Javier Gil: “Si el Gobierno no se atreve a intervenir la vivienda, le está preparando el terreno a la extrema derecha”
Javier Gil (Madrid, 1985) fue la cara visible en los inicios del Sindicato de Inquilinas de Madrid. Era uno de los activistas por el derecho a la vivienda que acompañaba a las familias víctimas de desahucios, a los vecinos que hacían frente a los grandes fondos buitre o la voz que confrontaba con unas decisiones políticas orientadas, dice, a apuntalar un sistema que traslada el valor social de las casas a un marco especulativo. Su carrera profesional también ha estado enfocada a investigar la financiarización de la vivienda, las plataformas digitales y los movimientos sociales en torno al derecho a un techo digno.
Gil, doctor en Sociología e investigador en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, acaba de publicar 'Generación Inquilina' (Capitan Swing), un ensayo sobre las políticas que han llevado al país a una “crisis de Bienestar”, pero también un alegato por un nuevo paradigma en torno a la vivienda: “Esto se soluciona con una respuesta igualitaria, basada en la redistribución, o con un neoliberalismo autoritario”.
¿Dónde están hoy aquellos jóvenes que en 2006 ya coreaban que no iban a tener casa “en la puta vida”?
Siguen viviendo de alquiler o tienen una vivienda en propiedad porque les ha ayudado la familia. Estructuralmente, es imposible que esa generación se haya comprado una casa con sus propios medios.
¿Cómo reconfigura esta generación inquilina la sociedad, en términos de estabilidad y capacidad para trazar proyectos vitales a medio y largo plazo?
La vivienda en propiedad era un elemento central de cohesión y bienestar sobre el que se articulaba toda la sociedad, pero eso se rompe de 2008 en adelante. Es cuando empieza a surgir una generación inquilina, excluida de la propiedad y de todos esos sistemas de protección socioeconómica. Se restringe el crédito a la población y empieza a haber una demanda especulativa, que compra viviendas para alquilar, como fuente de inversión y expectativas de obtener una gran rentabilidad de ellas. La crisis es del Estado de Bienestar, porque la promesa de que si estudias, trabajas y te esfuerzas vas a tener una vida digna y con relativo bienestar, se rompe.
¿Qué vieron en España los grandes fondos de inversión?
Hay un arreglo político-financiero para no permitir que los bancos españoles vayan a la quiebra. El Gobierno de Rajoy, con mayoría absoluta y apoyado por la Comisión y el Banco Central Europeo, empieza a cambiar toda una serie de reglas para favorecer la especulación con la vivienda. Se crea la Sareb, avalada con dinero público, pero gestionada de manera privada; se crean las Golden Visa; se reforman las Socimis; la Ley de Arrendamientos Urbanos, para quitar derechos a los inquilinos; se venden viviendas públicas, algunas por debajo del coste de construcción, a Blackstone y Goldman Sachs, que empiezan a entrar en España… Nos intentan vender que [la crisis de la vivienda] tiene que ver con la propia dinámica del mercado, pero los mercados están muy intervenidos para favorecer la especulación y que suban los precios.
Describe el mercado inmobiliario como un esquema Ponzi, ¿cómo funciona y qué implicaciones para el sistema puede tener que se rompa?
Como todo mercado financiero, funciona y se estabiliza a través de las expectativas de que los precios sigan subiendo. La venta de vivienda pública a Blackstone y Goldman Sachs buscaba generar esas expectativas, aunque luego los tribunales hayan dicho que se tienen que revertir algunas de esas operaciones. Es una gran pirámide, en la que los precios se disocian de la economía real y los salarios de la población. Esto genera una gran burbuja especulativa, sostenida políticamente.
Muchos de esos fondos quieren deshacerse ahora de grandes paquetes de viviendas. ¿Es partidario de que el Estado se las compre, aunque eso suponga seguir aumentando sus cuentas con dinero público?
Esto muestra como todo ese proceso era una gran estafa. Blackstone está vendiendo por 300.000 euros las viviendas que le compró a Ana Botella por 68.000. Ahí estaba el negocio. A la pregunta concreta: sí, creo que el Estado se tiene que hacer con esas viviendas, la cuestión es cómo y a qué precio. El Estado no puede ser todo el tiempo un subordinado de los fondos de inversión, también tiene que actuar políticamente. No puedes, simplemente, comprar esas viviendas. Lo primero que hay que hacer es sanear el mercado de especuladores.
¿Cómo?
La vivienda se tiene que proteger como la sanidad o la educación, con un sistema de regulación que ponga límites a la especulación, a los precios y que garantice su función social, que no se puedan convertir en pisos turísticos o alquileres de temporada. Aunque haya una población y un número de casas dadas, el precio puede cambiar muchísimo dependiendo de cuál es la dinámica del mercado. Analizando los datos del Banco de España, hay municipios que han perdido un 15% de población, mientras los precios del alquiler han subido un 50 o un 60%.
Muchas voces apuntan que la solución es construir más.
Es la fórmula del rentismo, que lleva operando 40 años, la que nos ha traído hasta aquí. Un solar no vale nada, pero si lo haces urbanizable, su valor se dispara, metes a las constructoras, a los bancos… y, de repente, es una fuente central de negocio para una minoría que va a ganar mucho dinero. En los desarrollos del sureste de Madrid se está construyendo mucha vivienda. Salen pisos de dos habitaciones por medio millón de euros, en una zona donde no hay ni un comercio, ni centro de salud, nada. Si vas a construir, tiene que ser vivienda asequible, como sucede en Europa, con promotores sociales, asociaciones o cooperativas, que buscan producir un beneficio limitado, porque no quieren ganar todo lo que podrían, sino garantizar una vivienda y alquileres dignos. Cuando van a pujar por un suelo, llega un especulador que paga tres veces más, porque lo va a repercutir en el precio, y se lo queda. Por eso, también tienes que regular quién construye, cómo y bajo qué perspectiva, para fomentar que otros actores entren en el mercado inmobiliario.
¿Qué le parece el nuevo fondo soberano para vivienda que ha anunciado el Gobierno?
Creo que se tiene que hacer a una escala más masiva y no para construir. Lo primero es la compra preferente [por parte de las administraciones], para que no entren especuladores. En Valencia, hace unos años hubo una gran operación entre Sabadell y Cerberus. El Gobierno autonómico [del Botànic] intervino y se quedó las 225 viviendas a un precio un 25% por debajo del de tasación. Eso también manda el mensaje a los mercados financieros de que hay un cambio de rumbo.
No estamos en los grandes momentos de desarrollo industrial donde se producía, se crecía, había mucha riqueza, podían ganar el capital y los trabajadores y se pacificaba la sociedad. Ahora lo que ganan unos se lo quitan a otros
¿Se están implementando actualmente políticas reales para revertir el modelo? ¿Cómo valoras las actuaciones del Gobierno?
A nivel discursivo dice que va a hacer algo, pero luego nunca se atreve a hacer nada. Cambiar esto es un juego de suma cero. No estamos en los grandes momentos de desarrollo industrial donde se producía, se crecía, había mucha riqueza, podían ganar el capital y los trabajadores y se pacificaba la sociedad. Ahora lo que ganan unos se lo quitan a otros. No se produce ni se crea riqueza, solo se redistribuye hacia arriba. Si el Gobierno cambia el sistema, esas viviendas que Blackstone va a vender por 300.000 euros, tal vez las tenga que vender por 200.000. Y no somos tú y yo, es el principal donante de la campaña de Trump, con un poder político y económico espectacular. Regular contra eso hace que sufran ataques, pero hay gobiernos que ya lo están haciendo, porque si no, lo que generas es desafección en las nuevas generaciones, que ya no creen en el sistema. ¿De qué sirve esforzarse si el futuro depende de que tus padres te hereden una casa? Cuando la desigualdad ya no se articula a través de sistemas meritocráticos, sino de herencias, los consensos sociales se empiezan a desmoronar y cada vez menos personas creen en los valores democráticos. Estamos ante una crisis de bienestar, que se soluciona con una respuesta igualitaria basada en la redistribución o con un neoliberalismo autoritario.
Trump, Bolsonaro y las extremas derechas son respuestas a esta crisis de asequibilidad y bienestar, donde la vivienda juega un papel importante. Pero Mamdani llega a la alcaldía de Nueva York con un discurso muy radical y con una política muy central, de regular precios, hacer vivienda asequible, etc. Es una carrera a medio plazo.
¿Qué respuesta va ganando?
Es una carrera a medio plazo. Trump, Bolsonaro y las extremas derechas son respuestas a esta crisis de asequibilidad y bienestar, donde la vivienda juega un papel importante. Pero Mamdani llega a la alcaldía de Nueva York con un discurso muy radical y con una política muy central, de regular precios, hacer vivienda asequible, etc. En Berlín, la población ha votado en un 56% a favor de expropiar a los grandes caseros del país. Aquí, en una encuesta de 40dB para el Grupo Prisa vemos que el apoyo social a limitar la acumulación de viviendas en propiedad es amplio: un 83% en el caso de los votantes de Podemos, un 81% en los del PSOE, un 60% en los del PP y un 52% en los de Vox. Cuando el Gobierno no se atreve a llevar a cabo estas políticas por las presiones, lo que hace es preparar el terreno para que venga un neoliberalismo autoritario, las extremas derechas. El Gobierno está manteniendo cifras macroeconómicas muy buenas, pero la cuestión de la vivienda es la que le puede hacer perder las elecciones, porque no se atreve a intervenir, como si han hecho algunas comunidades autónomas.
¿Por ejemplo?
Catalunya, aunque aun así se está viendo que es insuficiente. Si tu política es demasiado suave, no va a ser efectiva. Cuando Rajoy reformó el sistema inmobiliario español, no se cortó. No tocó una o dos leyes, sino toda una batería. No dejó ley sin tocar para diseñarlo a la perfección y que entraran los fondos y el capital especulativo. Si tú quieres hacer lo contrario, necesitas un sistema integral de intervención. El Estado de Bienestar no se crea a través de palabras, sino con políticas públicas, intervención, regulación, financiación, etc. ¿Va a pasar? Parece que no está pasando y eso es lo que genera desafección.
Es imposible aspirar socialmente a una vida digna cuando estás subordinado a la voluntad de tu casero
Hablando de datos macro, sostiene que esa estabilidad ya no genera bienestar, sino que lo erosiona.
La población que vive de alquiler, la generación inquilina, cada vez está peor en términos económicos, vitales, familiares… Es imposible aspirar socialmente a una vida digna, como se nos ha prometido, cuando estás subordinado a la voluntad de tu casero. Esto tiene muchos efectos, desde la salud mental hasta que haya parejas que no se puedan separar; mujeres atadas al espacio doméstico, un sitio central de violencias machistas; en el derecho a la educación, si tienes que estar cambiando cada cinco años de casa y de colegio; si tienes que mudarte de municipio o al otro punto de la ciudad en medio de un tratamiento médico; o si tardas dos horas en llegar al trabajo.
¿Cómo ha calado la “racionalidad rentista” en la sociedad?
Vivimos en una sociedad súper individualista, un éxito del superindividualista que cada uno juega con sus recursos de la mejor manera posible. Hay una cuestión de supervivencia. No hay que olvidar que el 95% de los hogares que son rentistas ganan más dinero con su salario que con las rentas inmobiliarias. Eso es crucial, porque ocupan posiciones intermedias y contradictorias. El problema es que son los hogares con más dinero los que empiezan a acumular más viviendas para ponerlas en alquiler. Así es como se va rompiendo la sociedad, pero la búsqueda de riqueza en abstracto. Muchas familias se mueven para proteger a sus hijos, porque saben que con sus trabajos tampoco podrán acceder a una vivienda, o para poder pagar la residencia cuando se jubilen, porque se está desmantelando el Estado de Bienestar. La vivienda en propiedad funciona como un sistema de protección social y económica. Si quitas eso, lo tienes que dar por otro lado, por eso abogo por un nuevo paradigma de vivienda.
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