Marco Rubio monta una reunión con 66 países contra el supuesto “resurgimiento internacional del terrorismo de extrema izquierda”
El pasado 4 de julio marcharon 400 militantes neonazis por el centro de Washington DC impunemente. Una de las primeras cosas que hizo el presidente de EEUU, Donald Trump, al regresar a la Casa Blanca, fue indultar a los asaltantes del Capitolio de enero de 2021. Pero a la Administración Trump le obsesiona Antifa, que ni siquiera existe como organización ni entidad política, hasta tal punto de organizar el secretario de Estado, Marco Rubio, una reunión con 66 países para abordar el supuesto “resurgimiento internacional del terrorismo político de extrema izquierda”.
Así, el secretario de Estado ha asegurado que “durante demasiado tiempo, nuestra doctrina antiterrorista ha tenido un punto ciego en lo que respecta a la violencia extremista proveniente de la izquierda política. Incluso hoy en día, la mera idea de que el terrorismo de extrema izquierda pueda constituir una amenaza seria se trata como una fantasía febril de la derecha o, peor aún, como una peligrosa conspiración fascista. Así lo consideran muchos sectores de la prensa, del ámbito académico y universitario, así como muchas de nuestras instituciones tradicionales. Sin duda, veremos cómo este dogma resurge en la cobertura de esta misma conferencia. Oiremos cómo se resta importancia a este tipo de violencia y terror organizados. Ha surgido toda una industria en torno al estudio del extremismo en nuestros países, existen centros de estudios, becas, revistas especializadas y consultoras que comparten el entendimiento tácito de que solo un tipo de violencia política representaba una verdadera amenaza para nuestro sistema: una bomba colocada por un grupo neonazi se veía como un acto de maldad atroz y asesino. En cambio, una bomba colocada por un revolucionario marxista se percibía simplemente como un trágico exceso de idealismo. Esa es la implicación subyacente en la forma en que abordan el asunto”.
“La violencia de izquierda no solo se justificaba; se trataba como algo sagrado, una categoría protegida en sí misma”, ha asegurado Rubio: “Esa era debe terminar. El terrorismo político de extrema izquierda no es algo reciente ni una novedad moderna. No es una invención de políticos conservadores. Durante gran parte de la era moderna, fue, de hecho, la forma predominante de violencia política”.
A continuación Rubio ha citado a los Tupamaros, las FARC, el ELN y Sendero Luminoso, pero no los crímenes de Estado cometidos por las dictaduras sangrientas latinoamericanas amparadas por EEUU, a cuyos torturadores formaba en la Escuela de las Américas. Rubio también ha hablado de las Brigadas Rojas, la Fracción del Ejército Rojo y la organización griega 17 de Noviembre, pero no los asesinatos de las dictaduras europeas fascistas alentadas por Washington, como la española, griega o portuguesa, por ejemplo.
“Hoy nos enfrentamos a una nueva ola de este viejo mal aquí, en Estados Unidos”, según Rubio, que no ha mencionado el asalto al Capitolio de 2021 ni los asesinatos e intentos de asesinato contra políticos demócratas: “La proporción de ataques y complots terroristas de extrema izquierda ha alcanzado niveles no vistos en décadas”.
De acuerdo con el secretario de Estado de EEUU, “la izquierda radical puede adoptar diversos lemas e ideologías, pueden llamarse a sí mismos anticapitalistas, antiimperialistas, comunistas, anarquistas o marxistas. Pero su naturaleza fundamental es un resentimiento disfrazado con el lenguaje de la igualdad, la justicia y la liberación; una necesidad abrumadora de derribar lo que hombres más grandes han construido, de destruir lo bello y lo justo en nombre de personas que solo rebosan fealdad y que no tienen nada más que ofrecer al mundo que violencia y terror. El mundo que imagina el comunismo es pequeño, plano, gris, despojado de toda excepcionalidad y vaciado de todo lo bueno y noble que hay en el alma humana. El mundo que imagina es un mundo sin valentía. Y el mundo que imagina el comunismo es un mundo sin Dios. Para estos arquitectos de la violencia revolucionaria, el gran logro de nuestra civilización, para ellos, supone una humillación insoportable; es un recordatorio de lo que no pueden hacer y de lo que no pueden llegar a ser. Así que, en su lugar, eligen destruir”.
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