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Gates, Slim y Ortega: los tres hombres más ricos del mundo se pirran por el ladrillo español

La compra del 6% de FCC por parte de Gates le iguala a sus compañeros en el podio de ricos, Ortega y Slim, que invierten en el sector inmobiliario español con asiduidad

La inversión del magnate estadounidense pone a la constructora en el mapa y revitaliza todo el sector

FCC estaba en situación de KO y encuentra en el dueño de Microsoft una tabla de salvación.

FCC sube en Bolsa el 10,69 por ciento tras comprar Bill Gates el 6 por ciento de su capital

La nueva pareja empresarial de moda: Gates-Koplowitz

Bill Gates, el dueño de Microsoft, ha gastado el 0,2% de su fortuna en comprar una participación del 6% en la constructora española FCC. Trasladado a la economía de bolsillo, es como si un mileurista se hubiera comprado un refresco de 2 euros, pero la decisión ha desatado un auténtico tsunami alrededor de la empresa española. 

El movimiento de Gates parece dar en parte la razón a la carcajeada cita de Emilio Botín, el presidente del Banco Santander, que hace apenas una semana en Nueva York aseguró que a España entraba dinero "de todas partes". Aunque a los autóctonos les parezca imposible, y aún no se perciba en la economía real, lo cierto es que los inversores internacionales están interesados en comprar activos en España. Y de entre todo lo que se tiran a invertir se van a lo barato de lo barato: el ladrillo y sus proximidades.

Los compañeros en el podio de milmillonarios de Gates, Amancio Ortega y Carlos Slim, ya se habían lanzado a comprar ladrillo español. En el caso de Ortega no es ninguna novedad porque antes, durante y en la actualidad ha tenido en el ladrillo una de sus principales inversiones, comprando, eso sí, con acertado tino todo tipo de inmuebles con fiables inquilinos, como la sede de BBVA en Barcelona. Ortega ha preparado a dos de sus sociedades de inversión, Keblar y Alazán, para comprar en el sector inmobiliario, donde se ha convertido en uno de los inversores más activos de España. Se da la circunstancia de que Ortega ya le había dado una importante liquidez a FCC, cuando hace dos años le compró la Torre Picasso, uno de los principales rascacielos de Madrid, por 400 millones de euros. Es cuatro veces la inversión realizada por Gates.

El caso de Carlos Slim, el magnate mexicano dueño de América Móvil, es más reciente. Slim se ha quedado con 400 oficinas bancarias que había puesto en venta La Caixa, garantizando también un retorno de la inversión con clientes prime. Para Slim esta inversión también es muy reducida, 400 millones de euros, pero abre la espita a las inversiones del mexicano, que se ha metido en aventuras como comprar gran parte de las acciones de un equipo de fútbol: el Real Oviedo.

A las compras en el ladrillo de estos tres inversores se suma el desembarco de los fondos buitre o los fondos chatarra, que compran activos tóxicos muy depreciados o deuda corporativa calificada como basura. Se están poniendo las botas con los buenos precios, de derribo, que han encontrado en la península ibérica. Crisis es oportunidad, dice un proverbio chino y repiten como un mantra los inversores.

En los próximos meses seguiremos viendo operaciones de compra en España porque se dan las circunstancias favorables para ello. La bolsa estadounidense lleva casi un año en máximos históricos y también varias europeas, como la alemana. Esto provoca que el exceso de liquidez que vuelve a haber en EEUU (fruto en parte de las políticas expansivas de la Reserva Federal) busque vías de escape. Y pocas más adecuadas que las que se pueden hacer en una economía del euro, ergo segura, que apunta a salir de la crisis y hoy tiene precios de saldo.

Gates al rescate

Con todo, esta oleada de inversiones se restringían a la compra de activos inmobiliarios pero no a una participación significativa, y real, en una empresa del sector. Cabe recordar que una posición del 6% como la que ha tomado Gates (en el comunicado de la CNMV no especifica si la compra es compartida con su mujer Melinda ni el vehículo de inversión elegido), da derecho a un asiento en el consejo de administración de la añeja constructora española. 

Y es que FCC estaba -y en parte está- en estado de schock. La crisis pasó por la empresa pero la empresa no se había dado por enterada hasta el año pasado. El ejercicio cerró con unos números horribilis para la constructora de las hermanas Koplowitz, que no tuvieron más remedio que acometer una profunda restructuración. Al frente de la empresa se situó la hija mayor de Esther Koplowitz, Esther Alcocer, que junto a Juan Béjar, el nuevo consejero delegado, tienen que atacar una de las tareas más duras para la que no hace tanto era una empresa familiar: recortar plantilla.

Fomento de Construcciones y Contratas intentó sortear la crisis bajando salarios pero sin echar a trabajadores. FCC fue una de las pocas empresas que no abordó despidos hasta 2012, cuando las pérdidas alcanzaron los 1.028 millones en solo un ejercicio. Hace apenas un mes se pactó un ERE con la salida de 150 trabajadores de los servicios centrales con 31 días por año trabajado, pero el recorte de la plantilla será mucho mayor en total. La pérdida de contratos o la venta de filiales irán reduciendo paulatinamente el tamaño de la empresa, que no atinó en su estrategia de diversificación en la antesala de la crisis. Una de las que fue sus filiales de bandera, Cementos Portland, echará a 300 empleados y pide un ERE temporal para toda su plantilla.

FCC hizo maltrechas incursiones en Europa del Este, una apuesta que le salió rana tras la atonía que reina en el continente europeo a raíz de la crisis de deuda de 2010. Se ha tenido que desprender de parte de Alpine, la firma austriaca que se vendió como una de las grandes apuestas. Además, sus negocios en España, como la gestión de residuos, la limpieza pública o la gestión de aguas, han sufrido directamente los recortes de los cientos de ayuntamientos donde prestaba servicio.

La línea de salvación de la empresa de las Koplowitz -Alicia no tiene presencia ya en la empresa- ha sido, como en el resto de las empresas españolas, la prestación de servicios en el extranjero, especialmente en Latinoamérica. Con todo, su perfil es la de una constructora mucho más tradicional que otras de sus contrincantes como Acciona, OHL o Ferrovial que compraron con relativo más acierto.

La incursión de Gates es bálsamo para la cotización de la constructora. FCC llegó a cotizar a 70 euros por acción cuando ahora pivotaba por encima de los 10-15 euros. El día antes del anuncio de que llegaba este especial "Mr. Marshall", el precio de la acción ya se disparó un 5,4%, despertando los habituales rumores de que en la bolsa española abunda el uso de información privilegiada. En los primeros compases de la sesión en bolsa, la Comisión Nacional del Mercado Nacional de Valores (CNMV) tuvo que suspender la cotización debido a la avalancha de compras. A medio día la acción subía alrededor de un 15% y arrastraba a los otras grandes del sector. La constructora, de repente, está en el mapa.

La nimia participación de Gates es un espaldarazo evidente a la negociación de la deuda de la empresa, proceso en el que estaba inmerso la compañía y que implica lograr el favor de los bancos para refinanciar 5.000 millones de euros. También posibilita vender bien, en lugar de regalar, la filial inmobiliaria, Realia, que está en proceso de venta. Su compañera en este negocio es Bankia. Entre ambas cuentan con el 60% de la que un día fue una de las reinas del ladrillo en España.

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