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Por qué el gran desafío de la transición energética no es la producción verde, sino hacerla llegar a su destino con calidad

Tomás Muñoz M.

La transición energética, que tiene como objetivo descarbonizar la actividad humana para poder detener el calentamiento global, implica, entre otros aspectos, incrementar la producción y uso de electricidad de origen renovable. El aire, el sol y el agua proporcionan energía limpia e ilimitada que es utilizada para casi todo y, además, esta ya no tiene como origen únicamente a grandes centrales, sino que cada casa y comunidad pueden ser productores y consumidores al mismo tiempo.

Estos cambios en el modelo son tan profundos que implican actuar en varios frentes a la vez, con precisión y velocidad. Una mayor producción eléctrica renovable, procedente de diversos puntos y además capaz de resistir los embates de fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes, conlleva adaptar la red a este nuevo escenario. Un desafío enorme que exige modificar urgentemente el marco regulatorio actual para permitir que la masa de inversión que la transición energética requiere en redes se pueda hacer una realidad.

En este sentido, la última versión del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) ha elevado la inversión en redes a 53.000 millones de euros desde los 35.000 iniciales. Sin embargo, “el esfuerzo debe ser mayor porque para toda la UE se estima una inversión de casi 600.000 millones de euros. Para materializar un volumen tan ingente, es necesario planificar y agilizar los trámites. Con los plazos actuales, montar una línea de alta tensión llevaría entre cinco y 15 años, lo que significaría no cumplir con la fecha límite de 2030”, advierte José Manuel Revuelta, director general de Redes de Endesa, quien insiste en la importancia “de contar con un marco retributivo que favorezca la transición, ya que somos una actividad regulada”.

Para caminar hacia esa red de distribución descentralizada y digital, Endesa ya ha comprometido, a través de su último Plan Estratégico una inversión hasta 2026 de 2.800 millones de euros destinados a mejorar y ampliar la infraestructura. “A nivel europeo, el 40% de la red tiene más de 40 años. Es cierto que en España nos encontramos en una mejor situación pero, como nuestro país aspira a convertirse en un hub de energía limpia, las redes deben estar a la altura”, matiza el director general de Redes de Endesa. 

Una transformación que afecta a varios frentes simultáneamente. Por ejemplo una gran parte de la inversión estará enfocada a hacer más resistentes las infraestructuras, ya que el cambio climático trae consigo fenómenos meteorológicos más extremos y más frecuentes: “En los últimos años hemos sufrido grandes tormentas que son difícilmente predecibles, como la borrasca Bernard del año pasado que adquirió características subtropicales y destruyó numerosas líneas eléctricas en Andalucía. Por ello estamos modernizando y sensorizando la red para anticiparnos”, asegura el representante de la energética, quien especifica que “ahora, con telemandos, somos capaces de acotar a áreas muy reducidas las incidencias y los cortes de luz”.

Otro aspecto clave de presente y de futuro es el autoconsumo, ya sea individual o colectivo, una tendencia in crescendo, tal y como explica José Manuel Revuelta, director general de Redes de Endesa: “En estos momentos contamos con más de 250.000 suministros de autoconsumos en nuestras redes.”. Para lograr adaptarse a este ritmo de cambio, la firma energética está digitalizando sus sistemas. En este sentido, Revuelta precisa que “la tecnología nos ayuda a gestionar la complejidad de un nuevo paradigma en el que, además del autoconsumo particular, también existe el colectivo. ¿En qué consiste? En el aprovechamiento común de un punto local de generación de energía”.

Una sociedad cada vez más electrificada hará que cada vez más nuestro día a día, desde detalles como cargar el móvil a servicios esenciales como las telecomunicaciones, la climatización e incluso el suministro de agua, dependan de que las redes de distribución funcionen a pleno rendimiento, en todo momento y en todo lugar. Por ello, adaptar la red se antoja imprescindible en plena transición energética, “pero en paralelo al aumento de su capacidad y calidad, estamos comprometidos a contribuir a logar un precio de la energía más competitivo . Tenemos numerosos desafíos por delante porque no solo se trata de prestar servicio a futuro, sino que nuestra responsabilidad es hacer llegar la energía a las casas hoy, mañana y pasado mañana”, concluye.

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