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Extremadura propone enseñar a los adolescentes a convivir con las pantallas durante toda la ESO

La Consejería de Educación y Formación Profesional pone en marcha el programa de educación digital y emocional "Modo bienestar: crecer bien en un mundo digital"

edCreativo Extremadura

30 de octubre de 2026 14:15 h

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Un mensaje de WhatsApp interrumpe el estudio. Un vídeo de TikTok lleva a otro y, cuando el adolescente levanta la vista, ha pasado buena parte de la tarde. A veces cuesta dejar el móvil a un lado por miedo a perderse algo en el grupo; otras, la comparación con lo que otros muestran en redes termina afectando al ánimo. Son situaciones cotidianas que forman parte de la relación de los jóvenes con la tecnología y que no siempre se resuelven limitando el tiempo de pantalla.

La Consejería de Educación de Extremadura quiere abordar esa relación desde las aulas. Su programa Modo Bienestar: Crecer bien en un mundo digital, previsto para el curso 2026-2027, propone trabajar durante los cuatro años de la ESO para que el alumnado aprenda a reconocer sus hábitos digitales, gestionar las distracciones y tomar decisiones con criterio. La idea es que las restricciones al uso de dispositivos, por sí solas, no bastan: también hacen falta herramientas para desenvolverse en un entorno en el que las pantallas ocupan buena parte del tiempo de ocio, estudio y relación social.

El plan contempla dos sesiones mensuales de una hora, de octubre a junio. No se limita a explicar los riesgos de internet. Plantea actividades en las que los estudiantes analizan situaciones reconocibles de su día a día y ensayan formas distintas de responder ante ellas.

Cuando una notificación interrumpe el estudio

¿Qué pasa cuando intentamos concentrarnos y alguien nos interrumpe constantemente? Para trabajar la atención, el programa propone recrear interrupciones digitales y observar cómo afectan a la realización de una tarea. A partir de esa experiencia, los alumnos pueden identificar qué les distrae y pensar cómo organizar mejor el tiempo de estudio, el descanso y el ocio.

La salud digital también se aborda desde el cuerpo. El sueño, la postura y el cansancio visual forman parte de las actividades previstas. La intención es que los adolescentes aprendan a reconocer señales de fatiga y a relacionar sus hábitos con el descanso, en lugar de considerar el uso de pantallas como una cuestión que afecta únicamente a la concentración.

Modo bienestar

La propuesta se apoya así en situaciones concretas: qué ocurre cuando se alarga el uso del móvil por la noche, cómo se distribuye el tiempo a lo largo del día o qué cambios pueden ayudar a estudiar sin tantas interrupciones.

La presión de estar siempre conectado

Las redes sociales plantean otro desafío: no siempre resulta sencillo desconectar cuando se teme quedarse fuera de una conversación o no responder a tiempo. El programa incorpora actividades sobre el FOMO —las siglas en inglés del miedo a perderse algo— y sobre el efecto que pueden tener los 'likes', los seguidores y las rachas de conexión en la percepción que los jóvenes tienen de sí mismos.

El objetivo es que el alumnado identifique esas presiones y practique estrategias para gestionarlas, como silenciar notificaciones o aplazar una respuesta sin sentir que debe estar disponible en todo momento.

La convivencia digital también tiene su espacio. A través de casos y situaciones simuladas, los estudiantes trabajan cuestiones como el consentimiento al compartir fotografías: que una imagen llegue a un chat no significa que exista permiso para reenviarla. Son ejercicios pensados para reflexionar sobre la privacidad y la responsabilidad en las relaciones en línea, así como sobre la manera de afrontar conflictos antes de que se agraven.

Entender por qué vemos lo que vemos

Buena parte de los contenidos que aparecen en las redes no llega por casualidad. Los sistemas de recomendación seleccionan publicaciones y vídeos a partir de las interacciones de cada usuario. Comprender ese proceso es uno de los objetivos del trabajo previsto para tercero de la ESO, junto con el análisis de la desinformación y los mecanismos de persuasión.

Las actividades plantean que los alumnos examinen cómo se presentan los contenidos, qué buscan las plataformas al captar su atención y por qué conviene consultar fuentes diferentes antes de dar una información por cierta. La intención es que aprendan a cuestionar lo que ven, en lugar de aceptar automáticamente las recomendaciones de una aplicación o compartir un contenido sin comprobarlo.

La inteligencia artificial también se incorpora al programa. El alumnado trabajará cómo formular instrucciones claras, comparar respuestas y detectar errores, sesgos o información inventada. La propuesta no consiste en rechazar estas herramientas, sino en aprender a utilizarlas como apoyo sin delegar en ellas tareas de razonamiento que cada estudiante necesita desarrollar por sí mismo.

De reconocer los hábitos a tomar decisiones propias

El recorrido cambia a medida que avanzan los cursos. En primero de la ESO, el foco está en observar los propios hábitos y reconocer cómo se relacionan con el bienestar. En segundo, el alumnado trabaja en un sistema personal para regular su uso de la tecnología, que incluye cuestiones como las notificaciones, el sueño, el estudio y la privacidad.

En tercero se incorpora con más peso el análisis crítico de los algoritmos, la información y la inteligencia artificial. En cuarto, el programa propone que los estudiantes diseñen iniciativas y compartan lo aprendido con otros compañeros o con sus familias. La progresión busca que ganen autonomía y sean capaces de explicar las decisiones que toman en el entorno digital.

Las familias también están contempladas, con actividades sobre hábitos tecnológicos, privacidad, intercambio de imágenes y uso de la inteligencia artificial en casa. El documento prevé evaluar el desarrollo del programa mediante cuestionarios iniciales y finales, trabajos del alumnado, observación y autoevaluaciones. Ese seguimiento permitirá valorar lo que ocurre durante su aplicación; el diseño, por sí solo, no permite anticipar sus resultados.

Hay, además, una condición práctica: ninguna de las actividades requiere que los adolescentes utilicen su teléfono móvil personal en el centro. El plan contempla materiales de aula, ejemplos simulados y herramientas autorizadas, de modo que las sesiones puedan desarrollarse sin depender del dispositivo de cada estudiante.

La propuesta de la Junta parte de una premisa sencilla: aprender a convivir con la tecnología no consiste únicamente en saber cuándo apagar una pantalla. También implica entender cómo influye en la atención, las relaciones y las decisiones, y contar con recursos para decidir cuándo utilizarla y cuándo apartarse de ella.

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