Expertos y directivos del sector eléctrico descartan el gran apagón que azuza Vox: “Es imposible”

Imagen de archivo de unas torretas de alta tensión. EFE/ Eloy Alonso

Antonio M. Vélez


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“Imposible”, “terrorismo psicológico” o “un invento de novela de terror”. Así reaccionan expertos del sector eléctrico preguntados por la psicosis sobre un gran apagón que se ha instalado en los últimos días. Una hipótesis azuzada por la ultraderecha de Vox y algunos medios. Los directivos del sector lo descartan rotundamente. 

La mecha ha prendido tras unas declaraciones de la ministra de Defensa de Austria, Klaudia Tanner (“La cuestión no es si habrá un gran apagón, sino cuándo”). Con la población curada de espanto tras lo que parecía imposible (la gran pandemia), la sensibilidad social está a flor de piel por la sucesión de récords del precio de la luz y el gas, en un contexto de crisis energética y de suministros provocada por la rápida recuperación económica tras la gran reclusión.

Y el asunto del apagón está en la calle, en grupos de WhatsApp en los que vuelan desde hace días mensajes sobre un colapso eléctrico inminente, mientras se agotan las existencias de camping gas en las ferreterías. Mechero en ristre, Vox lo ha utilizado para recuperar sus proclamas sobre la “soberanía energética” y arremeter contra la Cumbre del Clima de las “élites globalistas”.

¿Cuál es el riesgo real de un cero nacional, como se denomina en el argot del sector a una situación de este tipo? “No tenemos ningún indicio objetivo que nos alerte de un problema grave de suministro”, dice a elDiario.es Beatriz Corredor, presidenta del operador del sistema, Red Eléctrica (REE), que subraya que “tenemos uno de los sistemas eléctricos más seguros y evolucionados del mundo. Primero, porque nuestra capacidad de producción eléctrica es más del doble que el pico de consumo histórico, que se produjo en 2007 sin que posteriormente se haya superado, ni siquiera durante la tormenta Filomena de este año”.



Ese máximo data de antes de la anterior crisis financiera y es un 7% superior al último pico, los algo más de 42.200 MWh de la famosa borrasca del pasado enero. Esas cifras no llegan ni a la mitad de los 112 gigavatios que hay instalados en la actualidad en España.



“Hay un índice de cobertura muy ancho, seguramente el mayor de toda Europa”, resume el consultor y ex director del Instituto para la Diversificación y el Ahorro Energético (IDAE) Javier García Breva, que cree que “hablar de apagón es un invento de novela de terror. En España sobra energía y hay sobrecapacidad en todas las tecnologías. Y eso no lo pueden decir alemanes, británicos o el país que ha originado esto, Austria”.

Esta historia “ni en Austria es noticia, pero aquí sí”, porque “España es diferente”, ironiza el experto Francisco Valverde, de la consultora Menta, que recuerda que Austria (un país sin salida al mar donde un 50% de la generación es hidráulica) depende del gas que le envía Rusia y de las interconexiones con Alemania. Una situación que no tiene nada que ver con la de España.

Como señala la presidenta de REE, “disponemos de una gran variedad de fuentes de generación distintas, lo que reduce nuestra dependencia de una tecnología en concreto. Y avanzamos a buen ritmo en la integración de energías limpias, como lo demuestra el hecho de que en lo que llevamos de año, la eólica sea la tecnología que más electricidad ha generado”. Esta fuente ha superado a la nuclear este 2021 al cubrir el 22,1% de la demanda hasta octubre.



Para Jorge Fabra, expresidente de REE (1988-1997) y ex consejero de la Comisión Nacional de la Energía (CNE) y del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), el escenario del apagón generalizado “es imposible” porque España tiene “una de las redes más potentes y seguras del mundo”. Su antecesora, Paulina Beato, lo enmarca en el “terrorismo psicológico”. 

“Tenemos reservas de gas para 40 días”, recuerda la ex consejera de Repsol o Campsa, ex consultora del Fondo Monetario Internacional (FMI) y encargada en los años 80 de diseñar el Plan Nacional de Energía con Felipe González. Beato, que fue la primera persona que presidió REE (1985-1988), y durante siete años participó en un grupo de trabajo de interconexiones eléctricas para la UE, señala también que si hubiera problemas, “hay una capacidad bastante grande para traer energía de Portugal, de Francia o de Marruecos, aunque con estos dos últimos países no sea todo lo perfecta que debería”.

Paradójicamente, varios expertos apuntan que esa escasa conexión con Francia (de apenas el 3%, frente al objetivo del 10% fijado por la UE) puede incluso ser una ventaja si algo falla al otro lado de los Pirineos. Lo señalaba hace unos días la vicepresidenta Teresa Ribera: “Es verdad que Austria distribuyó una información en la que explicaba cómo actuar en caso de gran apagón, pero su situación es distinta. Nosotros somos una casi isla energética, por lo que es difícil que un efecto dominó nos afectase. Los españoles pueden estar tranquilos por muchos motivos: tenemos reservas y un sistema que funciona muy bien”.

Para el exministro y ex presidente de REE Luis Atienza, el riesgo ni siquiera existe en el caso de Austria. “Es una cosa cogida por los pelos. El hecho de que en los documentos de seguridad nacional se planteen hipótesis, simulacros o escenarios en los que en una situación límite pueda producirse una catástrofe no puede traducirse en que alguien esté preparándose para algo inminente”. 

En opinión de Atienza, “son más importantes los riesgos de ciberseguridad, o los derivados de catástrofes naturales, que los de un apagón por falta de suministro”. Estos eventos, recuerda, “se producen más fácilmente en los sistemas eléctricos aislados, las islas, porque son más inestables y ahí cualquier cosa más relevante les desestabiliza”. Pero no en un sistema “tan grande como el nuestro”. Otra cosa es la posibilidad de “un ciberataque muy importante, o un fallo múltiple de muchas instalaciones por unas circunstancias meteorológicas extremas”. 

Cierre del gasoducto

La alarma sobre el hipotético apagón ha crecido tras la decisión de Argelia, principal suministrador de gas de España, de cortar uno de los dos gasoductos que unen ambos países como castigo contra Marruecos. Esa tubería cubría un 20% de la demanda y su cierre va a obligar a duplicar las llegadas por barco de este combustible en forma de gas natural licuado (GNL), más caro que por tubería, en un contexto de enorme competencia internacional (en especial, de Asia) por hacerse con esta materia prima. 

El gas alimenta las centrales eléctricas de ciclo combinado que han cubierto un 15,5% de la demanda de electricidad hasta octubre. Es clave en momentos en que no hay viento ni sol y la demanda más aprieta, como los días más crudos del invierno. El de este año se presenta complicado ante la enorme volatilidad de precios del gas, el bajo nivel de almacenamiento en muchos países europeos, la menor producción de los yacimientos del norte de Europa y un Vladimir Putin jugando al ratón y al gato con los envíos de la estatal Gazprom a la espera del visto bueno al gasoducto Nordstream 2. Con este tubo, Moscú pretende duplicar las exportaciones de gas a Alemania sin tener que pasar por Ucrania. 



Argelia ha dado garantías de que va a cumplir sus compromisos de suministro a España. Otra cuestión es a qué precio. Ante esta situación, España cuenta con la baza de tener en seis de sus principales puertos la mayor red de regasificadoras de Europa. “Hay muchísimos metaneros circulando, tendrías que poder pujar, aunque sea a precios disparatados. Pero no tenemos problemas de infraestructura ni de capacidad de generación”, dice Luis Atienza. “La gran duda no es que haya riesgo de suministro, sino a qué precio”, coincide el ex director general de IDAE, que pronostica “una subida descomunal por los buques metaneros” que vamos a pagar los consumidores.



Martín Gallego Málaga, ex secretario de Energía que tuvo que negociar con Argelia a principios de los 80 en un momento de continuas interrupciones del suministro de gas a España desde el país norteafricano, habla de “una psicosis de apagón inducida por razones políticas pero sin ninguna base”. Desde el punto de vista del suministro, “podemos estar tranquilos”, zanja.

A finales de septiembre, Enagás publicó su plan invernal en el que afirmaba que “queda garantizada la cobertura del 100% del mercado gasista en cualquier situación de demanda, siempre que no haya limitaciones en la importación del aprovisionamiento”. El día en que Argelia confirmaba el cierre de esa tubería, el gestor de la red gasista recalcaba que “no hay indicios objetivos de una situación de falta de suministro gasista en los próximos meses”.

Según Enagás, gracias a las medidas de anticipación adoptadas en coordinación con el ministerio, el sistema español “cuenta con unos niveles de capacidad contratada de gas natural superiores a la de inviernos anteriores en la misma fecha, y se encuentra en una situación mejor que la de otros países del entorno”. 

Estertores del carbón

Como complemento de respaldo al gas está el carbón, que ha reducido a la mitad su potencia instalada en España desde 2018, aunque quedan algo más de 4.000 MW operativos. El exministro Atienza no descarta que esta fuente, la más contaminante, “aporte un respaldo algo mayor del que proporciona en determinadas horas en circunstancias extremas”. “Es la energía de transición a la que más corta vida le queda. Pero mientras tanto su función va a ser, más que producir muchos megavatios hora, mucha energía, estar ahí para justo esas horas en las que puede ser necesario que aporte potencia, que aporte capacidad. A mí no me asusta”. “No hay que escandalizarse por ello y eso es compatible con la senda de descarbonización trazada”.

Francisco Valverde cree que más que por situaciones extraordinarias, esa reactivación del carbón podría llegar si llegara a ser rentable para las eléctricas , algo que ocurriría si la cotización del gas se disparase todavía más en los próximos meses (aunque ambas materias primas suelen evolucionar parejas) y lo hace de forma sostenida, dado el alto coste de encender y operar una central térmica. Pero si hay un estertor final del carbón será “no por un tema de escasez de gas, sino de precio”.

Instrumentos puntuales

Aun en caso de concurrir “circunstancias cuyas posibilidades son extraordinariamente bajas, tienes forma de gestionarlo de tal forma que eso no se traduzca en un apagón”, añade el exministro Atienza. “La operación del sistema tiene instrumentos suficientes como para que, si lo necesitara puntualmente, algunas industrias reduzcan su consumo durante unas horas para resolver un problema de forma que eso no genere un colapso del conjunto del sistema. Estamos hablando de probabilidades tan extremas que solamente el hecho de mencionarlas parece que las convierte en noticia”.

En este punto Jorge Fabra lamenta que se haya eliminado el antiguo servicio de interrumpibilidad de los grandes consumidores industriales, que aceptaban descuentos en la tarifa a cambio de acceder a cortes puntuales del suministro por necesidades del sistema. “El argumento siempre es uno que no se entiende fuera del sector: que lleva muchos años sin usarse. Es como quitar al guardia de seguridad de un centro comercial porque nunca ha habido un atraco”, ilustra.

Ese mecanismo desapareció por las dudas de la Comisión Europea sobre su encaje con la normativa europea. En opinión de Fabra, España debería pelear esta cuestión en Bruselas, como está haciendo para intentar buscar una alternativa al sistema marginalista de formación de precios mayoristas de luz y desindexarlos del gas.

La UE no parece dispuesta, pero él apuesta por adelantarse. “Se ha dicho que la UE es una especie de monstruo mitológico al que todo el mundo tiene miedo pero nunca han visto; y siempre recurren a él los que tienen intereses en que la gente se allane”, critica Fabra, que recuerda que España ya fue pionera en Europa con la creación de REE “y luego nos siguió la Inglaterra de Thatcher”.

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