Cómo una joven marroquí recorrió 33 países africanos en bicicleta para desmontar las narrativas sobre el continente
Me encuentro con Meryem Belkihel en el paseo marítimo de Casablanca (Marruecos), en la arteria que une la mezquita de Hasán II con el faro de El Hank. El viento sopla fuerte y una nube oscura y temible se acerca desde la costa hacia la ciudad marroquí. Empieza a llover. “Estarás acostumbrada a estas lluvias tan impredecibles, ¿no?”, pregunto. Se ríe y contesta: “Esto no es nada”.
Carga con dos mochilas, una riñonera y varios abrigos, casi como quién viaja con su vida a cuestas. Su actitud y sus bienes personales dejan entrever su estilo de vida: “Estoy más fuera que dentro de casa”. Meryem tiene 30 años, es de Casablanca y en las redes sociales es conocida como MeghyLost.
Desde enero de 2023 y durante tres años, recorrió sola una parte de África en bicicleta. Más de 35.000 kilómetros a través de 33 países, desde Marruecos hasta Sudáfrica, pasando por África oriental y con un salto a la isla de Madagascar. En todo ese tiempo no volvió a casa. “Fueron tres años sin parar, aunque hice algunas pausas y estancias más largas”, explica en una entrevista con elDiario.es.
Quería vivir una experiencia humana, visibilizar el papel de las mujeres y los efectos del cambio climático en diferentes regiones del continente
En la travesía, física y mentalmente exigente, pasó por desiertos, carreteras en mal estado, lluvias torrenciales y contextos políticos inestables. “Al principio no fue duro. Estaba muy emocionada, con ganas de avanzar, abierta a todo lo que viniera”, cuenta con ilusión y algo de nostalgia.
La idea no solo nació de una inquietud personal, sino también de una forma concreta de mirar y entender el continente africano: “Soy aventurera, me apasiona África y su cultura. Quería subir el Kilimanjaro (el pico más alto del continente), pero decidí hacerlo empezando desde Marruecos, cruzando el continente en bicicleta”.
Su experiencia también tenía una intención clara: acercarse a las personas. “Quería vivir una experiencia humana que se está perdiendo con el desarrollo acelerado, visibilizar el papel de las mujeres y los efectos del cambio climático en diferentes regiones del continente”.
Su diario no eran papeles donde garabateó letras, sino sus redes sociales. Instagram, YouTube, Facebook o TikTok se convirtieron en cuadernos de viaje abiertos. “Compartía todo el proceso y mucha gente que me seguía acabó reservando vuelos para visitar países africanos”, revela entre risas.
África no es un país
Otro de los objetivos centrales del viaje era desmontar los estereotipos que existen sobre el continente africano. “Para empezar, la gente sigue pensando que África es un país, que es peligrosa, que no hay tecnología, que no hay desarrollo...”, enumera. Además, insiste en que generalizar conduce, normalmente, a una visión distorsionada: “Sí, hay zonas de conflicto, pero se conocen. Si decides ir a un lugar peligroso, tienes que asumirlo”.
Para Meryem, el problema no es únicamente la existencia de conflictos, sino que la narrativa convierte esas situaciones concretas en una explicación total e integral de África “Incluso en países con problemas hay regiones seguras. África no es un continente peligroso”.
Durante su recorrido, se encontró con países con sistemas de pago digitalizados, grandes ciudades conectadas y dinámicas económicas avanzadas. Para ella, la desconexión entre la realidad y la percepción de la mayoría de las personas se explica en parte por la mirada histórica y mediática. “Se habla de guerra y pobreza, y se olvida todo lo demás”, añade. Aun así, a lo largo de los pasados tres años, Meryem también ha atravesado países donde hay tensión política y social.
Incluso en países con problemas hay regiones seguras. África no es un continente peligroso
En febrero de 2024, estuvo en Senegal durante las protestas tras el aplazamiento de las elecciones presidenciales, que finalmente tuvieron lugar a finales de marzo. Un año y unos meses después, en junio de 2025, su paso por Mozambique coincidió con las violentas protestas antigubernamentales en favor de la oposición de Venancio Mondlane. “Me encontré con las carreteras cortadas, colapsadas y un país completamente bloqueado. Aun así, y a pesar de que le aconsejaron esperar unos días en Maputo, la capital del país, Meryem decidió seguir el viaje.
“No eran situaciones agresivas contra la población en general”, señala. Durante una de sus últimas paradas, en octubre de 2025, se encontró con un Madagascar sumido en un golpe de Estado tras la huida del país del presidente Andry Rajoelina.
Fronteras, visados y desigualdad en la movilidad
La joven subraya que viajar por África como africana implica una dificultad añadida: los visados. “En África occidental muchos países no tienen visados para los marroquíes, aunque en la práctica se vuelve muy complicado”. Los costes son elevados: cerca de 200 euros para Camerún, 300 para Mozambique y otros 200 para Nigeria. “No es barato”, insiste.
Además, Meryem señala una paradoja recurrente. “A veces los europeos entran sin problemas y los africanos no”. Para la joven, esta desigualdad de movilidad es uno de los grandes problemas estructurales del continente. “Participé en una conferencia sobre una África sin fronteras. Viajar dentro del continente sigue siendo caro y difícil, incluso más que viajar fuera”, añade.
Viajar dentro del continente sigue siendo caro y difícil, incluso más que viajar fuera
“Como mujer marroquí quería mostrar que podemos hacer cosas grandes”. Frente a quienes repiten “no puedes”, Meryem responde con su viaje: “Estoy mostrando lo que yo puedo hacer y preguntando: ¿qué puedes hacer tú?”.
También buscaba reforzar el vínculo entre Marruecos y el resto del continente. “Tenemos más cosas en común con los países africanos que lo que la población marroquí piensa: hospitalidad, generosidad…”, cuenta. Además, quería cuestionar el relato dominante, tanto en Marruecos como en Europa: “En España también hay gente que piensa que África es solo pobreza y guerra”, lamenta. “Enséñales lo que he hecho”, me dice.
Aun así, es crítica con la forma en la que debemos viajar por África y exige una actitud concreta: “Tienes que ir con la mente abierta. No puedes llegar a un pueblo y quejarte de lo que no tienen. África es un continente donde puedes ser feliz, como en los países occidentales, solo depende de tu personalidad y de si estás dispuesto a salir de tu zona de confort”.
0