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The Guardian en español

Una mujer saudí condenada a 34 años de cárcel por usar Twitter

Salma al-Shehab, higienista dental y estudiante condenada en Arabia Saudí por tener una cuenta de Twitter

Stephanie Kirchgaessner

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Una estudiante saudí de la Universidad de Leeds que regresó a Arabia Saudí durante sus vacaciones ha sido condenada allí a 34 años de prisión por tener una cuenta de Twitter y seguir y retuitear a cuentas de disidentes y activistas.

Salma al-Shehab, de 34 años, madre de dos niños pequeños, fue condenada inicialmente a cumplir tres años de prisión por el “delito” de utilizar un sitio web de Internet para “provocar disturbios públicos y desestabilizar la seguridad civil y nacional”. Pero un tribunal de apelación dictó el lunes la nueva sentencia después de que un fiscal pidiera al tribunal que considerara otros presuntos delitos: 34 años de prisión seguidos de una prohibición de viajar durante otros 34 años.

Según una traducción de las actas judiciales, vistas por The Guardian, los nuevos cargos incluyen la acusación de que Shehab estaba “ayudando a quienes tratan de causar disturbios públicos y desestabilizar la seguridad civil y nacional siguiendo sus cuentas de Twitter” y retuiteando sus tuits. Se cree que Shehab aún puede solicitar un nuevo recurso en el caso.

La represión del príncipe heredero

La sentencia del tribunal especial de terrorismo saudí se dictó semanas después de la visita del presidente estadounidense Joe Biden a Arabia Saudí, sobre la cual activistas de derechos humanos ya habían advertido que podría envalentonar al reino para intensificar su represión contra los disidentes y otros activistas prodemocráticos.

El caso también es el último ejemplo de cómo el príncipe heredero Mohammed bin Salmán ha apuntado a los usuarios de Twitter en su campaña de represión, mientras que al mismo tiempo controla una importante participación indirecta en la empresa de medios sociales de Estados Unidos a través del fondo soberano saudí, el Fondo de Inversión Pública.

Higienista dental y estudiante de doctorado

Según la información disponible, Shehab no era una activista saudí destacada o especialmente ruidosa, ni dentro de Arabia Saudí ni en el Reino Unido. Se describía a sí misma en Instagram -donde tenía 159 seguidores- como higienista dental; educadora médica; estudiante de doctorado en la Universidad de Leeds y profesora en la Universidad Princesa Nourah bint Abdulrahman; y como esposa y madre de sus hijos, Noah y Adam.

Su perfil de Twitter mostraba que tenía 2.597 seguidores. Entre los tuits sobre el agotamiento de la COVID y las fotos de sus hijos pequeños, a veces Shehab retuiteaba tuits de disidentes saudíes que vivían en el exilio, que pedían la liberación de los presos políticos del reino. Parecía apoyar el caso de Loujain al-Hathloul, una destacada activista feminista saudí que fue encarcelada, que supuestamente fue torturada por apoyar los derechos de conducción de las mujeres y que ahora vive bajo la prohibición de viajar.

Una persona que conoce a Shehab dice que no podía soportar las injusticias. La describe como una persona bien educada y ávida lectora que llegó al Reino Unido en 2018 o 2019 para hacer su doctorado en Leeds. Regresó su casa en Arabia Saudí en diciembre de 2020 de vacaciones y tenía la intención de llevar a sus dos hijos y a su marido de vuelta a Reino Unido. Entonces fue llamada para ser interrogada por las autoridades saudíes y finalmente fue detenida y juzgada por sus tuits.

Otra persona que ha seguido su caso dice que Shehab ha estado en ocasiones en régimen de aislamiento y que durante su juicio ha intentado hablar en privado con el juez para contarle cómo ha sido tratada sin que lo oiga su padre. Pero, según esta fuente, no ha podido dar el mensaje al juez. El veredicto de apelación ha sido firmado por tres jueces, pero las firmas son ilegibles.

Sin comentarios de la red social

Twitter no ha querido hacer comentarios sobre el caso y no ha respondido a preguntas concretas sobre la influencia -si es que la hay- que ejerce Arabia Saudí sobre la empresa. La red social tampoco respondió a las preguntas de The Guardian sobre por qué se ha permitido a un alto asesor del príncipe Mohamed, Bader al-Asaker mantener una cuenta verificada de Twitter con más de dos millones de seguidores, a pesar de las acusaciones del Gobierno estadounidense de que orquestó el acceso ilegal en la empresa que llevó a usuarios anónimos de Twitter a ser identificados y encarcelados por el Gobierno saudí. Un antiguo empleado de Twitter fue condenado por un tribunal estadounidense en relación con el caso.

Uno de los mayores inversores de Twitter es el multimillonario saudí Al-waleed bin Talal, propietario de más del 5% de Twitter a través de su fondo Kingdom Holdings. Aunque el príncipe Al-waleed sigue siendo el presidente de la compañía, su control sobre el grupo fue cuestionado por los medios de comunicación estadounidenses, incluido el Wall Street Journal, después de que saliera a la luz que el miembro de la realeza saudí -es primo del príncipe heredero- había estado cautivo en el Ritz Carlton de Riad durante 83 días. El incidente formaba parte de una purga más amplia dirigida por el príncipe Mohamed contra otros miembros de la familia real y empresarios, y que incluye acusaciones de tortura, coacción y expropiación de miles de millones en activos a las arcas saudíes.

En una entrevista de 2018 con la agencia de noticias Bloomberg después de su liberación, el príncipe Al-waleed dijo que había llegado a un “entendimiento” confidencial con el Gobierno saudí aparentemente en relación con su liberación.

Más recientemente, Kingdom Holding anunció en mayo que había vendido alrededor del 17% de su empresa al FPI, donde el príncipe Mohammed ejerce de presidente, por 1.500 millones de dólares. Esto, a su vez, convierte al Gobierno saudí en un importante inversor indirecto en Twitter. Según la red social, los inversores no desempeñan ningún papel en la gestión diaria de la empresa.

Una condena “draconiana”

La Organización Europea Saudí de Derechos Humanos condenó la sentencia de Shehab, que, según dijo, es la más larga que se ha dictado contra una activista. Señaló que muchas activistas han sido sometidas a juicios injustos que han desembocado en sentencias arbitrarias y han sido objeto de “graves torturas”, incluido el acoso sexual.

Khalid Aljabri, un saudí que vive en el exilio y cuya hermana y hermano están detenidos en Arabia Saudí, dijo que el caso de Shehab demostraba la opinión de Arabia Saudí de que la disidencia equivale al terrorismo.

“La condena draconiana de Salma en un tribunal de terrorismo por unos tuits pacíficos es la última manifestación de la despiadada máquina de represión de MBS”, dijo, refiriéndose al príncipe heredero. “Al igual que el asesinato de [el periodista Jamal] Khashoggi, su condena pretende enviar ondas de choque dentro y fuera del reino: atrévete a criticar a MBS y acabarás desmembrado o en las mazmorras saudíes”.

Aunque el caso no ha recibido mucha atención, el Washington Post publicó el martes un duro editorial sobre el trato que Arabia Saudí ha dado a la estudiante de Leeds y dice que su caso demuestra que los “compromisos” que Biden recibió sobre las reformas son “una farsa”.

“Como mínimo, Biden debe hablar ahora con firmeza y exigir que Shehab sea liberada y se le permita volver con sus hijos, de cuatro y seis años, en el Reino Unido, y reanudar sus estudios allí”, dice.

Información adicional de Robyn Vinter en Leeds

Traducción de Celia Broncano

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