Diez años después del Brexit, la mayoría de los británicos quiere volver a la UE pero sus políticos no saben cómo
Peter Corr, británico del centro de Inglaterra, lleva meses recogiendo comentarios de conciudadanos que quieren volver a la Unión Europea. Los ha reunido en un libro que pensó en mandar al Parlamento Europeo en Bruselas. Con otros colegas europeístas, se le ocurrió una idea mejor: recorrer a pie los más de 300 kilómetros que separan Londres de la capital de la UE y entregarlo en mano. Corr es originario de Birmingham, veterano del Ejército británico, camionero y activista desde 2019.
Caminó con media docena de personas de su grupo Rejoin Ramble (la caminata del regreso) durante 13 días. Cruzaron el canal de la Mancha en ferry hasta Calais, en Francia, y llegaron el 5 de junio hasta la sede de la Eurocámara en Bruselas, donde Corr nunca había estado. Aquel viernes por la tarde, habían quedado allí con un eurodiputado, pero les recibieron unas 50 personas, a ratos bajo la lluvia.
Corr y su grupo querían transmitir lo que ya registran las encuestas: la mayoría de los británicos está descontenta con el Brexit y dice que está a favor de que su país vuelva a la Unión Europea.
“La gente en los países de la UE no escucha lo que pensamos los ciudadanos comunes en el Reino Unido”, explica a elDiario.es Corr, que cree que los políticos y los medios difunden solo sentimientos negativos a sus colegas europeos. Él ha visto cómo su propia comunidad ha cambiado en los diez años que han pasado desde el referéndum que sacó a su país de la Unión Europea.
Corr nació en Birmingham hace 46 años, pero creció en Croydon, al sur de Londres, y en Worcester, al norte. Se unió al Ejército cuando tenía 18 años. En el servicio militar conoció a su pareja y se mudó con ella a su ciudad, Burton upon Trent, cerca de Derby. Allí, como en todo el centro de Inglaterra, casi el 60% votó a favor del Brexit en 2016. Pero, una década después, incluso en lugares como Derby la opinión pública es otra.
Guerra y paz
A Corr le gusta caminar por el campo, como buen británico, pero no se considera un experto caminante ni tiene equipo de senderismo. El camino fue un reto para todos, especialmente con la ola de calor de principios de junio y algún percance de salud (uno de los miembros del grupo estaba operado de cadera).
El grupo llevaba una bandera europea, y la mayoría de los comentarios de espontáneos fueron positivos. Corr habla de la excepción, “un par de personas un poco conflictivas” en Canterbury, en Kent. En Francia y en Bélgica se sorprendieron del recibimiento tan amigable: “Nos invitaban a volver… Fue muy alentador. Eso fue lo que nos mantuvo en pie especialmente durante los días difíciles bajo el calor”.
La ruta que hicieron hasta Bruselas es un “poderoso recordatorio sobre la guerra”, con ceremonias y memoriales de caídos a lo largo del camino y momentos que Corr describe como emotivos e iluminadores: “Eso me recordó por qué queremos volver a la UE, porque es básicamente un proyecto de paz. La idea es que si conectas a todos estos países económica y políticamente no irán a la guerra entre sí. Y funciona.”
Los recibió en Bruselas Sandro Gozi, europarlamentario italiano que ahora pertenece a la delegación de Francia por el partido de Emmanuel Macron y preside un grupo de relaciones de la UE con el Reino Unido. En un discurso, Gozi prometió que en cada reunión con representantes del Gobierno de Londres tendrá a mano el libro de testimonios.
A los caminantes también les esperaban británicos residentes en Bélgica o en España, y simpatizantes europeos en Bruselas. A Corr le emocionó que un joven alemán tomara el micrófono delante del Parlamento y dijera: “Bienvenidos a casa”.
Corr es ahora uno de los organizadores de las marchas anuales en Londres, pero su activismo es reciente y cuenta que nació de ver los efectos del Brexit en su comunidad.
Votó en el referéndum del 23 de junio de 2016 a favor de permanecer en la Unión Europea, pero dice que entonces no podía imaginar la importancia de aquel día. “Voté, pero sinceramente no lo hice con mucha pasión porque, como mucha gente en este país, realmente no sabía mucho al respecto”, dice. En 2019, un año antes de la salida oficial del Reino Unido de la Unión Europea, se implicó en la causa en lugar de “aburrir” a sus familiares con quejas en Facebook. Fundó el grupo nacional de marchas a favor de la vuelta a la UE.
La opinión pública ahora
La abrumadora mayoría del país cree que salirse de la Unión Europea fue una mala idea y ha tenido efectos negativos en la economía, la política y la demografía. El porcentaje cambia según cómo se pregunte, pero el rechazo al Brexit se repite de manera consistente.
El 56% está ahora a favor de volver a la UE frente al 35% que opina lo contrario, según una encuesta de YouGov de mayo. Desde 2022 ha habido una clara y consistente mayoría de votantes a favor de reincorporarse a la UE. En promedio, en las encuestas de este año, el 60% está a favor de reincorporarse, según la red académica UK in a Changing Europe.
La mayoría de los británicos también está a favor de acercarse a la UE cuando se pregunta por políticas concretas, como el comercio y la defensa. Incluso el 40% de quienes se identifican como votantes de Reform, el partido de extrema derecha salido del Partido del Brexit, están de acuerdo con la idea de reforzar la relación de seguridad y defensa con los vecinos europeos. Hay mayorías para la vuelta al mercado único y el acercamiento de casi cualquier tipo a la UE.
El efecto dominó
Para Corr, está claro lo que ha pasado en los últimos 10 años, en particular en esta década: la mayoría ha sentido los efectos del Brexit en la vida diaria de un país empobrecido. “No importa en qué sector estés o qué empleo desempeñes, ha afectado a todo el mundo”, dice. Su trabajo como camionero es un buen ejemplo: cada vez tiene menos colegas y se nota el efecto dominó en la cadena logística. En un país que depende casi completamente del transporte por carretera, no hay suficientes conductores para llevar a tiempo ladrillos a las canteras o huevos a los supermercados.
Corr cuenta que empresas han quebrado, sobre todo las pequeñas, por falta de personal y que se nota la ausencia de las decenas de miles de camioneros de la UE que se fueron a casa y no han regresado. De la escasez en los súper a los precios cada vez más altos, cree que todo tiene que ver con la falta de trabajadores. De hecho, el transporte ha sido uno de los sectores más afectados por el Brexit junto al de la hostelería y la sanidad.
“En mi sector, la evidencia está clara sobre lo que el Brexit le hizo a este país”, dice Corr, que estima que faltan unos 40.000 conductores. La bajada de la competencia, cuenta, no se ha traducido en salarios que compensen las subidas de precios: “Ninguno de nuestros salarios subió más que la inflación. Así que no estamos mejor.”
Las barreras transfronterizas también limitan sus opciones. El año pasado, se apuntó a un trabajo de reparto por toda Europa, pero el proyecto se canceló por el papeleo. Las ganancias se limitan en cuanto se empieza a acumular el coste de la burocracia y las demoras en la frontera.
Los retrasos en la frontera hacen que el comercio de bienes perecederos se haya reducido y que a muchos no les compense hacer el viaje. Los conductores europeos que cobran por kilómetro en lugar de por hora no están dispuestos a estar parados en un puerto británico tres o cuatro días.
“Y hacer todo esto tiene un efecto dominó que se nota en los precios de nuestras tiendas, en la frescura de los productos”, explica Corr. Durante su caminata hacia Bruselas, le llamaron la atención las frutas y verduras en los supermercados franceses y belgas. “Entrar en sus tiendas es ver una diferencia muy marcada entre nuestros supermercados y los de allá. Y todos sabemos por qué”, cuenta.
Las promesas de Starmer
El Gobierno laborista de Keir Starmer se ha acercado a los líderes de la UE en su relación personal y su retórica, pero poco ha cambiado en la práctica desde que llegó al poder en 2024. Starmer prometió aligerar la burocracia en la frontera, pero el acuerdo comercial actual entre la UE y el Reino Unido deja pocas opciones más allá de unos parches.
La caída en el comercio de bienes para el Reino Unido ha sido radical —el de servicios se ha mantenido— no solo con la Unión Europea, sino también con el resto del mundo, al quedarse fuera de cadenas de suministro. Las exportaciones del Reino Unido hacia la UE han bajado un 12% y las importaciones, un 16%, según un informe recién publicado, y los efectos más notables han sido en los sectores agrícola, químico y farmacéutico. A la vez, los británicos no han sustituido a los europeos por otros socios de manera notable y, de hecho, el comercio global ha bajado.
Incluso las multinacionales que siguen apostando por el Reino Unido han reducido sus planes para el país que está fuera del mercado europeo sin barreras. Se nota especialmente en sectores que dependen de componentes de varios orígenes, como el automovilístico.
El Brexit ha supuesto, por ejemplo, que la planta de MINI de BMW en Oxford, el polo económico para la ciudad además de la universidad, reconsidere sus planes para la fabricación de coches eléctricos. En la cercana Swindon, Honda cerró su fábrica en 2021 con la pérdida de miles de trabajos.
Al ser preguntado por elDiario.es por la planta de Oxford, un portavoz de BMW en el Reino Unido no quiere entrar en los efectos del Brexit y explica que “el libre comercio y la cooperación internacional” son muy importantes para el grupo. Los impuestos de la UE para los componentes de vehículos eléctricos fabricados en terceros países también afectan ahora al Reino Unido.
Más pobres
El informe más completo sobre el impacto económico del Brexit, publicado en noviembre de 2025, estima que el Reino Unido ha perdido entre el 6% y el 8% de su PIB por estar fuera de la Unión Europea.
“Estimamos que la inversión se ha reducido entre un 12 y un 18%, el empleo entre un tres y un cuatro por ciento, y la productividad, entre un tres y un cuatro”, explican los economistas autores del informe de la Oficina Nacional de la Investigación Económica (NBER, en sus siglas en inglés) de Estados Unidos. “Estos grandes efectos negativos reflejan una combinación de gran incertidumbre, demanda reducida, desvío del tiempo de gestión, y mal uso de recursos por el proceso dilatado del Brexit”.
Gran parte de esa pérdida viene del comercio, por las llamadas barreras no arancelarias, que aunque no implican el pago de recargos para los comerciantes, sí requieren papeleo extra, controles en la frontera y sobrecargos de impuestos para el consumidor. En el Reino Unido, algunos supermercados incluso prefieren pagar aranceles y comprar productos en mercados más inciertos: por ejemplo, tomates marroquíes en lugar de españoles.
El impacto se ha ido sintiendo a cámara lenta, en parte porque la salida oficial no fue hasta 2020 y las nuevas reglas se han ido desplegando desde entonces, en ocasiones con retrasos para intentar paliar sus daños.
El Gobierno laborista siente ahora la presión en su propio partido de volver al menos al mercado único, lo que permite tener acceso al comercio sin barreras, pero que también implica la libre circulación de personas, supuestamente el motivo que movilizó a la población en contra de la Unión Europea. Los gobiernos y las instituciones de la UE son escépticas sobre los intentos de Starmer de un acuerdo a medida y han rechazado la propuesta del Gobierno laborista de crear un mercado único para los británicos sin la libertad de movimiento.
Otra cuestión todavía más compleja sería integrarse de nuevo como miembro de pleno derecho en la Unión, probablemente después de otro referéndum en el Reino Unido y tal vez en alguno de los países miembros, por ejemplo, en Francia.
“Volver puede ser tan lioso como salirse”, dijo esta semana Anand Menon, director de UK in a Changing Europe, durante la presentación del informe de esta red académica sobre los 10 años desde el referéndum del Brexit. “Quién aconsejaría a un primer ministro exponerse a un montón de críticas durante años para tomar una decisión que beneficie a su sucesor. No se me ocurre ningún político que esté dispuesto a eso”.
El ni carne ni pescado del actual Gobierno reporta poco y aun así suscita críticas de la minoría más partidaria del Brexit y de la ruptura total con la UE. Starmer intenta ahora alinear la legislación británica con la europea de manera casi automática, con la esperanza de que eso agilice el comercio. Es una manera de acercarse al mercado único a la UE por la puerta de atrás.
Desde 2024, ha habido negociaciones sobre cooperación económica, cultural y de seguridad, pero el único acuerdo completado hasta ahora ha sido la reincorporación del Reino Unido a los programas de investigación e intercambio universitario. En todo caso, el efecto estimado de los acuerdos sobre la mesa, sería del 0,5% del PIB británico. Esto está lejos de compensar el daño que la agencia de control presupuestario del Reino Unido y la mayoría de los economistas creen que el Brexit ha causado a la economía británica.
Después de varios retrasos, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, anunció esta semana que la cumbre anual entre la UE y el Reino Unido se celebrará el 22 de julio en Bruselas. Los acuerdos de la del año pasado apenas han tenido desarrollos concretos, como subraya Jill Rutter, experta en el Brexit y exfuncionaria del Tesoro: “Todavía no se ha cumplido nada… No está claro que este Gobierno tenga una visión clara”.
“Juntos estamos mejor”
Pero, visión clara o no, Jonathan Portes, economista del King's College de Londres y miembro de UK in a Changing Europe, comentaba en la presentación del informe sobre los 10 años del Brexit que la vuelta a la UE puede ser la única opción para el Reino Unido, especialmente en un entorno donde ya está claro que Estados Unidos no es un aliado de fiar y que la competencia de China y la amenaza de Rusia pueden poner en apuros a todos los europeos.
“El punto medio resulta bastante incómodo en el futuro previsible”, dijo Portes, que cree que ahora es más fácil de argumentar para el público británico y europeo que “juntos estamos mejor”.
Los dos candidatos laboristas que ahora aspiran a sustituir a Starmer como primer ministro, Wes Streeting y Andy Burnham, defienden abiertamente la vuelta del Reino Unido a la Unión Europea. Pero el avance de una propuesta de acercamiento o regreso dependerá en gran medida de las elecciones de 2029. De momento, Nigel Farage, el líder de la extrema derecha y artífice del Brexit, encabeza las encuestas. Un Gobierno de Farage o de una coalición de su partido con los conservadores supondría incluso un retroceso respecto al estatus existente.
Tanto Reform como el Partido Conservador prometen ahora sacar al Reino Unido de la convención europea de derechos humanos, lo que llevaría a la suspensión del actual acuerdo de cooperación y comercio que regula las relaciones con la UE.
Igual que la salida de la UE fue resultado de una batalla entre las élites del Partido Conservador ahora puede haber otro debate en el Partido Laborista sobre si regresar debe ser una promesa para las próximas elecciones generales. Plantear la vuelta a la UE mejoraría la intención de voto de los laboristas: del 31% actual al 45%, según los últimos datos de UK in a Changing Europe. Otra cosa es que Starmer o su sucesor se atrevan a dar el paso.
Casi la mitad de los ciudadanos quiere otro referéndum sobre la UE, entre otras cosas porque hay una nueva generación que no tuvo la oportunidad de votar. Incluso en las zonas más partidarias del Brexit, como el centro y el norte de Inglaterra, se nota un cambio.
Corr está seguro de que verá al Reino Unido de vuelta a la UE. Según él, la única cuestión es cuándo. “El país no necesariamente ha cambiado de opinión, pero ha madurado”, dice Corr. “Siento que los ciudadanos han seguido adelante. Solo necesitamos que los políticos se pongan al día”.
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