La historia silenciada de Josep Comes, el obrero que llevaba tatuado a Marx y alzó la voz desde la URSS
24 de mayo de 1931. La Segunda República lleva apenas unas semanas en marcha y un grupo de jóvenes trabajadores de Esporles (Mallorca) ha decidido organizarse políticamente. Congregados en la Casa del Pueblo, fundan la Agrupación Socialista del municipio, que se presenta como un instrumento para “educar cívicamente a la clase trabajadora” y “capacitarle para la conquista de todos sus derechos” mientras llaman a los trabajadores a romper las cadenas de su explotación económica. Entre ellos se encuentra José Comes Ferrà, elegido secretario.
Jornalero, se convertirá en una de las figuras más reconocidas del movimiento obrero de la Serra de Tramuntana. Tanto, que sus compañeros acabarán apodándolo 'Largo Caballero': al igual que el histórico dirigente socialista español, defiende posiciones revolucionarias y es uno de los principales referentes del socialismo en un municipio que, por su intensa actividad obrera y sindical, es conocido como la “pequeña Rusia” de Mallorca. Quienes le conocen aseguran que Josep Comes lleva tatuada en el pecho una imagen de Karl Marx.
Su compromiso político y sus ideas revolucionarias acabarán convirtiéndolo en uno de los objetivos de la represión desatada tras el golpe militar de julio de 1936. En su ofensiva por desarticular el movimiento obrero y borrar cualquier rastro de organización colectiva, los sublevados perseguirán, encarcelarán y matarán a dirigentes sindicales, militantes socialistas y republicanos. Entre ellos se encuentra Josep Comes Ferrà, quien encarna precisamente aquello que los fascistas pretenden erradicar: la aspiración de los trabajadores a transformar la sociedad. Esta semana se han cumplido 90 años de su asesinato, junto al de otros jóvenes que compartían ese anhelo y que pagaron con su vida el desafío al orden que los golpistas pretendían imponer.
Las investigaciones llevadas a cabo por el grupo de memoria histórica de Esporles permiten rastrear la trayectoria de Comes Ferrà desde su actividad política durante la Segunda República hasta su asesinato. El trabajo de Guillem Mir, Arnau Alemany y Bartomeu Garau, plasmado en el libro Les petjades dels oblidats. La repressió a Esporles ('Las huellas de los olvidados. La represión en Esporles'), reconstruye la vida de hasta 157 vecinos represaliados tras el golpe militar franquista en un pueblo que, más allá de su tejido de fábricas textiles, se convirtió en uno de los grandes focos obreros y socialistas de la Mallorca de entreguerras.
La concentración de trabajadores, la organización sindical y la inauguración de la 'Casa del Poble' en 1930 alimentaron una conciencia de clase que hizo de Esporles un símbolo de la movilización obrera en la isla. Fue allí donde nació, el 12 de julio de 1909, el 'Largo Caballero' mallorquín, un nombre durante décadas relegado a la memoria familiar y al recuerdo de antiguos militantes obreros y que los investigadores han recuperado de los archivos, los expedientes judiciales y los testimonios orales.
La actividad de Comes en la Agrupación Socialista de Esporles iba mucho más allá de un cargo orgánico. Ejercía como propagandista y divulgador del socialismo y utilizaba las páginas de El Obrero Balear para intervenir en los debates políticos e ideológicos de la época. A lo largo de aquellos años, Comes dejó impresa su visión materialista de la sociedad, su crítica de la propiedad privada y del capitalismo, su defensa de la organización obrera y una preocupación explícita por la formación política de los trabajadores.
Del sindicato a la Casa del Pueblo
Su actividad se desarrolló también en el movimiento sindical. En enero de 1932 El Obrero Balear lo identifica como representante de la Federación Gremial de Esporles, una organización que contaba entonces con 200 afiliados. Su nombre aparece entre los delegados de las organizaciones obreras representadas en el congreso socialista balear.
La Casa del Pueblo de Esporles había sido inaugurada el 20 de abril de 1930, culminando un proyecto iniciado en 1923 por un grupo de trabajadores de la Federación Gremial Esporlerense que impulsó la construcción de un local destinado a la clase trabajadora sobre unos terrenos cedidos por el escritor y político Alexandre Jaume Rosselló. Durante años, numerosos vecinos contribuyeron a levantar el edificio con pequeñas aportaciones económicas y jornadas de trabajo, convirtiéndolo en un símbolo del esfuerzo colectivo y de la lucha por la dignidad. La Casa del Pueblo se convirtió en un espacio de encuentro, formación, alfabetización, participación política y actividad cultural y recreativa, fundamental para la identidad del movimiento obrero local. Comes formaba parte de ese entramado.
Su militancia tenía además una marcada dimensión laica. El Obrero Balear recoge distintas informaciones procedentes de Esporles sobre matrimonios y actos civiles. En mayo de 1935, por ejemplo, Comes firmó en nombre de la Agrupación Socialista una crónica sobre el matrimonio civil de dos militantes y destacó las dificultades que la pareja había tenido que superar frente a la tradición y los prejuicios familiares y relata la celebración como una ruptura con el “clericalismo”. La defensa de una vida civil al margen de la Iglesia formaba parte del proyecto político de aquel socialismo. Comes no era únicamente un organizador sindical: intervenía también en la construcción de una cultura política socialista que pretendía transformar las relaciones económicas, la educación y las costumbres.
Aquella notoriedad alcanzó incluso una dimensión insólita para un joven obrero mallorquín. En 1934, Comes, a quien las fuentes de la época lo describen como un hombre de fuerte presencia física, con un notable prestigio entre los trabajadores de Esporles y de otros municipios de Mallorca, fue seleccionado para participar en un viaje a la Unión Soviética. El Obrero Balear abrió una suscripción para sufragar el trayecto. Las organizaciones obreras y particulares de Mallorca fueron realizando aportaciones para cubrir el coste. En mayo, el periódico explicaba que se habían recaudado 409,30 pesetas y que el viaje podía costar alrededor de mil.
Como anunciaba la publicación, a su regreso Comes ofrecería varias conferencias para compartir sus impresiones en la Rusia soviética con el objetivo de trasladar al movimiento obrero los debates internacionales del socialismo y convertiría su experiencia en material de divulgación para otros trabajadores. Durante su estancia en la URSS participó en varias intervenciones radiofónicas desde Moscú que fueron escuchadas por sus compañeros de Esporles. A su vuelta, emprendió una gira por distintos pueblos de Mallorca para explicar lo que había visto y aprendido durante el viaje. Aquella experiencia reforzó aún más su prestigio entre la militancia socialista y alimentó la hostilidad que despertaba entre sus adversarios políticos. No en vano, su influencia preocupaba especialmente a los sectores conservadores del municipio, que lo identificaban como uno de los dirigentes más destacados de la izquierda local.
El joven obrero mallorquín participó en un viaje a la Unión Soviética, sufragado en parte por El Obrero Balear, para trasladar al movimiento obrero los debates internacionales del socialismo
Apenas unas semanas antes del golpe militar, durante el Congreso de la Federación Socialista Balear celebrado en la Casa del Pueblo de Palma, Comes formó parte de la ponencia encargada de examinar las credenciales de las agrupaciones y aparece como representante de Esporles, con 50 afiliados. Asimismo, El Obrero Balear lo sitúa por esas mismas fechas en un mitin celebrado en Alaró con motivo de la unificación de las Juventudes Socialistas y Comunistas. El acto concluyó con la creación de una organización marxista unificada de las juventudes. Su último periodo de actividad política documentada coincide con una creciente radicalización del movimiento obrero y con la crisis que precedió al golpe de julio de 1936.
La resistencia al golpe
Una investigación histórica publicada en Llucmajor. De Pinte en Ample reconstruye sus últimos meses y relata cómo durante la noche del 18 al 19 de julio de 1936, cuando comenzaron a llegar las noticias de la sublevación militar, Comes participó activamente en la organización de la resistencia republicana en Esporles. Organizó guardias en la Casa del Pueblo y en el Ayuntamiento, impulsó piquetes en diversos puntos del municipio y supervisó grupos de vigilancia por las calles de la localidad.
La resistencia, sin embargo, fue breve. El 20 de julio, una vez consumado el triunfo del golpe militar en Mallorca y entregado el Ayuntamiento a la Guardia Civil, Comes comprendió que su situación era extremadamente peligrosa. Junto al sindicalista Miquel Seguí se refugió en la montaña, donde permaneció oculto durante cerca de tres meses. Su captura se convirtió en una obsesión para los falangistas locales. Los dirigentes obreros más visibles figuraban entre los principales objetivos de la represión que se estaba desplegando por toda la isla.
Tras el golpe militar en Mallorca, Comes se refugió en la montaña, donde permaneció oculto durante cerca de tres meses. Su captura se convirtió en una obsesión para los falangistas locales
A mediados de octubre de 1936, tras meses escondido, Comes se encontraba exhausto. Pero había otro motivo que lo empujaba a abandonar el refugio: quería volver a ver a su hijo Tomeu, de apenas tres meses, a quien prácticamente no había podido conocer. El 13 de octubre descendió de la montaña acompañado de otros huidos. Buscó refugio en casa de un vecino, Pere Bonet, conocido como Palla Llarga. El propietario ya había sido detenido. Su esposa les dio cobijo, pero una denuncia vecinal acabó precipitándolo todo.
Aquella misma mañana, falangistas y guardias civiles localizaron el escondite y procedieron a la detención. Los arrestados fueron conducidos primero al cuartel de la Guardia Civil de Esporles. Según la documentación conservada, los falangistas exigieron al comandante que les entregara a los detenidos. El oficial se negó y ordenó su traslado a Palma, donde quedaron a disposición de la Dirección General de Seguridad.
“¡Viva Rusia!”
Las horas siguientes estuvieron marcadas por las torturas. Durante los interrogatorios, sus verdugos le arrancaron el tatuaje de Karl Marx a cuchilladas. También intentaron obligarlo a gritar “¡Viva España!”, a lo que él respondía reiteradamente: “¡Viva Rusia!”. Al día siguiente, 14 de octubre de 1936, apareció muerto.
Su cadáver fue hallado junto al de Miquel Seguí cerca de las puertas del cementerio de Palma. La autopsia atribuyó la muerte a diversos impactos de bala. El cuerpo fue identificado por su padre, Josep Comes Arbós. Entre sus pertenencias apareció un pequeño retrato de su vida truncada: en el bolsillo de la americana llevaba el recibo de unas entradas para las películas Sin rumbo y Justicia del fuego, proyectadas en la Casa del Pueblo el 19 de julio, así como un plano de la futura vivienda que proyectaba construir para su familia en la costa des Rafal. Días después, un falangista local llegó a jactarse públicamente de las torturas infligidas al dirigente socialista. “Qué gran gusto he pasado estirando de los cabellos a Largo Caballero”, dijo en un café del pueblo.
Un enemigo prioritario
La importancia política de Josep Comes Ferrà queda reflejada en la propia documentación represiva. En un informe, las autoridades franquistas lo describían como “uno de los principales dirigentes marxistas de esta localidad”. Recordaban su viaje a la Unión Soviética, sus intervenciones radiofónicas desde Moscú y las conferencias que impartió a su regreso. También destacaban su papel en la organización sindical y su influencia entre los trabajadores de Esporles.
Según el documento, había participado activamente en las movilizaciones obreras de los años republicanos y era considerado “el mayor responsable de la propaganda marxista de esta villa” y una persona “muy peligrosa”. Paradójicamente, la burocracia franquista dejó una muestra más del carácter arbitrario de la represión: un escrito policial fechado el 22 de diciembre de 1936 afirmaba que Josep Comes había sido puesto en libertad porque no se había hallado ningún cargo contra él. Para entonces llevaba más de dos meses muerto. El 22 de septiembre de 1937, las autoridades militares emitieron un requerimiento para que compareciera ante el juzgado en un plazo de cinco días, bajo amenaza de ser declarado rebelde. El destinatario de aquella citación había sido ejecutado hacía casi un año.
Noventa años después de su asesinato, el sobrenombre con el que era conocido continúa resonando en la memoria de Esporles. La figura de Josep Comes Ferrà permanece ligada a aquella generación de trabajadores que se organizaron para conquistar derechos y defender sus ideales políticos, y que acabaron convirtiéndose en objetivo de la represión desatada tras el golpe militar de 1936. Su historia, como la de tantos otros militantes perseguidos y asesinados, forma parte de una memoria colectiva que todavía trata de recuperar sus nombres, reconstruir sus trayectorias y devolverles el lugar que les fue arrebatado.
En julio del año pasado, el Ayuntamiento de Esporles aprobó la primera ordenanza municipal de memoria democrática del Estado, en respuesta a la derogación de la ley autonómica por parte de PP y Vox. La norma local establece un marco normativo propio para reconocer, reparar y preservar la memoria de las víctimas de la represión franquista. El Grupo de Memoria Democrática de Esporles —constituida como delegación local de la asociación Memòria de Mallorca— eleva a cerca de 300 las mujeres y hombres que fueron represaliados en el municipio “por tener unas ideas diferentes de quienes se sublevaron contra la Segunda República”.
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