Los arquitectos piden proteger edificios modernos sin esperar a que sus autores fallezcan

Cuando en 2023 le entregaron el premio Pritzker de arquitectura a David Chipperfield, el jurado de la fundación estadounidense Hyatt dijo que su obra era la de “un guardián del significado, la memoria y el patrimonio”. El reconocimiento de mayor prestigio internacional del mundo arquitectónico, conocido como el Nobel de Arquitectura, daba así un paso clave apostando ante el mundo por la recuperación del patrimonio histórico. El galardón daba a entender que tan importante era mirar hacia el futuro de la arquitectura, como preservar lo que la primera de las siete artes clásicas le lega al mundo. 

Poco después, en una entrevista, el mismo Chipperfield decía que “en España hay respeto por los servicios públicos, por las políticas sociales y por lo colectivo”, y que eso le llenaba de satisfacción. Pocas cosas tan colectivas e importantes pasan tan desapercibidas como el patrimonio arquitectónico de nuestro país. Está ahí: lo habitamos, lo visitamos a menudo, y hasta le damos buen uso, pues muchos edificios históricos albergan instituciones en activo. Y sin embargo, lo damos por supuesto. No le damos la importancia que merecen. 

En este panorama, el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM) destaca por su labor en defensa del patrimonio histórico en colaboración con las administraciones públicas. Este colegio profesional cuenta con múltiples proyectos e iniciativas que promueven la defensa de la arquitectura como un bien social, poniendo en valor el patrimonio arquitectónico, antiguo y actual, de la capital.

Preocupación por el patrimonio arquitectónico

El COAM vehicula su labor en defensa del patrimonio arquitectónico mediante diferentes líneas de actuación y esfuerzos. Por un lado, el Colegio tiene como funciones estatutarias principales la defensa de los intereses profesionales del colectivo de arquitectos, pero también promover la defensa de la arquitectura como un bien social. 

Por ello, desde los mismos estatutos que configuran la definición de su razón de ser, el COAM vela por la idea de una arquitectura como fin social y cultural, poniendo en valor nuestro patrimonio arquitectónico, antiguo y actual.

Además, esta entidad participa muy activamente en las Comisiones de Patrimonio Histórico (municipal y regional), aportando una visión profesional y autorizada en la defensa del patrimonio construido, avalada por la formación, la práctica y la experiencia de arquitectos de prestigio y en ejercicio activo. En este sentido, el COAM siempre ha mantenido que son los arquitectos los mejores garantes de la protección de los valores arquitectónicos del patrimonio, pues son los profesionales más idóneos –y mejor formados– para intervenir en el patrimonio arquitectónico o para liderar equipos multidisciplinares según la complejidad de la intervención. 

Otra importante línea de trabajo del COAM es, en este aspecto, su responsabilidad social con la defensa del patrimonio arquitectónico, y la protección de la arquitectura más actual, con todas las precauciones y reservas necesarias por su proximidad en el tiempo. “Transmitir el patrimonio arquitectónico a las generaciones futuras es una obligación ineludible de toda sociedad. Ello implica valorar, proteger, restaurar y mantener nuestros edificios y entornos urbanos históricos”, defendían el vicedecano del COAM, Pablo Olalquiaga, y el vocal del mismo, Ramón Andrada, en un comunicado reciente. 

“Pero también poder y saber adaptarlos a los requerimientos actuales de distinta índole […] Conseguir un necesario equilibrio entre la conservación de los valores arquitectónicos y su mejor adaptación a esas necesidades contemporáneas, ha de implicar muy especial y necesariamente a los arquitectos y arquitectas”, defendían. 

Proteger el patrimonio de ayer y el de hoy

El mismo año que le dieron el Pritzker a Chipperfield, el Ayuntamiento de Madrid amplió el catálogo de edificios protegidos. Hasta entonces la protección de edificios actuales tenía el límite temporal de 1950. El COAM propuso entonces un listado de 300 nuevos edificios construidos entre 1950 y 2000, de los cuales se incorporaron al catálogo solamente 186. ¿Por qué? Porque el Ayuntamiento estableció dos nuevos límites: uno temporal hasta el año 1975, y otro la condición de fallecido del arquitecto autor. 

Desde entonces, el COAM se ha posicionado, siempre desde la voluntad de colaborar y la predisposición constante al asesoramiento, diálogo y trabajo común, como voz discrepante con estos nuevos criterios. Se considera, desde el Colegio de Madrid, que la protección de los edificios y del patrimonio de todos los madrileños y madrileñas podría ser mayor. 

Por un lado, un edificio de reciente construcción puede sufrir importantes modificaciones que desvirtúen su arquitectura. Por ello el COAM cree que sería más eficiente que la Administración reconsidere el límite temporal de protección, bajándolo de 50 a 25 años. Por otro lado, el Colegio también defiende que no es necesario “esperar a que un arquitecto se muera para poder proteger su obra, si esta lo merece”. 

“Si, como decíamos, es importante transmitir el patrimonio arquitectónico a las generaciones futuras, es necesario implementar medidas más adecuadas y ágiles para proteger la arquitectura más reciente”, sostienen Olalquiaga y Andrada. El COAM, en este sentido, cuenta con guías de arquitectura de Madrid ciudad y región, en constante actualización, que podrían servir de base para futuros y necesarios catálogos de protección.

Para el COAM, una adecuada protección de la arquitectura también incluye lo más actual, que es y será patrimonio de todos los madrileños. Y por ello, defienden que es necesaria una revisión de los grados de protección y su régimen de obras que, en la actualidad, están más pensados para la arquitectura tradicional y generan confusión en su aplicación práctica a la arquitectura moderna.