Carlos Malamud: “El Tesoro de EEUU puede acabar pagando la reconstrucción de la industria petrolera venezolana”
Carlos Malamud (Buenos Aires, 1951) es investigador principal para América Latina del Real Instituto Elcano y catedrático de Historia de América en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Atiende a elDiario.es por videoconferencia para comentar los escenarios que se abren para las empresas españolas en Venezuela tras la agresión ilegal de Estados Unidos y la captura de Nicolás Maduro.
En su opinión, la que debe tener “una preocupación mayor” es Repsol, la más expuesta a este país. “Habrá que ver” si “va a poder jugar algún papel” en la reconstrucción de la industria petrolera del país que Donald Trump ha reservado en principio a petroleras norteamericanas. El proceso, apunta, probablemente va a recaer en el contribuyente estadounidense. Avisa de “importantes repercusiones económicas” si se materializan las amenazas de Trump sobre Groenlandia.
¿Qué nos enseña la historia sobre intervenciones como ésta?
Que no siempre o casi nunca terminan bien. Quizás es la enseñanza más importante. Intentar condicionar un proceso desde otro país no siempre es bueno. Sobre todo cuando se intenta hacerlo, como en este caso, de forma teledirigida. Lo que Estados Unidos llama “transición” en Venezuela no está definido. En general, se habla de transición de una dictadura a la democracia. En este caso no sabemos a dónde se quiere transitar. Guiar una transición desde fuera es complicado, entre otras cosas porque la sintonía entre quien quiere guiarla y el Gobierno en quien se ha delegado la potestad para ello es bastante complicada.
¿Si la encargada de implementar esa transición es Delcy Rodríguez, qué podemos esperar?
Es la cúpula del chavismo la que está a cargo del Gobierno en este momento. Los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, el ministro de Interior, Justicia y Paz, aunque sea un sarcasmo, Diosdado Cabello; el ministro de Defensa, el general [Vladimir] Padrino López, y el hijo de Nicolás Maduro, Nicolasito. Siguen ahí y son los teóricamente encargados de llevar adelante este proceso de transición. Aunque tampoco está claro el grado de sintonía con el Gobierno de Estados Unidos, si este quiere imponer una serie de obligaciones y el Gobierno de Venezuela intenta no escuchar. Al mismo tiempo el Gobierno de Venezuela necesita reafirmarse en el poder y la represión sigue funcionando de manera muy dura. Lo hemos visto con la presencia de los llamados “colectivos” en la calle, con una represión muy dura contra cualquier intento de disidencia o mostrar cierta alegría frente a la caída de Maduro. Es un panorama complicado.
¿Este movimiento era inesperado?
El golpe militar estaba previsto. Era imposible que Trump ordenara un despliegue militar de la envergadura que tiene la flota presente en el Caribe sin algún tipo de respuesta. Quizás lo inesperado fue el momento, cómo se produjo y que fuera acompañado de la extracción de Maduro del país.
¿Qué pueden esperar las empresas españolas en este contexto?
Estamos en una etapa muy, muy temprana para ver la evolución. De momento cada empresa está expectante, cada una con sus características. Quizás la que en este momento esté con una preocupación mayor sea Repsol, porque el sector petrolero, como dijo Trump, es clave en esta transición. Lo señaló cuando exigió tomar el control y luego amplió la idea cuando dijo: “Primero vamos a modernizar la industria petrolera, después a modernizar el país y finalmente convocaremos elecciones”.
Y todo esto en un contexto en el cual se espera, por lo menos esa es la expectativa de Trump, que en el proceso participen de forma masiva empresas estadounidenses. Al parecer, la totalidad del negocio estaría reservada a ellas, no solo Chevron, que era quien tenía parte del negocio en este momento. Habrá que ver si Repsol va a poder jugar algún papel. Obviamente, tiene una larga experiencia en la explotación de los yacimientos venezolanos y tiene claras las deficiencias del sector petrolero en estos momentos, qué intervenciones son más eficientes. Pero no creo que desde la perspectiva de Donald Trump esto sea un factor a tener en cuenta.
Repsol sí tiene unos derechos adquiridos allí. A raíz de que les revocaran su licencia para exportar crudo venezolano el año pasado, ¿no es un nuevo escenario? Ellos han estado en contacto con las autoridades de EEUU todos estos meses... [la entrevista es previa a que en la medianoche del viernes la española ofreciera triplicar su producción en Venezuela tras reunirse con Trump]
Sí, por supuesto, vamos a ver precisamente cómo se desarrolla esto y en qué términos.
Repsol anunció en 2009 el mayor descubrimiento de su historia en Venezuela ¿En qué ha quedado aquello? Su situación básicamente es de repliegue, como la de la mayoría de empresas españolas allí.
Las empresas españolas en general han permanecido en buena medida porque irse les resultaba más perjudicial. También por un tema de responsabilidad con los empleados. Las grandes empresas como Telefónica, BBVA, Mapfre, tienen una plantilla bastante extendida e irse significaba dejarlos en la calle. Ahora cada una está viendo sus posibilidades. Para BBVA, si realmente empieza un proceso de transición y de reconstrucción económica, es una oportunidad excelente. Es de las pocas instituciones bancarias consolidadas con una presencia importante en el país, con un conocimiento del negocio bancario en Venezuela, y esto podría ser sumamente beneficioso para BBVA.
Para Telefónica, que está ansiando vender su negocio en Venezuela y buena parte de América Latina, un proceso de reconstrucción nacional revalorizaría las acciones y les permitiría una venta mucho más ventajosa. Y Mapfre creo que está interesada en mantener un volumen de negocio y de presencia importante en el ramo de seguros en Venezuela.
Una de las grandes del Ibex que lo vio venir fue Banco Santander: vendió en 2009 muy animado por Hugo Chávez, antes de que todo se deteriorara muchísimo más.
Emilio Botín en ese sentido, hizo una operación impecable. Vendió su banco antes de que fuera nacionalizado con un buen precio. Se quitó un gran problema de encima, como hubiera sido la gestión del banco en un contexto tan complicado, con una seguridad jurídica tan menguante como la de Venezuela, y se fue del país, cosa que otras empresas no pudieron hacer a tiempo.
En el sector financiero venezolano, junto a BBVA, el mayor banco privado allí es Banesco, que fundó Juan Carlos Escotet, dueño de Abanca en España. ¿Qué papel juega en este contexto, él que está en ambos lados y conoce bien el terreno?
Va a depender de lo que ocurra en el país, en qué medida haya oportunidades de negocio. Si la economía sigue deprimida, el conocimiento que pueda tener de ambas orillas del Atlántico no es suficiente. Las oportunidades van a surgir en la medida en que comiencen a llegar capitales a Venezuela para reconstruir el país. De momento, según Trump, esto se va a limitar al sector petrolero. Habrá que ver qué ocurre.
Trump ha hablado de 18 meses para reconstruir la industria petrolera. ¿Es realista ese plazo?
No. Él plantea que incluso puede ser menos. El problema es que el deterioro de las infraestructuras petroleras es muy grande. Poner todo eso en marcha nuevamente va a ser muy complicado, teniendo en cuenta el estado en que está PDVSA. La reinversión en el sector ha sido mínima o muy escasa desde la huelga petrolera de 2002. Buena parte de las ganancias de PDVSA se difuminaron en oscuros agujeros y bolsillos vinculados a sus gestores y la llamada Boliburguesía, o a financiar programas públicos como las famosas misiones de Chávez en sus inicios, con subsidios a sectores empobrecidos.
Probablemente se pueda dar un salto importante en el volumen de explotación, hoy alrededor de 1 millón de barriles diarios, con los yacimientos más potentes. Pero pasar la barrera de 2 millones y llegar cerca de los tres va a requerir inversiones cuantiosas y mucho tiempo. Y sobre todo, algo que no está manejando la administración Trump: el cambio de la normativa legal de la actividad petrolera. Si no se garantiza la seguridad jurídica de los inversores, por más que esté detrás Estados Unidos, muchas empresas van a mirar con mucha cautela qué pasos dar para volver a estar presentes en Venezuela, por más que sea un sector de alto riesgo.
Se requiere seguridad jurídica, un marco institucional y muchísimo dinero: se habla de más de 100.000 millones de dólares para levantar el sector.
Hace falta una inyección de capital importantísima. Habrá que ver si las petroleras tienen ganas de hacerlo, sobre todo en un contexto del negocio complicado. Los precios del petróleo no están precisamente en alza y hay un exceso importante de oferta. Se prevé que en el medio plazo, la demanda global de hidrocarburos comience a descender de forma considerable y esto también va a limitar las oportunidades.
Una cosa es meterse en un lugar como Vaca Muerta en Argentina, con pozos maduros que pueden explotarse en una proporción importante, y otra meterse en un lugar como Venezuela. Por más que tenga las mayores reservas del mundo, hay que poner en explotación yacimientos abandonados, con material obsoleto, y es complicado. Esa idea de que todo se va a realizar sin que le cueste un duro al contribuyente estadounidense, me temo que finalmente sea otra promesa incumplida de Donald Trump. Y habrá que ver también en qué medida el sector es capaz de apostar por este proceso de reconstrucción de la industria petrolera venezolana. Si esto no ocurre, va a ser el Tesoro de Estados Unidos quien va a tener que poner los dineros.
Se habla de que Trump va a exigir expulsar a China, Rusia, Irán y a Cuba del mercado petrolero venezolano. ¿Por lo que comentaba, Repsol no entra dentro de esta ecuación?
De momento, no. Habrá que ver también qué ocurre en la relación entre Estados Unidos y la Unión Europea, de prosperar la iniciativa de ocupar Groenlandia, otro tema a tener muy presente para la evolución de las empresas españolas en Venezuela. De momento, uno de los objetivos de Trump es expulsar del mercado a China, Rusia e Irán. Cuba no está presente allí. Estaba recibiendo donativos importantes, en su momento se estimaron en 100-150.000 barriles diarios. Pero en 2025 las ventas, con comillas, donaciones, préstamos o como queramos llamarlos, de petróleo mexicano a Cuba superaron las de petróleo venezolano.
En general, el panorama de la empresa española en la región es de cierto repliegue, voluntario o no, tras el desembarco de finales de los 90 y principios de este siglo. YPF, ahora Telefónica… ¿es una oportunidad perdida?
No diría eso. La trayectoria de las empresas españolas en el extranjero es limitada en el tiempo. Es muy pronto. Lo vimos a comienzos del siglo, cuando había procesos de expropiación en Bolivia, en Argentina, en Venezuela inclusive, o en otros lugares, que eran vividas por las empresas y la opinión pública y la política española como un drama terminal. En realidad la historia de las multinacionales europeas o estadounidenses en América Latina y en países del llamado Tercer Mundo en general está plagada de episodios de este tipo. Forma parte del riesgo de invertir en mercados en países emergentes.
Cuando en la última década del siglo XX empieza a desembarcar la empresa española, lo hace en América Latina. Hoy esta idea ha desaparecido porque la realidad latinoamericana es muy distinta. Hoy las empresas están presentes según el campo en el que actúen en Brasil, México, Colombia, Argentina, Chile, donde sea necesario, en función de las oportunidades. El grado de internacionalización de la empresa española es importante. No hay que exigir, por una cuestión patriótica, que mantengan su presencia si no es rentable. Todo parte del cálculo de coste-beneficio de los accionistas y en función de eso toman las decisiones.
Telefónica apostó en su día por América Latina. Hoy tiene otra perspectiva, pero mantiene su negocio en Brasil porque ahí cree que tiene oportunidades que no aparecen en otros países de la región. Tampoco hay que limitar la presencia de las empresas españolas o las grandes del Ibex. En México hay más de 7.000 empresas españolas en distintos campos de la actividad económica y muchas pymes, según su tamaño y tipo de actividad, siguen apostando de una u otra manera por distintos países latinoamericanos.
Obviamente la lengua y el más fácil acceso a los mercados es reforzado por una migración cada vez más importante, con inversiones cruzadas que también facilitan esto. Cuando empezó a desplegarse la empresa española en México, las inversiones mexicanas en España eran prácticamente inexistentes. Hoy es el sexto inversor en España. Esto supone que para muchos empresarios mexicanos es mucho más sencillo conseguir socios españoles para intervenir en empresas, iniciativas, emprendedurías en su país de origen.
Esa posibilidad de que Estados Unidos ahora vaya a por Groenlandia, ¿qué supondría para la relación y las empresas españolas en la región?
No solo para las empresas españolas, para Europa en general: algún tipo de ocupación o avance estadounidense sobre la soberanía de Groenlandia implicaría un golpe de una magnitud todavía incierta en sus resultados sobre la relación con Europa. La reciente declaración firmada por diversos mandatarios europeos, entre ellos Pedro Sánchez, incluyó a Gran Bretaña. Esto hace que la trascendencia del tema sea mayor. La preocupación no se centra únicamente en los 27, sino en países como Reino Unido o Noruega, que no forman parte de la Unión Europea, por solidaridad con Dinamarca, caso de los países nórdicos, o que ante el escenario global, como ocurre con Reino Unido, están muy preocupados por lo que pueda hacer o no Trump en Groenlandia. Y esto sí puede tener importantes repercusiones económicas.
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