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Von der Leyen se examina entre la desconfianza por la falta de resultados en su promesa de “independencia europea”

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen.

Rodrigo Ponce de León

Corresponsal en Bruselas —
14 de septiembre de 2026 22:09 h

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Se avecina un otoño caliente en Bruselas. La tensión política se ha acrecentado entre los socios que auparon a Ursula Von der Leyen a la presidencia de la Comisión Europea. Von der Leyen tiene que dar el discurso del Estado de la Unión Europea este miércoles en la sede de Estrasburgo de la Eurocámara mientras la desconfianza se ha acrecentado entre las formaciones políticas cuando se acerca la mitad de la legislatura y las promesas de soberanía e independencia europea están muy lejos de cumplirse. La inmigración con Ceuta como eje de la discusión, la defensa de Europa, la protección de los menores ante las redes sociales o el impulso de políticas que mejoren la economía y la vida de los ciudadanos van a ser parte del discurso de la presidenta de la Comisión.

Los socialistas europeos ya han avisado de que es necesario “un cambio de rumbo”, mientras que los liberales exigen “una vía creíble para convertir la ambición europea en resultados”. Si hay algo que ha caracterizado la gestión de la UE es la escasez de resultados, ya sea por frenos burocráticos o por escollos políticos o nacionales. El PP Europeo, la formación de Von der Leyen, se debate en una lucha contra sí mismo en su estrategia por apoyarse en la ultraderecha para reducir las exigencias medioambientales a las empresas o endurecer las políticas migratorias, a pesar de que se traduce en la perdida de espacio político, como se ha visto con la AfD en las elecciones del lander alemán de Saxony-Anhalt. Además, la ultraderecha ha conseguido imponer su agenda temas como la inmigración, con la aprobación de los centros de retorno en terceros países, o la flexibilización de la agenda verde, sin que hayan tenido apenas desgaste.

En el exterior, la Unión Europea se enfrenta a un triángulo de amenazas. Por un lado, los ataques híbridos de Rusia, que busca minar a Europa, único apoyo real de Ucrania frente al Kremlin; por otro, la política beligerante de la Administración de Donald Trump para debilitar a la UE y dominarla desde el punto de vista empresarial y comercial; finalmente, el riesgo económico que supone China, convertida en un reto financiero debido al abultado déficit comercial de Europa con el gigante asiático. Junto a este contexto geopolítico, la UE también tiene que lidiar con el enemigo interno de una extrema derecha europea alineada con Trump y Vladímir Putin.

Con este panorama, los recelos se han acrecentado entre las formaciones políticas ante los bandazos que ha dado la presidenta de la Comisión Europea en el último año, sin que se hayan cumplido las promesas sobre la independencia de Europa frente al resto del mundo.

Si en el pasado discurso del Estado de la Unión Von der Leyen proponía la suspensión de apoyo bilateral a Israel para frenar el genocidio en Gaza, durante todo el año solo ha obstaculizado cualquier actuación contra Israel.

Si en septiembre de 2025 lanzaba una arenga con tintes militares (“Europa defenderá cada centímetro de su territorio”) tras las violaciones del espacio aéreo de varios países europeos por parte de Rusia, la realidad es que ni la industria militar europea ni los países están aún preparados para responder por si solos a la amenaza del Kremlin y dependen todavía de un aliado como Estados Unidos, que está en proceso de abandono de la defensa de Europa. Todavía es solo un proyecto aquel 'muro de drones' que se anunció como fórmula para responder a la amenaza híbrida de Rusia.

Con el marasmo en el que se ha convertido la política internacional con dirigentes como Trump, Vladímir Putin o Benjamin Netanyahu, Von der Leyen cometió un error sin precedentes en marzo cuando se atrevió a tirar por tierra los principios fundamentales de la Unión Europea con su propuesta de arrinconar el sistema basado en reglas y el derecho internacional cuando fuera necesario. El escándalo fue mayúsculo y Von der Leyen tuvo que dar marcha atrás dos días después tras las exigencias de rectificación por parte de los Estados miembros. Lejos de rebajar su obsesión por controlar la política exterior de la UE, la política alemana presiona para desmantelar el Servicio Europeo de Acción Exterior, que dirige Kaja Kallas, y que sus competencias queden absorbidas por el resto de comisarios, es decir, un movimiento más para centralizar el poder.

Como elemento positivo, Von der Leyen ha conseguido mantener el apoyo europeo a Ucrania frente a Rusia, incluso rompiendo planteamientos de los países más austeros mediante el préstamo de 90.000 millones para Kiev respaldado por deuda europea.

Lejos de cumplir con el informe Draghi

Aunque el año pasado, Von der Leyen aseguraba que la prioridad era sacar a Europa de la atonía económica que le atenaza, los datos son poco elocuentes. Se ha asumido con una tímida alegría el crecimiento del 0,6% de la economía de la zona euro en el segundo trimestre de este año, aunque la inflación se volvió a disparar al 3,3% el pasado agosto, debido a las turbulencias sobre los precios que ha provocado la guerra de Irán. Pero además, el centro de estudios European Policy Innovation Council ha constatado que solo se han aplicado el 15,7% de las 383 recomendaciones incluidas en el informe de Mario Draghi para mejorar la competitividad de la UE.

En todo caso se han dado pequeños pasos en el terreno de la desregulación bajo el eufemismo de simplificación para facilitar la operatividad de las empresas, a veces sacrificando los avances que se había hecho en la lucha contra el cambio climático, pero aspectos como la unidad de mercado, la unidad bancaria, el impulso de campeones europeos, entre otras medidas, son todavía más ideas en sesudos papeles que políticas concretas.

Limitar redes sociales en medio del tsunami de la IA

Una prueba clara de la lentitud en la capacidad de respuesta es que mientras hace un año la prioridad era acelerar el desarrollo para competir con Estados Unidos o China en el desarrollo de la Inteligencia Artificial, hoy se alzan voces para impulsar la regulación que controle los peligros que puede suponer esta tecnología. Sin embargo, el principal anuncio de Von der Leyen en el campo tecnológico va a ser el establecimiento a nivel europeo de la edad mínima de 15 años para acceder a las redes sociales, cuando el mundo realmente debate ahora el peligro que puede llegar a suponer el desarrollo sin una regulación sólida de la Inteligencia Artificial.

En el ámbito comercial se cerró tras un año de negociaciones internas el acuerdo comercial con Estados Unidos, que en algunas capitales europeas se calificó como “humillante”. Pese al desorden que provocó Trump con su esquizofrénica política arancelaria, la UE ha dado pasos relevantes con la firma de nuevos acuerdos comerciales o la ampliación de los ya existentes con Mercosur, Australia, India o Singapur. Mención aparte tienen las relaciones con Canadá, cuyo primer ministro Mark Carney, participará con un discurso en el pleno del Parlamento Europeo. La UE y el país norteamericano quieren ampliar las relaciones, especialmente económicas y de defensa.

Mientras con China se está a la espera de que en octubre se concreten las negociaciones para tratar de rebajar la tensión en las relaciones económicas entre ambos bloques. Desde hace meses, Bruselas está aprobando medidas para tratar de cambiar la relación comercial con el gigante asiático, que ha calificado como “insostenible”. El objetivo de Europa es reducir su déficit comercial de 360.000 millones de euros con China, sin que las medidas provoquen un movimiento en Pekín que pueda causar males mayores, ante la capacidad que tiene de abrir o cerrar el grifo de exportaciones de minerales críticos y tierras raras, esenciales para la industria tecnológica, automovilística o de defensa. La Comisión aseguró que su “enfoque general sigue siendo la reducción de riesgos ('de-risking'), no el desacoplamiento”.

“Una Europa que anteponga a las personas”

Ante la gestión de Von der Leyen, la líder de los socialistas en la Eurocámara, Iratxe García, señala que “todo el mundo está esperando a la Unión Europea. Hay que alejarse de la desregulación y avanzar hacia una Europa que anteponga a las personas”. García ha resaltado que si no hay un cambio claro de política en Von der Leyen y los populares mantienen su estrategia de pactar con la ultraderecha se encontrarán a los socialistas “en frente”.

Con un tono diferente, pero centrado en la misma idea, el presidente del Partido Popular Europeo, Manfred Weber, subraya que “hay muchas preocupaciones e incluso miedos sobre perder empleos, sobre el coste de la vida, sobre cómo podemos permitirnos nuestra vida y luego financiarla” por lo que “la gente debería estar en el centro del discurso sobre el Estado de la Unión”.

La líder de los liberales en la Eurocámara resalta que “Europa también debe demostrar su relevancia en la vida cotidiana de los ciudadanos. Eso significa reducir las facturas energéticas de las familias y las empresas, hacer frente al coste de la vida y aumentar la oferta de vivienda asequible. No podemos permitir que la extrema derecha venda un pasado idealizado como respuesta a los problemas actuales”.

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