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Marruecos se vuelca con España en la Eurocopa mientras Francia se aleja (más aún) de sus socios del sur

Un grupo de personas viendo la semifinal de la Eurocopa en un café de Casablanca.

Soraya Aybar Laafou

Casablanca —

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El reloj marca las ocho en punto en Casablanca. Una, dos y tres televisiones se encienden al unísono en uno de los bares que abrazan el bulevar Mohamed Zerktouni. Entre los espectadores, no hay banderas españolas ni francesas, pero el jolgorio que ebulle con cada acercamiento de España hacia la portería de su rival y los abucheos sobre el gol de los de Francia, revelan en qué lado de la balanza cae Marruecos en la semifinal de la Eurocopa. “Viva la France”, grita uno de los espectadores marroquíes entre bromas. La realidad sale al estrado con la celebración del segundo gol de España: “¡Yallah, yallah!” (“Vamos, vamos”, en castellano), exclama. “Vamos con España”, añade. 

Cuando el árbitro pita el medio tiempo, la llamada al rezo inunda cada esquina de la ciudad marroquí. Los hombres que ocupan las primeras filas salen del bar y el espectáculo futbolístico parece congelarse. En el minuto 60, los mismos rostros toman las primeras sillas. Esta vez, la actitud es distinta. Con todo, hasta la final. “Vamos con España porque Francia no nos representa. Nunca lo ha hecho”, cuenta un joven durante el partido. Su crítica se une a las burlas hacia la selección francesa frente a cada tarjeta amarilla, ante cada plano de una afición entristecida y cada tirada de Kylian Mbappé, jugador del equipo nacional francés y el Real Madrid C.F. 

El rechazo trasciende la diplomacia y avanza entre la ciudadanía

Un grupo de jóvenes charlan durante el trayecto en tren entre Rabat y Casablanca. En sus conversaciones, mayoritariamente en dariya (el dialecto árabe marroquí), se cuela alguna que otra palabra en inglés. De los cascos de una de ellas suena Taylor Swift y el feed del perfil de Instagram de su amiga está repleto de cortes de videoclips, también en la lengua de Shakespeare.

Al llegar a Casablanca, el escenario se repite en un bar de la ciudad. “No queremos hablar más francés. Lo tenemos que estudiar en el instituto, sí, pero hay cada vez más gente que elige aprender inglés o español”, cuenta una joven recién egresada. “Francia marcó nuestro país con su idioma”, añade. Marruecos dejó de ser protectorado francés hace más de 60 años, pero su lengua todavía salpica el acceso a muchos empleos, incluidos los no cualificados, las escuelas y las instituciones públicas. 

A pesar de que, según la Organización Internacional de la Francofonía, el 36% de la población marroquí habla francés, los datos publicados por el British Council en 2021 revelaban que el 40% considera que el inglés debe ser un idioma preferencial en el aprendizaje en las escuelas, frente al 10% que antepone la lengua de París. Desde 2019, se han inaugurado alrededor de siete colegios británicos que se suman a los cinco estadounidenses. 

A principios de septiembre de 2023, el ministro de Educación, Chakib Benmoussa reiteró su compromiso de seguir reforzando la enseñanza del inglés, especialmente en la enseñanza media, y con proyección hacia el 2025. Aunque no solo es cuestión de cambiar el idioma extranjero mayoritario en el país, sino también de preservar la identidad nacional. “Marruecos tiene una riqueza cultural y lingüística que no debemos perder”, apunta la joven de Casablanca. Actualmente, los idiomas oficiales del país del norte de África son el árabe y el tamazigh. Este último se incorporó en 2003 tras el establecimiento del Instituto Real de la Cultura Amazigh. “Cuando un turista francés se acerca a hablar con nosotros, le respondemos en árabe, aunque podamos hacerlo en francés”, revela. 

Unos días después del anuncio de Benmoussa, el rechazo hacia Francia desde Marruecos se volvió a materializar. Primero, tras la decisión del rey Mohamed VI de negar la ayuda humanitaria desde París tras el terremoto de la región de Al Haouz. En 2021, el Elíseo denunció que Rabat había espiado a su presidente, Emmanuel Macron con el programa Pegasus. A lo que Francia respondió reduciendo los visados expedidos a los marroquíes y no posicionándose sobre el reconocimiento del plan de autonomía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental. 

Y, segundo, cuando al temblor de la tierra se sumó el temblor de las redes sociales con la publicación de un vídeo de Macron en el que se dirigía directamente a la población marroquí, afectados o no por el terremoto de septiembre de 2023. Un hashtag arrasó en todas las redes sociales: “Soy marroquí y rechazo el discurso de Macron”. 

El historial de la debacle francesa en el Sur

La pérdida de influencia de Francia no solo llega a Marruecos, sino que incluso se exacerba en otros rincones del Magreb y África occidental. En lo militar, la Operación Barkhane de lucha contra el yihadismo en varios países del Sahel quedó suspendida tras la inoperatividad de Francia para terminar con el terrorismo. Un fracaso que se suma a un creciente sentimiento antigalo alimentado por Rusia, su potencial rival en la región. 

Entre los altos mandos de poder en Mali, Burkina Faso y Níger se levantaron pancartas en contra de Francia durante los sucesivos golpes de Estado entre 2020 y 2022. Los golpistas militares han roto relaciones diplomáticas con París y Mali, por ejemplo, ha eliminado el francés como lengua oficial, relegando el idioma de la antigua potencia colonial a estatus de “lengua para el trabajo”. 

Otros rincones de la región occidental como Senegal, así como la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) en su conjunto, también buscan romper con el control monetario de Francia y su franco CFA. A pesar de que el plan regional fue presentado por primera vez en 2019, la nueva cara en la política senegalesa, Bassirou Diomaye Faye, busca recuperarlo.

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