Ni las caracolas ni piedras son un souvenir: cómo el saqueo geológico arrasa la biodiversidad de Menorca
La escena se repite cada año. Un grupo de turistas entusiasmados con la isla abandona Menorca tras unas vacaciones idílicas, convencidos de su amor platónico por el territorio insular. Antes de partir, reciben el alto del personal de seguridad del aeropuerto tras pasar el equipaje por rayos X. Una maleta de diseño se abre en canal mostrando al mundo un interior fascinante: piedras, arena, fósiles, conchas, caracolas y guijarros de mil colores y formas distribuidos entre los atuendos de lino del verano. Según el Departamento de Medi Ambient del Consell Insular de Menorca, en los últimos 10 años se han requisado más de 15 toneladas de material geológico extraído por turistas de las playas y calas de la isla.
El argumento es el souvenir, el recuerdo, la apropiación de un pedazo de Menorca a modo de obsequio. El daño ambiental, sin embargo, es mucho más grave de lo que se podría suponer. “El problema de la retirada de este tipo de sedimentos no tiene que ver solamente con las cifras de material que se interceptan en el aeropuerto y que son más o menos estables cada año. La erosión más preocupante se produce por lo que llamamos efecto hormiga, es decir, que si cada uno de los turistas que pasa por las playas de Menorca cada verano se llevase 100 gramos de arena, al final de un año tenemos 100 toneladas menos en una playa. Dada la magnitud y el volumen de turistas que visitan la isla cada año. El problema al final es la masificación”, explica Agustí Rodríguez, científico del Centre Geològic de Menorca.
La erosión más preocupante se produce por lo que llamamos efecto hormiga, es decir, que si cada uno de los turistas que pasa por las playas de Menorca cada verano se llevase 100 gramos de arena, al final de un año tenemos 100 toneladas menos en una playa. Dada la magnitud y el volumen de turistas que visitan la isla cada año. El problema al final es la masificación
Según datos del Departamento de Medi Ambient del Consell Insular, las cifras de material extraído cada año rondan la tonelada, aunque en 2021 –el primer año de apertura total tras el encierro de la pandemia– se contabilizaron 3.904 kilos retenidos en el aeropuerto. Al finalizar la última temporada de verano, en octubre de 2025, el material recogido pesaba 987,55 kg. “Al constatarse la fuga de material y debido a la masificación turística se puso en marcha este programa en 2015 como un acuerdo entre AENA y Mestral –organismo que depende de Cáritas–, a través de un programa de inserción laboral. Nosotros desde el Centro de Geología colaboramos realizando las tareas de clasificación y finalmente se lo entregamos al Servicio de Limpieza de Playas que devuelve el material al territorio”, explica Rodríguez.
Menorca batió un récord –nuevamente– en 2025. Según las cifras del Instituto de Estadística de las Islas Baleares (IBESTAT), pasaron por la isla 1,7 millones de turistas. Nunca antes desde que existen cifras se habían paseado por sus playas tantos visitantes durante una temporada de verano. La pregunta sobre si puede una Reserva de la Biosfera soportar este nivel de presión humana queda opacada por otra quizás más acuciante: ¿cuántas temporadas aguantará la costa menorquina antes de que el impacto sea irreversible?
“Claro que la masificación trae problemas ambientales. Con cada extracción de material se pierden cantidades de carbonato cálcico –la arena de las Baleares es esencialmente bioplástico procedente de fragmentos de conchas– que sirve para que otros seres vivos puedan reutilizar, para protegerse, en fin, para sobrevivir. La erosión de arena rompe el equilibrio químico y natural de las playas de Menorca. Para nosotros está claro que el problema central es la cuestión de la masividad”, explica Agustí Rodríguez, quien, sin embargo, reconoce que la erosión natural también es un factor clave en la pérdida de arena de algunas playas. “Es cierto que las playas y litorales tienen mecanismos de alta y baja producción de arena dependientes de muchos factores ambientales y climáticos, pero cuando se incorpora el factor masividad humana cada año, la pérdida tiene un impacto claro”, concluye.
Con cada extracción de material se pierden cantidades de carbonato cálcico que sirve para que otros seres vivos puedan reutilizar, para protegerse, en fin, para sobrevivir. La erosión de arena rompe el equilibrio químico y natural de las playas de Menorca
El protocolo y la devolución
El primer filtro para detectar la extracción ilegal de material geológico se encuentra en los controles de seguridad del aeropuerto. Los trabajadores encargados de esta tarea explican que, cuando los escáneres de rayos X revelan la presencia de recipientes que podrían contener arena, piedras o fósiles —habitualmente pequeños frascos, botellas de plástico o paquetes ocultos entre la ropa—, se solicita al pasajero que abra su equipaje para comprobar su contenido.
Si se confirma la presencia de material geológico, se activa el protocolo de colaboración con el Departamento de Geología del Consell y con Mestral para su clasificación y posterior devolución a la zona de origen. Según relatan los propios empleados, la reacción más habitual entre los viajeros es la sorpresa. “Cuando les explicamos el motivo de la intervención, casi siempre lo entienden y piden disculpas. Algunos hacen preguntas, pero en general siempre colaboran”, señalan e insisten en que una campaña informativa sería clave para frenar la erosión geológica en Menorca. “Nos ahorraríamos mucho trabajo si hiciéramos concientización, tanto en el aeropuerto como en los puertos. Muchas veces nos topamos con que hay más desinformación que mala fe”, concluyen.
Áreas geográficas
Para proceder a la devolución del material incautado, los geólogos dividen Menorca en dos grandes regiones geológicas: Tramuntana, al norte, y Migjorn, al sur. La primera se subdivide, a su vez, en tres categorías conocidas como la Menorca oscura, la roja y la gris, mientras que en la mitad sur predomina la llamada Menorca blanca, la más extensa de la isla. A ellas se suman pequeñas áreas dispersas que los especialistas agrupan bajo la denominación de Menorca amarilla.
“Esta clasificación por colores es una herramienta didáctica que facilita la identificación de las distintas unidades geológicas de la isla y permite devolver el material requisado a su zona de origen”, explican desde el Departamento de Geología del Consell. En los últimos años, este servicio ha ampliado además el mapa geológico de Menorca mediante un catálogo de Lugares de Interés Geológico (LIG), que, según indican los expertos, coincide en gran medida con las zonas donde se registra una mayor extracción de material geológico, fósiles y minerales. “Esto tiene un efecto directo sobre la pérdida de microhábitats, ya que la retirada de piedras y conchas afecta a pequeños invertebrados que quedan expuestos y desempeñan un papel clave en el equilibrio del ecosistema”, advierten.
El Consell Insular advierte que este fenómeno 'tiene un efecto directo sobre la pérdida de microhábitats, ya que la retirada de piedras y conchas afecta a pequeños invertebrados que quedan expuestos y desempeñan un papel clave en el equilibrio del ecosistema'
Las malas costumbres
Pero la costumbre de llevarse un recuerdo de la playa no es exclusiva de Menorca. Se trata de un fenómeno que afecta a numerosos enclaves costeros y espacios naturales protegidos tanto en el Estado español como en otros países. El pasado mes de mayo, una pareja de turistas alemanes fue interceptada por agentes de Medio Ambiente del Cabildo de Tenerife acusada de arrancar varios ejemplares de tajinaste rojo —una especie protegida, conocida como la “sangre del Teide”, que puede alcanzar los tres metros de altura— y de extraer piedras volcánicas del Tabonal Negro, una zona de especial protección ambiental dentro del Parque Nacional del Teide.
Casos similares se han registrado en Cerdeña, donde en agosto de 2020 dos turistas franceses fueron sorprendidos cuando intentaban abandonar la isla en un ferry rumbo a Toulon con 40 kilos de arena y fósiles procedentes de una playa de Chia. La aduana italiana interceptó el material y ambos fueron sancionados con una multa de 3.000 euros. Sin embargo, el problema trasciende el ámbito del “souvenir” turístico. En 2022, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente dedicó un informe específico a este recurso, Sand and Sustainability, en el que advertía de que la arena es el segundo recurso natural más explotado del planeta después del agua, con un consumo estimado de 50.000 millones de toneladas al año.
Aunque pueda parecer un gesto inocente, todos los expertos coinciden en que la extracción de material geológico supone una alteración innecesaria del entorno y reclaman una mayor protección. En el caso de Menorca, los geólogos se lamentan. “Nos llenamos la boca de decir que somos Reserva de la Biosfera, pero a ratos no lo parece. Necesitamos una regulación específica de esta actividad”, comenta Xavier Bosch. Aun así, los especialistas insisten en que el objetivo no es alarmar sobre un riesgo inminente de degradación irreversible, sino actuar antes de que el problema alcance mayores dimensiones. “Es una práctica que hay que detener, no porque exista un peligro inmediato de colapso sedimentario en ninguna playa o cala concreta, sino porque todavía estamos a tiempo de prevenirlo”, concluye.
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