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La crisis que pudo ser

Imagen de archivo de la terminal petrolera en el puerto de la isla de Jarg, a 25 kilómetros de la costa de Irán, en aguas del golfo Pérsico.
23 de junio de 2026 22:35 h

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Aunque formalmente no se ha firmado un acuerdo de paz, pese a haberse anunciado repetidamente, tanto EEUU como Irán, con la mediación de Pakistán y Catar, han consensuado una hoja de ruta para llegar al esperado alto el fuego definitivo. Los mercados, especialmente el del crudo, han dado por terminado un conflicto cuyo inicio nunca comprendieron y cuyo final ya lo anticipan de forma clara.

Más allá de los análisis geopolíticos, que habrá que hacerlos, llega la hora del balance económico: lo que nos ha costado al conjunto del planeta la ocurrencia de EEUU e Israel, de atacar Irán el pasado 28 de febrero para forzar un cambio de régimen y el control del estrecho de Ormuz y del mercado mundial de petróleo. Una forma de llevar a cabo ese balance es comparar sus consecuencias con las de la crisis de Ucrania, desatada el 22 de febrero de 2022 tras la invasión por parte de Rusia, que buscaba también forzar un cambio de régimen y la anexión de buena parte del país, iniciada en 2014 con la ocupación, no contestada militarmente, de la península de Crimea y de una parte del Dombás.

Aunque este conflicto sigue abierto desde un punto de vista de político, militar y social, está cerrado desde la perspectiva de los mercados. Pero hay notables diferencias entre ambos. La crisis de Ucrania fue fundamentalmente europea, tanto desde un punto de vista geopolítico como de su impacto económico. La crisis de Irán ha sido global, afectando a todas las regiones del planeta, en especial del Extremo Oriente, más allá de la zona directamente afectada en los países del Golfo Pérsico: Corea del Sur, Tailandia, Malasia, Indonesia, han tenido incluso problemas de suministro de petróleo. China, Japón e India, con una gran dependencia del estrecho de Ormuz, han sufrido importantes subidas de precios y una gran incertidumbre. Una región que representa un tercio del PIB y del comercio mundial. Por ello, siempre se ha hablado de un riesgo global mucho más alto asociado a esta crisis.

Además de esta diferencia geográfica, la guerra de Ucrania se tradujo principalmente en una crisis del gas, mientras que la de Irán lo ha sido del petróleo. Y su duración y magnitud ha sido bien diferente. En el siguiente gráfico presento la evolución del precio del petróleo (en dólares por barril) desde el inicio de las respectivas crisis hasta su “finalización”, entendiendo ésta por la situación en la que se recuperan unos niveles cercanos a los que existían antes del conflicto.



Utilizo datos diarios de la referencia europea, el Brent, desde principios de 2022 y desde la víspera del ataque a Irán el 28/2 de este año. Tal y como recoge el gráfico, el impacto inicial sobre el petróleo ha sido muy parecido en el reciente conflicto de Irán al de la invasión rusa de Ucrania. El máximo ha sido 138 $ en el caso de Irán y 133 $ en el de Ucrania, y se alcanzó a los 27 días en el primer caso y a los 12 en el segundo, aunque el mercado ya venía tensionado desde principios de 2022, tal y como recoge el gráfico.

Lo que más distingue un episodio del otro no ha sido, por tanto, la magnitud de la crisis sino su duración. En el caso de Irán, han transcurrido 80 días (menos de 3 meses), mientras que con la invasión de Ucrania se tardaron 240 días (8 meses) en recuperar los precios previos a la crisis.

Pero si hay similitudes en el mercado de petróleo, no podemos decir lo mismo para el mercado de gas natural, tal y como recoge el segundo gráfico (a continuación), donde también utilizo la referencia europea (TTF), aunque el período del gráfico lo empiezo en mayo de 2002, pues antes y después de la invasión hubo fuertes turbulencias de ida y vuelta en el mercado. El gas escaló hasta los 340 €/MWh, mientras que el máximo durante la crisis de Irán ha sido de 62 €. Y difieren en el ritmo del impacto, apenas 15 días en el caso de Irán y varios meses en el caso ruso, pues el pico no se alcanza hasta el 26 de agosto de 2022.



También hay notables diferencias en la duración: unos 80 días en el caso de Irán y más de un año en el de Ucrania, pues el precio del gas no se sitúa por debajo de los 40 € hasta el 20 de marzo de 2023, más de un año después de la invasión. Pero lo más llamativo de todo es que el precio del gas ha estado muy por debajo en esta crisis en comparación con la anterior. Es verdad que se duplicó desde el 25/2 hasta el 19/3 (desde 31 a 62 €). Pero durante la crisis de Ucrania el precio del gas estuvo por encima de 100 durante seis meses. Un impacto demoledor para la economía europea y, en particular, para la inflación, dada su traslación a los precios de la electricidad y, por tanto, al conjunto de la economía. Por ejemplo, en el caso español la inflación general medida por el IPC subió hasta el 10,8% en julio de 2022, mientras en el caso de Irán, su impacto, que aún no ha culminado, se situará por debajo del 4%.

Hemos esquivado, por tanto, una crisis de efectos potenciales devastadores. La escasez de queroseno, de mantenerse el conflicto, ponía en riesgo a todo el sector aéreo y, por tanto, a nuestro turismo, en vísperas de iniciarse la temporada alta. Pero esto no quiere decir que sus impactos hayan terminado. El Gobierno ya ha retirado las rebajas fiscales sobre la electricidad y tendrá que hacerlo sobre los carburantes el 1 de julio, aunque parte de la subida se compensará por la caída del precio del petróleo. Por ello, probablemente la inflación no superará el 4%. En cualquier caso, mantener esas medidas no tiene ningún sentido, ni económico ni social.

En cuanto a los tipos de interés, ya han subido 25pb. Alguien dirá, con razón, que el BCE se ha precipitado. Pero, por una vez que actúa con rapidez (en la crisis de Ucrania tardó 5 meses), no vamos a reprochárselo. Si no hay sorpresas, no habrá más subidas y se guardarán el cartucho de volver a bajarlos cuando la inflación recupere el 2%. Pero para eso habrá que esperar varios meses.

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