ELECCIONES EN FRANCIA

El declive de los partidos históricos en Francia ante la primera vuelta de las presidenciales

La candidata socialista Anne Hidalgo pronuncia un discurso durante un mitin de campaña en el Cirque d'Hiver el pasado domingo.

Amado Herrero

París —

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Las elecciones presidenciales de 2017 transformaron completamente el paisaje político francés. Por primera vez desde 1958, ninguno de los dos grandes partidos se clasificó para la segunda vuelta: el conservador François Fillon recibió alrededor del 20% de los votos, el socialista Benoît Hamon se quedó en el 6,4%. Cinco años después, los sondeos estiman que las dos formaciones verán reducidos a la mitad aquellos resultados: las proyecciones dan un 2,5% a Anne Hidalgo (Partido Socialista) y menos de un 10% a Valérie Pécresse (Los Republicanos), mientras que al candidato de Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, lo colocan en torno al 15%.

El porqué de la crisis de la izquierda francesa

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Las últimas elecciones presidenciales reflejaron el alejamiento de los franceses del mundo partidista, una tendencia que no ha dejado de aumentar en los últimos años. Las encuestas muestran una creciente desafección entre partidos y votantes, que ya no ven en las formaciones políticas la capacidad de resolver los grandes problemas. El gran beneficiado ha sido el presidente Emmanuel Macron, que ha sabido recuperar temas, votos y apoyos a ambos lados del espectro político. La semana pasada, recibió el del alcalde de Dijon y antiguo ministro de Trabajo, el socialista François Rebsamen. Poco antes, el exministro de Nicolas Sarkozy Éric Woerth pidió el voto para él. 

El sábado pasado, Macron se dirigió especialmente a los votantes progresistas en su gran mitin en el barrio parisino de La Défense. Llegó a utilizar un lema del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), “sus vidas valen más que todos los beneficios”, en relación a un escándalo sobre la negligencia y los malos tratos en residencias de mayores privadas destapado por una investigación periodística. En el mismo discurso, Macron reprendió a “los grandes grupos privados que quieren decidir en lugar de las naciones”, advirtió sobre los “desajustes del capitalismo” y llegó a apuntar al “sistema” como su oponente. “El sistema vendrá a decirnos que es imposible y nosotros lo haremos”.

Hidalgo ante sus fieles

Un día después, la candidata socialista reunía a unos 2.400 seguidores en el Cirque d'Hiver de París, histórica sala de espectáculos situada a medio camino entre la plaza de la República y la de la Bastilla. “La izquierda somos nosotros”, respondió Anne Hidalgo en su discurso. “Macron es de derechas, practica hasta el adelantamiento de la derecha por la derecha”. El último gran mitin de Hidalgo fue, al mismo tiempo, una reivindicación y una despedida de la política nacional, anticipando su regreso como alcaldesa de la capital a tiempo completo.

Arropada por algunas figuras del partido como Martine Aubry o el ex primer ministro Bernard Cazeneuve, el auditorio estaba lleno de sus simpatizantes más fieles. “Tenemos una gran alcaldesa que sería una gran presidenta de la República”, comentaba Danielle, una de las asistentes al mitin socialista. “Pero los medios de comunicación franceses solo hablan de ella para decir que sus números son malos: no ha sido una campaña justa”. Propietaria de un pequeño comercio en París, no se hace ilusiones sobre las posibilidades de entrar en la segunda vuelta. “Vamos directos al desastre”, reconocía con resignación. “Pero yo siempre he votado socialista”.

“Hidalgo es la única candidata que se preocupa de verdad de los más frágiles, de los mayores o de los estudiantes que tienen que hacer cola en las cocinas solidarias porque no tienen para comer”, decía Thibault, otro de los votantes que acudió al Cirque d’Hiver. Aunque este treintañero es consciente de que el partido atraviesa un momento crítico, no cree que un mal resultado suponga el final del Partido Socialista (PS). “Seguimos estando a la cabeza de varias regiones, de ciudades importantes; la implantación local del partido es muy fuerte”. 

Aunque en las últimas citas electorales el PS ha visto diezmado el número de sus parlamentarios, sí ha sido capaz de conservar los ayuntamientos de algunas grandes ciudades como Montpellier o Nantes, además de arrebatar el de Marsella a la derecha –después de 25 años en la oposición– gracias a una coalición de fuerzas de izquierda llamada Printemps marseillais (Primavera Marsellesa). Ahora, múltiples personalidades del partido están llamando a organizar “un nuevo congreso de Epinay”, en referencia a la reunión de 1971 en la que François Mitterrand tomó el control e impuso la nueva línea que le llevaría a la presidencia nueve años después. 

“El objetivo del final de campaña de Hidalgo ha sido continuar siendo visible, recordar a la gente que está ahí”, dijo el politólogo Olivier Rouquanen ante los micrófonos de la radio France Info. “El mero hecho de estar presente permite al Partido Socialista prepararse para el futuro, tener una oferta y mejorarla de cara a las legislativas”. El expresidente François Hollande ha comenzado a moverse para recuperar el control del PS, pero la mayoría de medios franceses apuntan a Carole Delga, presidenta de la región de Occitania (reelegida en 2021 con una aplastante mayoría), como la mejor situada para encarnar una nueva línea socialista. 

Riesgo de fractura en la derecha tradicional

En la otra punta de la ciudad, el mismo domingo en que Anne Hidalgo celebraba su mitin, Valérie Pécresse se dirigía a sus seguidores en el Parc des Expositions, en la Puerta de Versalles. Recién salida de un periodo de aislamiento por la COVID-19 –que la obligó a interrumpir sus actos públicos durante una semana–, Pécresse también quiso utilizar el acto como una reivindicación personal. Su partido, Los Republicanos (LR), ha conseguido dar una imagen de unión bastante más sólida que el PS, con la notable excepción de Nicolas Sarkozy, cuyo silencio se está interpretando como un apoyo tácito a Emmanuel Macron. O, al menos, como un rechazo a Pécresse.

En la práctica ya nadie cree en sus opciones de clasificarse para la segunda vuelta y los representantes locales ya preparan las siguientes citas. Pero el resultado final es importante: obtener una mejor puntuación que Éric Zemmour es esencial de cara a las próximas legislativas, en las que el tertuliano de extrema derecha espera –en compañía de Marion Maréchal Le Pen– consolidar su partido Reconquista. Zemmour y Pécresse se disputan un electorado similar –según el barómetro Ipsos, un 14% de los votantes de Fillon en 2017 votarán ahora a Zemmour– y se han concentrado en atacarse mutuamente, lo que ha favorecido a Marine Le Pen, que ha consolidado su segunda plaza en el tramo final de la campaña. 

En el partido de Sarkozy y Jacques Chirac se prepara una batalla entre dos líneas distintas: una más centrista anclada en cuestiones económicas y una corriente más a la derecha basada en seguridad e identidad nacional. División que podría aparecer desde la noche del domingo cuando algunos cargos llamen a votar a Macron, para mantener el frente republicano contra la extrema derecha, y otros apoyen a Le Pen o se nieguen a pronunciarse. 

El principal representante del ala dura del partido será el diputado Éric Ciotti, segundo en las últimas primarias detrás de Pécresse, que ha declarado en varias ocasiones sentirse más próximo a Éric Zemmour que a Emmanuel Macron. El pasado miércoles, una tribuna firmada por varios miembros del partido, publicada en Le Figaro, llamaba a mantener la independencia de LR ante el resto de partidos. “No nos podemos diluir ni en la mayoría encarnada por Emmanuel Macron ni en la extrema derecha encarnada por Marine Le Pen y Éric Zemmour”. Pero con una tercera derrota electoral seguida en camino, es difícil que el partido sea capaz de trazar una línea común respetada por todos.

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