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Viajar sin ruido: la revolución tranquila que nace en Extremadura

Cerezos en el Valle del Jerte

edCreativo Extremadura

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Extremadura ha optado por una estrategia poco habitual en tiempos de turismo acelerado: no competir en ruido. Mientras otros destinos se disputan visitantes a base de masificación y reclamos estridentes, la región avanza en sentido contrario y reivindica la calma como valor. Aquí, el silencio no se parece en absoluto al vacío, sino a un territorio que se recorre sin prisas; la exclusividad, en este caso concreto, no necesita exhibirse. En un momento de sobredosis de estímulos, Extremadura se ofrece como la alternativa ideal: un lugar donde la naturaleza, la cultura y la gastronomía recuperan su sentido original.

Y es que existen lugares que no necesitan grandes discursos para imponerse. Y Extremadura es uno de ellos. Aquí, el silencio no es ausencia, sino un paisaje que se puede escuchar: el crujido de la dehesa al amanecer, el vuelo pausado de un milano, el rumor del agua en gargantas y embalses. Para quien llega desde ciudades saturadas, la calma tiene un sonido reconocible. En un mundo que corre sin descanso, la región ofrece algo que empieza a convertirse en un lujo: viajar sin prisa, mirar sin urgencia y sentir sin ruido alrededor.

El turismo de lujo silencioso se sostiene en una idea sencilla: volver a lo auténtico. Una guía de Monfragüe lo resume con una claridad que ningún concepto académico alcanza: “Aquí la gente no solo viene a ver cosas. Viene a volver a respirar tranquila”.

Imagen de la dehesa de Extremadura

La calma como recurso turístico

En Extremadura, la naturaleza y la calma no son un decorado: son el corazón de la experiencia. Las dehesas centenarias, los cielos más limpios de Europa y los paisajes intactos permiten desacelerar y reconectar con lo esencial. La región ha sabido transformar su medio rural en una oferta singular que va desde yurtas y antiguas almazaras convertidas en alojamientos con encanto, hasta experiencias de astroturismo y una gastronomía que combina tradición y excelencia. Todo ello acompañado por un patrimonio histórico que invita a recorrerlo sin prisas.

Y es este modelo el que permite a Extremadura diversificar su oferta y consolidar un crecimiento basado en la sostenibilidad, el patrimonio y las experiencias únicas. La región se posiciona así en el segmento de alto valor añadido, capaz de atraer viajeros y viajeras durante todo el año y de dinamizar zonas rurales que tradicionalmente quedaban fuera de los grandes circuitos. El turismo de lujo silencioso incrementa el gasto medio sin generar masificación y apuesta por un visitante que valora la calidad y el empleo local. Aquí, la exclusividad no se mide en lujo visible sino experiencial.

Extremadura es una potencia patrimonial y cultural, con un legado milenario capaz de sorprender al mundo, con una de las naturalezas mejor conservadas y diversas del sur de Europa y una gastronomía con productos estrella como el jamón ibérico de bellota. Este año, la región se presenta como el destino de interior ideal para quienes huyen de las masificaciones, con una combinación única de lámina de agua, dehesas, pastizales y montes que conforman un mosaico de paisajes. Bajo el lema ‘Extremadura extraordinaria, un destino para el mundo’, avanza en la senda de la internacionalización, con una mirada especial hacia Hispanoamérica.

La gastronomía extremeña, elaborada con productos de gran calidad y prestigio

Gastronomía con memoria y vanguardia

La gastronomía extremeña es un relato en sí misma y reflejo del devenir de la historia en la región, tradicional y de vanguardia, elaborada con productos de gran calidad y prestigio reconocidos por 12 Denominaciones de Origen y 5 Indicaciones Geográficas Protegidas. Muchos cocineros lo explican con sencillez: “La dehesa también se come”.

Entre las DOP destacan Jamón Ibérico Dehesa de Extremadura, Torta del Casar, Queso de Acehúche, Queso Ibores, Queso de la Serena, los aceites Gata-Hurdes, Monterrubio y Villuercas Ibores Jara, la Cereza del Jerte, la Miel Villuercas Ibores, el Pimentón de la Vera y el Vino Ribera del Guadiana. Las IGP incluyen Corderex, Ternera de Extremadura, Vaca de Extremadura, Vino de la Tierra de Extremadura y Cabrito de Extremadura. Almendralejo es además el municipio más al sur de Europa donde se elabora cava.

No se debe olvidar que la biblioteca del monasterio de Alcántara fue saqueada por los soldados de Napoleón, que se llevaron su recetario como parte del botín. Años después, Escoffier lo describió como ‘el mejor trofeo, la única cosa ventajosa que consiguió Francia de aquella época’. Hoy, esa tradición continúa viva en una generación de chefs cada vez más reconocida dentro y fuera de España. El restaurante Hábitat Cigüeña Negra ha recibido la primera Estrella Verde Michelin de la región por su compromiso con la sostenibilidad. Atrio mantiene sus tres estrellas Michelin y Versátil conserva la suya.

Cifras que crecen sin ruido

No en vano, 2024 se coronó como el mejor año de los últimos 30, batiendo récords en nueve de los diez primeros meses, con 4,1 millones de pernoctaciones y 2,1 millones de visitantes y un crecimiento del 18% en turismo internacional. 2025 fue un año de consolidación del crecimiento, con ligeras variaciones coyunturales del mercado nacional y nuevos récords del segmento internacional. El turismo internacional vuelve a ser la gran apuesta para el próximo año. El empleo sigue creciendo y consolida al sector turístico como motor de desarrollo. La belleza y la riqueza cultural y natural de la región atraen cada vez a más viajeros de todo el mundo.

Glamping El Regajo, en el Valle del Jerte

Los premios y reconocimientos avalan toda esta estrategia turística y refuerzan este posicionamiento. Premio al stand sostenible de Extremadura en FITUR 2025; mejor destino cultural según la revista Viajar; cinco joyas del patrimonio extremeño premiadas por los lectores de Historia National Geographic; Cáceres, mejor destino cultural según Travel & Leisure; Valle del Jerte, Premio Nacional de Turismo al mejor destino rural y de naturaleza; Premio FITUR Next a las Rutas Gastronómicas Sostenibles; SICTED a la Dirección General de Turismo; récord de participación en la V Convención de Turespaña celebrada en Cáceres. A ello se suman el sello de Patrimonio Europeo para el Monasterio de Yuste; Llerena y Jerez como Pueblos Más Bonitos de España; Cabeza la Vaca como Pueblo Mágico; Segura de León premiado por su turismo gastronómico; el mosaico de Medusa como mejor hallazgo histórico nacional; la portada de Turuñuelo y Llerena en National Geographic; la ermita de San Jorge en The Guardian; la placa de pizarra de Casas del Turuñuelo entre los descubrimientos del año; y el avance de Maltravieso hacia Patrimonio Mundial. Estos reconocimientos no solo validan una estrategia: confirman que Extremadura no compite por ser más grande, sino por ser más auténtica. Y como guinda, los rostros del Turuñuelo se exhibieron en el Museo Arqueológico Nacional con más de 36.500 visitantes y el Museo Arqueológico de Badajoz ha inaugurado su nueva Sala de Protohistoria con 400 piezas tartésicas.

Inversiones que miran al paisaje

La apuesta por el turismo se sustenta también en una inversión cercana a los 20 millones de euros en infraestructuras. Se han construido seis miradores experienciales en Piornal, Tornavacas, Caminomorisco, Pinofranqueado, Villamiel y Alcántara, concebidos con mínimo impacto e integración en el entorno. En estos miradores, los visitantes suelen quedarse en silencio y es que están diseñados para que el paisaje sea el protagonista absoluto.

Además, se ha reabierto el camping de Gata tras siete años de cierre y se han destinado 7,5 millones de euros a los campamentos públicos. Avanzan las reformas integrales de los campings de Talarrubias y Cuacos de Yuste, junto a actuaciones de sostenibilidad y eficiencia energética. Las hospederías de Hervás y Valencia de Alcántara han sido renovadas con inversiones de 600.000 y 1,1 millones de euros respectivamente, además de 2,6 millones destinados a digitalización y monitorización energética. Casi 3 millones se han invertido en zonas de sombra y descanso en vías verdes y caminos naturales, y 2,6 millones en playas y zonas de baño con Bandera Azul. Extremadura lidera por cuarto año consecutivo este distintivo en playas de interior, con siete de las 18 existentes en España. Además, se ha otorgado una ayuda de 15.000 euros a cada ayuntamiento con playa con bandera azul. Extremadura es la región con más kilómetros de agua dulce, con 1.500 kilómetros de costa interior. Sus balnearios, algunos con vestigios romanos como los de Baños de Montemayor y Alange, y sus cielos certificados para astroturismo completan una oferta única en Europa occidental.

Sin artificios

No debemos olvidar tampoco que Extremadura cuenta con más de 50 espacios naturales protegidos y cuatro están reconocidos por la Unesco: Monfragüe, Tajo-Tejo Internacional, La Siberia y el Geoparque Villuercas-Ibores-Jara. A ellos se suman seis monumentos naturales, espacios como la Garganta de los Infiernos o el Parque Natural de Cornalvo, y una dehesa que supera el millón de hectáreas.

Parque Nacional de Monfragüe

En la Garganta de los Infiernos, el agua cae con una cadencia que parece antigua. En Monfragüe, el cielo nocturno es tan limpio que muchos viajeros confiesan haber visto por primera vez la Vía Láctea. En la dehesa, el equilibrio entre ser humano y naturaleza se percibe en cada encina.

Si todo esto fuera poco, la región cuenta con cuatro Caminos Naturales Vías Verdes certificados como Senderos Azules, que se suman al de Orellana la Vieja. Es un paraíso para la observación de aves, con 355 especies registradas y más de 100.000 grullas invernantes.

Extremadura se ha ganado, a pulso y con paisaje, un lugar entre los mejores destinos de Europa para la observación de aves. No es una etiqueta turística: es una realidad. A lo largo del año pueden avistarse 355 especies —sedentarias, estivales e invernantes— que convierten la región en un santuario para ornitólogos y amantes de la naturaleza. Cada invierno, más de 100.000 grullas procedentes del norte de Europa encuentran refugio en sus campos, un espectáculo que no tiene equivalente en la Península Ibérica y que llena el aire de trompeteos inconfundibles. Esta riqueza ha impulsado un modelo pionero: el Club Birding in Extremadura, la primera gran red española de turismo ornitológico, que reúne a más de 150 empresas y entidades entre alojamientos, guías, agencias, fotógrafos y centros de interpretación. La región es también referente en eventos especializados como la Feria Internacional de Turismo Ornitológico (FIO), decana en España y segunda más importante de Europa, que celebrará su 19ª edición en Villarreal de San Carlos, en pleno corazón de Monfragüe. Incluso en el ámbito urbano Extremadura innova: el cernícalo primilla protagoniza Urban Birding, un producto turístico único que ha llevado a la comunidad a ser la primera en Europa en declarar Zonas de Especial Protección de Aves en pueblos y ciudades, con más de 60 experiencias diseñadas alrededor de este pequeño halcón.

Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida

Pulso cultural

El pulso cultural de Extremadura late con fuerza en sus fiestas, un patrimonio vivo que no deja de crecer. La región cuenta ya con 71 celebraciones reconocidas como de Interés Turístico —13 nacionales y 5 internacionales— y en los últimos años ha incrementado de forma sostenida la inversión pública destinada a ellas: 216.291 euros en 2023, 304.800 en 2024 y 341.800 en 2025. La Semana Santa de Badajoz ha alcanzado la categoría de Interés Turístico Internacional y la de Plasencia la de Interés Turístico Nacional, mientras que cuatro nuevas festividades se han sumado al catálogo regional: la Feria de la Castaña de Cabeza la Vaca, que cada noviembre convierte al pueblo en un homenaje gastronómico al fruto; la Fiesta del Almendro en Flor de Garrovillas de Alconétar, que celebra la floración con rutas, romerías y actividades en la naturaleza; las Coles con Buche de Arroyo de la Luz, que reivindican la cocina tradicional cada febrero; y la Feria Agroalimentaria de Valdefuentes, donde queso, jamón, vino, dulces y aceite se convierten en protagonistas de un fin de semana de música, rutas y exposiciones. Las ayudas también crecen: las fiestas nacionales pasan de 4.000 a 6.000 euros y las internacionales de 25.000 a 35.000, mientras que las regionales mantienen su dotación de 2.200 euros. Un impulso que reconoce lo que ya saben quienes las viven: que en Extremadura la tradición se conserva y se celebra.

La historia de Extremadura no se conserva en vitrinas. Basta caminar por Cáceres, Mérida o Guadalupe —tres enclaves Patrimonio Mundial— para entender cómo la piedra, la luz y el silencio conviven desde hace siglos. La región es un palimpsesto donde conviven huellas romanas, visigodas, judías, árabes y cristianas, y donde cada pueblo guarda una sorpresa: la Ermita del Ara, conocida como la ‘Capilla Sixtina extremeña’; el diminuto convento de El Palancar, que obliga a bajar la voz y casi la respiración; el arco romano de Cáparra, único en España; o la Basílica de Santa Lucía del Trampal, que resiste como un milagro visigodo en mitad del paisaje.

Celebración del Festival Womad en Cáceres

La cultura aquí no solo se exhibe. Festivales como el Womad, el Irish Fleadh, el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida o el Stone & Music convierten el patrimonio en escenario vivo, donde la música y el teatro se mezclan con la historia sin necesidad de artificios. En Extremadura, cada evento es una forma de habitar el pasado desde el presente.

Extremadura sigue, además, consolidándose como un plató natural para el cine y las series. Su diversidad de paisajes, su luz limpia y su patrimonio intacto han atraído rodajes como ‘Los Relatos’, filmado en varios pueblos de La Vera, o ‘Día de caza’, además de superproducciones internacionales como ‘Juego de Tronos’ y ‘La Casa del Dragón’. Los equipos coinciden en lo mismo: la luz extremeña tiene una cualidad cinematográfica difícil de encontrar en otros lugares, una mezcla de claridad y textura que convierte cualquier plano en una escena memorable.

En definitiva, Extremadura no solo se presenta como un destino, sino como una forma distinta de habitar, con plena consciencia, el tiempo y el lugar. Un territorio que se construyó desde la calma, y es así como debe disfrutarse su experiencia. Y es ahí, en ese silencio lleno de vida, donde reside el verdadero lujo.

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