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ENTREVISTA | Trabajador migrante que ha denunciado una trama de explotación en Galicia

“Querían estafar a mi compañero, quitarle su dinero y que se marchase del trabajo. Lo hacían con todos, porque se quedaban el dinero pero nunca había papeles”

Lugar de Empalme, en la parroquia de Arxeriz, en el Ayuntamiento de Tordoia, donde el empresario detenido tiene una de sus naves.

Daniel Salgado

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Este trabajador migrante es una de las nueve personas que han denunciado a un empresario gallego dedicado al agro y al que la investigación de la Guardia Civil acusa, entre otros presuntos delitos, de detención ilegal, tenecia ilícita de armas o atentado contra los derechos de los trabajadores. El hombre, que prefiere mantenerse en el anonimato, relata como el patrón lo intentó involucrar en la violencia contra uno de sus compañeros, pero se negó y ayudó a la víctima a iniciar unas acciones legales a las que por el momento se han sumado otros siete jornaleros.

¿Cómo empieza a trabajar para este empresario?

Pues a través de las redes sociales. Vi un aviso en Milanuncios de que buscaban un peón agrícola. Así contacté con él. En el anuncio decía que los interesados le hablasen por whatsapp. Así lo hice.

¿Cuándo fué?

Este año, hace como tres meses, durante la pandemia. Lo primero que me explicó el empresario es que, para darme trabajo, me cobraba por la gestión de papeles.

Una vez contratado, ¿qué labores realizaba usted?

Plantaba pimientos, cebollas o lechugas. Preparábamos un sistema de regadío. O retirábamos piedras de los terrenos en los que después plantábamos.

¿Cuántas personas trabajaban con usted?

El día en que comencé, un martes, había otros tres empleados. Más tarde llegaron otros tres, que venían con el jefe.

¿En qué momento se da cuenta de que pasan cosas extrañas?

Un domingo, sobre las ocho de la tarde, el jefe me avisa de que al día siguiente no se trabaja, porque es festivo. Yo le digo que de acuerdo, pero que cualquier otra cosa, que me avise. Entonces me contesta: “Tengo un trabajo ahora, y vas a ganar un dinero. Te pasamos a recoger”. Yo creí que era un trabajo legal, pero no. El jefe y otro hombre me vienen a buscar. Subo a la furgoneta, paramos en un lugar y me cuentan que van a cobrar un dinero que le debían y que yo debía ir como apoyo. Entonces vamos a un bar, donde se une otra persona. Ellos ya van muy ebrios. Conducen hasta un hotel y allí está un muchacho, marroquí, que yo aún no conocía.

¿Qué sucede?

Nada, porque el empresario y los otros iban muy ebrios. El muchacho se da la vuelta y se mete en el hotel. Nosotros regresamos a Santa Comba (A Coruña), ya de madrugada, y allí me dejan. Pero el lunes vuelven a donde yo vivía y me dicen que suba a la furgoneta para ir a cobrar una deuda. Me dicen que es el mismo dinero y le digo que no, que me dejen bajar. Volví caminando.

¿Entonces?

El martes llega otra vez el empresario en la furgoneta, pero al lugar de trabajo. Con él venía la persona que habíamos visto en el hotel. Traía sus maletas. Nos llevaron a otra finca a sacar piedras. Allí conozco al muchacho [Ayad, nombre ficticio] y hablamos. Al terminar la jornada, el jefe viene a recogernos en la furgoneta, de nuevo acompañado de los dos hombres del domingo. Me vuelve a mencionar lo que planeaba, que lo iban a sentar en una silla para castigarlo y que se fuera. Paramos en un bar y allí les digo que yo no pensaba participar. Ellos se marchan con Ayad, pero desconozco lo que pasó.

¿Cuándo descubre los hechos?

Al día siguiente llamo al muchacho y me dice que está con mucho dolor, que lo han golpeado. Lo tenían planeado. Querían estafarlo, quitarle su dinero y que se marchase del trabajo. Lo hacían con todos, porque se quedaban el dinero pero nunca había papeles.

¿Es en ese momento cuando decide presentar la denuncia?

Sí, yo le dije a Ayad que tenía que denunciar, porque era injusto. Y el jueves fuimos a poner la denuncia.

Durante sus jornadas laborales, ¿no había sospechado de nada?

Nos decían que no comentásemos nada del trabajo. Pero ya desde el principio notaba algo. Yo estoy en un proceso de protección internacional, y si me hacen un contrato puedo firmarlo y trabajar sin ninguna gestión ni gasto, legalmente. Se lo dije al empresario y me dijo que dejase de andar con la policía, que no quería que apareciese la policía. Y yo sospeché, porque si la empresa es legal, ¿de qué se va a preocupar?

¿Llegó a sentir miedo en el trabajo?

No. Solo veía cosas raras, pero con precaución, seguía trabajando. Después de lo que sucedió con Ayad, ya no me volvieron a llamar. Él jefe sabía donde yo vivía y ahí sí que tuve un poco de miedo.

¿Ha cobrado algo por el trabajo realizado en las fincas?

Nada, no cobré nada.

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