Cuando las obras de un gran pabellón industrial se cuelan en el patio trasero de tu casa

La vivienda afectada, junto a las obras del gran pabellón industrial

Nimby o 'not in my back yard' es un movimiento que se opone a proyectos de desarrollo cercanos a la residencia de los afectados. Sus impulsores encontrarían en Emilio Ruiz un ejemplo de manual. La construcción del nuevo pabellón de Indumetal Recycling en la zona de El Longar de Zalla no solamente ha dejado pequeña su casa en comparación con la altura de las nuevas edificaciones sino que las obras, literalmente, se han colado en su patio trasero.

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“Me han implantado aquí este mamotreto. Me han quitado la luz natural y me han dejado sin cobertura. Y ahora me quieren quitar un trozo para poder ellos coger este terreno”, explica Ruiz en un vídeo que ha difundido Zalla Bai, plataforma vecinal que ejerce de oposición al PNV en el Ayuntamiento de esta localidad encartada de unos 8.500 habitantes. Este periódico ha intentado sin éxito contactar con la empresa.

En las imágenes, el vecino muestra cómo las obras han ido “tomando posiciones” y cómo el vallado de obra, con una lona verde semitransparente, está pegado al porche lateral de su vivienda, ya dentro de su parcela. “Le he pedido que se retiren y no lo han quitado. Esto está hecho a propósito. Están tomando posiciones”, cuenta el hombre sobre las obras de la nueva planta de Indumetal Recycling. Emilio señala que en sus conversaciones con la empresa y con el alcalde, Juan Ramón Urquijo, le han invitado a que negocie. Le han dejado caer que la casa podría estar fuera del planeamiento urbanístico y que, llegado el caso, la podrían llegar a derribar. “Estoy recibiendo varias presiones. He intentado poner una denuncia en dependencias policiales y no se me ha dejado”, afirma en el vídeo.

En cifras generales, la construcción de la nave costará unos 1,8 millones de euros, aunque se estima una inversión global de 8 millones de euros en unas instalaciones que tendrán 5.500 metros cuadrados. En la prensa local se difundió la previsión de que las obras estén finalizadas en el arranque de 2023, si bien ya parecen muy avanzadas.

Fuentes municipales explican a este periódico que “es una casa en suelo industrial”, que antes “era un taller” y que “es un tema urbanístico” en el que el alcalde solamente busca mediar para lograr la mejor salida. Zalla Bai, por el contrario, defiende los derechos de esta vecino. “Ese señor vive ahí, es su propiedad y está empadronado. En el catastro figura como finca urbana. ¿Ahora se preocupa el Ayuntamiento de que no cumple las normas? ¿Ahora que necesita la empresa ocupar parte de ese terreno? En Zalla hay decenas de txokos y casas fuera de ordenación y nadie dice nada. Han ido a hechos consumados. Se han metido en su terreno de forma irregular. Llevan dos semanas sin retirarse”, señala el edil Iñaki Otxoa.

El proyecto de Indumental Recycling no está generando polémica en Zalla solamente por el avance de las obras sino por lo que representa. La empresa Indumetal Recycling ha logrado este año del Ayuntamiento una licencia de obra para la construcción de un pabellón industrial genérico pero el plan es instalar un proyecto llamado Induplast consistente en la valorización de los componentes de plástico de los aparatos electrónicos.

Cuando empezaron las obras, el área de Desarrollo Económico, Sostenibilidad y Medio Ambiente confirmó a este periódico que no había ninguna autorización ambiental, un trámite preceptivo para el inicio de la actividad. Además, en el historial de Indumetal Recycling pesa que lleva siendo investigada varios años porque en sus instalaciones de Erandio, donde extrae metal de los desechos electrónicos, se denunciaron prácticas altamente contaminantes que llegaron a ser objeto de un programa de Equipo de investigación de La Sexta.

Zalla Bai insiste en que la llegada de Indumetal Recycling es una flagrante irregularidad porque no ve creíble que se haga un pabellón genérico cuando hay documentación publicada que confirma que el plan es la valorización de componentes electrónicos. Además, han denunciando ante la Agencia Vasca del Agua (URA) y ante la Confederación Hidrográfica del Cantábrico (CHC) que las obras han “rebajado la cota” de una protección contra riadas requerida en su día para la instalación del polígono, “lo que hace que toda la zona sea inundable”. Entienden, además que las nuevas edificaciones se acercan a 20 metros del cauce del río cuando la normativa fijaba 25. “No han empezado a funcionar y están permanentemente cometiendo irregularidades”, concluye Zalla Bai.

Cuando en mayo este periódico informó de los planes de Indumetal Recycling, portavoces autorizados fueron rotundos en la defensa del proyecto. “No hay nada que esconder”, recalcaron ante una actividad que ni ven contaminante ni peligrosa. “Es 100% economía circular: dar uso a un plástico ya usado. Habrá un máximo de tres camiones al día y no se va quemar nada y no va a haber vertido alguno. No hay ni una sola chimenea. La separación de plásticos se hace mediante un proceso mecanizado”, explicaron desde el equipo de Gobierno del PNV.

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