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Madrid: la misión imposible de la confluencia

Un grupo de activistas ha hecho de pegamento para que Ganemos Madrid haya conseguido reunir una candidatura que muchos daban por imposible

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Podemos irá a las municipales de mayo dentro de la plataforma Ganemos Madrid

Efe.

"Los comeflores". Durante los últimos meses ha ido cundiendo alrededor de las conversaciones sobre la confluencia municipal en Ganemos Madrid una sensación de que todo eso no iba a ninguna parte. Que era la ilusión inocente de un grupo de activistas madrileños sin experiencia en la política institucional. "Los del patio", "los okupas", "los comeflores", en referencia a miembros del centro social ocupado Patio Maravillas o procedentes de grupos activistas del 15M.

Esos comentarios decían, durante todos estos meses, que la confluencia municipal en Madrid era un espejismo que Podemos mantenía vivo mientras ganaba tiempo para que IU se desangrara sola; otros decían que IU había saltado dentro de Ganemos sabiendo que no fructificaría y para demostrar que la confluencia no era posible por culpa de Podemos; otros, que Equo estaba utilizando ese espacio para debates que en realidad deberían tener en casa. Y que en medio estaban estos activistas, se decía, jugando a cambiar el mundo sin salir de Twitter ni Lavapiés.

Les queda mucho camino para demostrar qué será de la aventura confluyente que empieza, pero por ahora la persistencia y la ilusión de estos activistas ha podido con la diagnosis profesional y el 'sabelotodismo'.

Recuerdo la primera vez que escuché a alguien que hoy es portavoz de Ganemos Madrid hablar de "bloqueo institucional". Fue después de una manifestación con muy poca gente delante de la sede del PP, justo en mitad del huracán mediático y político de los papeles de Bárcenas, en primavera de 2013. Ni siquiera las piruetas creativas como aquella concentración de la 'barbacoa destituyente' lograban volver a encender la llama y los episodios de potencia se manifestaban ya más bien como chispazos como el de Gamonal. Parte de la capacidad de presión social del 15M se había agotado porque el Gobierno era un "Gobierno zombi", se decía, que no respondía a ningún tipo de estímulo, a ninguna demanda. Ese vacío democrático e institucional había que llenarlo.

En 2013, parte de los activistas del 15M que más protagonismo (no visibilidad, pero sí protagonismo) habían tenido en darle continuidad al clima inaugurado en 2011 crearon algo que llamaron EnRed –no confundir con el partido de Elpidio Silva–. EnRed no tuvo mucha relevancia pública –su estrategia tecnopolítica era diametralmente opuesta al estilo que Pablo Iglesias ya explotaba en televisión– pero pronto fue un polo de pensamiento sobre cómo podían los movimientos sociales post-15M afrontar la cuestión electoral. Se invirtió mucho tiempo pensando, conceptualizando y proyectando escenarios de futuro.

Ya en 2014, las energías puestas en EnRed se transforman en Movimiento por la Democracia, una especie de iniciativa para impulsar nuevas formas de hacer política institucional y, de hecho, nuevas instituciones. Durante meses, sus miembros se dejan la piel redactando la Carta por la Democracia, una declaración de intenciones y principios políticos bastante concretos para un proceso constituyente. Mucho tiempo y mucha energía se invirtieron en esa carta, que tampoco tuvo demasiado recorrido. Paralelamente, Podemos preparaba su asalto a las europeas.

Durante el 15M, este grupo de personas aprende que, si un "dispositivo político" no funciona, hay que renunciar a él y saltar a otro que se adapte mejor a la coyuntura. Tras la experiencia maximalista de crear poco menos que una Constitución paralela, llega la hora de lo municipal.

El resultado de Podemos en las europeas provoca en mucha gente dos sensaciones: primero, la de la ilusión; pero segundo, también la de que Podemos puede ser desleal al 15M, aprovechando toda la revolución conceptual que supuso, usándola con fines electorales pero desentendiéndose de los conceptos de vigilancia, control y participación que evitarían que en lugar de una democracia nueva y mejor tengamos simplemente una renovación de élites. 

Los círculos, a pesar de la euforia mediática que despiertan desde el principio, no parecían en un primer momento el lugar desde donde fuera a darse ese contrapeso. Iniciativas como los Ganemos o Guanyem parecían buenas ideas para los nuevos movimientos sociales como forma de hacerse necesarios ante la falta de estructuras municipales de Podemos y, por tanto, garantizar una transformación social más de 'abajo arriba'.

A finales de junio de 2014, este grupo celebra en Madrid un evento/asamblea llamado Municipalia. Ese es el germen definitivo de lo que hoy conocemos como Ganemos Madrid. Espoleados por el nacimiento de Guanyem en Barcelona y por el triunfo simbólico de Podemos en las europeas, se propone claramente una confluencia electoral de cara a las municipales de 2015 y se cuenta con presencia de personas de Podemos, del sector crítico de IU, de Equo...

La montaña rusa de negociaciones y declaraciones desde entonces ha sido intensa. IU y Podemos han utilizado Ganemos Madrid como campo de batalla. Incluso Podemos estuvo a punto de desdecirse y presentar una candidatura con su marca al Ayuntamiento para poder presentar a Juan Carlos Monedero, que quería ser alcalde de Madrid, sin necesitar negociarlo o enfrentarse a otros candidatos de otras fuerzas. 

Todo parecía perdido para Ganemos Madrid. Y, sin embargo, el resultado final es una candidatura cuya formulación es incluso más innovadora que la gran referencia de Guanyem Barcelona, que ha reservado y repartido los primeros puestos de la lista para los diferentes partidos que la integran, a modo de coalición. Y, desde luego, mucho más fructífera que la de otros Ganemos, que en otras ciudades ya se dan por perdidos. En la última curva, Ganemos Madrid lo ha conseguido y ahora desaparecerá de la primera línea para dar sitio a un nuevo nombre, a unas nuevas normas. Es fruto de la generosidad de todas las partes, de la honestidad de Equo, de la valentía de una parte crítica de IU en Madrid, de la sensatez y visión estratégica de Podemos y también gracias a una generación sin lastre de activistas que todavía no se creen que aquel impulso del 15M les haya llevado tan lejos, que estén montando un partido para gobernar una gran ciudad. A los que estos meses muchos han llamado "los comeflores".

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