Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
La negociación 'in extremis' entre PSOE y Sumar se tensa por el alquiler indefinido
¿Son las bonificaciones a los propietarios un “regalo fiscal” al especulador?
Opinión - 'El precio de no hacer nada', por Esther Palomera

La pelea entre los socialdemócratas y la izquierda bloquea la formación de un gobierno progresista en Suecia

La candidata socialista sueca, Magdalena Andersson, en una imagen de archivo.

Òscar Gelis Pons

Copenhague —
28 de septiembre de 2026 22:50 h

0

Los partidos de centroizquierda se impusieron en las elecciones generales celebradas en Suecia hace dos semanas, consiguiendo una estrecha mayoría parlamentaria frente al bloque conservador (176 escaños frente a 173). Los comicios fueron planteados por el Partido Socialdemócrata, que ganó las elecciones, como un plebiscito sobre la estrategia del primer ministro conservador, Ulf Kristersson, de gobernar con el apoyo de la ultraderecha de Demócratas de Suecia. Pero los días han ido pasando y las divisiones entre los partidos situados a la izquierda del Parlamento se han hecho cada vez más evidentes hasta hacer estallar las negociaciones dentro del bloque.

Tras las elecciones, la líder socialdemócrata, Magdalena Andersson, recibió el encargo de formar gobierno, pero para ello necesita reunir el apoyo de otras tres fuerzas políticas, el Partido de la Izquierda, los Verdes y el Partido de Centro. Sin embargo, el lunes Andersson informó de que había fracasado en su intento de formar una coalición. “Tras las conversaciones que he mantenido, puedo concluir que actualmente no existe ninguna posibilidad de que yo pueda formar gobierno”, declaró a la prensa.

Con este anuncio, el presidente del Parlamento deberá decidir ahora a quién encarga explorar la formación de gobierno, una tarea que previsiblemente recaerá en el primer ministro saliente, Ulf Kristersson. El líder conservador perdió las elecciones y afronta un escenario también muy complicado, ya que para sacar adelante una mayoría necesitaría conciliar a partidos del bloque progresista con el bloque conservador, a pesar de que mantienen posiciones incompatibles sobre el papel que debe desempeñar en el próximo Ejecutivo la ultraderecha, que quedó en tercer lugar en las elecciones.

“Una coalición de fuerzas conservadoras es un escenario muy improbable, por lo que la situación es de bloqueo”, señala Anders Sannerstedt, politólogo de la Universidad de Lund, a elDiario.es.

Apoyo al candidato conservador

La decisión de la socialdemócrata Andersson de abandonar las negociaciones responde principalmente a sus desavenencias con el Partido de la Izquierda (V), la formación más a la izquierda del Parlamento, que obtuvo un resultado histórico y se consolidó como cuarta fuerza del hemiciclo. Durante el fin de semana, la formación de izquierdas anunció que daría su apoyo al candidato del partido Moderado, Andreas Norlén, para ser de nuevo el presidente del Parlamento, frente al candidato propuesto por los socialdemócratas y a pesar de que los dos partidos están en las antípodas ideológicas.

Una nueva convocatoria electoral es una posibilidad que ningún partido parece querer

Anders Sannerstedt — Politólogo de la Universidad de Lund

La decisión provocó un profundo malestar en Andersson, que no lo ocultó ante la prensa el lunes y evidenció la desconfianza que existe entre ambas formaciones. El Partido de la Izquierda justificó su apoyo al candidato de los Moderados alegando que, ante el bloqueo entre los partidos para formar el próximo Ejecutivo, el Parlamento necesitaba estabilidad y que el candidato conservador era la opción más adecuada para garantizarla.

La vicepresidenta de la formación, Ida Gabriellson, calificó además de “precipitada” la decisión de los socialdemócratas de abandonar las negociaciones. “Hemos sido muy claros en que nunca daremos nuestro apoyo a un primer ministro que no sea Magdalena Andersson”, afirmó. La presidencia del Parlamento no es un cargo menor en Suecia, ya que se trata del segundo puesto institucional de mayor rango del país, solo por detrás del monarca, y es también el encargado de guiar el proceso de formación de un nuevo gobierno.

Divisiones y tensiones

Tras la decisión de Magdalena Andersson de tirar la toalla en las negociaciones para formar gobierno, los analistas políticos interpretan el movimiento como una maniobra de presión sobre el Partido de la Izquierda. Al mismo tiempo, advierten de que las posiciones dentro del bloque progresista permanecen, por ahora, muy rígidas y que la tensión entre ambas formaciones es real, más allá de posibles tacticismos.

“Parece que ha habido muy pocos contactos entre el Partido de la Izquierda y los socialdemócratas en los últimos días”, explica el politólogo Anders Sannerstedt. Y añade: “Diría que estamos en una fase muy temprana de la formación de un nuevo gobierno”. El experto también interpreta que el apoyo del Partido de la Izquierda al candidato moderado a presidir la cámara es una manera de demostrar que la formación tiene una posición firme ante las negociaciones frente a los socialistas. Sannerstedt prevé que, a corto plazo, “no habrá grandes avances, sino más bien enfrentamientos verbales entre la Izquierda y los socialdemócratas”.

La líder del Partido de Izquierda, Nooshi Dadgostar, durante la velada electoral organizada por el Partido de la Izquierda en Estocolmo.

Los desencuentros entre ambas formaciones vienen de lejos y han marcado la política sueca durante los últimos años, pero durante la campaña electoral se concentraron especialmente en dos cuestiones. La primera es quién debe formar parte del próximo gobierno. El Partido de la Izquierda exige entrar en la coalición, mientras que el Partido de Centro, cuyos votos también resultan imprescindibles para alcanzar una mayoría progresista, se opone a compartir ejecutivo con la formación izquierdista.

En relación con esto, el segundo obstáculo es la distancia ideológica entre el Partido de la Izquierda y el Partido de Centro, “que apuesta por políticas económicas liberales, como las deducciones de impuestos”, mientras que la formación izquierdista “apuesta por todo lo contrario”, explica Sannerstedt. En este escenario, “los socialdemócratas no quieren necesariamente que el Partido de la Izquierda entre en el Gobierno” y ven más posible una coalición solamente con el Partido Verde y el Partido de Centro.

Es probable que Andersson tenga otra oportunidad de intentar formar gobierno si fracasa cualquier intento de los partidos de derechas. Hasta cuatro candidatos pueden ser nominados, pero si todos son rechazados, el país se vería abocado a nuevas elecciones.

Ante este escenario tan complicado y la posibilidad de repetir elecciones, Sannerstedt considera que todavía es demasiado pronto para determinarlo, aunque “una nueva convocatoria electoral es una posibilidad que ningún partido parece querer”. Además de los costes y el trabajo que implicaría, el experto señala que la repetición de los comicios “generaría incertidumbre” en un contexto político cada vez más polarizado, que “podría interpretarse como un fracaso de los partidos”.

Suecia no ha repetido unas elecciones desde 1958, hace 66 años, aunque las negociaciones para formar gobierno no siempre han sido fáciles.

Etiquetas
stats