La UE no se aclara con el 'Buy european' para responder a Trump y China
A vueltas con el impulso de la competitividad, Europa se pierde en sí misma. En su discurso del Estado de la Unión Europea el pasado octubre, la presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, hizo una apología del 'made in Europe' (hecho en Europa) como vía para impulsar la competitividad. Von der Leyen incluso propuso que se tuviera en cuenta para la contratación pública en sectores estratégicos, ya que los contratos públicos mueven en 14% del PIB europeo, y lanzó un mensaje a la industria europea: “Ustedes son cruciales para el futuro de Europa. El futuro se fabricará en Europa. Es crucial para nosotros”.
Meses después, pese a los envites comerciales y anexionistas del presidente de EEUU, Donald Trump, las pugnas con China por la llegada masiva de sus productos y los reiterativos discursos institucionales por parte de Von der Leyen sobre el necesario impulso a la soberanía europea para sobrevivir al desconcertante escenario geopolítico, la ambiciosa propuesta del 'Buy Europe' se debate en un mar de dudas. Las distintas posiciones de los Estados miembros de la UE ponen en cuestión la obligatoriedad de la 'preferencia europea'.
El vicepresidente y comisario europeo de Mercado Interior, Stéphane Séjourné, es el encargado de llevar a buen puerto la Ley de Aceleración Industrial, una norma que lleva meses de retraso pero que se espera que se presente a finales de este febrero. Para ir poniendo las bases ante tanta disonancia, Séjourné publicó una tribuna en varios periódicos europeos cofirmada junto a 1.141 directivos, líderes empresariales y responsables de patronales con la idea: “Europa no tiene elección: debe reaccionar. Los estadounidenses tienen su Buy American. Los chinos asumen su Made in China. ¿Por qué no tendríamos nosotros nuestro Made in Europe?”.
En el artículo, el comisario europeo de Mercado Interior establecía que “cada vez que se utilice dinero público europeo, este debe contribuir a la producción y al empleo europeos. Ya sea un contrato público, una ayuda estatal o cualquier otra forma de apoyo financiero, la empresa beneficiaria deberá producir una parte sustancial de su producción en suelo europeo”. Frente al 'America first' de Trump, la preferencia europea.
Además, la normativa de Aceleración Industrial pretende establecer para determinados sectores (energías renovables, las baterías y los automóviles, entre otros) el número de piezas que deben ser fabricadas en Europa para que puedan cobrar subvenciones públicas europeas o que las inversiones extranjeras impliquen la transferencia de propiedad intelectual y contraten mayoritariamente a trabajadores locales.
Si sale adelante la normativa supondría un cambio profundo para las empresas europeas, ya que se multiplicarían las opciones para conseguir los dos billones de euros en contratación pública del bloque europeo. Francia es uno de los países que más está empujando por conseguir que se apruebe esta normativa. Siguiendo esta estrategia, el presidente francés, Emmanuel Macron, ha presionado para que los 90.000 millones del préstamo que se ha aprobado para Ucrania en su guerra con Rusia se imponga como criterio que la prioridad sea la compra de armamento europeo y solo cuando el material no esté disponible en alguno de estos mercados se podrá acudir a proveedores como Estados Unidos.
Aunque la propuesta parece que no tiene peros, hay muchos países de la UE, especialmente lo de más pequeño tamaño, que han mostrado recelos. En la pasada reunión de diciembre de los ministros de Industria de los 27 cuando se debatió el tema, un grupo de nueve países (Chequia, Eslovaquia, Estonia, Finlandia, Irlanda, Letonia, Malta, Portugal y Suecia) sacaron un documento en el que expresaban que “el criterio de ‘preferencia europea’ debería utilizarse únicamente cuando se hayan analizado cuidadosamente otros instrumentos y se haya demostrado que son insuficientes”, ya que puede tener “consecuencias para la competencia efectiva, los niveles de precio y calidad, y afectar a las empresas”, con lo que se solicitaban que solo se centrase “en sectores estratégicos”, en los que “la UE tenga una dependencia estratégica de alto riesgo”.
En definitiva, el miedo de los países más pequeños es que esta normativa beneficie a las grandes corporaciones europeas de las cuatro mayores economías de la UE frente a sus empresas de menor calado, que necesitan comprar componentes chinos o coreanos más baratos para poder competir. Benjamin Dousa, ministro sueco de Comercio, comentaba al Financial Times que la medida es “un claro impulso hacia el proteccionismo”, que ralentizaría el comercio. Dousa añadía que “las empresas necesitan los mejores componentes del mundo. No es limitando su estrategia de suministro como nos volvemos más ricos y conseguimos más comercio”.
Incluso Alemania, con una industria exportadora más potente que Francia, ha puesto algún reparo ya que su industria automovilística se nutre de piezas fabricadas en toda Europa. Al canciller alemán, Friedrich Merz, le preocupa más la regulación, por lo que ha propuesto junto a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, un plan para simplificar la normativa especialmente la medioambiental, lo que vuelve a ser un golpe en la estrategia del Pacto Verde de la UE.
El próximo jueves los líderes de los 27 países de la UE se reunirán en Alden Biesen, Bélgica, convocados por el presidente del Consejo Europeo, António Costa, para discutir la estrategia de competitividad europea y se tratará el 'Buy European'. Sobre la mesa también estará el informe sobre competitividad que realizó el expresidente del BCE, Mario Draghi, que ya parece haberse convertido en papel mojado. Macron ha apuntado que “el informe Draghi, que no aplicamos por completo, ya está obsoleto, en parte porque no tuvo en cuenta esta aceleración del mundo”.
También habrá que ver cómo cuadrar el círculo con una política de 'Comprar europeo' mientras que, a la vez, se están firmando acuerdos comerciales con países como India o Australia con el objetivo de diversificar socios comerciales ante la beligerante política comercial de Trump. Además de tener en cuenta cómo solventar que la UE es muy dependiente de los minerales críticos y las tierras raras, que en algunos casos importa al 100% de sus necesidades.