Blaise Pascal y el movimiento continuo

Blaise Pascal y el movimiento continuo.

A priori, poco tienen que ver un niño prodigio del siglo XVII con los neones de Las Vegas y el glamour de Montecarlo. Sin embargo, están directamente conectados por los giros de una ruleta.

Blaise Pascal fue un inventor, matemático, físico, teólogo y escritor nacido en Francia en 1623. Nos dejó el Triángulo de Pascal, el Teorema de Pascal, la Ley de Pascal o la Apuesta de Pascal, transitó por la Ciencia y la Filosofía distinguiéndolas como no se había hecho antes y abrió vías de investigación que nadie se planteaba. Además, algunos de sus inventos dieron lugar a otros que Pascal ni siquiera hubiera imaginado.

Su calculadora primitiva lanzó el guante que recogió Charles Babbage en el campo de la computación; su interés por el estudio de los fluidos y la búsqueda del movimiento continuo dio lugar a la famosa roulette que todavía hoy se utiliza en miles de casinos de todo el mundo, aunque sus intenciones estuvieran bien lejos de ese uso. Contar con semejante background hace que ese juego de azar no sea una simple rueda, sino que permita plantearse diversas estrategias, muchas de ellas muy complejas, que van bastante más allá de resignarse a cruzar los dedos.

Detrás del lanzamiento de una bola que gira en una rueda dividida en casilleros con números, se encuentra la historia de un genio matemático que se remonta a casi 400 años atrás.

El Mozart de la ciencia

Huérfano de madre desde los 3 años, Pascal y sus dos hermanas fueron criadas por su padre, Étienne Pascal, quien se ocupó personalmente de la educación de sus hijos. Los tres presentaban grandes aptitudes intelectuales, pero fue Blaise quien destacó desde muy temprana edad.

Durante su adolescencia, escribió tratados sobre geometría que el mismísimo René Descartes no acababa de creer que fueran obra de un chaval de 16 años. En 1942, en un intento de aliviar las infinitas horas de sumas y restas que debía realizar su padre, recaudador de impuestos, se puso a trabajar en una máquina de cálculo. Después de unos 50 prototipos, llegó a fabricar unos 20 modelos de lo que primero llamó 'rueda pascalina' y finalmente se quedó como 'pascalina'; un invento considerado como una de las principales bases de la actual calculadora eléctrica.

Sus experimentos y reflexiones en el campo de la Física y las Matemáticas sobreviven en nuestros días. En Física destacó por sus aportaciones al estudio de los fluidos, y sobre todo en cuanto a los conceptos de presión y vacío.

Sus intentos por demostrar la noción de vacío, que en la época se creía imposible, le valieron unos cuantos detractores. Pascal se oponía a una tradición heredera de Aristóteles, uno de los más grandes filósofos de todos los tiempos, quien creía que el vacío no existía. En un tubo con mercurio, trataba de explicar qué era la parte entre el cristal y el líquido en la que no había “nada”; para los aristotélicos, el mercurio se movía porque “algo”, algún tipo de sustancia invisible, lo empujaba: “todo lo que está en movimiento tiene que ser movido por algo”.

En 1647 (24 años), Pascal llevó a cabo una serie de experimentos a distintas alturas para intentar demostrar la existencia de la presión del aire, que variaba de un sitio a otro. Tal era su afán de descubrir, que algunas de estas empresas de andar subiendo torres y montañas casi le cuestan la salud, muy delicada desde los 18 años.

El juego como método científico

Entre las aportaciones al mundo de las matemáticas que realizó Blaise Pascal, está la de haber abierto nuevos campos de investigación que se han seguido desarrollando hasta nuestros días. Por un lado está el de la geometría proyectiva, y por otro el de la teoría de las probabilidades.

Este último es especialmente interesante porque esa área de las Matemáticas ha supuesto gran parte de las bases de la economía moderna y de la sociología. El interés en desarrollar la teoría de las probabilidades nace de una discusión entre Blaise Pascal y Pierre de Fermat sobre el juego y las apuestas.

Se plantearon dilemas como el siguiente: dos jugadores quieren abandonar el juego antes de terminarlo, la cuestión es saber cómo se reparten las ganancias teniendo en cuenta las probabilidades de ganar que tuviese cada uno de ellos en el momento de retirarse.

Pascal y Fermat mantuvieron una intensa correspondencia durante la que se fueron planteando distintos dilemas de este tipo y cómo resolverlos. Fue la semilla de la que salieron los frutos que recogieron muchos otros matemáticos, como Gottfried Leibniz, conocido entre otras cosas por su enfrentamiento intelectual con Isaac Newton.

Blaise Pascal, de fuertes convicciones religiosas (sobre todo tras un accidente que casi acaba con su vida), se tomó tan en serio eso del cálculo de las probabilidades, que la discusión se llegó a trasladar a intentar explicar la existencia de Dios. La conocida como “apuesta de Pascal” es a favor de que Dios exista; se trataría de una cuestión de azar, no de fe, puesto que incluso si las posibilidades de su existencia son muy remotas, la recompensa de creer es lo suficientemente grande como para que salga a cuenta “apostar” por su existencia. Mucho que ganar y poco que perder.

La ciencia convertida en juego

La invención de la ruleta que se atribuye a Pascal en realidad no tiene que ver con las Matemáticas, sino con la Física. El objetivo de su rueda era encontrar el movimiento perpetuo.

Quién sabe si movido por la intención de renovar ciertas ideas anquilosadas del pensamiento aristotélico, Pascal se empeñó en diseñar una máquina que estuviera en continuo movimiento. Esto, en física, significa que el cuerpo permanezca moviéndose de manera constante sin ningún tipo de ayuda mecánica ni contar con la energía de ninguna fuente externa.

Como tal, el invento fracasó. La fuerza, la fricción, etc., no era posible el movimiento constante. Pero la historia de la ruleta no paró ahí.

Ya en el siglo XVIII se adaptó el mecanismo ideado por Pascal a la forma lúdica que conocemos hoy en día, es decir, que se empezó a utilizar para jugar. Fueron los hermanos François y Louis Blanc, a mediados del siglo XIX, quienes introdujeron el cero y popularizaron el juego desde Mónaco.

Sin saberlo, Blaise Pascal construyó un objeto que físicamente no puede estar moviéndose de manera perpetua, pero que sí se ha utilizado para otra de sus obsesiones: el cálculo de probabilidades. Es como si hubiera inventado unos nuevos dados. Hazañas como la de la familia Pelayo, plasmada en la película de 2012, son ejemplos de que la ruleta no deja de generar historias.

En cierto modo, Pascal encontró el movimiento continuo. Entusiasta, admirado, maldito, influencer hasta nuestros días… exprimió 39 años de vida que todavía siguen rodando.

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11 de febrero de 2019 - 17:12 h

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