiso retribuido, de ir un poquito más allá en la inmovilización para tener un efecto adicional en términos de contención de la pandemia. Estábamos operando con mucha seguridad al volver al decreto de alarma.

¿Cree que el Gobierno reaccionó tarde ante esta crisis, como reprocha la oposición?

Esta crisis ha sorprendido a todos los países, tenemos que ser todos muy humildes. Cuando pasado el tiempo pensemos en las decisiones que hemos tomado, nos daremos cuenta de que efectivamente algunas cosas se hubieran hecho de una forma distinta si hubiéramos tenido el nivel de información que tenemos ahora. Información que todavía es limitada: sobre la naturaleza de la pandemia, cómo se contagia, qué tratamiento requiere, cuál es el tiempo de permanencia en UCI...

Todos estos elementos se han ido aprendiendo sobre la marcha y, por tanto, estamos en un entorno extraordinariamente complicado de toma de decisiones, en tiempo real, con una incertidumbre extrema. Creo que a veces no se interioriza suficientemente esta dimensión tan compleja cuando se hacen determinadas afirmaciones.

¿Cómo explica usted que España tenga tantos muertos por habitante en comparación con otros países, como Portugal, que lo tenemos justo al lado?

Aquí hay varios elementos. Primero, la comparabilidad de datos entre países es muy difícil, porque son estadísticas que no están hechas con criterios homogéneos y se están rehaciendo sobre la marcha. Segundo, aquí hay un elemento también de suerte. Esto es una semilla que entra en un momento determinado en una zona como Madrid o como Lombardía, donde se dan unas condiciones de contagio muy grandes por la proximidad de la gente. Incluso hay una tercera dimensión, los usos y costumbres de la gente son distintos, por lo que una misma semilla se puede expandir de maneras muy distintas.

¿Qué le ha parecido el papel de la oposición durante este estado de alarma y en esta crisis?

Incluso dentro de los mismos partidos, se ven comportamientos muy distintos. En la parte que tiene que ver con mi área, he tenido algo más de suerte porque he tenido un buen tratamiento. Sí que veo mucha dispersión: algunos casos con amplitud de miras o interiorización del contexto y en otros casos hay una tendencia a la simplificación y alguna otra cosa más.

En las actuales circunstancias, ¿cree que va a ser posible un acuerdo con la oposición como el que está promoviendo el Gobierno? ¿Qué acuerdos cree que son necesarios con los demás partidos?

En este momento la intervención de la Administración central es absolutamente dominante, pero a medida que nos movamos hacia la desescalada y la salida, el concurso de los agentes sociales va a ser decisivo. También el mayor consenso y compromiso político de todas las administraciones y de los ámbitos políticos. La mayor complicidad sobre cómo hacer las cosas en la salida es muy importante.

Usted es uno de los grandes defensores del modelo autonómico por su eficiencia. ¿Cree que, en estas circunstancias, el modelo autonómico es el ideal para hacer frente a una pandemia como la que estamos sufriendo?

Que exista una descentralización administrativa, competencias a nivel subnacional como es el caso de la sanidad, no es óbice para que exista una coordinación horizontal. Nosotros podríamos mejorar si fuéramos capaces de reforzar más la coordinación y cooperación horizontal de todas las administraciones. Es un sistema que se ha revelado extraordinariamente potente en los estados federales o en los países nórdicos con los ayuntamientos. Lo que suelen llamar los especialistas "el gobierno compartido".

Todas las organizaciones de autónomos piden que se rebaje el umbral del 75% de bajada de ingresos para acceder a la prestación extraordinaria de cese de actividad. ¿Está sobre la mesa revisar ese umbral, de manera general o en algún sector concreto?

Fuimos muy rápidos en responder, de tal forma que ya se ha producido el abono de la prestación este viernes y tienen la exoneración de cuotas del mes de abril. Con el criterio que hemos establecido, el número de beneficiarios es muy alto: estamos por encima del millón de peticiones y las estamos resolviendo favorablemente en un 97%. Por otro lado, vemos también que la destrucción de empleo en los autónomos tiene una tasa relativamente baja, un 2% o 3%, cuando en otros casos son del 10 o 15%. Dicho esto, en esta crisis hay que estar constantemente evaluando la situación y viendo si hay que dar una capacidad de respuesta adicional.

Lo que pidió alguna de las organizaciones era un 'café para todos'. Barra libre: que todos los autónomos, con independencia de si se habían visto afectados o no por la crisis, tenían que ser exonerados y tener una prestación. Esto es lo que no puede ser, porque hay colectivos que mantienen un nivel de actividad bastante razonable y algunos incluso han aumentado la actividad.

Los ERTE por fuerza mayor permiten a las empresas no pagar, o pagar muy poco, en las cotizaciones sociales. ¿A cuánto asciende el dinero que las empresas no han tenido que pagar en materia de cuotas en estos ERTE?

Las cifras van cambiando cada día porque en la Seguridad Social estamos exonerando casi a 200.000 trabajadores al día. Ya tenemos en torno a 2 millones y medio de trabajadores en esta situación, vamos con algo de retraso respecto a cómo va resolviendo el SEPE. Trabajo maneja una previsión de poder llegar a 4 millones de trabajadores en ERTE, lo que pone de manifiesto el extraordinario éxito de esta medida que está protegiendo al grueso de la población trabajadora en los sectores que se han visto realmente cerrados como resultado del estado de alarma.

Hay voces que consideran que no es justo que se aplique el ahorro de cuotas de la misma manera para una empresa con 51 trabajadores, tenga o no beneficios, que para una gran multinacional. ¿Por qué se decidió hacerlo así y no discriminar un poco más al aplicar esta medida?

Cuando uno piensa cuál es el diseño óptimo de una política pública, conceptualmente, le salen diseños distintos, mucho más finos en la graduación de las cosas. Pero hay que tener en cuenta la enorme carga administrativa que está suponiendo para el SEPE y para la Seguridad Social resolver los millones de expedientes, las nuevas prestaciones, los procedimientos informáticos que hay que crear… El esfuerzo que están haciendo los trabajadores es extraordinario, ímprobo.

Para que ellos puedan gestionar esta avalancha de una manera razonable, había que simplificar la gestión. Por eso diseñamos las prestaciones para que sean absorbibles por los aparatos administrativos del SEPE y de la Seguridad Social.

¿Qué empresas van a poder acogerse a la moratoria en el pago de cuotas?

La moratoria se aplicará para una serie de sectores que todavía no hemos cerrado, estamos haciéndolo en una orden ministerial que estará en algunos días.

Las ayudas para esta crisis, a las que va a sumar el ingreso mínimo vital, suponen un esfuerzo importante para las arcas de la Seguridad Social, que ya necesitaban de apoyo presupuestario, sobre todo en momentos señalados del año como las pagas extra de verano y de invierno de las pensiones. ¿En cuánto calcula que aumente el gasto de la Seguridad Social con la crisis de coronavirus y cómo van a financiarlo?

Esto es igual que con el déficit público, depende de lo que dure la crisis, de cuánto tiempo tengamos que proteger rentas y a los sectores. No lo sé, es muy incierto en este momento. Va a ser una cifra muy elevada y da igual quien lo financie al final, esto es un esfuerzo conjunto. El énfasis aquí hay que ponerlo en que es un gasto no recurrente desde el punto de vista del déficit público. Es decir, un gasto de una vez y para siempre, en una situación absolutamente extraordinaria y que hay que abordar de esta forma.

Anunció que esperaba tener aprobada la reforma de las pensiones y del sistema de seguridad social este 2020. ¿Han quedado estos planes anulados por el momento por el impacto del coronavirus? ¿Cuándo estima que esto pueda abordarse?

Hay un cambio inevitable de prioridades que nos puede llevar a un retraso, yo espero que corto, pero que es difícil de evaluar. Lo que no ha cambiado es la filosofía ni el impacto.

ACNUR transmitió ayer su "extrema preocupación" por la situación de hacinamiento en la que decía que se encuentran más de 1.650 personas en el CETI de Melilla, con capacidad para 782 personas. ¿Qué va a hacer el Gobierno ante esta situación?

La situación de hacinamiento en el CETI de Melilla es una realidad. Hemos solicitado que se puedan trasladar algunas de estas personas a la Península, que es una responsabilidad del Ministerio del Interior. Hemos elevado la petición y yo espero que se atienda, deberíamos dar noticias próximamente.

Otra reflexión, al hilo de esta situación, es que las capacidades de acogida propias que tiene la Administración central son insuficientes. Sobre todo ante procesos que a veces se escalan aunque no quiera uno porque el control sobre las fronteras y la situación geográfica que tenemos es la que es. Hay que tener más capacidad propia.

¿Ha estado Europa a la altura de las circunstancias?

Tengo sentimientos encontrados. Europa ha estado claramente mucho más ágil que en la crisis anterior. El Banco Central Europeo sobre todo. Esta es una crisis distinta, que probablemente requiere mayor radicalidad, pero bueno, aquella también tuvo momentos muy agudos. Esta vez la reacción ha sido más rápida, por ejemplo en todos los cortafuegos en el acceso a los mercados, que no está siendo un problema ni lo va a ser y entonces lo fue, y muy gordo: nos agudizó la crisis.

Pero, evidentemente, Europa requiere de un mayor compromiso global: esto es un barco en el que estamos todos juntos.

Si se cumplen finalmente los pronósticos del FMI, que dicen que el impacto va a ser mayor en el sur de Europa que en el norte, ¿no se corre de nuevo el riesgo de que el norte de Europa vuelva a hacer como en la anterior crisis y deje un poco abandonado al sur?

Si el problema fundamentalmente es de protección de rentas y de financiación de esas rentas en los mercados con una emisión de deuda grande, mi sensación es que esta vez ese problema no va a ser de la dimensión de entonces. Creo que ahora ese riesgo es menor, sin que sea cero.

¿Va a ser suficiente el dinero que ha movilizado Europa? Desde instituciones europeas hablan de tres billones de euros.

Fundamentalmente esas cifras son cortafuegos y los mercados de deuda están muy poco volátiles. Lo que reflejan esos mercados es que están percibiendo que los cortafuegos que se han puesto encima de la mesa son suficientes.

Y esta montaña de deuda que van a generar casi todos los estados en estos próximos meses ¿cómo se va a pagar? ¿Se va a pagar de manera convencional? ¿Va a requerir algún tipo de acción especial por parte del Banco Central Europeo? ¿Algún tipo de mutualización?

No lo sabemos todavía. En primera instancia es deuda nacional, que es el régimen normal, y a partir de ahí hay un salto en el nivel de deuda, que va a ser significativo, pero que tampoco va a cambiar de una forma dramática el perfil de sostenibilidad de la deuda de los países. Al menos, no a nosotros.

¿Qué le parece que incluso los mayores defensores de la ortodoxia económica estén defendiendo hoy una intervención del Estado sin precedentes?

Creo que crecientemente, no diría que con esta crisis sino desde hace años, el consenso en la profesión –no el consenso absoluto, pero sí creciente o el mainstream– ha ido cada vez más moviéndose en esa dirección. No es algo solo de estos días.

¿Va a volver la economía a la normalidad o el impacto de esta pandemia es tan profundo que hay cosas que no van a volver?

Efectos va a haber. Hoy estamos viendo en la profesión más o menos dos polos. Por un lado, estamos oyendo de nuevo a quienes dicen que nada va a ser igual. Esto lo escuchaba mucho cuando estaba trabajando en el Banco Central Europeo en 2001 y se cayeron las Torres Gemelas. Por otro lado están quienes dicen que esto es algo que absorberemos, que aprenderemos, pero que no debería cambiar mucho nuestra forma de vivir desde el punto de vista económico e incluso social. Yo estoy más cerca de la segunda posición que de la primera.

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