Paternalismo y aporofobia en la primera entrega de pisos de la Xunta en Santiago en 19 años: “Cuídalo como si fuese tuyo”
Dos docenas de personas sonríen a la cámara desde una tarima. Hay jóvenes, mayores, personas racializadas. La mayoría son mujeres: dos cubren la cabeza con velo, una portea un bebé, hay otra que va en silla de ruedas. Casi todos muestran en su mano las llaves de alguno de los 24 pisos de alquiler social que la Xunta acaba de entregarles. Entre quienes no lo hacen están el presidente gallego, Alfonso Rueda, y la conselleira de Vivenda, María Martínez Allegue. El gobierno autonómico es la única administración presente en el acto, lo que provocó la indignación de la Delegación del Gobierno, que cofinancia a través de los fondos Next Generation tres de las promociones impulsadas en Santiago de Compostela casi 20 años después de la apertura de las últimas viviendas protegidas. Tras ver las imágenes, es posible que hayan agradecido lo que horas antes les parecía una falta de “respeto institucional”. Para las entidades sociales, este tipo de actos “a los que es muy difícil negarse” pueden “fomentar discursos aporofóbicos”.
Los beneficiados –entre los que hay 9 menores de 36 años, para los que se reservaron el 40% de las plazas– salieron del registro oficial de demandantes de vivienda pública. Más de treinta mil personas siguen inscritas en él, unas 2.000 con la capital gallega como prioridad. Un speaker pronunciaba su nombre y el número y el portal de su nueva casa para que recogiera las llaves de manos de Rueda y Allegue. En la primera fila, el portavoz del PP en el Parlamento, Alberto Pazos, sonreía y aplaudía como si fuese uno de ellos.
“Lo único que os pedimos es que seáis conscientes del esfuerzo que hacen todos los gallegos –esto está pagado con impuestos de todos los gallegos– y que las cuidéis como si fuesen vuestras casas porque van a ser vuestras casas”, les solicitó Rueda desde el atril antes de defender que “vivienda pública no es vivienda de mala calidad, es vivienda digna porque es para personas que son dignas”. Lo hizo con tanto ímpetu que acabó enredado en un requiebro rajoyesco en el que poco le faltó para enmendarse a sí mismo: “Dijimos que íbamos a hacer muchas viviendas, pero yo prefiero hacer menos viviendas, si es necesario –que no va a ser, vamos a cumplir lo que dijimos–, y que sean viviendas que desde el primer día hagan honor a las personas que vais a vivir allí”. Y todo porque tienen aerotermia y paneles solares.
No sólo los impuestos de los gallegos han sufragado los 4,6 millones de euros que ha costado esta remesa de pisos. 600.000 euros proceden de Europa, de los fondos del Mecanismo de Recuperación y Resilencia (MRR, los conocidos fondos Next Generation) y fue el gobierno quien decidió dedicarlos a esta promoción dentro del Programa 6 del Plan de Recuperación, que prevé 20.000 viviendas sociales en todo el Estado y 1.169 en la comunidad autónoma. En concreto, el ejecutivo destina 2,3 millones de euros a tres promociones en Santiago que sumarán un total de 60 pisos.
No “exponer” a los beneficiarios
Xoán Bascuas fue el delegado de la Consellería de Vivenda entre 2005 y 2009, durante el gobierno de PSOE y BNG que separó los 16 años de Fraga de los 17 que ya suman Feijóo y Rueda. Hasta este martes, según recordó, él había sido el último en entregar pisos protegidos en Santiago, en el año 2007. Después de ver la escenificación de la Xunta, escribía en la red social X: “En el maldito bipartito, la entrega de viviendas públicas era un acto privado. No se exponía públicamente a los beneficiarios”.
“Conviene preguntarse hasta qué punto existe verdadera libertad para rechazar una ceremonia de este tipo cuando quien acaba de recibir una vivienda es convocado a un acto encabezado por las máximas autoridades autonómicas”. Es la reflexión que hace Carla Leiras, portavoz de As Ninguéns, el foro socioeducativo vigués contra la probreza y la exclusión. “Aunque la asistencia no sea jurídicamente obligatoria, existe una evidente asimetría entre la Administración que adjudica la vivienda y la persona que acaba de recibirla”. Por eso reclaman a las instituciones que “extremen la sensibilidad”
“Hay una elevada sobrecomunicación”. El director de EAPN Galicia, Xosé Cuns, se siente claramente incómodo con performances como la de este martes porque “pueden fomentar discursos agorafóbicos”. Critica que en estos actos “se expone a personas que llevan años esperando, intentando hacer publicidad como si fuese una concesión, una gratuidad” cuando lo que se les está concediendo es “un derecho que debería haberse cumplido hace quince años”. “Con el retraso que llevamos, que durante lustros apenas se construyó ninguna vivienda pública, un poco de prudencia y humildad estaría bien; tanta sobreactuación puede ser contraproducente”.
“Transmite una imagen triunfalista de la política de vivienda que no se corresponde con la realidad que viven muchas personas”, coinciden As Ninguéns. “Nos incomoda especialmente el formato elegido: una ceremonia pública, la subida de las personas adjudicatarias a un escenario, presencia de cámaras y una amplia exposición mediática”. Leiras, compara la alegría de los beneficiarios con “una lotería”, lo que para ella prueba la existencia de una “enorme necesidad habitacional”.
Como a ella, más allá de lo criticable del acto, a Cuns también le preocupa el fondo. Dicen haber detectado “no un frenazo, pero sí una desaceleración” en los compromisos de Rueda. “Nos sorprendió mucho que, si se compromete a duplicar el parque público hasta 2028 –de 4.000 a 8.000 viviendas–, lo lógico y lo que esperábamos sería duplicarlo de nuevo hasta 2032, pero sólo anunció 2.000 viviendas más hasta 2030”. A eso suman la falta de “avances” en otro tipo de respuestas que no pasan por la construcción: viviendas de emergencia, alternativas al chabolismo y la infravivienda o medidas inmediatas de acceso a un techo.
Este análisis coincide con el del Sindicato da Vivenda de Compostela, que ha sido quien ha convocado acampadas como la celebrada en la estación intermodal de la ciudad. Para ellos, “usar como un escaparate político un momento que debería ser privado” resulta “irrespetuoso”. Aún así, del acto se quedan, sobre todo, con dos frases de Rueda que “reflejan su falta de conocimiento de la realidad en la que vivimos muchas personas de alquiler y una ceguera que puede ser acciental o intencionada”, aseguró a elDiario.es Dani González, uno de sus portavoces.
González se refería a las palabras del presidente de la Xunta a los beneficiarios de los alquileres que fueron destacadas por los medios: “Hay dos maneras de afrontar esto [el problema de la vivienda]: teorizar, hablar mucho, dar soluciones que nunca se cumplen o ésta que es la que preferimos nosotros, que es ir construyendo poco a poco hogares y oportunidades para todo el mundo”. Es decir: ninguna solución que no pase por más ladrillo.
“Esta perspectiva de avance progresivo de construcción no nos parece adecuada a la emergencia que estamos viviendo. Sean 24, sean cien o sean mil, la situación no permite medidas tibias y progresivas: necesitamos medidas ya”. Por eso, a Cuns también se le encendieron las alertas cuando no se incluyó a ninguna entidad del tercer sector en el llamado “segundo pacto por la vivienda”. Está convencido de que eso pone en cuestión su carácter social. “Rueda puede decidir mirar para otro lado, pero le va a costar mucho ignorar las demandas sociales de toda la ciudadania que se está movilizando”, concluye González.
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