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Joaquín Paredes Solís: pensar el dolor del mundo desde la poesía en tiempos de desconcierto

Joaquín Paredes, con su libro entre las manos

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Joaquín Paredes Solís escribe desde un lugar incómodo: allí donde la filosofía se cruza con la herida social y la poesía se convierte en una forma de resistencia ética. Filósofo de formación y poeta por necesidad, su libro Un mundo a la deriva no surge de un plan editorial ni de una estrategia literaria, sino de una intuición lenta, casi a la contra, que terminó por imponerse. El origen está en un reconocimiento concreto —el premio Hermanos Caba de Denuncia Social, concedido en Arroyo de la Luz en 2016—, pero también en una toma de conciencia más profunda: aquellos poemas no podían seguir siendo piezas sueltas.

Paredes Solís confiesa que nunca ha tenido facilidad para concebir libros como estructuras cerradas. Su tendencia natural es el poema aislado, la reflexión que brota sin pensar en el conjunto. Quizá por eso su trayectoria editorial ha sido pausada. Sin embargo, aquel premio actuó como indispensable detonante. Le permitió mirar hacia atrás y descubrir que había escrito mucho más de lo que creía sobre los conflictos que atraviesan a la humanidad: la discriminación, la violencia, la exclusión, el odio hacia lo diferente. A partir de ahí comenzó un proceso exigente de selección y depuración, descartando textos que no alcanzaban la calidad deseada, buscando una coherencia interna que diera sentido al conjunto. Así fue tomando forma Un mundo a la deriva, que terminaría publicándose gracias al acompañamiento de la editorial Márgenes y a la confianza de su editor, José Antonio Leal.

La dedicatoria del libro es explícita y política: migrantes sin papeles, personas sin hogar, mujeres maltratadas. No hay en ello impostura ni gesto retórico. El filósofo escribe desde una combinación de observación, experiencia personal y formación ética, atravesada inevitablemente por la indignación ante el rumbo que ha tomado el mundo. En su mirada hay una tristeza profunda por la radicalización del discurso político y social, por la sustitución del diálogo y la cooperación por la descalificación, la mentira y la violencia simbólica. Ese clima, advierte, no solo degrada la política, sino que deja a la ciudadanía inerme ante la fuerza bruta y la indiferencia frente al sufrimiento ajeno.

Cuando habla de un mundo que “ha perdido el norte”, no lo hace desde la nostalgia, sino desde la alarma. Aun así, reivindica la poesía como herramienta válida para la denuncia social, siempre que no se confunda con el panfleto y siendo consciente del riesgo de dejarse arrastrar por la inmediatez emocional en un contexto saturado de ruido informativo. La poesía, como cualquier forma de creación, exige atención, concentración y un lenguaje propio. No todo vale, insiste. Denunciar también implica rigor, incluso cuando se escribe desde la emoción.

Dos décadas de reflexión y escritura

El libro reúne poemas escritos a lo largo de casi dos décadas, desde 2006 hasta hoy. Y si algo permanece intacto en ese largo recorrido es la constatación de que ciertos males siguen enquistados: la intolerancia hacia lo diferente, la aporofobia, el racismo, el desprecio al que llega de fuera, la infravaloración sistemática de las mujeres. Paredes Solís no elude la palabra “dolor” para referirse a esa permanencia. Su mirada, asegura, sigue centrada en el ser humano y en su responsabilidad con los otros y con el mundo que habita, aunque ahora se ve atravesada por una exigencia nueva: la de saberse leído, la de cuidar aún más lo que escribe y lo que dice.

En ese tránsito ha sido clave la figura del editor, por eso el autor defiende la coherencia como principio creativo y vital, pero reconoce que ninguna obra se construye en soledad. La mirada externa, la del editor, la del lector, es la que permite que un material disperso se convierta en libro y que una voz salga de la sombra. Sin esa confianza, admite, Un mundo a la deriva probablemente no existiría.

Y quizá ahí resida la verdadera fuerza de este libro: en su negativa a mirar hacia otro lado, aunque no ofrece consuelo fácil ni soluciones inmediatas, pronuncia, en cambio, una palabra lenta en tiempos acelerados, una poesía que no grita, pero tampoco se calla. En un mundo que parece avanzar sin brújula, sus versos no pretenden señalar el camino, pero sí recordarnos algo esencial: que perder el norte no es inevitable, siempre que alguien se atreva a nombrar la deriva. La poesía de Joaquín Paredes es un faro tenue, pero firme, que ilumina las heridas de la sociedad y la necesidad de mirar al resto de personas con sensibilidad, ética y humanidad.

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