Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
La mayoría de los votantes del PSOE pide a Sánchez agotar la legislatura
Altos cargos de Mazón ocultaron ante la jueza de la dana el grupo de WhatsApp
Opinión - Vuelve el meteorito, por Antón Losada

El alcalde de Manchester se enfrenta a la extrema derecha en la batalla que puede decidir al nuevo primer ministro británico

El alcalde de Manchester, Andy Burnham, de campaña en Ashton-in-Makerfield, Inglaterra, el 22 de mayo.

María Ramírez

14 de junio de 2026 22:00 h

0

El alcalde de Manchester, Andy Burnham, suele llevar un pin de una abeja en la solapa. Es el símbolo de la ciudad por su pasado industrial y la laboriosidad en equipo de sus vecinos. Bee (abeja, en inglés) también es el nombre de la red de transporte de la que más presume el alcalde.

A diferencia de lo que pasa en casi toda Inglaterra, Manchester y sus afueras tienen una red de autobuses y tranvías que está en manos públicas y gestionada por una sola empresa. La ciudad dio marcha atrás al plan de privatización de Margaret Thatcher por el que ahora la mayoría de los lugares tienen varias empresas de autobuses, que no admiten un solo billete y ofrecen un servicio escaso, caro y poco coordinado. La otra ciudad que tiene una empresa unificada es Londres, a menudo la villana en las conversaciones fuera de la capital como el polo rico que concentra los recursos del país.

“Londres es un planeta diferente”, explica a elDiario.es Pete Abel, experto en movilidad ciclista en Manchester y voluntario de Friends of Earth, una organización medioambiental no partidista. “¿Por qué en los 80 cuando Margaret Thatcher hizo saltar por los aires el transporte público en todos los sitios del país no hizo lo mismo con Londres? Westminster está en Londres y Londres es importante. ¿Por qué no lo son Manchester, Newcastle o Birmingham?”

Burnham, que es nativo de Liverpool y ha dado voz a las quejas del norte de Inglaterra sobre todo en la última década, concluyó el plan del transporte que llevó casi cuatro décadas y que fue obra sobre todo de su predecesor, pero ahora presume de su eficacia como receta para todo el país.

Esa es una de sus bazas para intentar convertirse en primer ministro después de desafiar a Keir Starmer en unas primarias del partido que espera forzar este verano. Primero el alcalde tiene que ganar este jueves el escaño en el Parlamento nacional en Makerfield, un distrito rural entre Manchester y Liverpool. La comunidad es parte del llamado Greater Manchester y, como a Burnham le gusta repetir, la red de autobuses también llega hasta allí. Pero, igual que muchos lugares de la periferia, esta zona se siente desconectada de la gran ciudad, desde la que no es fácil llegar. La mayoría de sus vecinos utilizan el coche para moverse. 

La batalla contra Reform

El principal rival de Burnham es Robert Kenyon, candidato de Reform, el partido de la extrema derecha de Nigel Farage. Burnham es ahora el líder laborista más popular, pero su partido sufrió una derrota aplastante en las elecciones locales en mayo. En Wigan, la localidad más grande de la zona, los laboristas perdieron a favor de Reform 24 de los 25 concejales en disputa.

Burnham tiene ahora cerca de 10 puntos de ventaja en las últimas encuestas respecto a Kenyon, fontanero local y concejal que perdió por poco en las elecciones generales de 2024 para el escaño ahora en disputa. La brecha de género es especialmente notable después de la publicación de comentarios machistas de Kenyon sobre una presentadora de televisión y sobre el derecho al aborto. El ahora candidato del partido de Farage también criticó el Brexit en una zona donde casi el 70% votó a favor de la salida de la Unión Europea en el referéndum de 2016. 

El Brexit y la inmigración

En Makerfield, como en la mayoría de Inglaterra, la opinión sobre la salida del Reino Unido es ahora muy negativa, pero subyacen algunos de los fantasmas que arrastraron al país a esa decisión.

“El Brexit ya no importa tanto. El control sobre la política y la inmigración es un asunto que importa mucho”, explica Luke Tryl, de la encuestadora More in Common. El distrito apenas tiene migrantes, más del 90% de su población ha nacido en el país y el 97% se describe como “blanca británica”. Pero las llegadas a través del canal de la Mancha y los extranjeros en otras zonas del país tienen un impacto en la opinión pública también allí. 

La violencia contra los inmigrantes y las personas británicas de minorías étnicas o religiosas tiene efectos aunque haya sucedido a cientos de kilómetros. Por ejemplo, los últimos disturbios en la zona protestante de Belfast, en Irlanda del Norte, después de un apuñalamiento en la calle por el que ha sido detenido un refugiado de Sudán.

Burnham ya ha prometido más mano dura contra la inmigración de cualquier tipo. El que supuestamente representaba el ala izquierda del partido también ha reculado ahora sobre sus deseos de que el Reino Unido vuelva a la Unión Europea, entre otras cosas por la libre circulación de personas que eso supondría.

Un agente de policía investiga una zona arrasada por los disturbios ultraderechistas en Belfast.

La miseria retratada por Orwell

Makerfield, como otras áreas del norte, era una zona minera y tiene nostalgia de un pasado donde había más interés de las empresas y los gobiernos en la región, pero que sufría pobreza y malas condiciones de vida, también en sus supuestos gloriosos tiempos. George Orwell inmortalizó el orgullo de esta región y también su miseria en su ensayo El camino a Wigan Pier, en 1937. 

El cierre de minas desde los años 50 del siglo XX dejó sin grandes empleadores a la zona más allá de los servicios públicos, aunque no es una de las regiones más pobres. La frustración en este siglo por la falta de empleos para los jóvenes, supermercados de calidad y viviendas bien aisladas se une a la salud pública deteriorada y la subida de los gastos más básicos como la comida y la luz. Muchos son males que comparte todo el país, especialmente fuera de Londres.

“Hay capas y capas de problemas que lugares así han experimentado en los últimos 10 o 15 años”, explica a elDiario.es Sarah Longlands, la directora ejecutiva de CLES, un think-tank especializado en ciudades en el norte de Inglaterra. “Tus hijos no tienen donde ir porque los clubs de juventud han cerrado por falta de dinero del ayuntamiento… Son cosas que han pasado lentamente. Y ahora los partidos de extrema derecha están haciendo campaña a costa del sufrimiento de la gente”. 

Ese descontento empezó en gran parte con los recortes del gasto público después de la crisis financiera y aplicados de manera especialmente radical por los gobiernos conservadores de David Cameron para los ayuntamientos en un país todavía muy centralizado. “Esto significó recortes del 40% y 50% que han supuesto un daño real”, explica Longlands.

Historia de dos ciudades

La experta cree que el Manchester de Burnham es una “historia de éxito” en el sentido de que la riqueza de la ciudad ha crecido en las últimas dos décadas más que el resto del país, pero también sigue viendo lagunas grandes en la lucha contra la pobreza extrema.

Después de su elección como alcalde en 2017, Burnham logró bajar el número de personas que dormían en la calle con su compromiso de dar más alojamientos públicos, pero en los últimos cuatro años el número de personas sin hogar ha vuelto a subir. El número de personas que duermen en la calle se ha doblado desde 2021 y ya es casi igual que cuando Burnham llegó al poder.

Joshi Herrmann, director de The Mill, un pequeño medio independiente de Manchester, explica que el éxito que vende Burnham tiene muchos límites, entre otros que no es solo obra suya y que no se ha extendido más allá del centro de la ciudad.

“Le gusta hacer cosas grandes, pero no le gusta hacer el tipo de preguntas incómodas que convierten las grandes ideas en políticas duraderas”, escribe Herrmann.

También cuestiona lo que Burnham ha bautizado como “el manchesterismo” y que el alcalde describe como un proyecto para que los servicios esenciales estén en manos públicas. Parte del crecimiento de Manchester se debe, en realidad, al modelo de proyectos público-privados impulsados desde Tony Blair y abrazados durante años por el Partido Conservador.

Por otro lado, el periodista alaba al alcalde por su don de gentes: “La mayor baza de Burnham no es su programa político, sino su empatía sin filtros”, dice.

Don de gentes

El fuerte de Burnham, según coinciden las personas de la zona entrevistadas por elDiario.es, es que es una persona “a la que le gusta la gente”. En cuanto se pregunta por el alcalde, hay anécdotas de cómo se acercó a alguien de manera espontánea o se interesó por una causa que no le reportaba especial beneficio en ese momento. El alcalde es retratado a menudo como alguien dispuesto a escuchar.

Pete Abel, el especialista en movilidad en Manchester, cuenta que no está de acuerdo con la marcha atrás del alcalde en la zona de bajas emisiones por las protestas de los conductores a las afueras de Manchester. Pero reconoce que Burnham ha mantenido un diálogo con el grupo desde antes de ser elegido y que siempre está dispuesto a escuchar.

“Si gana, será por la lealtad personal hacia él”, explica a elDiario.es Deborah Mattison, estratega veterana del Partido Laborista, autora de un libro sobre los votantes laboristas que perdió el partido a favor de los conservadores de Boris Johnson y ahora de Reform y durante un tiempo asesora de Starmer. “Pero no está claro qué pasará después de eso. No está claro que luego se vaya a convertir seguro en primer ministro. Tiene muchos obstáculos que superar. Para empezar, Keir Starmer tiene que decidir si quiere quedarse o marcharse”.

El primer ministro ha repetido hasta ahora que luchará contra cualquier desafío dentro de su partido. 

El consejo de Mattison, en todo caso, para líderes y diputados laboristas es que viajen más por el país y escuchen a los ciudadanos: “Tienen que salir de Westminster... Tienen que escuchar a otras personas que tienen vidas muy diferentes. Se sorprenderían de cuánto trabaja la gente para conseguir muy poco”.

Etiquetas
stats