Acusan a la Xunta de desviar personal de extinción a tareas de limpieza para cobrar fondos europeos
Las críticas al recorte en el número de efectivos destinados a los trabajos de prevención y extinción de los incendios forestales, y las denuncias de “fragmentación” y “descoordinación” del dispositivo tienen un nuevo argumento. El personal de la empresa pública Seaga acaba de señalar que a lo largo de todo el verano (estos trabajadores están contratados durante julio, agosto y septiembre) una parte importante de sus efectivos, que tienen las funciones de vigilancia y extinción, fueron desviados para otra función bien distinta: trabajos forestales de desbroce y limpieza. Este tipo de trabajos normalmente se realizan fuera de los meses de alto riesgo de incendios, pero desde hace dos años en Galicia no se hacen labores de prevención.
¿Por qué, entonces, se destina una buena parte de la jornada laboral de los 500 trabajadores de Seaga a labores de desbroce en pleno mes de julio o agosto? Peter Brea, representante del comité de empresa, denuncia que el objetivo es “limpiar el número de hectáreas requeridas por la Unión Europea para cobrar una subvención”. Se trata de un fondo europeo destinado a pagar trabajos de prevención mecanizados en el monte, ejecutado a través de convenios que la Xunta firma con Seaga y otras empresas y también con los propios ayuntamientos. Desde el sindicato CIG afirman que desconocen el montante total de esta ayuda, “por la fragmentación del dispositivo”, pero en el convenio firmado por Seaga, se pagan 20 mil euros por cada cinco hectáreas desbrozadas.
El problema es que este fondo europeo está pensado para pagar los trabajos de prevención que habitualmente se hacen en invierno, pero que en Galicia no se realizan desde hace dos años. La Xunta corre el riesgo de perder esos fondos asignados, y por lo tanto obliga el personal de extinción a hacer este trabajo en verano, descuidando sus funciones reales. Peter Brea, de Seaga, subraya que “nosotros queremos desbrozar todo el año y no en época de máximo riesgo. Las tareas de prevención son fundamentales porque los fuegos del verano se apagan en invierno. Nosotros lo tenemos claro y no entendemos que se hagan trabajos forestales en época de máximo riesgo”.
Esta práctica tiene notables consecuencias negativas, para los trabajadores y para las labores de extinciones, como explica Brea: “hay gente que está desbrozando durante cinco o seis horas seguidas, y que después tiene en un momento que cargar las máquinas en el coche, y arrancar en dirección a un fuego. Con el peligro que eso supone, con las máquinas calientes y llenas de gasolina”. Además “están obligando a las brigadas a cambiarse en el monte”, añade Brea, que señala que se está trabajando “incluso en circunstancias extremas”, de esas que se definen con el 30-30-30 (más de 30 grados de temperatura, más de 30 kilómetros por hora de viento, y menos de un 30% de humedad). “Se ha producido ya un caso de un trabajador en Xunqueira de Ambía que provocó un fuego con la desbrozadora y está imputado, cuando él estaba obligado a estar trabajando en esas condiciones”, relata.
Este doble trabajo al que la Xunta está obligando al personal de extinción también provocó que en muchas ocasiones no hayan podido acudir a luchar contra algunos incendios: “En todo el país hubo casos de fuegos que no fueron atendidos en ningún momento por los servicios de extinción: en Ameixenda, en Bertamiráns, en Ordes... Allí fueron los vecinos los que los apagaron, fuegos que estaban muy cerca de las casas, fuegos que tenían que haber sido declarados de nivel 1. Los vecinos tuvieron que apagarlos con ramas y con cubos de agua”. Brea también apunta que en ocasiones, por la falta de efectivos disponibles “nos tuvimos que desplazar los tres turnos de las brigadas del distrito 2, de A Coruña, para apagar los fuegos en Cualedro, Ourense, Oia, Boiro o Ribeira”.
Los trabajadores también subrayan el “sobresfuerzo” y el “exceso de horas trabajadas”, muy perjudicial a la hora de enfrentarse con el fuego, y recuerdan que son los trabajadores de tierra los que han apagado la mayor parte de los fuegos: “La UME no apaga los fuegos. Se han dado casos de que hay en la carretera miles y miles de litros de agua y que no llegan a apagar el fuego, porque no salen de la carretera, porque no entran en el monte”, señaló Brea.
El personal de Seaga también llama la atención sobre la circunstancia de que la empresa ha obligado a los trabajadores a coger sus vacaciones en medio de la campaña de máximo riesgo, “algo contra lo que protestamos desde el personal”, dicen, “no puede ser entendible que a lo largo del mes de agosto, de los 500 trabajadores siempre hubiera 80 de vacaciones obligadas”. La razón, dice Paulo Rubido (CIG), es que la empresa pública no quiere ampliar los contratos una semana en octubre (la mayor parte terminan entre lo 5 y el 7 de octubre) ni pagar estos días libres.
La CIG le pide a la Xunta que “explique las condiciones que tienen que cumplir para cobrar este fondo europeo”. Estos trabajos de desbroce, realizados por el personal de extinción, están realizándose a un ritmo acelerado a lo largo del mes de septiembre, pues tanto la Xunta como los ayuntamientos están muy por detrás del número de hectáreas proyectadas, por haber comenzado estas labores en el mes de julio. Seaga llegó a contar con 2.300 trabajadores contratados todo el año, que hacían prevención en invierno y vigilancia y extinción en verano. Ahora sólo se contrata a 500 personas durante tres meses al año y, a priori, únicamente para realizar tareas de extinción. A priori. “Los fuegos se apagan en invierno”, recuerda Peter Brea, que concluye que “para luchar de verdad contra los incendios tenemos que cambiar este tipo de situaciones y tener sentido común, que es lo más importante en el monte”.