La deuda de España cae del 117% del PIB por primera vez desde 2020

La vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño, junto al alcalde de Vigo, Abel Caballero, en el Día de Galicia.

Daniel Yebra


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La deuda de España cayó en junio del 117% respecto al PIB por primera vez desde septiembre de 2020. No obstante, en términos absolutos aumentó un 1,3% desde mayo, hasta los 1,475 billones de euros.

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El endeudamiento se situó exactamente en el 116,8% por el aumento de la actividad económica y la inflación. Y el Gobierno confía en que “la tendencia de los últimos trimestres es compatible con la previsión de una ratio de deuda pública del 115,2% del PIB realizada en el Programa de Estabilidad el pasado mes de abril”.

“En términos interanuales se observa una clara desaceleración en el incremento de la deuda desde los máximos alcanzados durante la pandemia”, señala el Ministerio Asunto Económicos. Frente al PIB, llegó a alcanzar el 125,2% en el primer trimestre de 2021, antes de que comenzara la recuperación tras el shock del COVID, y de que se desbocaran los precios, lo que reduce el endeudamiento pese a que el gasto público ha seguido excediendo a los ingresos [el objetivo de déficit, que se cubre con deuda, para 2022 está en el 5% y para 2023 en el 3,9%].



“La reducción de la ratio de deuda pública ha continuado gracias a la aceleración del crecimiento económico, teniendo en cuenta además lo avanzado que está ya el programa de financiación del Tesoro del Reino de España del ejercicio 2022 [con un objetivo de emisión neta de deuda de 75.000 millones]”, continúa el Ministerio.

“Hasta la fecha, se ha ejecutado el 69,2% del total del programa emisiones para este año y el 71,7% de las emisiones a medio y largo plazo”, continúan desde la institución de la que está al frente la vicepresidenta primera Nadia Calviño.

Se acabó la financiación gratis

El Tesoro ha pisado el acelerador en la primera parte del año en la emisión de deuda con la que se financia el gasto público que excede de los ingresos (el déficit). Y lo ha hecho para aprovechar unas condiciones de financiación extraordinarias que se han agotado tras la subida de los tipos de interés oficiales del Banco Central Europeo (BCE) para dejar de alimentar la inflación.

España ya paga por todos los plazos de la deuda por primera vez desde 2015. El Tesoro Público colocó este martes letras a 3 meses a un interés positivo del 0,145%, tras siete años cobrando por ellas.

El rendimiento del vencimiento más corto de todos a los que España emite deuda era el último que faltaba por entrar en terreno positivo en un contexto de encarecimiento generalizado del coste de financiación.

Se produce así un hito en nuestro país, que abandona literalmente la era del dinero gratis. La que inauguró el BCE tras la crisis del euro y el rescate a la banca en 2012 para no terminar de ahogar a las economías más endeudadas de la eurozona y favorecer la recuperación, frenada por las medidas de austeridad.

Esta política monetaria expansiva se intensificó con el shock de la pandemia de COVID, pero la institución se vio obligada desde finales de 2021 a ir retirando este estímulo extraordinario, que consistió en bajar los tipos de interés oficiales a mínimos históricos y en crear miles de millones de euros para comprar deuda de los estados y empresas para garantizar la demanda en el mercado, según ciertas condiciones.

Así, ahora afronta el difícil reto de endurecer las condiciones de financiación de forma generalizada para dejar de alimentar la inflación desbocada sin perjudicar especialmente a los países con más desequilibrios fiscales. Entre ellos, siguen la propia España, y Portugal, Grecia e Italia.



En este proceso, nuestro país emite desde junio —teniendo en cuenta todos los plazos— a un coste superior al tipo de interés medio de toda la deuda en circulación, según las estadísticas del Tesoro. Algo que no ha ocurrido en las últimas décadas (ver gráfico), lo que se traduce en que tras caer a mínimos por el apoyo del BCE, el coste medio va a elevarse, incrementando también la factura de intereses a la hace frente el Estado, y que se había estabilizado cerca del 2% respecto al PIB.

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