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El rescate de una patera que desbordó a Tomeu, tripulante de Salvamento Marítimo: “Se hundía, se hundía...”

Tomeu Lladó dejó Salvamento Marítimo semanas después por agotamiento físico y mental

Tomeu Mesquida

Mallorca —
15 de agosto de 2026 22:37 h

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Hace poco más de un año que lo dejó y ahora ya puede contarlo. Tras salir de la peor guardia de su vida, mientras intentaba procesar lo que acababa de vivir, Tomeu Lladó se dijo a sí mismo: “Hasta aquí. Lo dejo. No puedo más”. Llevaba 15 años enrolado en Salvamento Marítimo, la mayoría de ellos a bordo de la Salvamar Mimosa de Portocolom (Mallorca), y solo le quedaban dos años para jubilarse.

En sus últimos días de guardia, Lladó participó en cinco operaciones en las que fueron rescatadas 112 personas. Entre una salida y otra, siguió trabajando en el mantenimiento de la embarcación, durmió apenas unas horas y permaneció disponible las 24 horas, como exigía su turno. “El caso que colmó el vaso, que me hizo ver que no podía soportarlo más, fue cuando nos volcó delante de nuestras narices una patera de lo llena que iba”, cuenta al principio de la conversación que recientemente mantuvo con elDiario.es, sin dejar mucho espacio para los preámbulos sobre su vida anterior a Salvamento Marítimo.

Lladó ha trabajado siempre en la mar. Una primera etapa de quince años como mestre d’aixa –carpintero de ribera–; después como pescador profesional en llaüt, la embarcación tradicional de madera de la que es un firme defensor. Tras varios trabajos en embarcaciones de limpieza y control de costas, empezó a cubrir bajas en Salvamento Marítimo, pasando por las bases de Salvamento en Ciutadella, Alcúdia, y ya por último en Portocolom, su hogar.

Ahí trabajó como marinero en la Salvamar Mimosa. Una embarcación gobernada 24/7 por dos tripulaciones que se alternan cada semana y que están formadas por un patrón, un mecánico y dos marineros. Por su ubicación, la embarcación interviene habitualmente en los rescates del sur de Mallorca y del entorno de Cabrera, uno de los principales focos de la ruta migratoria que conecta Argelia con Balears.

El caso que colmó el vaso, que me hizo ver que no podía soportarlo más, fue cuando nos volcó delante de nuestras narices una patera de lo llena que iba

Tomeu Lladó Extripulante de Salvamento Marítimo
En sus últimos días de guardia, Tomeu Lladó participó en cinco operaciones en las que fueron rescatadas 112 personas

La carga de trabajo ha crecido. En 2020 llegaron por mar a las Illes Balears 1.464 personas; en 2024 fueron 5.846 y en 2025, 7.279, según las cifras recopiladas a partir de las informaciones de la Delegación del Gobierno. Los datos muestran que, en 2025, Formentera fue el punto donde se localizaron más embarcaciones; sin embargo, en Cabrera (donde actúa sobre todo la Mimosa) se concentraron más personas: 3.037 en 144 barcas.

La consolidación de la ruta, especialmente a partir de 2020, incrementó el trabajo, sostiene Lladó. “No cambiaron los turnos, los descansos ni el salario”. La situación y el clima laboral en la mayoría de las bases del archipiélago es a día de hoy “tenso”, siendo “elegantes”. Sus trabajadores activos prefieren no hablar en los medios, y tienen miedo a posibles correctivos por parte de la Dirección de SASEMAR (Salvamento Marítimo). “La empresa”, como la refieren ellos, ya ha sancionado sin empleo y sueldo a patrones que han optado por parar el barco para dar un descanso mínimo a la tripulación tras jornadas de día y noche consecutivas sin relevo. Tomeu Lladó, en cambio, ya no tiene ningún miedo. Porque su miedo durante los últimos años era que le sonara el teléfono para ir “a pateras”.

La consolidación de la ruta migratoria entre Argelia y Balears, especialmente a partir de 2020, incrementó el trabajo. “No cambiaron los turnos, los descansos ni el salario”, señala Lladó

Portocolom es un pueblo costero y con gran tradición de pescadores. Sus vecinos son testigos directos de la consolidación de la ruta migratoria entre Argelia y Balears

La llamada que lo cambió todo

De carácter reservado, como suele atribuirse a los isleños, Lladó usa la ironía cuando duele y sonríe cuando la cosa se pone seria. Justo así continúa su relato de aquella noche. A las 22.20 horas del 2 de diciembre de 2024, tras la jornada habitual de trabajo en base y después de atender otra emergencia entre las 15.00 y las 18.00 horas, se activó nuevamente el operativo para rescatar una embarcación localizada a 4,7 millas al sur de Santanyí. Según informó después la Delegación del Gobierno, intervinieron Salvamento Marítimo, el Servicio Marítimo Provincial y los puestos de la Guardia Civil de Felanitx, Santanyí y Campos.

De carácter reservado, como suele atribuirse a los isleños, Lladó usa la ironía cuando duele y sonríe cuando la cosa se pone seria

La Mimosa llegó a la zona hacia la una de la madrugada del día 3. La Guardia Civil ya estaba allí “con una embarcación tipo zodiac, custodiando la patera” y alumbrando a sus ocupantes con un foco. Nada más llegar, Lladó y sus compañeros advirtieron de que tendrían que actuar con mucho cuidado: “No había un centímetro cuadrado vacío en la barca”. La embarcación llevaba un motor de unos 250 caballos, mucho más potente de lo habitual. “Normalmente llevan un motor de 25, 30 o 40 caballos como mucho”, explica.

Tomeu sostiene que el protocolo que se aplicó aquella noche lo habían repetido hasta el agotamiento: después de haberse situado a una distancia prudencial (para no provocar el impulso de salir apresuradamente de la embarcación y comprometer su estabilidad), se aproximaron lentamente mientras les comunicaban “que el rescate sería de uno en uno para evitar sustos”. Luego amarraron la embarcación, “por proa y por popa”, para que quedara bien arrimada a la Salvamar Mimosa. Mientras tanto, la Guardia Civil se situó detrás de ellos viendo el rescate. Las tres barcas quedaron en línea.

Muchos pescadores de la zona encuentran y recogen habitualmente restos de naufragios o que caen de las barcas usadas por los migrantes

“A medida que comenzamos a bajar a la gente, eso se iba hundiendo”, rememora. Los ocupantes pasaban a la Mimosa por la proa. El peso del motor y de quienes todavía permanecían en popa hacía descender cada vez más aquella parte de la barca. Lladó lo repite: “Se hundía, se hundía. Poco a poco. Se hundía”.

No recuerda que hubiera mala mar, pero sí algo de oleaje. Suficiente para que un lengüetazo de agua salada entrara en la precaria embarcación y “la desestabilizara”. Entonces se escucharon los chillidos:

—¡Rápido, rápido! ¡Hacia delante! —gritaba la tripulación de la Mimosa.

Acto seguido, la desdicha: “La barca se dio vuelta de lado, hacia el lugar contrario de nuestra barca, enseñándonos la quilla”. Los que aún no habían podido bajar cayeron al agua. No llevaban chalecos salvavidas y dos quedaron atrapados bajo el casco, con la embarcación volcada sobre ellos.

"La barca se dio vuelta de lado, hacia el lugar contrario de nuestra barca, enseñándonos la quilla", recuerda el extripulante. Los que aún no habían podido bajar cayeron al agua. No llevaban chalecos salvavidas y dos quedaron atrapados bajo el casco, con la embarcación volcada sobre ellos

“No me sueltes”

La mayoría consiguió subir a la Mimosa por su cuenta. “Pero un hombre quedó atrapado entre las dos barcas”, recibiendo los golpes de su embarcación, que continuaba atada a la Mimosa. “Yo le di la mano para ayudarle a subir, pero no podía aguantar mucho”, relata Tomeu Lladó.

“Era grande y yo lo agarraba con una mano. Con la otra tenía que sujetarme a la barandilla para no caer al agua”. Mientras intentaba sostenerlo, buscaba una navaja en el bolsillo para cortar el cabo y evitar que la barca continuara golpeándolo.

—No me sueltes —le decía el hombre.

—No te soltaré —respondía Lladó.

—No me sueltes —le decía el hombre —No te soltaré —respondía Lladó

Se entendían porque el hombre, que era argelino, hablaba francés y los conocimientos que tenían de esa lengua se afinaron gracias al lenguaje atávico de la adrenalina y el miedo. Mientras tanto, “yo veía una manita bajo la patera”; uno de los que había quedado debajo intentaba salir, “pero veía nuestra quilla y no encontraba la salida”. La barca golpeaba al hombre que sostenía Lladó, y él pedía apoyo, sin éxito, a sus compañeros que estaban ayudando aún a subir a los otros, y le tocó esperar.

“En un momento dado, agarrados, me preguntó si tenía hijos”, relata Tomeu. “Sí, le contesté. Dos hijas. Y él respondió: 'Yo también. No me sueltes'”. El relato aquí se rompe. Lladó es un hombre que habla con la boca pequeña, pero mira fuerte, con los ojos muy abiertos. “Aún me afecta. Lo pasé muy mal”, dice, y con esos ojos vidriosos a punto de quebrar, sigue el relato con una sonrisa de disgusto. El cabo de proa “finalmente rompió, y cesaron los golpes”. Los chicos que habían quedado bajo la barca “salieron al poco: uno fue directo a la Mimosa y el otro, visiblemente desorientado, salió a nado hacia el horizonte”.

"En un momento dado, agarrados, me preguntó si tenía hijos", relata Tomeu. "Sí, le contesté. Dos hijas. Y él respondió: 'Yo también. No me sueltes'"

Tomeu Lladó

Cuando sus compañeros ayudaron a subir al hombre al que sostenía, cortaron el cabo de popa. “La barca se hundió como un plomo. ¡Plop! Aún debe de estar ahí”. El hombre que nadaba en dirección contraria acabó virando y también fue rescatado. “Suerte que eran jóvenes y sabían nadar. Rescatamos a mucha gente que no sabe”. Las 25 personas que viajaban a bordo –24 hombres y una mujer– sobrevivieron.

Ya en tierra, el hombre al que Tomeu Lladó no le soltó la mano le dijo: “Tu es comme mon grand-père”, o, traducido: “Me dijo que era como su abuelo; encima me hizo quedar de viejo”, dice socarrón y claramente afectado para provocar una sonrisa después del relato.

El hombre al que Tomeu Lladó no le soltó la mano le dijo: 'Tu es comme mon grand-père', o, traducido: “Me dijo que era como su abuelo; encima me hizo quedar de viejo”, dice socarrón y claramente afectado para provocar una sonrisa después del relato

El rescate que lo cambiaría todo para Lladó no sería el último ni el primero de su turno de 14 días. Por ejemplo: del 29 de noviembre al día del rescate, habían asistido, fuera de horario habitual, a tres embarcaciones con 69 personas a bordo.

Esa noche, la noche clave, salieron a las diez de la noche y llegaron a la base entre las tres y las cuatro de la madrugada. A la mañana siguiente, sin apenas haber dormido, iniciaron sus labores habituales (ese día relacionadas con el combustible). A las 12.00 horas les llamaron para asistir a una nueva embarcación precaria: 18 personas rescatadas. A las 18.00 llegó a tierra. Esa misma tarde acabó su turno sin saber que era el último.

Lateral de la Salvamar Mimosa, con el puente de mando, los aros salvavidas y la zona de rescate señalizada donde sucedió todo

24 horas pendientes del teléfono

El problema principal, insiste, no es únicamente la dureza de cada salida, sino la acumulación. “Las guardias son exactamente las mismas: siete días seguidos, pendientes las 24 horas, con respuesta inmediata. Pero la carga de trabajo se ha multiplicado” desde la consolidación de la ruta migratoria.

El problema principal, insiste Lladó, no es únicamente la dureza de cada salida, sino la acumulación: 'Las guardias son exactamente las mismas: siete días seguidos, pendientes las 24 horas, con respuesta inmediata'

Lladó también se queja de que la empresa considere descanso lo que para ellos sigue siendo trabajo. Cuando no están en una emergencia, “no están simplemente sentados en una oficina”, dice, y enumera las labores: “Limpiar y puntar la embarcación, hacer mantenimiento, preparar cabos, revisar material, comprar agua, calcetines o ropa seca para las personas rescatadas y pedir las mantas de Cruz Roja. Siempre, siempre, siempre hay cosas que hacer”, recalca. Por eso sostiene que “la empresa debería tener, como mínimo, otra tripulación”.

En julio de 2025, Salvamento Marítimo anunció oficialmente un refuerzo específico para Balears durante el verano mediante la incorporación de la Guardamar Concepción Arenal, un aumento de la disponibilidad de las lanchas de Cruz Roja y un dispositivo compuesto por seis Salvamares, una Guardamar, un remolcador, un helicóptero y cuatro lanchas conveniadas. La nota de prensa emitida entonces por el organismo explica que el objetivo era responder al incremento de la actividad náutica y de las intervenciones de emergencia durante el verano.

En julio de 2025, Salvamento Marítimo anunció oficialmente un refuerzo específico para Balears durante el verano mediante la incorporación de la Guardamar Concepción Arenal, un aumento de la disponibilidad de las lanchas de Cruz Roja y un dispositivo compuesto por seis Salvamares, una Guardamar, un remolcador, un helicóptero y cuatro lanchas conveniadas

Sin embargo, Lladó lamenta que la guardia en periodo estival se convierta en un estado de alerta permanente. “Uno se acuesta pensando que el teléfono sonará y ya duerme mal”, dice el extripulante, que tiene ahora 60 años. “A los 40, si no puedes dormir, no duermes. Para mí ahora es diferente”: cuando el aviso llega de madrugada, después de un día de trabajo, “se te cae el alma a los pies”.

Un análisis publicado en 2025 por Erik Monreal Bringsvaerd, catedrático de Derecho del Trabajo de la Universitat de les Illes Balears, cuestiona el régimen de jornada aplicado al personal de flota de Salvamento Marítimo. Según explica, durante sus periodos de embarque los trabajadores permanecen disponibles las 24 horas. Al terminar su horario ordinario en puerto, continúan de guardia telefónica, y no pueden rechazar los avisos, disponiendo de únicamente 20 o 30 minutos para preparar la embarcación, largar cabos y hacerse a la mar.

Lladó lamenta que la guardia en periodo estival se convierta en un estado de alerta permanente. 'Uno se acuesta pensando que el teléfono sonará y ya duerme mal', dice el extripulante, que tiene ahora 60 años. 'A los 40, si no puedes dormir, no duermes. Para mí ahora es diferente': cuando el aviso llega de madrugada, después de un día de trabajo, 'se te cae el alma a los pies'

Lladó ahora cuida de su huerto y no ha dejado de navegar. Sigue muy pendiente de lo que viven a diario sus excompañeros. Dice que las condiciones son "aún peores" que cuando se marchó. Verlo desde fuera le confirma que tomó la decisión correcta

El propio convenio colectivo del Personal de Flota de la Entidad Pública Empresarial Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima (Sasemar) establece para las Salvamares periodos de embarque de siete días y considera que, dentro de esas jornadas, el tiempo de trabajo en puerto corresponde al horario habitual, mientras que “el resto de horas hasta las veinticuatro de cada día” tiene la consideración de “tiempo de disponibilidad para servicios en la mar”

Monreal calcula que este sistema podría generar jornadas anuales de más de 4.300 horas. Una jornada de 40 horas semanales equivale a unas 1.800 horas de trabajo efectivo al año. Se trata de una interpretación jurídica, no de una ilegalidad declarada por los tribunales, pero pone el foco en qué debe considerarse tiempo de trabajo y qué puede computarse como descanso.

La labor de los tripulantes de Salvamento Marítimo se basa en el salvamento de vidas humanas y la lucha contra la contaminación marítima. No solo rescatan en la ruta migratoria, sino que atienden embarcaciones de recreo, turistas y profesionales de la pesca, por nombrar algunos ejemplos. Realizan en la mar los trabajos que llevan a cabo en tierra las ambulancias, bomberos y grúas de remolque de vehículos. Los periodos de guardia/descanso varían según el tipo de barco.

Lladó reclama que, después de una jornada larga de rescates, la tripulación sea sustituida por compañeros descansados. “Hemos llegado a hacer 14, 17 o hasta 19 horas de trabajo en un periodo de 24 horas. Sin dormir, con el riesgo que comporta para la gente que rescatamos y para nosotros mismos”.

Lladó reclama que, después de una jornada larga de rescates, la tripulación sea sustituida por compañeros descansados. 'Hemos llegado a hacer 14, 17 o hasta 19 horas de trabajo en un periodo de 24 horas. Sin dormir, con el riesgo que comporta para la gente que rescatamos y para nosotros mismos'

“Esto no lo hace ningún equipo de emergencia del mundo”

“Esto no lo hace ningún equipo de emergencia del mundo”, afirma, poniendo el ejemplo de los bomberos: cualquier cuerpo sometido a emergencias necesita turnos y descansos reales. Propone, invocando “la ley que regula las guardias de la mar”, que se “respete el máximo de 14 horas de trabajo efectivo en un periodo de 24 horas y activar después un relevo”.

Pero su malestar más profundo tiene que ver con la preparación y el cuidado psicológico. Los veteranos enseñan el oficio a bordo, según Lladó, pero apunta que nadie los prepara para gestionar una embarcación llena de personas en pánico, niños en estado de shock o la posibilidad de que alguien muera ante ellos.

“Tú vas como marinero raso, pero esto no tiene nada que ver con ser un marinero normal y corriente”, afirma Tomeu. Existe un servicio psicológico al que pueden llamar, pero, según explica, no hay seguimiento después de las situaciones límite: “El psicólogo lo tendrían que mandar antes, para prepararnos como mínimo”.

'Tú vas como marinero raso, pero esto no tiene nada que ver con ser un marinero normal y corriente', afirma Tomeu. Existe un servicio psicológico al que pueden llamar, pero, según explica, no hay seguimiento después de las situaciones límite: 'Al psicólogo lo tendrían que mandar antes, para prepararnos como mínimo'

Sus quejas, insiste, “no son solo mías”. Asegura que varios compañeros de la flota balear han comenzado a presentar reclamaciones sobre la manera en que se contabilizan el trabajo y los descansos. La denuncia coincide con la posición expresada públicamente por CCOO, que el pasado 29 de junio reclamó más medios para Salvamento Marítimo en Balears, la puesta en marcha efectiva de una zona SAR propia del archipiélago –el área marítima asignada para coordinar operaciones de búsqueda y rescate–, la renovación de la flota –especialmente de las Salvamar– y un incremento de recursos humanos y materiales ante el aumento de la presión migratoria y del tráfico marítimo recreativo en verano. El sindicato también pidió mejorar las condiciones físicas, laborales, higiénicas y de salud mental del personal encargado de los rescates.

Después de su último servicio, Lladó inició el periodo de descanso que le correspondía. El 10 de diciembre tenía que volver a embarcar, pero no estaba bien. Fue al médico y recibió la baja. Había hablado con su familia y entendió que no podía volver. Lo cuenta como una imposibilidad física: “No podía”, dice contundente, como si le hubieran preguntado por qué no levantaba una piedra de tres toneladas.

Después de poco más de un mes de baja médica, llamó a la empresa y le comunicó que se iba; no le ofrecieron ningún apoyo psicológico extra. El 14 de febrero de 2025 cerró su etapa en Salvamento Marítimo. Le faltaban dos años para jubilarse. Ahora vive de ahorros y cuida de un huerto. Volvió al mar y lee con atención lo que viven sus excompañeros. Hace unos días conoció el hallazgo de cuatro cuerpos de migrantes cerca de donde vio volcar esa barca. “Cuando veo que todo continúa igual o peor que cuando dejé el trabajo, creo que tomé una buena decisión”.

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