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Miles de empleados y una apuesta millonaria pero menguante: qué se juegan las empresas españolas en Venezuela

Archivo - Sede de Repsol

Antonio M. Vélez

7 de enero de 2026 22:14 h

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Una apuesta millonaria pero menguante desde hace décadas. Es el resumen de la presencia en Venezuela de las multinacionales españolas, que se volcaron allí en el gran desembarco realizado en la región entre finales de los 90 y principios de este siglo, aunque el envite no dio los resultados esperados.

La crítica situación económica y política que atraviesa el país desde hace lustros propició un importante repliegue, aunque varias de las mayores compañías del Ibex mantienen miles de empleados allí y siguen con atención la evolución de los acontecimientos, tras la agresión militar de Estados Unidos, la captura ilegal de Nicolás Maduro y el nombramiento de Delcy Rodríguez como presidenta encargada del país.

Este martes, el ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, indicó en la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros que el Gobierno está en “contacto continuo” con unas 60 empresas españolas con presencia en Venezuela sin que hasta ahora se haya identificado “ninguna afectación significativa” tras la intervención estadounidense en el país. Cuerpo subrayó que seguirá “de manera cercana y en continua monitorización”, apoyándolas “en todo momento”.

La multinacional española más expuesta es Repsol, que opera en el sector que Donald Trump ha confirmado sin disimulo que va a intervenir desde el primer momento. El presidente estadounidense quiere implicar a las compañías de su país en un proceso de reconstrucción de la obsoleta industria petrolera venezolana que, ha asegurado, durará unos 18 meses, plazo que expertos del sector ven muy poco realista.

Repsol, la primera petrolera española, está presente en Venezuela desde 1993 y mantiene una exposición patrimonial allí de 330 millones de euros, con deudas impagadas de la estatal PDVSA de 359 millones. Tras varios ejercicios aumentando su producción en Venezuela, en marzo del año pasado la española vio cómo Washington le retiraba las licencias de operación de petróleo, junto a otras petroleras internacionales, y Trump le suspendía el permiso para exportar crudo desde Venezuela. 

El nuevo escenario abre una nueva fase en las negociaciones que desde entonces mantiene Repsol con la Administración estadounidense para tratar de retomar su actividad en Venezuela. Con 129 empleados allí a cierre de 2024, la española es dueña del 40% de Petroquiriquire, empresa mixta con PDVSA que contiene los activos Mene Grande, Quiriquire, Barúa Motatán, La Ceiba y Tomoporo. Junto con la italiana ENI Repsol también tiene el 50% de Cardon IV Oeste, un pozo de gas natural en aguas del Golfo de Venezuela. Su relación con este país dio un salto cualitativo a partir de 2009, al anunciar el mayor descubrimiento de gas de su historia en el megacampo Perla, en un desarrollo conjunto con ENI.

Fue en vísperas de una visita a España del fallecido Hugo Chávez, que se dejó ver por una conocida librería de la Gran Vía madrileña con el presidente de Repsol, Antonio Brufau, como copiloto. En febrero de 2010, un consorcio de compañías internacionales liderado por Repsol se adjudicó el proyecto Carabobo-1 para extraer crudo pesado en la Faja Petrolífera del Orinoco, una de las áreas con mayores reservas de hidrocarburos sin desarrollar del mundo.

En 2014, tras sufrir Repsol el zarpazo de la expropiación de la argentina YPF, Venezuela figuraba en los “10 proyectos clave” del grupo con una inversión acumulada de 6.700 millones. Pero a medida que esos proyectos en el país caribeño iban avanzando, la compañía tuvo que ir dotando deterioros multimillonarios en sus cuentas por el agravamiento de la situación económica allí: solo en 2017 esos deterioros sumaron 716 millones. Ese año la exposición patrimonial de Repsol allí era de unos 1.480 millones, más del triple que ahora.

Venezuela, socio fundador de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), es relevante para Repsol desde el punto de vista de la producción, que en 2024 fue de 24 millones de barriles equivalentes de petróleo (mbep), básicamente gas natural, clave para la infraestructura eléctrica venezolana, lo que convierte a este país en el segundo más importante para la española, solo por detrás de Estados Unidos y empatado con Trinidad y Tobago.

Y, sobre todo, Venezuela es importante para Repsol desde el punto de vista de las reservas. En Venezuela, que posee las mayores reservas del mundo, un 17% del total (303.000 millones de barriles: más que Arabia Saudí), aunque no produce ni un 1% del total (no llega al millón de barriles diarios, cuando hace cincuenta años superaba los 3,5 millones), Repsol tiene contabilizadas unas reservas “probadas” de 1.747 mbep, casi el 15% del total de la compañía. A los precios actuales del crudo estarían valoradas en unos 13.000 millones de euros.

El primer banco privado

Junto a Repsol destacan por su actual presencia en Venezuela BBVA y Telefónica. El banco español es propietario del 55,2% del mayor banco privado del país, BBVA Principal, que adquirió en 1997. Con más de 3 millones de clientes, de los que 2,7 millones son particulares, tiene una cuota en préstamos del 24%, solo por debajo del Banco de Venezuela, que en 2009 fue vendido por Santander al Gobierno de Chávez por unos 1.000 millones de dólares.

El segundo banco español tenía a cierre de 2024 una plantilla de 1.837 personas en Venezuela. Cuenta con 168 oficinas allí. Esa filial reportó a BBVA unas pérdidas de 36 millones de euros en 2024. BBVA Provincial es una de las ocho principales filiales de la entidad, aunque le otorga un valor en libros de apenas 100 millones, frente a los 20.000 millones de su filial en México. 

En su web, la entidad financiera se considera “el mejor banco del país” y anuncia que continuará con su política de invertir en áreas clave para generar negocio rentable y aplicar estrategias de optimización de recursos.

En cuanto a Telefónica, su presencia en Venezuela data de 2004, tras la adquisición de Telcel, dentro de una operación más amplia por la que Telefónica Móviles compró las 10 filiales de la empresa estadounidense Bellsouth en Latinoamérica por 4.731 millones de euros. La operadora española tiene nueve millones de clientes en Venezuela y domina el 42% del mercado de telefonía móvil.

En 2009 llegó a facturar allí 3.700 millones de euros, pero está de salida. En noviembre, al presentar su nuevo plan estratégico 2026-2029, confirmó su salida de este mercado y de México y Chile, una operación de difícil encaje al necesitar el visto bueno de las autoridades locales y en un contexto muy complicado. Unos días después trascendió una multa de 85 millones de dólares a la operadora en Estados Unidos por pagar sobornos al Gobierno de Maduro para tener acceso a dólares a un tipo de cambio preferencial. El grupo ha dotado provisiones milmillonarias en los últimos años por el deterioro de la situación en Venezuela.

Otra empresa del Ibex con presencia relevante en Venezuela es Mapfre. La mayor aseguradora española adquirió en 1997 adquirió Seguros la Seguridad, en alianza con el Banco Provincial. Con 320 empleados en Venezuela, Mapfre incluye a este país en su negocio de Latinoamérica, una unidad que a cierre de septiembre de 2025 logró un crecimiento del 3,6% en primas, hasta 4.139 millones, y del 19,4% en beneficio neto, hasta 140,7 millones de euros. 

Al igual que BBVA o Repsol, Mapfre también ha aplicado durante los últimos años una contabilidad por hiperinflación en las cuentas de Venezuela, con el objetivo de reducir el impacto negativo sobre sus resultados de la devaluación del bolívar.

La principal empresa española por capitalización, Inditex, realizó una importante apuesta por Venezuela a principios de este siglo. Hasta 2015 llegó a tener allí una red de unas 25 tiendas, aunque en 2020 decidió retirarse de ese mercado. Regresó a principios de 2024 de la mano de un socio local, Grupo Futura, que también trabaja allí con Mango y Tendam, propietaria de enseñas como Cortefiel. Actualmente la dueña de Zara cuenta con cuatro locales en Venezuela, todos en Caracas.

En 2024 Venezuela ocupó el lugar 87 como país de destino de la exportación española (en 2023 ocupaba el 98) y el 50º como país suministrador, según datos del Instituto de Comercio Exterior (Icex). “Debido al fuerte deterioro económico del país, desde 2013 las exportaciones españolas fueron cayendo hasta 2021” en que se tocó un mínimo de 108 millones, pero desde entonces han aumentado, situándose en 124 millones en 2022, 146 millones en 2023 y 230 millones en 2024, según el último informe regional del Icex sobre Venezuela.

En el sector turístico, Meliá opera desde finales de los 90 el Gran Meliá Caracas, un cinco estrellas de Gran Lujo, y a cierre de 2024 contaba con un centenar de empleados allí, según su último informe anual. No detalla su plantilla en el país Hesperia, la hotelera española más expuesta allí. Lleva 20 años operando en Venezuela y dispone de dos hoteles en Isla Margarita. Los otros tres están en Maracay, Morrocoy y Valencia. En julio Hesperia anunció que iba a sumar a finales de 2025 su sexto activo en la ciudad de Barquisimeto, con más de 100 habitaciones.

Otro sector que se ha visto afectado en los últimos años por la ofensiva estadounidense sobre Venezuela es el de las aerolíneas. Iberia, Air Europa y Plus Ultra suspendieron en noviembre, semanas antes de la captura de Maduro, sus vuelos a Venezuela hasta el 31 de enero, siguiendo la recomendación de la Agencia de Seguridad Aérea (AESA). El país caribeño no genera demanda significativa en las agencias turísticas españolas.

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