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La fortaleza organizativa del PP convierte Galicia en territorio inexpugnable para Vox y Ciudadanos

El líder de Vox, Santiago Abascal

Daniel Salgado

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Ni Ciudadanos ni Vox han conseguido, hasta ahora, arraigar en Galicia. A juzgar por los datos de la encuesta de Celeste-Tel para eldiario.es, tampoco lo harán el próximo 5 de abril. Según la proyección del sondeo, la candidatura de Beatriz Pino se quedará en el 1,3% de voto. La extrema derecha de Vox, en el 2,9%. Las otras derechas no acaban de encontrar tierra fértil en la única comunidad autónoma con mayoría absoluta del PP.

“Existen razones físicas y psíquicas que lo explican”, considera el catedrático de Ciencias Políticas Xosé Luís Barreiro Rivas, “las físicas son que la organización del Partido Popular cubre muy bien el terreno, con independencia de crisis puntuales”. 2016 fue la primera vez en que Ciudadanos se presentó a las elecciones gallegas. Obtuvo el 3,4% del voto, frente al 47,6% del PP.

“Las psíquicas, o mejor dicho, psicológicas, tienen que ver con que, como sociedad, somos reservados frente a contraposiciones muy acusadas. Vox no tiene audiencia aquí”, apunta. La formación ultra, en origen prácticamente una escisión de los populares, ni siquiera ha designado candidato a la Presidencia de la Xunta, aunque sí listas provinciales.

Con Barreiro Rivas coincide parcialmente el ensayista Antón Baamonde, para quien el PP “concentra el voto útil de la derecha” en Galicia. “Ante una posible coalición tripartita [de las fuerzas de la oposición parlamentaria], el voto de la derecha extrema o ultraderecha va al PP”, afirma, “aquí los ritmos son otros y el PP está muy fuerte”. Pero también difiere: “No sería tan optimista con la moderación del pueblo gallego. Es un lugar común y hay algo de cierto, pero sin exagerar. También pensé que eramos un país galleguista y se aprobó el decreto del plurilingüismo sin que pasase nada”.

Sobre la fortaleza del PP gallego, el catedrático de Políticas avanza una singular teoría. “En los inicios de la democracia, el Partido Socialista entra directamente en la cabeza del sistema. Alianza Popular, sin embargo, nace casi desde la marginación y crece a base de resistir más que UCD”, se extiende, “eso crea una cultura de resistencia en la militancia que no existe en otros partidos. Ese electorado es difícil de conquistar”.

Solo en “circunstancias atmosféricas” especiales -dice Baamonde-, las otras derechas entraron en el terreno electoral del PP gallego. Pero siempre en elecciones al Congreso. En 2015, Ciudadanos obtuvo el 9% del voto y un diputado por A Coruña. En la repetición electoral del año siguiente, bajó al 8,6% y perdió el escaño. En abril del pasado año, Ciudadanos alcanzó su techo electoral en el Congreso y el PP, su suelo. Se reflejó en Galicia, donde consiguió dos diputados y el 11,2% del sufragio. Vox el 5,3%. Los parlamentarios de Ciudadanos desaparecieron en noviembre, cuando la formación naranja se quedó en el 4,3% del voto. La ultraderecha subió al 7,8%, pero sin asientos.





“Decir que no arraigan es arriesgado”, anota Baamonde, “si la memoria no me falla, entre Ciudadanos y Vox sumaron un 11% en noviembre, un 11% de derecha dura. Pero lo extraño no es que después se concentre ese voto en el PP, lo extraño es que exista un trasvase entre el PSOE y Feijóo. Con los datos de noviembre, en que el bloque de oposición ganó por diez puntos al bloque de la derecha, Feijóo debería perder de calle. Hay que explicar por qué no lo hace, si es que no lo hace”.

Xosé Luís Barreiro Rivas vuelve a la cuestión organizativa. “Los éxitos de otras derechas nunca son grandes ni estables. Ni Jesús Gil, ni aquel de Rumasa, ni Rosa Díez, ni la Operación Roca, ni siquiera Coalición Galega. Fueron destellos pero faltaban raíces”, recuerda, “y el PP tiene una gran organización, que le permite sobrevivir en momentos enormemente complicados, para bien y para mal, como al asumir el gobierno en situaciones complicadas o con un rebrote de corrupción como este último”.

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