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ANÁLISIS

Irán, camino de la primera gran oleada de protestas desde 2009 tras la muerte de una joven bajo custodia policial

Imagen de las protestas de los últimos días en Irán. EFE/EPA/STR

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La muerte de Mahsa Amini bajo custodia policial está transformándose rápidamente en un nuevo momento de la verdad para el régimen iraní, que teme más a una revuelta popular que a la intimidación del resto del mundo.

Cuatro días después del asesinato de Amini en un hospital de Teherán, no hay ningún signo de desaceleración en las protestas que exiten en la capital iraní. Aunque en su mayoría parecen pacíficas, en las regiones kurdas de Irán varias manifestaciones se han vuelto violentas.

Hay algunos indicios de que se podría estar generando una oleada de protestas generalizadas. Sería la primera desde que en 2009 la muerte de otra joven, Neda Agha Soltan, desencadenó varios días de disturbios que no se veían desde la Revolución Islámica de 1979. Aún hoy, su lenta muerte, tras haber recibido un disparo en el pecho, sigue siendo una prueba de la forma en que Irán trata a sus disidentes y a las mujeres. Un francotirador disparó a Soltan cuando asistía a una protesta contra el Gobierno en junio de 2009, provocando así una revuelta y dejando en evidencia, durante un tiempo, la fragilidad de uno de los Estados policiales más acérrimos de la región.

El recuerdo del asesinato de Soltan ha vuelto con las imágenes de Amini siendo arrastrada el pasado jueves a una furgoneta de la policía de la moral. El vídeo ha invocado el fantasma de un Estado que suele cometer actos de violencia extrema contra las mujeres y los hombres que desafían el sistema.

La opresión en Irán ha crecido en los más de diez años que han pasado entre los dos sucesos, con los activistas siendo arrastrados a la sombra de la sociedad y el Estado aplastando todos los posibles indicios de la Revolución Verde que surgió tras las polémicas elecciones presidenciales de 2009.

Desde la elección como presidente de Ebrahim Raisi, el control de las calles está cada vez más en manos de los esbirros del Estado llamados basiji (responsables del asesinato de Soltan) y de la Guardia Revolucionaria, que hace cumplir los valores de la Revolución Islámica. De línea dura y con opiniones profundamente conservadoras, el presidente Raisi ha reducido aún más el margen de actuación para la disidencia, dando más poder a la policía de la moral y afianzando en todos los rincones del país una interpretación inflexible del islam chií.

Qué puede pasar

A pesar de que Amini murió en una celda del propio régimen, hasta ahora los dirigentes iraníes han culpado de su fallecimiento a “conspiradores”. También atribuyen los disturbios y las protestas a enemigos, como Arabia Saudí. El manual es conocido, como también lo son sus clichés.

Medios de comunicación semioficiales han abierto una investigación y han dicho que es probable que altos cargos del régimen, como el líder supremo iraní Alí Jamenei, hayan sentido pena por la muerte de Amini, que al principio se atribuyó a la epilepsia o problemas de corazón. Sus padres, sin embargo, han dicho que la joven kurda de 22 años no padecía ninguna de las dos enfermedades. 

Los partidarios de la línea dura en Irán han aprendido la lección de 2009, cuando un levantamiento generalizado estuvo a punto de escapar al control estatal. El país cuenta ahora con una de las tecnologías de vigilancia digital de mayor alcance en la región, así como una férrea vigilancia sobre comunidades que han sido subyugadas hasta el silencio mediante el terror.

Pero las autoridades también se enfrentan a una gran red de expatriados que quieren cosas diferentes para el país y su gente, así como un firme impulso de activistas dentro de Irán que saben cómo organizarse.

Queda por ver si el asesinato de Amini se convertirá en otro momento transcendental dentro de la búsqueda de la libre determinación de tantos iraníes, o si será solo una brasa que termine apagándose. En cualquier caso, los dirigentes tienen miedo a una calle que ya no pueden contener y el asesinato brutal de otra joven es una receta para nuevos disturbios. El régimen se ha metido en aguas turbulentas.

Traducción de Francisco de Zárate

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