Anatomía de un saqueo arqueológico histórico: de una moneda de la época de Alejandro Magno a un busto romano
Ocurrió en el control de seguridad del aeropuerto de Palma, pero el alcance real del hallazgo no se conocería hasta meses después. Hace más de un año, una mujer de nacionalidad alemana fue interceptada cuando intentaba sacar de Mallorca un montón de monedas antiguas en su maleta. Aquella intervención rutinaria destapó uno de los mayores casos de expolio arqueológico conocidos en la isla: más de 1.500 piezas —monedas, ánforas, lámparas, espadas y esculturas— acumuladas durante años y ocultas hasta entonces.
Desde su recuperación, todo el material ha permanecido bajo custodia judicial en los almacenes del Museu de Mallorca, a la espera de autorización para su estudio. La luz verde a ese permiso llegó hace apenas unos días y ha permitido iniciar, por fin, el inventario técnico que deberá servir de base al proceso judicial y posteriormente a la organización de una exposición para este verano.
“La historia es dolorosa, pero haber podido detener el expolio también nos emociona”, explica Maria Gràcia Salvà, directora del museo, a elDiario.es. “Ahora es el momento de hacer un buen informe para que el juez o la jueza pueda tomar una decisión con base técnica”, añade la historiadora del arte, que también se encarga de la anatomía de este gran saqueo patrimonial junto a un equipo de expertos que le acompañan.
1. El recuento: de momento, 1.574 monedas
El trabajo técnico acaba de comenzar, pero los plazos ya están sobre la mesa. En dos meses, según sus cálculos, la catalogación podría darse por terminada. El inventario preliminar confirma la magnitud del conjunto de reliquias. Solo en monedas, el recuento asciende ya a 1.574 ejemplares, con un arco cronológico amplísimo que va desde la época griega hasta la Edad Media. Predominan las monedas romanas imperiales —casi la mitad del total—, pero también hay piezas bizantinas, andalusíes tempranas y medievales. Entre todas ellas destaca una moneda atribuida a la época de Alejandro Magno que tiene más de 2.300 años de antigüedad.
Predominan las monedas romanas imperiales —casi la mitad del total—, pero también hay piezas bizantinas, andalusíes tempranas y medievales. Entre todas ellas destaca una moneda atribuida a la época de Alejandro Magno que tiene más de 2.300 años de antigüedad
Junto a las monedas han aparecido ánforas, lámparas de aceite, cerámicas, espadas prehistóricas y un busto romano, además de otros materiales aún sin clasificar. Muchas de las cajas ni siquiera habían sido abiertas hasta ahora, ya que el conjunto permanecía precintado por orden judicial. “El estado de conservación es, en general, deficiente”, señalaron los técnicos durante la presentación pública del material. Una circunstancia bien habitual en piezas extraídas sin criterios arqueológicos ni medidas de preservación.
“Queremos que la gente tome conciencia de que ya está bien. Porque con el expolio puedes pensar que solo quitas un clavo, pero es que ese clavo quizás pueda darnos la cronología de un yacimiento y, por tanto, ayudarnos a conocer de forma verdadera nuestra historia”, concluye la directora del Museu de Mallorca.
Queremos que la gente tome conciencia de que ya está bien. Porque con el expolio puedes pensar que solo quitas un clavo, pero es que ese clavo quizás pueda darnos la cronología de un yacimiento y, por tanto, ayudarnos a conocer de forma verdadera nuestra historia
Ante el llamativo hecho de que las piezas fuesen interceptadas a una turista alemana, el arqueólogo mallorquín Antoni Puig no duda en alejar la mirada sobre los males del turismo contemporáneo y vincular los expolios patrimoniales a la “desigualdad”, ya que, en este caso, todo apunta a que puede tratarse de “un coleccionista que ha expoliado piezas de todo el mundo, comprándolas y acumulándolas durante generaciones, lo cual es fácil si tienes dinero y pocos escrúpulos”, según el experto.
2. El procedimiento: del depósito judicial al informe técnico
“Hoy todos veremos por primera vez este material todavía empaquetado”, se escuchó en las salas del museo. Era la voz de la consellera insular de Cultura y Patrimonio, Antònia Roca, anunciando la apertura inédita de las cajas con los materiales incautados durante una rueda de prensa. Fue la primera vez que buena parte del material se mostró ante las cámaras, en una escena a medio camino entre el acto institucional y una performance artística.
El objetivo, según explicaron, ahora es doble: completar el inventario y elaborar una valoración científica del conjunto, solicitada expresamente por el juzgado de Instrucción de Manacor, que investiga el caso. Ese informe será clave para determinar las responsabilidades penales y para valorar si, además del delito de expolio arqueológico, podría existir también contrabando de bienes culturales. En este sentido, el delito de expolio contempla penas que van de los seis meses a los tres años de prisión.
Según explicó en la cita con la prensa el capitán del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil de Balears, Pedro Manuel García, en la causa hay “tres personas investigadas”, todas de nacionalidad alemana, de las cuales una podría estar fallecida. Ante el asombro de los asistentes ante tal escena, García explicó que cree que la mujer interceptada en el aeropuerto “no era consciente del delito de sacarlo, pero de tenerlo sí, aunque hay que demostrarlo”.
En la causa hay tres personas investigadas, todas de nacionalidad alemana, de las cuales una podría estar fallecida
Una de las grandes incógnitas que deberá resolver ahora el inventario es la procedencia real de las piezas. Para el arqueólogo mallorquín Antoni Puig la incautación en Mallorca puede ser “un hecho circunstancial”. “Hasta que no veamos el inventario completo no sabremos si el patrimonio tiene un origen local”, advierte.
3. El daño del expolio: lo que ya no se puede recuperar
Más allá del número de piezas o de su posible valor económico, todavía por tasar, los especialistas insisten en que el verdadero perjuicio del expolio es otro. “Cuando una pieza es extraída de su contexto, se pierde una parte fundamental de su valor”, recordó durante la rueda de prensa Antònia Roca.
Sin estratigrafía —estudio de las capas del terreno que permite datar y contextualizar los hallazgos—, sin localización precisa y sin relación con otros materiales, los objetos pierden gran parte de la información que permiten reconstruir el pasado. “Lo realmente grave es todo el contexto que se ha perdido: la cronología, las relaciones entre piezas, los datos que nos permiten entender la historia”, resume Puig en conversación con elDiario.es.
Lo realmente grave es todo el contexto que se ha perdido: la cronología, las relaciones entre piezas, los datos que nos permiten entender la historia
Desde el Museu de Mallorca subrayan que estas prácticas “no solo vacían yacimientos”, sino que también “empobrecen el conocimiento colectivo sobre una isla históricamente marcada por el comercio y el intercambio cultural en el Mediterráneo”, tal y como explicó Gràcia Salvà en su encuentro con los medios de comunicación.
4. Desenlace: una exposición pedagógica para el verano
Una vez concluido el inventario, está previsto organizar una exposición temporal con algunas de las piezas más relevantes para este verano. La directora del museo defiende la iniciativa como una oportunidad para concienciar a la ciudadanía.
“Queremos que la gente entienda que con el expolio no solo se quita un objeto: se arranca una parte de la historia común”, señala la directora del Museu de Mallorca. Por otro lado, Antoni Puig se muestra prudente —aunque no contrario— ante esa posibilidad. El arqueólogo ve con buenos ojos una muestra siempre que el enfoque sea “pedagógico y crítico” y no una celebración estética de las piezas. “El mensaje debería ser 'mirad lo que se ha llegado a destrozar', no lo bonitas que son las piezas ni lo bien que te va si tienes dinero para coleccionar”, advierte.
“El expolio arqueológico no es solo un delito”, concluyó la consellera insular de Cultura y Patrimonio, Antònia Roca, durante la rueda de prensa, “es un daño grave a nuestra historia colectiva”. En este caso, un daño que quedó al descubierto en una cinta de equipajes, escenario inesperado de uno de los mayores expolios arqueológicos conocidos en las Illes Balears.
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