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Espigando la cultura

Las Espigadoras, una agencia de gestión cultural puesta en marcha hace un año por dos mujeres.

María Muñoz

Cuando en diciembre de 2012 Yesika Mena y Helena Fernández recibieron la noticia de que el Festival de Cine 4+1 Fundación Mapfre, en el que ambas trabajaban, ya no tendría más ediciones no tardaron ni dos días en sentarse a darle forma a lo que venían pergeñando desde hace tiempo. “Nos conocíamos desde hacía 10 años cuando coincidimos en Documenta Madrid y siempre hablábamos de que teníamos que hacer algo juntas, pero nunca encontrábamos el tiempo”, explica Mena.

El fin de otro festival les dio el impulso para dedicarse en exclusiva a “buscar, mezclar y colaborar” para poner en marcha proyectos que ampliaran la oferta cultural, que fueran sostenibles en el tiempo y que las personas fueran su piedra angular. Así nació la agencia cultural Las Espigadoras, cuyo nombre hace referencia a las mujeres que recogían las espigas que quedaban en el campo.

“Como ellas, nosotras buscamos los mejores elementos que nos sirvan para asesorar, producir y diseñar las necesidades que puedan tener todos los actores que participan en el ámbito cultural”, explica Fernández, con amplia experiencia, al igual que Mena, en la producción de festivales. Un tándem que se complementa a la perfección, con una mayor experiencia de Mena en Latinoamérica, y de Fernández, en España, y que ha hecho del trabajo en red su herramienta fundamental.

“A pesar de la crisis y de la escasez de recursos vimos que ahora era una oportunidad para aportar nuestras experiencia poniendo en contacto a instituciones y personas para sacar adelante proyectos que formen parte de la oferta cultural”, explica Fernández. Tras un año en marcha, ahora ya son tres socias, y dependiendo de cada proyecto, cuentan con colaboradores con experiencia en esas actividades concretas. “Nosotras creemos que si ya hay alguien que lo hace muy bien, hay que contar con esa persona, porque Las Espigadoras no podríamos hacerlo solas”, afirma Fernández.

Trabajo en red

Ambas creen que no solo la crisis ha propiciado ese trabajo en red, sino el uso actual de las nuevas tecnologías. “Cuando hablamos de trabajar en red, no nos referimos a estar físicamente unos al lado de otros sino que estamos en contacto y trabajando vía correo, teléfono o Skype con gente al otro lado del océano”, señala Fernández. Afirma que el sector cultural, precisamente porque en su mayoría está formado por pymes y trabajadores freelance, está más acostumbrado a trabajar en red. Pero también ven que cada vez más instituciones se unen a esta forma de trabajar.

Citan como ejemplo los circuitos de cine que han puesto en marcha espacios públicos como el Centro Niemeyer, en Asturias, el Musac, en León, y el Matadero, en Madrid, donde se han proyectado películas “independientes y de autor” que de otra manera no llegarían al público. Precisamente en ese cine que no siempre llega a las salas convencionales o que usa otras narrativas, y que ellas conocer tan bien, centran muchos de sus esfuerzos Las Espigadoras. Así, han elaborado la edición en DVD de la película documental Las Constituyentes, que cuenta la experiencia de las 27 senadoras y diputadas que participaron en la primera legislatura democrática tras la dictadura franquista. O han logrado que el espacio de coworking El Patio, situado en el madrileño barrio de Malasaña, se convierta en la referencia de los freelance del sector audiovisual.

Y ahora su empeño se dirige a Gran Mini Cine, un proyecto propio en el trabajan desde hace un año para “alfabetizar cinematrográficamente las escuelas”. “En el colegio nos enseñan a analizar un texto, a leer un libro, pero aunque vivimos en un mundo visual no enseñamos a los niños a ver una película, a apreciar otras formas de contar una película y que además disfruten de ello”, explica Fernández. Por ello, en colaboración con otras plataformas, su idea es que las escuelas cuenten con una cineteca, igual que tienen una biblioteca, con películas que puedan visionar en los centros, y con una tercera pata que consistirá a enseñar a los niños a ver cine en una sala de cine. “La idea es que el cine se integre como objetivo pedagógico”, señala Mena.

Sí que tienen claro una cosa y hay unas líneas rojas que no van a cruzar. “Trabajar en red y ser freelance no significa que el trabajo sea precariofreelance, y de hecho nosotras hemos rechazado proyectos que estaban sostenidos en su mayoría por becarios a los que no se les pagaba”, afirma Fernández. “Las personas tenemos que vivir de esto, y de lo que se trata no es de infravalorar las necesidades, sino de emplear los recursos de la manera más eficaz y eficiente para que se mantengan en el tiempo”, añade.

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