El partido de extrema derecha de Alemania coquetea con el legado nazi en su próximo congreso
Alternativa para Alemania (AfD), la formación política de extrema derecha que va cada vez mejor en las encuestas, no es igual a sus movimientos hermanos en otras naciones de Occidente. En un país como Alemania, profundamente consciente de su historia, la AfD tiene que decidir si rechaza o acepta a Hitler como antecesor ideológico. En lugar de dar una respuesta definitiva, el partido se ha mostrado deliberadamente opaco, coqueteando con el legado nazi sin decir explícitamente si está o no de acuerdo con él.
Esta ambigüedad estratégica, lejos de disuadir a los votantes, les ha permitido una combinación sorprendentemente poderosa: provocar indignación, pero con el margen suficiente para negarlo todo.
La última maniobra ha sido con el lugar y la fecha del próximo congreso del partido: lo celebrarán en Erfurt, capital del estado de Turingia, los días 4 y 5 de julio. La cita tiene un significado especial y es que exactamente 100 años antes se celebró en este estado del centro de Alemania un histórico mitin nazi.
Adolf Hitler, que todavía estaba lejos del poder, pero ya era un fanático célebre, reunió el 3 y el 4 de julio de 1926 a sus fieles en Weimar, entonces la capital de Turingia. Aunque fue un encuentro más reducido que los más famosos mítines de Núremberg durante la década de los 30, Weimar representó uno de los hitos del partido nazi en su camino al poder.
En Weimar fue donde las Juventudes Hitlerianas recibieron su nombre y donde se presentaron por primera vez rituales nazis fundamentales, como el saludo hitleriano. Tras el fallido intento de golpe de Estado que Hitler dio en 1923 en Múnich, Turingia fue uno de los primeros estados alemanes en levantar sanciones al Partido Nazi y a su líder, lo que convirtió a Weimar en un refugio seguro para el movimiento y en un campo de pruebas para las ideas nazis.
Un siglo después, AfD afirma desconocer esos acontecimientos. “Claramente, los que establecen peligrosas comparaciones entre el congreso de AfD en Erfurt y un congreso del Partido Nazi en Weimar de hace 100 años solo están interesados en una instrumentalización forzada de la historia”, dijo Stefan Möller, portavoz de la delegación en Turingia del paertido ultra.
Cabe destacar que en la declaración de Möller no hubo ninguna expresión de indignación, como tampoco hubo ningún intento de distanciar a su partido de la comparación con el de Hitler. Evidentemente, AfD esperaba provocar la indignación pública y calculaba que las críticas no le harían ningún daño. Estaba en lo cierto.
La indignación no se hizo esperar. En los principales periódicos alemanes aparecieron titulares como 'El acto de la AfD genera críticas masivas', y tanto políticos como historiadores condenaron la maniobra.
Me da asco la indecencia de ese partido y el poco respeto que demuestra por nuestra historia
“Esta fecha de aniversario, elegida a propósito, muestra una vez más a imagen y semejanza de quién se ha creado la AfD”, dijo Serap Güler, diputada de la CDU del canciller Merz y secretaria de Estado en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Hablando en nombre de muchos, añadió que era una ingenuidad pensar que los congresos de los partidos no tienen una carga simbólica. “La AfD sabe exactamente lo que está haciendo”, dijo Güler. “Me da asco la indecencia de ese partido y el poco respeto que demuestra por nuestra historia; por Dios, ¿tan estúpidos nos creen?”.
La ira de Güler es totalmente comprensible. El mitin de Weimar en 1926 es un acontecimiento del que cualquier partido moderno debería querer distanciarse. Pero la AfD sabe lo que está haciendo. Antes que evitar las comparaciones históricas, su objetivo es evocarlas. Turingia fue un santuario en los inicios del movimiento nazi y hoy en día es un bastión de AfD. Aunque el “cortafuegos” de los partidos mayoritarios mantuvo a la formación ultra fuera de la coalición de gobierno, AfD fue la formación política más votada de Turingia durante las elecciones estatales de 2024. Según las últimas encuestas, el partido cuenta con el 38% de los votos en el estado.
Muchos creen que este año podría finalmente lograr un avance decisivo. Para 2026 hay cinco elecciones estatales previstas y el partido incluso aspira a la mayoría absoluta en el estado de Sajonia-Anhalt, que limita con Turingia. En estos momentos solo le quedan unos pocos puntos porcentuales para lograrlo. Un resultado así le daría por primera vez el gobierno de uno de los 16 estados alemanes, lo que le permitiría gobernar en solitario con competencias descentralizadas tan cruciales como la educación y la policía.
Los nazis lograron su primer avance en Turingia. Weimar fue la sede del primer gobierno estatal en nombrar a un ministro nazi en 1930, tres años antes de que Hitler saliera elegido canciller. La AfD no abraza explícitamente ese legado, pero tampoco lo rechaza con contundencia.
Señalar los coqueteos de AfD con el fascismo no han servido para frenar su auge. Su líder en Turingia, Björn Höcke, ha sido multado en dos ocasiones por usar durante un mitin el lema nazi: “Todo para Alemania”. Pero ni los seguidores del partido ni sus posibles votantes parecen preocupados, por el momento. AfD empata ahora en las encuestas con la gobernante CDU, presidida por el canciller Friedrich Merz, mientras los seguidores de Alice Weidel, la lideresa de AfD, modifican el eslogan nazi: en lugar de “Alles für Deutschland” [“Todo para Alemania”], la suelen recibir con un “Alice für Deutschland” [“Alice para Alemania”].
En términos generales, los votantes de AfD se dividen en dos categorías: un núcleo duro de seguidores ideológicos a los que no les importa la comparación con los nazis, y un grupo más amplio que ha comenzado a votarlos en los últimos tiempos, frustrado con los partidos mayoritarios y con la situación económica y social
Ni las manifestaciones públicas de indignación ni los pleitos legales han detenido el avance de AfD. En términos generales, sus votantes se dividen en dos categorías: un núcleo duro de seguidores ideológicos a los que no les importa la comparación con los nazis, y un grupo más amplio que ha comenzado a votar a AfD en los últimos tiempos, frustrado con los partidos mayoritarios y con la situación económica y social. Dentro de este último grupo hay muchos votantes de clase trabajadora y personas de la antigua Alemania Oriental.
“Es un acto simbólico deliberado que funciona a varios niveles”, explica el historiador Jörg Ganzenmüller sobre la decisión del partido de celebrar su conferencia coincidiendo con el centenario del mitin de Weimar. En su opinión, la ambigüedad de AfD funciona en dos sentidos. Negándolo mantienen una “fachada de respetabilidad burguesa”, y dejando implícito el radicalismo se mantienen “abiertos a otros votantes”, detalla el experto, director de los Estudios sobre Totalitarismo en el Instituto Hannah Arendt de la Universidad Tecnológica de Dresde.
Si hay alguna lección que aprender de 1926 es que desenmascarar a la extrema derecha no tiene por qué afectar a sus posibilidades de éxito. Aunque en su mitin de Weimar Hitler se esforzó por proyectar una imagen de respetabilidad, la máscara entonces también se cayó. Los nazis solo estuvieron dos días en la ciudad y dejaron un rastro de destrucción: enfrentamientos multitudinarios con la policía, con un agente a punto de morir por un disparo, y acoso de los visitantes a los ciudadanos, especialmente a los judíos y a los de izquierdas. Los políticos y los periódicos denunciaron los hechos a nivel local y nacional. “Así es como se comportan los nacionalsocialistas cuando se les da un poco de poder”, publicó un periódico, conmocionado por la violencia.
Pero la indignación no pudo detener a los nazis y tampoco detendrá a AfD. Los partidos radicales son síntomas de problemas sociales, económicos y políticos, no sus causas. Por eso, el apoyo a la formación se concentra en zonas de profundas reivindicaciones políticas y problemas estructurales, como la antigua Alemania Oriental o como las zonas en proceso de desindustrialización del valle del Ruhr, en el oeste.
Los que quieren ver una AfD débil deberían gastar menos energía hablando del partido y más tiempo analizando qué es lo que le permite crecer y prosperar. No hay pruebas de que las comparaciones históricas reiteradas funcionen. La AfD no es el Partido Nazi, pero no teme revolcarse en su infamia. Si sus detractores quieren derrotarla de verdad, tienen que ofrecer algo más que su condena.
Katja Hoyer es una historiadora y periodista alemana-británica. Es autora de Beyond the Wall: East Germany, 1949-1990 (Más allá del muro: Alemania Oriental, 1949-1990). Su último libro, 'Weimar: Life on the Edge of Catastrophe' (Weimar: La vida al borde de la catástrofe), sale a la venta en mayo.
Traducción de Francisco de Zárate
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