No sólo Moyúa
El cambio súbito de nombre de la plaza de Moyúa por plaza Elíptica es acogido por satisfacción por todos aquellos que reivindicábamos que el nombre de la céntrica plaza bilbaína no era acorde a los principios de memoria histórica y democrática.
Fue en la sesión del 5 de agosto de 1937 cuando el primer ayuntamiento franquista de Bilbao, presidido por José María de Areilza, renombró la plaza López de Haro por el de plaza Federico Moyúa en atención a los méritos que había contraído el personaje como alcalde entre el 27 de febrero de 1924 y el 26 de febrero de 1930, es decir, casi durante la totalidad de la Dictadura de Miguel Primo de Rivera.
Pero es que la actividad política de Federico Moyúa no se circunscribió a la alcaldía, sino que fue parte activa de sistema dictatorial, dirigiendo el partido único, Unión Patriótica, en Vizcaya, y siendo representante de este por el territorio histórico en la Asamblea Nacional Consultiva, el falso parlamento que quiso imponer Primo de Rivera para institucionalizar su dictadura al estilo del fascismo italiano.
Era, por tanto, una causa justa de memoria democrática el eliminar la referencia a Moyúa del callejero bilbaíno y rebautizarla por el nombre por el que ha sido conocida popularmente la plaza, aunque entre 1870 y 1937 el nombre oficial fue, como decíamos antes, el de López de Haro.
Sin embargo, el cambio abre la puerta a reflexionar sobre otras referencias del callejero susceptibles a ser modificadas en atención a las respectivas leyes de memoria histórica y democrática. En ambas leyes, la estatal y la autonómica, se hace explícita mención a la eliminación del callejero de todas aquellas referencias que hagan exaltación de la sublevación militar y de sus participantes.
Una de estas referencias es la Avenida Zumalacarregui, impuesta por el franquismo en la misma sesión en la que se rebautizó la plaza Elíptica, lo que ya de por sí nos da una pista de las referencias a las que José María Areilza nos quería remitir, las del carlismo, la tradición, el absolutismo y el clericalismo.
Y es que, para el carlismo, la Guerra Civil constituía una guerra más de las que entablaron contra el sistema liberal y la democracia, otra Guerra Carlista más para acabar con el Bilbao liberal, tras los sitios que sufrió la capital vizcaína en el siglo XIX. Así lo significaban ellos mismos, por ejemplo, en la cruz dedicada a los mártires de la tradición que se encontraba en el alto de Egirleta/Santo Domingo, retirada por el Ayuntamiento de Bilbao en 2018, donde se recogían las fechas de 1833, 1873 y 1937, relacionando la última contienda civil con las dos anteriores.
Y es que los méritos de Zumalacarregui con Bilbao distan mucho de ser susceptibles de dedicarle una de las calles más largas de la Villa. Recordemos que el militar carlista puso sitio a Bilbao en 1835, sometiéndola a bombardeos de artillería, en nombre de Dios, la Patria y el Rey. En los combates por Bilbao fue alcanzado por una bala en una pierna, que en los días posteriores le causaría la muerte tras ser trasladado hasta Zegama. No se acaba la historia de Zumalacarregui con Bilbao en el siglo XIX, pues en junio de 1937 uno de los tercios de requetés que participaron en la conquista militar de Bilbao fue el Tercio Zumalacarregui, compuesto en su mayoría por vecinos de Oñati, Arrasate/Mondragón y Bergara, comandados por el conocido carlista Daniel Mugarza Mecolalde. Este Tercio participaría en la toma del monte Bizkargi, siguiendo luego hacia Amorebieta y combatiendo en el monte Malmasín, a las puertas de Bilbao, continuando luego hacia el Pagasarri, Alonsotegi y Galdames, continuando la contienda hasta Cantabria.
Se trata, pues, de unos méritos contraídos para con Bilbao, cuando menos dudosos en el fondo y menos aún en las formas, al ser una calle renombrada por el franquismo en referencia al mito carlista. Baste recordar que los carlistas entraron a sangre y fuego en Bilbao, mutilaron la estatua de Mallona dedicada a los mártires de la libertad y asaltaron la Sociedad El Sitio, la más importante sociedad política de libre adhesión de la Villa, hoy Biblioteca Municipal de Bidebarrieta.
Si se abre el melón de eliminar del callejero, por fin, toda referencia franquista, debemos afrontarlo con seriedad, en base a criterios históricos y de acuerdo con las leyes de memoria histórica y democrática vigentes en Euskadi y en el Estado, no de forma unilateral y caprichosa.
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