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Entrevista

Anna Todd: “No leo libros escritos por hombres”

La autora de la saga 'After' ha participado este sábado en el Festival Literatura Expandida de Magaluf.

Pablo Sierra del Sol

Mallorca —

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La texana Anna Renee Todd cruza vestida de negro el patio de uno de los hoteles donde se celebra la sexta edición del Festival de Literatura Expandida de Mallorca (FLEM). A su alrededor, turistas en chanclas desafían un cielo lleno de nubarrones. Amenaza temporal y la estampa, tan típica del último suspiro de la temporada turística, es el reverso de la isla de puestas de sol y albas idílicas donde esta escritora ha ambientado The Last Sunrise.

Publicada el año pasado por Planeta Internacional –en castellano bajo el título Sunrise: el último amanecer y adaptada rápidamente al cine por Amazon–, es el último libro de una de esas autoras que cualquier editor querría tener en su catálogo para darse el lujo de publicar literatura menos comercial sin estar demasiado pendiente del balance contable. Todd, sin alcanzar los cuarenta, ya ha vendido doce millones de ejemplares. En gran medida, porque con poco más de veinte se sacó de la manga una de las sagas románticas que más éxito han tenido dentro y fuera de Estados Unidos: After.

¿Cómo descubrió Mallorca?

Siempre que he venido a España por motivos editoriales me he encontrado muy cómoda. Estando en Barcelona, mi editor me dijo: “Conociendo tu carácter creo que te sentirías muy bien en Mallorca”. Soy una persona calmada y me encantan la comida y los lugares con mucha riqueza cultural. Así que decidí venir de vacaciones hace unos años.

La lista de escritores forasteros que han vivido o pasado por la isla es infinita. Para algunos, como Robert Graves o Ana María Matute, Mallorca fue un refugio. ¿Aquel viaje la inspiró para ambientar aquí una novela?

La idea vino antes del viaje, de una escena que imaginé en un barco bajo el cielo más bonito que hubiera visto jamás. Cuando me planteo una novela siempre parto de una imagen muy concreta, no de un plan específico –quizás por no haber tenido una formación formal como escritora. Además, quería que el siguiente libro estuviera ambientado en el extranjero, sin dejar de ser una novela romántica. Eso, unido a que el turismo me parecía un buen telón de fondo para la trama, me llevó a Mallorca. Y sí, cuando empecé a documentarme para la novela, vi que –además de encantarle a los alemanes– por esta isla también habían pasado muchos escritores. 

¿Fue una documentación larga? Aunque El último amanecer utilice todas las fórmulas del best seller, aparecen hasta eslóganes –como menys turisme, més vida– que se muestran en las marchas contra la masificación turística. La trama amorosa no es ajena al debate social que se está produciendo en Mallorca.

Cuando viajo me gusta enterarme de cuál es su fuente de ingresos, el principal sector económico, del sitio adonde voy. En el caso de Mallorca, vi que había muchos residentes cuestionándose si la manera de vivir en la isla tiene sentido por los precios de la vivienda o los atascos en las carreteras. Era la única manera de desarrollar el argumento de la novela que quería escribir. Leí artículos que trataban el tema en la prensa americana y, también, en la prensa local de Mallorca. Me documenté todo lo que pude… y es todo un tema.

En el caso de Mallorca, vi que había muchos residentes cuestionándose si la manera de vivir en la isla tiene sentido por los precios de la vivienda o los atascos en las carreteras

El norteamericano –porque habría que incluir también a los canadienses– es un mercado turístico al alza en las Illes Balears. Gasta mucho, pero también gentrifica más que otros turistas europeos. Y puede llegar sin escalas desde Montreal o Nueva York. Dos de los personajes principales de su novela, Isolde y Ry Pera, son una madre y una hija que aterrizan en el jet privado de una cadena hotelera para pasarse el verano montando, en teoría, eventos benéficos en un exclusivo alojamiento situado en la costa. Esa premisa, si se conoce un poco cómo está funcionando un sector de la hotelería mallorquina, no parece descabellada. ¿Qué imagen se tiene de la isla en Estados Unidos?

Mallorca se ha convertido en una moda para ciertos estadounidenses que antes tenían idealizado el sur de Francia. Empecé a notarlo hace cuatro o cinco años. Muchas personas de mi entorno sintieron la necesidad de visitar esta isla. Y lo están haciendo.

Mallorca se ha convertido en una moda para ciertos estadounidenses que antes tenían idealizado el sur de Francia. Empecé a notarlo hace cuatro o cinco años. Muchas personas de mi entorno sintieron la necesidad de visitar esta isla. Y lo están haciendo

En cambio, el personaje masculino, al que ha bautizado como Julián García, es un joven moreno, bronceado y con un puntito canalla que parece encarnar un cierto cliché de latin lover. Me ha parecido una versión júnior del personaje que se construyó Julio Iglesias durante la maratoniana campaña de promoción que precedió a su primer disco grabado en inglés, allá por los ochenta.

Presentar a Julián García con esa apariencia fue intencionado. He escuchado tantas veces la frase “voy a ir a España (o a Italia o a Francia) y encontraré el amor de mi vida…” que quería reírme un poco de ese estereotipo. Creo que es interesante señalar que esa imagen que proyecta es sobre todo la que percibe Ry la primera vez que lo ve, en una playa.

Luego va evolucionando según avanza la trama, es cierto. Algo que comparten ambos, Julián y Ry, es una relación de amor-odio respecto al turismo.

Julián trabaja con su padre en una empresa de distribución de pescado: se levantan a las cuatro de la mañana y se van a dormir a medianoche, no dejan de trabajar, ganan dinero, mucho dinero…

Pero le venden el pescado que capturan al mismo hotel que les contamina el mar con sus vertidos.

Es fácil pasar por el mundo diciendo “¡qué cool!”, pero se trata de una visión engañosa porque la realidad es más compleja. Eso quería que reflejara la novela.

Ry, en cambio, goza de los privilegios de ser la hija de una poderosa ejecutiva, pero se siente a la vez en una cárcel, enganchada a TikTok e Instagram, y controlada por una madre adicta al móvil. Su carácter, sin embargo, transpira una inocencia que irá perdiendo poco a poco. Yo me pregunto, ¿se puede seguir siendo inocente a los veintitrés años en esta sociedad hiperconectada a las redes sociales?

La adicción a las redes que sufren varias generaciones me sirvió también para contraponer a los personajes principales: Ry las usa y está pendiente de ellas, de ver qué hacen los demás y de sacarse selfies. Julián, en cambio, resuelve crucigramas en revistas de papel. Pero respondiendo a tu pregunta, creo que sí, que es difícil mantener la inocencia en estos tiempos. Basta llevarte la mano al bolsillo para ver… ¡Un bombardeo por aquí! ¡Un accidente de coche por allí! ¡Una violación! ¡Tensión geopolítica! Esos vídeos o mensajes cortos los ve cualquiera al abrir una red social, da igual su edad.

La escritora estadounidense ha presentado en Mallorca su última obra, 'The Last Sunrise'

Atraviesan nuestras vidas. La moldean.

No puedo contar demasiado, pero la novela que estoy escribiendo ahora mismo transcurre en un instituto. Aunque se trate de un centro muy exclusivo, y eso me dé la oportunidad de que el uso de los móviles estuviera prohibido, el efecto que tienen las redes sociales en la juventud no lo podía obviar, y me está impidiendo tratar a los protagonistas de la trama como si fueran niños.

La novela que estoy escribiendo ahora mismo transcurre en un instituto. Aunque se trate de un centro muy exclusivo, y eso me dé la oportunidad de que el uso de los móviles estuviera prohibido, el efecto que tienen las redes sociales en la juventud no lo podía obviar, y me está impidiendo tratar a los protagonistas de la trama como si fueran niños

Sin ánimo de fastidiarle la lectura a nadie, la enfermedad es un fantasma que sobrevuela su último libro. Su hijo Asher está diagnosticado de complejo de esclerosis tuberosa, un trastorno que provoca la aparición de tumores benignos. La función de los órganos vitales se complica y aparecen ataques de epilepsia. Como madre, ¿fue sanador escribir desde el punto de vista de una persona enferma?

Sin duda lo fue. Mi hijo es, además, autista (una condición que comparte con muchos artistas), y tiene una capacidad mental superior a la mía. Y va creciendo. Su físico es el de una persona de quince años, pero su cerebro, de alguien de treinta y cinco. Para incluir en la trama de El último amanecer una enfermedad parecida no tuve que investigar demasiado porque forma parte de mi vida. Cuando, hace quince años, me dieron el diagnóstico sentí que lo que le ocurría a mi hijo era culpa mía. Después, me divorcié y tuve que aprender a llevarlo sola. Afortunadamente, en una sociedad que todavía no estaba tan hiperconectada, pude conocer a personas y a otras familias con el mismo diagnóstico, charlar con ellas, compartir vivencias. Esa red me ayudó a entender lo que estaba pasando.

Para incluir en la trama la esclerosis tuberosa no tuve que investigar demasiado porque forma parte de mi vida. Cuando, hace quince años, me dieron el diagnóstico sentí que lo que le ocurría a mi hijo era culpa mía. Después, me divorcié y tuve que aprender a llevarlo sola

Hay una escena que transcurre en un hospital mallorquín. ¿Cómo se ve desde los Estados Unidos los sistemas de salud pública de Europa y, especialmente, el de España?

Es completamente distinto. Aunque cuentes con un buen seguro, allí todo es más caro. Se lucha a diario para conseguir medicación, se invierte muchísimo dinero. Creo que no tiene sentido si lo comparas con el sistema español, donde sólo tienes que ir al médico para que te hagan una receta. Para ser sincera, en los últimos años me he dado cuenta de que cualquier país del mundo tiene un sistema sanitario mejor que el nuestro.

En los últimos años me he dado cuenta de que cualquier país del mundo tiene un sistema sanitario mejor que el nuestro

Al principio de El último amanecer encontramos una lista de reproducción, diría que cien por cien pop: de Ariana Grande a Taylor Swift, pasando por Maroon 5 y, por supuesto, Harry Styles. ¿Es el pop una pócima contra el desamor?

¡Adoro el pop desde que era una niña! Estuve obsesionada por los Backstreet Boys, luego por NSYNC, después por One Direction… Y, claro, por Britney Spears. Me gusta también el indie, pero siempre vuelvo al pop, sobre todo en los malos momentos. Entonces, necesito escuchar algo alegre. Mi madre murió en mayo y, cuando pensaba en ella, ponía a Justin Bieber para que no me afectara.

Las vidas de muchos de esos cantantes pop –más allá de las carreras, la popularidad y la fama– que hemos mencionado suelen ser trágicas. Novelescas, por haber sido ídolos fast food cuando eran muy jóvenes. No hay tanta diferencia entre los sufrimientos de Marilyn Monroe y Britney Spears, por ejemplo.

El pop perdura más de lo que nos pensamos. Ahora parece que vuelve a haber más niños y adolescentes que nunca interesados en la música de Michael Jackson. Y es que sus canciones eran buenísimas, fue una de las grandes voces de su generación; es imposible negarlo, pese a los problemas que tuvo a lo largo de su vida o las dudas que sintiera sobre el color de su piel o su identidad. Creo que lo mismo ocurrirá con Justin Bieber. Aunque haya estado incluso en la cárcel [por conducir bajo los efectos del alcohol] no deja de ser el chico de once años que tenía una gran voz y se grababa en su casa tocando varios instrumentos para subir unos vídeos increíbles a internet. Si escuchas con atención sus letras, o las de Ariana Grande, quizás te parezcan interesantes y puedas llegar a apreciarlas. Creo que, gustos musicales aparte, son canciones más inteligentes de lo que aparentan.

Como Madonna, ¿puede hacerse mayor una estrella pop?

Me parece que, conforme avanza el tiempo y sus fans envejecemos, más nos preguntamos –y más respeto tenemos– por la salud mental de quienes fueron nuestros ídolos juveniles. Odio que se pase por alto los efectos que tiene la fama instantánea que estas personas disfrutaron siendo todavía inmaduros.

La primera parte de la saga After explotó gracias al apoyo que le dio la comunidad de fans One Direction, de la que usted formaba parte. Pero, desde entonces, la firma de Anna Todd se ha convertido en una marca con poder propio. Ha vendido la friolera de doce millones de ejemplares de sus novelas. ¿Cómo llevó la pérdida del anonimato, ser consciente de que disponía de una legión de lectores tan grande?

Cada vez que lo pienso me pone los pelos de punta. Porque, en realidad, yo no he dejado de pertenecer a diferentes fandoms. Para mí, es imposible acostumbrarme a que me digan en una firma de libros o en un encuentro con lectores que mis libros les han ayudado en momentos malos de sus vidas. Porque casi siempre suelen ser comentarios bonitos. Eso me genera una especie de responsabilidad, unas expectativas. Cuando publiqué el primer tomo de After tenía veintiún años: no tenía ni idea de cómo funcionaba el negocio editorial –y sigo desconociendo muchas cosas, no te creas.

¿Conserva la cuenta de Wattpad, la plataforma donde empezó a publicar el romance universitario que la convirtió en una de las autoras más vendidas de Estados Unidos?

Sí… y algunas de las personas con las que chateaba en Wattpad durante los primeros tiempos se convirtieron en amigas. De las que invitas a tu boda y te invitan a la suya. Podíamos dedicarnos a profesiones muy diferentes –estoy pensando, por ejemplo, en una amiga de Wattpad que es abogada–, pero estábamos allí porque compartíamos gustos.

¿Qué libro lleva en la maleta y qué libro le gustaría llevarse del FLEM?

Llevo un thriller de Freida McFadden que compré en el aeropuerto –escribo novelas románticas, pero últimamente sólo leo thrillers, no sé por qué. Aquí me gustaría comprar algún libro de Megan Maxwell. Me gusta mucho su estilo.

En una de las primeras charlas del FLEM, el periodista mallorquín Xisco Nadal conversaba con Elísabet Benavent –como Megan Maxwell, otra autora superventas española. Nadal lanzó este guante a la entrevistada: el deseo que escribe una novelista que practica la novela romántica resulta vapuleado por la misma crítica que alaba las fantasías de un varón blanco, heterosexual y anciano. Como muestra, citó a Philip Roth. ¿Qué le parece esta reflexión?

[piensa unos segundos] Es que no leo libros escritos por hombres.

Esa frase es un titular para la entrevista.

Lo sé.

¿Desde hace cuánto tiempo?

Desde siempre.

¿Fue una decisión tomada a conciencia?

No. De hecho no me di cuenta hasta hace poco más de un año. Claro que he leído obras de escritores, pero cuando tengo que comprar una novela en una librería, elijo siempre a escritoras. Quizás tenga que ver con el punto de vista, algo que parece más obvio en las películas, pero también sucede en las novelas. Ahora que estoy leyendo muchos thrillers, donde aparecen escenas de violencia contra las mujeres, prefiero observarlo desde una perspectiva femenina.

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