El yacimiento talayótico que esconde una gran casa andalusí en Menorca: “Encontramos una maravilla”
La última campaña arqueológica que se desarrolla en el yacimiento megalítico de Torre d'en Galmés, en el municipio menorquín de Alaior, ha dado un salto trascendental este mes de julio tras el hallazgo de los restos de una gran casa andalusí datada entre los siglos XII y XIII –durante la ocupación medieval islámica de la isla–. La investigación corre a cargo de Amalia Pérez-Juez, doctora en Prehistoria y Arqueología por la Universidad Autónoma de Madrid y directora de la Boston University Study Abroad Programs, conjuntamente con Alexander J. Smith, antropólogo estadounidense y profesor de la Universidad Estatal de Nueva York - Brockport. Ambos académicos forman parte del proyecto Menorca Archeological Map (MAP) que articula esfuerzos de las mencionadas casas de altos estudios estadounidenses con el Consell Insular de Menorca y la agencia Menorca Talayótica.
Durante seis semanas los investigadores han estado presentes en Menorca para participar de las excavaciones junto a un equipo interdisciplinar que, según aseguran, continuarán durante el año próximo. Pérez-Juez ha resaltado la importancia del descubrimiento por su “excepcional estado de conservación”, así como por la variedad de “objetos de uso doméstico” encontrados en el interior de la construcción.
Según ha explicado la arqueóloga a elDiario.es, el yacimiento se trata de una “gran alquería” organizada en torno a un patio central perfectamente conservado. “Durante las excavaciones hemos podido constatar que se trata de una ocupación rural que, además, conserva restos de una ocupación anterior. Es decir, es un yacimiento dentro de otro. Para aproximarnos a la fecha de construcción de la alquería hemos hecho todo tipo de dataciones con una multiplicidad de técnicas como radiocarbono, estudios de botánica y micromorfología de suelos, entre otras”, ha explicado en diálogo con este diario.
Durante las excavaciones hemos podido constatar que se trata de una ocupación rural que, además, conserva restos de una ocupación anterior. Es decir, es un yacimiento dentro de otro. Para aproximarnos a la fecha de construcción de la alquería hemos hecho todo tipo de dataciones con una multiplicidad de técnicas como radiocarbono, estudios de botánica y micromorfología de suelos, entre otras
Como comenta la directora de la excavación, una de las principales conclusiones que se desprenden de este hallazgo es que la alquería estuvo ocupada en distintos momentos durante la dominación musulmana de Menorca, un período que se prolongó durante más de cuatro siglos. “La prueba de carbono 14 nos ha permitido datar las vigas y las cubiertas de las casas —construidas con madera y teja— entre los siglos XII y XIII, aproximadamente. Además, hemos encontrado cerámica característica del período almohade, lo que ratifica esta datación”, ha añadido la investigadora.
“A las tejas también les hemos aplicado técnicas de datación por termoluminiscencia, que han arrojado fechas incluso anteriores. Por ello, consideramos muy probable que ya existieran asentamientos en Torre d’en Galmés en torno al año mil. Lo que ocurre es que, en arqueología, los hallazgos suelen corresponder a las últimas fases de ocupación”.
La prueba de carbono 14 nos ha permitido datar las vigas y las cubiertas de las casas —construidas con madera y teja— entre los siglos XII y XIII, aproximadamente. Además, hemos encontrado cerámica característica del período almohade
Pérez-Juez también ha destacado otros descubrimientos relevantes en el yacimiento: “Hemos encontrado una hebilla de cinturón con las barras de la Corona de Aragón y un amuleto de plomo con una inscripción en árabe, ambos en la misma vivienda, lo que nos indica que se trata de objetos correspondientes al momento de la conquista cristiana de Menorca, en 1287”.
La Menorca musulmana sigue oculta
El hallazgo de Torre d'en Galmés ha sacado a la luz nuevamente una parte del riquísimo patrimonio arqueológico de Menorca. Se trata de un descubrimiento que evidencia las posibilidades que se abren para conocer cómo era la vida de la isla durante el período andalusí. Así lo ha reconocido Pérez Juez y ha subrayado la importancia de abordar con mayor énfasis las investigaciones sobre esta etapa histórica.
“Este hallazgo es clave porque el período andalusí en Menorca está totalmente abandonado y olvidado. Existe una damnatio memoria impresionante. La narrativa oficial muchas veces pasa de la construcción de las basílicas paleocristianas a la conquista de Alfonso III, obviando toda la etapa medieval musulmana que fue clave para la isla y que duró más de cuatro siglos”, explica.
Este hallazgo es clave porque el período andalusí en Menorca está totalmente abandonado y olvidado. Existe una damnatio memoria impresionante. La narrativa oficial muchas veces pasa de la construcción de las basílicas paleocristianas a la conquista de Alfonso III, obviando toda la etapa medieval musulmana que fue clave para la isla y que duró más de cuatro siglos
La arqueóloga sostiene que “Menorca destacó muchísimo en este período, al punto de tener una corte propia que promovió iniciativas fundamentales para la isla como, por ejemplo, el cultivo e irrigación de los barrancos, una técnica que permitió la producción de berenjenas, algo tan importante como nodal en la cocina menorquina, además de otros productos como el algodón o el café, que fueron introducidos en la península ibérica y se comerciaron por el Mediterráneo gracias a los musulmanes de Al-Ándalus”, concluye.
Pérez-Juez, quien se desempeña como investigadora desde hace más de veinte años, especializada en yacimientos que van desde la Edad del Hierro hasta el siglo XX, señala que la conquista de las entonces conocidas como las “islas orientales de al-Ándalus”, en torno al año 900, marcó el inicio de un período de profunda transformación para Menorca bajo el control del Emirato de Córdoba. A partir de ese momento, comenta, la isla experimentó una importante revitalización económica y social, con la reactivación de la agricultura y el comercio y la fundación de Madina Manurqa, la actual Ciutadella. “Era una ciudad boyante, llena de mezquitas, con el gran palacio del Rais y las makbaras que se han ido encontrando en los últimos años. También se construye el castillo de Santa Àgueda, que es una maravilla arquitectónica”, destaca.
Ese crecimiento urbano, afirma, tuvo un reflejo directo en el medio rural con la proliferación de asentamientos agrícolas conocidos como alquerías. La descubierta en Torre d'en Galmés constituye, a su juicio, un ejemplo excepcional que permite un estudio amplio de la vida de la época. En la cocina, relata, el equipo encontró el espacio prácticamente intacto: “El tabak —el cuenco donde se cocía el pan—, todo tipo de menaje y utensilios de cocina y servicio, desde jarras, platos, vasos y jarrones hasta tinajas y hornillos, tal cual estaba hace siglos”. En el salón-dormitorio aparecieron un pavimento de cal y paredes encaladas sobre las que aún se conservaban restos de pintura roja. “Una maravilla de casa”, resume.
Encontramos una maravilla de casa. El tabak —el cuenco donde se cocía el pan—, todo tipo de menaje y utensilios de cocina y servicio, desde jarras, platos, vasos y jarrones hasta tinajas y hornillos, tal cual estaba hace siglos
La investigadora subraya, además, que la vivienda se levantó reutilizando piedras procedentes del antiguo asentamiento talayótico, aunque siguiendo una concepción arquitectónica completamente distinta. “La casa estaba construida con piedras reaprovechadas del yacimiento arqueológico talayótico, pero organizada y construida según sus propios patrones y necesidades”, explica. A diferencia de las construcciones prehistóricas, los habitantes musulmanes prescindieron de las estructuras circulares y optaron por espacios más compartimentados, levantados con piedras de menor tamaño, paredes encaladas y cubiertas de teja.
El castillo de Santa Águeda
Aún con el gran impacto que supone el hallazgo de Torre d’en Galmés para el campo arqueológico, otras iniciativas locales buscan profundizar el conocimiento científico sobre el período andalusí. Carlos Salort, arqueólogo e historiador menorquín, es el encargado de las excavaciones que buscan poner en valor el castillo de Santa Águeda, último bastión almohade de Menorca, hoy en ruinas.
“El foco en la Menorca islámica existe, aunque a veces no sea tan visible. Desde principios de siglo han aparecido por toda la isla diferentes makbaras, cementerios y otras construcciones de población andalusí e incluso dos de las publicaciones académicas más importantes sobre este período se produjeron durante el siglo XX. En todo caso, creo que el hallazgo de Torre d’en Galmés es muy interesante porque habla de la continuidad de habitaje en los mal llamados asentamientos talayóticos, que no eran asentamientos, sino construcciones diacrónicas, es decir, que estuvieron habitados con continuidad en el tiempo”, añade.
El foco en la Menorca islámica existe, aunque a veces no sea tan visible. Desde principios de siglo han aparecido por toda la isla diferentes makbaras, cementerios y otras construcciones de población andalusí e incluso dos de las publicaciones académicas más importantes sobre este período se produjeron durante el siglo XX
“Creo que Torre d’en Galmés y Santa Águeda son dos piezas complementarias –junto con otros hallazgos– porque, por un lado, tenemos un gran recinto defensivo, de carácter militar y cívico como es el castillo y, del otro, un domicilio completo. Hay excavaciones en ambos lados, que nos permiten entrelazar y catalogar, seriar, sistematizar toda esa materialidad”, añade.
Por otra parte, Salort también destaca el extraordinario valor del conjunto de materiales recuperados. Señala que el repertorio cerámico de los siglos XII y XIII permitirá establecer comparaciones con otros enclaves medievales de la isla y pone el acento en algunas piezas singulares halladas durante la excavación. “Los juguetes o el contenedor para amasar pan son hallazgos súper interesantes. Ojalá pudiéramos encontrar elementos similares en Santa Àgueda”, afirma. A su juicio, disponer de varios yacimientos contemporáneos estudiados de forma coordinada resulta esencial para comprender mejor la realidad material de la Menorca islámica: “Tener diferentes frentes espaciales para abordar el mismo periodo, y que exista diálogo y colaboración entre investigadores, permite dimensionar mucho mejor ese pasado”.
Más allá del interés arqueológico, Salort cree que estos descubrimientos también obligan a revisar la manera en que los menorquines interpretan su propia historia. Recuerda que la sociedad actual es heredera de la conquista de 1287 y que, durante siglos, el relato histórico se construyó desde la perspectiva de los vencedores, relegando el pasado andalusí a un papel secundario o incluso antagónico.
Sin embargo, explica que la historiografía de las últimas décadas ha comenzado a incorporar otras miradas. “Hemos empezado a hablar del otro, a hacer historia desde otros lugares”, comenta, un cambio que permite reconocer que Medina Manurqa y la sociedad musulmana también forman parte de la historia de Menorca y contribuyen a comprender mejor la identidad de la isla.
No obstante, el arqueólogo advierte de que esta revisión no debe desembocar en una idealización del período andalusí. Del mismo modo que, a su juicio, la historiografía menorquina tendió durante años a mitificar la etapa británica, considera que tampoco conviene caer en una visión romántica de la Menorca musulmana. “Todo tiene sus más y sus menos”, resume.
Por último, Salort defiende que este patrimonio reciba una atención institucional equiparable a la dedicada a la Menorca Talayótica. Considera que las investigaciones sobre Santa Àgueda, Torre d'en Galmés y otros yacimientos medievales, así como los restos andalusíes localizados bajo los núcleos urbanos, merecen un mayor esfuerzo de financiación y conservación. “Todo esto merece todo y más; merece un trato como los demás”, concluye.
Posible apertura al público
Los yacimientos de las diferentes etapas de Menorca siguen susurrando las historias del pasado a todos aquellos que quieran entender cómo vivieron las muchas civilizaciones que pasaron por la isla durante siglos. De cara al futuro, el equipo de Amalia Pérez-Juez confía en que el yacimiento de Torre d’en Galmés pueda abrirse al público una vez concluya la próxima campaña de excavación, aunque insiste en que todavía queda mucho trabajo por hacer.
“Queremos que se visite, nos interesa que la gente pueda acercarse a conocer cómo vivían los habitantes de Menorca de ese período”, afirma. A su juicio, el recorrido permitiría comprender de forma excepcional la evolución histórica de la isla en un mismo espacio: “Creo que sería una visita hermosa poder pasar por los períodos más importantes de la isla en un mismo lugar, comenzando por los talayots, luego la taula y acabar por la alquería”.
La arqueóloga considera, además, que el hallazgo merece un importante esfuerzo de conservación y puesta en valor. Recuerda que este tipo de yacimientos suelen afrontarse mediante dos opciones: restaurarlos o volver a cubrirlos para garantizar su preservación. En este caso, se inclina claramente por la primera: “Creo que hay que restaurarlo. Estamos ante una oportunidad increíble de poner en valor la Menorca musulmana y, aunque sería un esfuerzo titánico, creo que vale la pena”.
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