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Ugia Pedreira se estrena en solitario con un tratado de folk ecléctico: “Llevo una vida cruda, intensa y concentrada. Así es el disco”

Los músicos Ugia Pedreira y Pierre-Yves Rougier

Daniel Salgado


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La voz de cristal de Ugia Pedreira abre el disco Segmento Cantábrico. Evoluciona entre arpegios de guitarra acústica y un sintetizador limpio, tan habitual de las músicas del mundo. Es una balada, Ser 1 ser máis, en que resuenan los métodos habituales de la cantante. Pero nada más pasar su ecuador, la electrónica se apropia como por ensalmo de la canción. “Vivir con pocas cosas, mirarse hacia adentro, / posarse en unos ojos, pasar el día entero / mirando para la ventana”, canta en gallego Pedreira. El ritmo se acelera y emerge un bajo eléctrico. Son apenas tres minutos y medio pero avisan de lo que ahí viene: un ecléctico tratado de estirpe folk y poco respeto por las fronteras. De ningún tipo. “Llevo una vida cruda, intensa y concentrada. Así es el disco”, resume la artista para elDiario.es.

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Ugia Pedreira (Foz, 1970) entró por primera vez en un estudio en 1995. Fue cuando Chouteira, el proyecto del que hacía parte como vocalista y que practicaba auténtico y tierno folk de verbena, registró su primer disco. Veintisiete años después, firma por primera vez con su nombre. Se explica. “Una vez tuve una conversación con Eliseo Parra [investigador y renovador de la musica tradicional castellana], que se encargó de producir Folla de lata, el tercer disco de Chouteira. Él siempre me ha dado muy buenos consejos. Y me dijo: 'No tengas prisa musical, Pedreira'. Le hice caso”, ríe. El trayecto hasta llegar a Segmento Cantábrico (2022) fue demorado y pródigo en aventuras.

“Me he liado con muchos músicos. Nunca me vi líder de nada. Ni soy de poner mi nombre en grande sobre el escenario, como haría Janis Joplin. Me ha interesado más compartir”, relata. Además de Chouteira, que dejaron tres obras entre lo más señalado y popular del bum del folk gallego de los 90, Pedereira cantó con Marful, en que la tradición se arrimaba a las primeras bandas de jazz de salón. El único elepé de Ecléctica Ensemble (2008), con Ramom Pinheiro o Nacho Muñoz, queda para el canon como uno de los primeros y más audaces cruces entre músicas gallegas de raíz y la experimentación electrónica. Con Nordestinas, junto a Guadi Galego y el pianista Abe Rábade, se acercaron al sonido ECM con el mar como núcleo temático. “Quizás esta vez me sentí menos niña”, asegura, “la gran diferencia es que, en este disco, todas las decisiones las he tomado yo”.

Pedreira recuerda que el estudio de grabación no era su lugar preferido. “Solía padecer experiencias traumáticas”, dice. Sin embargo, para Segmento Cantábrico acabó convertido en una herramienta más. “Gracias a Pierre [Yves Rougier, responsable de los arreglos del disco], lo usé de manera más experimental. Me ha gustado esta cocina”, añade. Con ese factor, un regreso a la investigación en la guitarra —“mi primer instrumento”—, las tertulias musicales con Roger o los gustos musicales de su hija Luna, construyó un disco difícilmente reducible a etiquetas, más allá de su propia voz, las sonoridades músicas del mundo, cierta producción normativa y el “gusto por la declamación, por el recitado”.

“Mi disco de folk más claro y transparente”

Lo que el cronista percibe como cierta distancia con el folk, tal vez la mayor de entre todos sus proyectos, no es compartido por la autora. “Es mi disco de folk más claro y transparente”, afirma sin dudarlo, “yo soy la trovadora. Está repleto de pequeñas estrellas o focos de luz. Armonías, escalas, modos, de músicas del mundo: country, melodías del este de Europa, por supuesto la gallega...”. Incluso se atreve a elegir definición, folk progresivo. “Tiene un punto de pensamiento y análisis. Pierre y yo somos muy pensadores sobre la música”, señala. Esa reflexividad la traslada al directo. Uno de sus últimos conciertos, en Vitoria-Gasteiz (Euskadi), adoptó la forma de repertorio comentado. “Segmento Cantábrico también se entiende desde un punto de vista antropológico, arqueológico o político”, sostiene.

Pero en ese laboratorio de variaciones sonoras, en que los pies mojados en el mar, el ruido del motor de un barco o las ondas físicas emitidas por un tambor percutido forman parte del magma del disco, hay otro elemento fundamental para explicar el eclecticismo. “Me aburro rápido de mí misma y de las cosas que escucho”, afirma divertida, “en el disco casi no hay estribillos. Obedece a la paleta emocional de un día en mi vida”. Que suele estar atravesado por la poesía. Además de los textos de confección propia, Pedreira se apoya en poemas de Rosalía de Castro, Curros Enríquez —el célebre Os teus ollos, con música de Castro Chané— o Carvalho Calero. “Este trabajo es también una oda a la palabra y a sus estratos geológicos, como en las piedras”, dice. El libreto incluye las letras y otros cinco poemas de su propia autoría.

Ugia Pedreira, su pareja Pierre-Yves Rougier y su hija Lúa residen en Castropol, en una comarca gallegohablante de Asturias. Con Galicia, Euskadi y la Bretaña, esos son los puntos cardinales de lo que reivindica como Eixo [eje] Cantábrico y que considera fundamentales para comprender la densidad de Segmento Cantábrico. “Entiendo que para los gallegos, el Eixo Atlántico sea la espina dorsal. Para mí no. Y preciso de ese desplazamiento para componer”, aduce. El centro del mundo es siempre relativo y a veces es mejor carecer de brújula. Pedreira, en todo caso, ayuda a orientarse con la advertencia del inserto del disco: “Esta es la primera travesía de mi pensamiento basal, una propuesta de arquitectura sonora hecha poema, spoken y canción”.

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