La portada de mañana
Acceder
Feijóo evita el enfrentamiento con Abascal tras la ruptura parcial de PP y Vox
Begoña Gómez vuelve a declarar entre dudas sobre su trabajo en la Complutense
OPINIÓN | 'Aquellos, los que les enterraron en vida', por Esther Palomera

Tristeza estacional de verano: por qué el calor provoca que algunas personas se sientan apáticas y ansiosas

¿Por qué algunas personas se sienten más tristes en verano?

Marta Chavarrías

6

Estamos en la época del año con más luz y días más largos que invitan a pasar más tiempo al aire libre, a salir a la calle y aprovechar las cálidas temperaturas. Un ambiente que solemos asociar a felicidad, a risas y buen humor, un tiempo de relax y descanso en el que disfrutamos del sol, de la playa, de excursiones y de tiempo libre

Sin embargo, para algunas personas esto no es así sino que la viven con tristeza y apatía, algo que relacionamos sobre todo con el otoño y el invierno. Hablamos del Trastorno Afectivo Estacional de patrón de verano (TAE).

A diferencia del TAE de invierno y otoño, que se suele presentar con poca energía, tristeza generalizada y cansancio, el de verano tiene unos síntomas específicos más comunes que suelen ser insomnio, falta de apetito, agitación, ansiedad e incluso episodios de conducta violenta. La particularidad de estos síntomas es que siguen un patrón estacional, es decir, que están presentes en ciertos meses pero desaparecen en otros. 

¿Por qué algunas personas están más tristes en verano?

Aunque no se sabe con exactitud la causa del TAE de verano, es probable que esté relacionado con una variedad de factores, incluidos biológicos, ambientales y psicológicos. El calor es uno de los que más se asocian con este trastorno. Varios estudios han relacionado las altas temperaturas con estados de ánimo depresivos y con un aumento de las emergencias en salud mental. 

En el campo de la psicología se estudia desde hace años el efecto que tiene el calor extremo sobre el comportamiento de las personas. Para la psicóloga Beatriz Barreiro Míguez, “los resultados de numerosas investigaciones indican que las elevadas temperaturas provocan irritabilidad, apatía, dificultad para mantener la concentración, insomnio o ansiedad, lo que puede desembocar en más conflictos en las interacciones sociales y agresividad”.

Parte de esto se explicaría por el estrés por calor, las distintas formas en las que tener demasiado calor puede afectar al cuerpo y la mente. “La exposición a altas temperaturas requiere mayor esfuerzo por parte de nuestro cuerpo para regular la temperatura interna, activando el sistema nervioso simpático, asociado con respuestas de estrés y ansiedad”, reconoce Barreiro, que admite además que, en condiciones de calor extremo, “los niveles de serotonina y dopamina (neurotransmisores relacionados con la sensación de felicidad y bienestar) tienden a disminuir, provocando desequilibrios en nuestro estado de ánimo”. Además, sigue la experta, “se ha observado que el calor ralentiza un 13% nuestra capacidad cerebral”.

Los resultados de numerosas investigaciones indican que las elevadas temperaturas provocan irritabilidad, apatía, dificultad para mantener la concentración, insomnio o ansiedad

Beatriz Barreiro Míguez psicóloga

Las altas temperaturas también pueden contribuir a patrones de sueño deficientes y a que alguien sienta la necesidad de permanecer encerrado en su casa al amparo del aire acondicionado, alimentando una especie de sensación claustrofóbica.

El gran inconveniente de todo ello es que evitar el sol puede afectar a los niveles de vitamina D, lo que puede provocar fatiga y empeoramiento de los síntomas depresivos. Otro factor que se ha relacionado con este trastorno de verano es la luz, tan apreciada durante los meses de invierno pero que, en verano, una sobreabundancia puede llegar a reducir la producción de melatonina, la hormona que controla el ciclo de sueño y vigilia. 

Con los días más largos, el cuerpo tiene menos horas para producir la melatonina que nos ayuda a dormir y, por tanto, el ciclo de sueño y vigilia se altera, lo que se traduce en patrones de sueño interrumpidos. La falta de sueño juega un papel muy importante en nuestra salud mental y puede aumentar los síntomas de depresión, irritabilidad, agitación y ansiedad. Debemos tener en cuenta también que el precursor inmediato de la melatonina es el neurotransmisor serotonina, un factor importante en la regulación del estado de ánimo.

Además de los factores ambientales, hay elementos psicológicos que pueden contribuir a la tristeza en verano. Durante esta época del año tenemos la sensación de que todo es diversión y fiesta. Existe una presión social exclusiva de verano que, en lugar de hacer que nos sintamos mejor, nos puede conducir a sentir mayor ansiedad, como tener que asistir a eventos aunque no tengamos ganas o temer cómo nos verán los demás en traje de baño.

A ello se le suma el hecho de que los días de verano tienden a ser menos estructurados y rutinarios, en los que la improvisación hace más acto de presencia que en otras épocas, cambios que en algunas personas son positivos pero que en otras no lo son tanto.

Algunas investigaciones sugieren también que el TAE de verano es altamente genético, es decir, que tienen más riesgo de sufrirlo aquellas personas que tienen antecedentes familiares de depresión o algún tipo de trastorno del estado de ánimo. Hay ciertos grupos de personas en los que el TAE es más común: ocurre cuatro veces más en mujeres que en hombres y la edad de inicio se estima entre los 18 y los 30 años.

Existe una presión social exclusiva de verano que, en lugar de hacer que nos sintamos mejor, nos puede conducir a sentir mayor ansiedad, como tener que asistir a eventos aunque no tengamos ganas

Cómo podemos aliviar la tristeza en verano

La recomendación primera ante cualquier malestar es acudir en busca de ayuda profesional que proporcione un correcto diagnóstico y guía en el tratamiento. La psicóloga Beatriz Barreiro Mínguez recomienda además una serie de estrategias saludables que pueden favorecer una reducción de la sintomatología asociada al TAE:

  • Exposición moderada a la luz solar para regular el ritmo circadiano y aumentar la producción de serotonina.
  • Realizar actividades placenteras y gratificantes que nos aporten satisfacción. 
  • Hacer ejercicio físico moderado, en zonas frescas, para liberar endofirnas, reducir el estrés y mejorar la autoestima.
  • Planificar un proyecto u objetivo a realizar en la siguiente estación del año que motive a alcanzarlo de manera que nos sintamos cada vez más cerca mientras se pasa la estación que nos provoca el TAE.
  • Buscar apoyo de familiares y amigos y expresar las emociones y necesidades. Saber decir 'no' para encontrar el equilibrio entre lo que hacemos y lo que queremos hacer también puede ayudarnos a renunciar a actividades que no nos apetecen.

Iniciar una terapia psicológica con un profesional puede servir, en palabras de Barreiro, para “aprender a gestionar las emociones de una forma más efectiva y reducir los pensamientos negativos y catastrofistas, así como para entrenar técnicas de relajación que reduzcan el estrés”.

La psicóloga explica además la diferencia entre la tristeza estacional de verano y la depresión. La segunda “suele mantenerse durante largas temporadas y deberse a circunstancias vitales adversas” o también a “desajustes neuroquímicos que requieren medicación”. En el caso del Trastorno Afectivo Estacional (TAE), en cambio, la tristeza, apatía e irritabilidad “desaparecen con el cambio de estación, repitiéndose habitualmente en la misma época cada año”.

Etiquetas
stats